Radioguide

Mostrando entradas con la etiqueta simbología medieval. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta simbología medieval. Mostrar todas las entradas

viernes, 1 de mayo de 2026

Breve glosario de términos arquitectónicos del Románico - XIV

            

Capitel con gran carga simbólica en el Monasterio de 
San Pedro de Villanueva. Cangas de Onís, Asturias. S. XII.

La M es algo así como una iglesia mínima que eleva sus dos torres para rozar el cielo. No tiene campanas; sin embargo, en sus campanarios vacíos laten ecos que, entre la niebla, convocan a las palabras como el tañido convoca a los fieles para acudir a este abandonado monasterio diminuto, mientras perdura, remoto, el rumor de los monjes que, hace siglos, y durante siglos, procesionaron por el claustro.

Hemos penetrado en su territorio y, surgidas de la niebla, aparecen, vestidas con sus mejores galas, las palabras que habitan la comarca. Vamos a conocerlas.

MACOLLA

Conjunto ornamental a base de flores, hojas o tallos que generalmente nacen de un mismo pie. También se aplica a la ornamentación vegetal a base de hojas de acanto.

Ver también hojarasca

Macolla. Monasterio de San Pedro de Villanueva.
Cangas de Onís, Asturias. Siglo XII


MACHÓN

El machón en la arquitectura románica es un pilar robusto, grueso y macizo, generalmente de sillería, a veces de ladrillo, exento o adosado, diseñado para reforzar muros y absorber los fuertes empujes laterales de arcos y bóvedas. Actúa como contrafuerte estructural y es clave en claustros para sostener arquerías.

Puede recibir diferentes nombres según donde esté ubicado. 

Machón que sustentaba los arcos triunfales.
Iglesia de San Saturnino. Rioseras, Burgos, 
Siglo XI-XII

Machones. Iglesia de San Pedro de Villanueva.
Cangas de Onís, Asturias. S XII-XVII


MAINEL

O parteluz ajimezColumna que divide en dos un vano, frecuentemente arqueado.

Mainel o ajimez.
Rebolledo de la Torre, Burgos.


            MANDORLA

            Aunque no se trata de un término arquitectónico propiamente dicho, no podemos dejar pasar de largo a la mandorla. Se trata del marco ovalado en forma de almendra, mándorla en italiano (1) que, con el nombre de Pantocrátor, rodea las imágenes de Cristo Majestad o Dios Padre con su Hijo, y con el apelativo de Theótokos la de María Santísima. Suele ser escultura en portadas y tímpanos y pintura en el interior de los ábsides.

Mandorla. Iglesia de San Juan Bautista, Moarves de Ojeda
Palencia. Siglo XII


Mandorla. Iglesia de Santiago.
Carrión de los Condes, Palencia. Siglo XII



Mandorla. Abadía de Santa Fe. Conques (Francia)
Siglo XI-XII


Mandorla. Theotokos (Madre de Dios) o Maiestas Mariae.
San Clemente de Tahull, Lérida.  Siglo XII



                (1) La RAE recoge mandorla como voz llana; pero por tratarse de un préstamo puro del italiano, lo apropiado sería pronunciarla como esdrújula, tal como corresponde en la lengua original, y, por consiguiente, escribirla con tilde en correcta adaptación al castellano.

MARBETE

Pilar o machón adosado al muro, del cual sobresale, generalmente sin basa ni capitel.

Marbetes. Santga Cristina de Lena, Asturias. Siglo IX

MARCA DE CANTERÍA

Signos grabados en los sillares y sillarejos de edificios románicos y góticos por los propios canteros que los labraban. Estas señales cumplían varias funciones prácticas: permitían identificar la autoría de cada pieza, facilitar el control y la contabilización del trabajo realizado y, en algunos casos, evaluar la calidad de la labra. Además de su valor organizativo, constituyen hoy una fuente importante para el estudio de los talleres medievales y sus sistemas de producción.

Marcas de cantero en monasterio de San Pedro de Villanueva.
Cangas de Onís, Asturias. Siglo XII


Marca de canteros indicando la colocación del sillar


Marca de prestigio del maestro a través de la cual acredita
la autoría y la calidad de su trabajo. Portada del monasterio de
San Pedro de Villanueva. Cangas de Onís, Asturias. Siglo XI

Posible marca del maestro constructor.
San Bartolomé de Ucero, Soria. S. XII.
El báculo como símbolo de autoridad.


Marca de la cuadrilla que levantó una parte del claustro.
Santa María la Real de Nieva, Segovia. S. XIV

MARMOLEJO

Columna pequeña.


Marmolejos. Santa Cristina de Lema. Asturias. Siglo IX

MATACAN, o ladronera o buhedera

Un matacán es un elemento defensivo de piedra que sobresale de la parte superior de una muralla o de una torre. Su base está perforada con aberturas que permitían a los defensores atacar a los asaltantes situados justo al pie de la fortificación, una de las zonas más difíciles de proteger. Desde este lugar, podían lanzar piedras, agua o líquidos hirviendo, materiales incendiarios y otros proyectiles sin exponerse directamente al ataque enemigo. Durante los asedios, los matacanes fueron una solución muy eficaz para reforzar la defensa de castillos y murallas.

Descripción de matacán por el arquitecto Viollet-le-Duc

Sección de un matacán

Defensores lanzando piedras desde los matacanes

Ver también ladronera aquí.


MATAJUNTA

Resultado estructural de colocar en una obra ladrillos, adobes, sillares sillarejos de forma que las llagas de cada hilada no coincidan con las llagas de las hiladas superiores o inferiores.

Matajunta. Iglesia de la Natividad de Nuestra Señora.
El Olmo, Segovia, siglo XII

Matajunta. Monasterio de Santa María de Moreruela.
Granja de Moreruela. Zamora. Siglo XII


MAZONERIA

Fábrica de cal y canto.

Mazonería Iglesia de Nuestra Señora de la Antigua, S. XIII
Carabanchel Bajo, Madrid


Mazonería. Iglesia del Cristo del Corporario.
Castiltierra, Segovia. 

MEANDRO

Decoración en base a líneas, generalmente sinuosas y complicadas.

Meandro. Ermita de San Pedro de Abrisketa
Arrigorriaga, Vizcaya. Siglo XI o XII


MECHINALES

Agujeros que quedan en una pared después de haber sido ocupados por las vigas (tamién llamadaas agujas) que sujetaron el andamio durante su  construcción.

Mechinales. Iglesia de Nuestra Señora de la Antigua.
Carabanchel Bajo, Madrid. Siglo XIII

Mechinal. Iglesia de Nuestra Señora de la Antigua.
Carabanchel Bajo, Madrid. Siglo XIII



Mechinales. Iglesia Nuestra Señora de la Oliva.
Escóbados de Abajo, Burgos. Siglo XII

MEDIA COLUMNA

La empotrada que solo deja ver la mitad de su circunferencia.

También MEDIANA

Medias columnas. Iglesia del Rivero,
Siglo XII. San Esteban de Gormaz, Soria


Iglesia de San Miguel Arcángel. Siglo XII.
Trigueros del Valle, Valladolid. 

MÉNSULA

Elemento saledizo en el muro que sirve para sujetar empujes o para sujetar otros elementos voladizos.

Ménsula es un término general para cualquier soporte saliente, mientras que el canecillo es un tipo específico de ménsula pequeña, a menudo decorada, que sostiene cornisas o aleros, frecuentemente en el románico. La ménsula puede ser estructural (viga) o decorativa.

Monasterio de Santa María la Real de Valdediós
Villaviciosa, Asturias. Siglo XIII

Ermita de San Bartolomé. Ucero, Soria, S. XIII

Monasterio de Santa María la Real de Huerta. Siglo XII
Santa María de Huerta, Soria.

METOPA

Espacio entre dos canecillos. Puede estar decorada o no.

Metopa. Monasterio de San Pedro de Villanueva. Siglo XII
Cangas de Onís, Asturias

Metopa. Monasterio de San Pedro de Villanueva. Siglo XII
Cangas de Onís, Asturias.



MOCHETA

Pieza situada en los ángulos superiores de puertas y ventanas que actúa como una pequeña ménsula. Sobresale del muro —aunque se mantiene en su mismo plano y sirve de apoyo al dintel o al tímpano, separándose de las jambas.

Mochetas. Iglesia de Santa María del Camino,  siglo XII
Carrión de los Condes, Palencia

Mocheta. Iglesia de SAnta María del Camino, siglo XII
Carrión de los Condes, Palencia




Mocheta. Igleia de Santa María del Camino, Siglo XII
Carrión de los Condes, Palencia


MODILLON

 Elemento voladizo sobre el que se asienta la cornisa. Ver can, canecillo o canzorro.

MONÓFORO o MONÓFORA

Vano, ventana o abertura única y estrecha, frecuentemente coronada por un arco de medio punto, característica de la arquitectura románica.

Monófora románica en el Monasterio de San 
Pedro de Villanueva. Cangas de Onís. S. XII

Este es el momento en que damos por terminada la visita al pequeño monasterio de la letra M. Quien lo cuenta llega ya cansado, pero con ese cansancio dulce que dejan los días bien vividos y aprovechados, porque no ha sido poco el esfuerzo de conocer a sus habitantes, de escuchar sus voces bajitas y entender sus utilidades. Parece que fue hace mucho cuando el viajero se encontró con la macolla en la misma portería en la que ahora se despide, con un abrazo tranquilo, del buen vano monóforo.

Ha sido una jornada larga, de pasos lentos y ojos abiertos, de esas que piden una pausa, un banco al sol a ratos y otros ratos a la sombra, y un poco de silencio antes de seguir. Porque ahí, al otro lado del camino, espera con sus secretos la letra N, ese pequeño relámpago que un día se volvió tímido al mirar las dos torres de la M, y que a buen seguro nos dará alguna lección.

Así que será mejor cerrar la puerta con cuidado, sin hacer ruido, como hacen los que no quieren espantar los recuerdos, y guardar en el bolsillo alguna de estas palabras, por si más adelante hace falta compañía. Mañana, o cuando el cuerpo quiera, retomaremos el camino, con menos prisa y renovado cariño, a ver qué nos cuenta la N cuando se sienta en confianza.


Antonio García Francisco.

Madrid, 1º de mayo de 2026

Día Internacional de los Trabajadores






viernes, 17 de mayo de 2024

La Ypsilon (Y) románica

 

Cuenta una historia, puede que más bien una leyenda, quizás sea una tradición o quién sabe si un cuento o simplemente un mito o una bella invención (soy persona que tiene muy claras sus dudas), que la letra Y, la "ypsilon" de los griegos, fue creada por el mismísimo Pitágoras buscando un fin determinado: simbolizar con ella la idea del bien y del mal, lo cual conseguiría representando con su símbolo la imagen de que ambos conceptos son las únicas ramas que nacen del tronco de un árbol.

Monasterio de Santa María de Acibeiro, Pontevedra

Exvoto griego donde aparece la letra Y
ΑϹΚΛΗΠΙΩ ΚΑΙ ΥΓΕΙΑ ΤΥΧΗ ΕΥΧΑΡΙϹΤΗΡΙΟΝ
([Dedicado] a Asclepios e Higeia como agradecimiento) 


La comparación nos resulta conocida en nuestra cultura, conocemos que en el Paraíso Terrenal había un árbol muy similar, el de la ciencia del bien y del mal.





Santa María la Real de Nieva, Segovia

Ntra. Sa. de la Concepción
Ochánduri, La Rioja


Génesis 2,16 y 17

“Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: de todo árbol del huerto comerás; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás de él; porque el día que de él comieres, morirás”.


En la Edad Media, tan pitagórica en tantos aspectos de la arquitectura y escultura, la Y es el símbolo del comportamiento del hombre que se enfrenta a una elección. La vida es una constante sucesión de disyuntivas frente a las que hay que elegir un camino a seguir; el hombre se enfrenta continuamente a una Ypsilon permanente que le ofrece dos expectativas bien opuestas. Ignorancia o conocimiento, virtud o pecado, premio o castigo, el bien o el mal, el valor o la cobardía, afrontar las situaciones o evadirlas, todas las opciones están representadas por una o por otra rama del Árbol Ypsilon, solo hay que elegir un destino y procurar hacerlo por la rama correcta.

Santa María la Mayor
Almenara de Tormes, Salamanca

Y todo llega a estos siglos medievales por doble vía. Una, los textos pitagóricos traducidos por los árabes; la otra, la mano del cristianismo, que atesora consejos comunes con el pensamiento pitagórico, tal y como se enuncia en algunos versículos bíblicos en los que un protagonista se enfrenta a una elección, para así dejar claro que el hombre es libre y él es el único que forja su sino:

San Adrián de Moneixas, Lalín, Pontevedra



Santa María de Bermés, Lalín, Pontevedra


- "Él fue quien al principio hizo al hombre, y le dejó en manos de su propio albedrío."

- "Él te ha puesto delante fuego y agua, a donde quieras puedes llevar tu mano."

- "Ante los hombres la vida está y la muerte, lo que prefiera cada cual, se le dará."


Nuestra Señora de las Vegas. Requijada, Segovia


Estos mensajes del libro Eclesiástico, capítulo 15, versículos 14,16, y 17, ponen al ser humano ante sí mismo: tiene libertad para escoger el camino entre el pecado y la virtud; el primero le conducirá inevitablemente a la muerte espiritual eterna y el segundo le llevará a las puertas abiertas de la recompensa para su vida eterna. Fuego y agua, dos opuestos perpetuos, luz y oscuridad, belleza y fealdad.


Monasterio de San Martín de Castañeda
Sanabria, Zamora

La Y es desde Pitágoras el símbolo del libre albedrío y de la libertad del hombre para tomar decisiones que marcarán su vida, y nuestros canteros así lo entienden, han tenido que conocer de alguna manera al filósofo de Samos, quien hace más de un milenio y medio dominó la ciencia de los números que ellos manejan y cuyo secreto guardan celosamente, transmitiéndolo solamente a los miembros de su logia que han alcanzado el grado suficiente de conocimiento para utilizarlos. El grafismo que les regala la letra Ypsilon sirve a la perfección para simbolizar esta idea, pero para los más despistados, si además se representa a un hombre en la apertura del ángulo, ya tenemos todo lo que necesitamos: el hombre parado en la encrucijada en la que ha de escoger uno de los dos caminos que se le presentan. Equivocarse puede ser nefasto; el románico no obliga ni prohíbe, solo aconseja, y con este símbolo nos está recordando desde el pasado que la vida es una constante elección y el destino del hombre es fruto de sus elecciones. Lo que elija, es cosa suya.




Antonio García Francisco.

Madrid, mayo de 2024






martes, 23 de marzo de 2021

Las Erinias.

 

Dije en otra entrada de este blog, que dos criaturas nacieron de la sangre derramada con violencia. La anfisbena, ampliamente descrita hace poco, que nació de las gotas de sangre que cayeron de la cabeza de Medusa sobre las arenas del desierto libio, cuando Perseo lo sobrevolaba con ella en la mano, y las erinias.

Las otras criaturas, las erinias, nacieron de las gotas de sangre que cayeron sobre la tierra cuando Crono, o Cronos, lo mismo da, castró a su padre, Urano.


Giorgio Vasari, S. XVI. Cronos (Saturno) castra a su padre Urano, el dios griego del cielo
antes de Zeus


Nos vamos a meter en un jardín, porque esto de hablar de mitología griega es un jardín tan espeso que parece una selva, pero es imprescindible para darnos de cara con lo que significan las erinias.

Urano era el dios que representaba al Cielo. Estaba casado con su madre Gea, que representaba a la Madre Tierra.

Empieza el lío.

Según nos cuenta Hesíodo en la Teogonía (relato en el que se narra el origen y generación de los dioses griegos), después del Caos surgió Gea, la cual, sin mediar “el grato comercio”, concibió por sí misma y parió a Urano, el cielo estrellado, su igual, para cubrirla a ella y a las colinas

Nos dice Hesíodo:

“Acostada con Urano, alumbró a Océano, de profundas corrientes, a Ceo, a Crío, a Hiperión, a Jápeto, a Tea, a Rea, a Temis, a Mnemósine, a Febe, de áurea corona y a la amable Tetis. Después de ellos nació el más joven, Cronos, de mente retorcida, el más terrible de los hijos y se llenó de un intenso odio hacia su padre.”

Urano y Gea en una representación de la esfera celeste

Tuvieron muchos hijos, entre ellos los cíclopes, pero Urano los condenaba a vivir en el Tártaro para que no vieran la luz, regocijándose en su maldad. Esto producía dolor a Gea, primero, porque eran sus hijos; segundo, porque El Tártaro no era sino el vientre de Gea, es decir, Urano no dejaba nacer a sus hijos.

Gea fabricó una guadaña con un sílex afilado que entregó a Cronos, “el de mente retorcida”, y este la utilizó para castrar a su padre. Así pudieron salir del Tártaro los hijos retenidos, pero la cosa fue más allá, pues Cronos arrojó al mar los testículos goteantes de sangre de Urano. Cuando cayeron al mar, se formó una espuma y de ella nació Afrodita, pero en su viaje hasta las aguas, gotearon sangre en la arena, y de esas gotas nacieron los gigantes, las Melias (ninfas de los fresnos) y las tres Erinias.

Cronos siguió los pasos de su padre y fue vencido por su hijo menor, Zeus, pero nosotros ya estamos en el punto al que queríamos llegar.  Dejemos el culebrón divino con sus líos y centrémonos en las Erinias, las cuales, como vemos, nacen de la sangre derramada por un acto violento en el seno de la familia.


Orestes perseguido por las Furias


Aquí es donde ya entra la función que van a recibir: se convierten en perseguidoras y vengadoras de los delitos cometidos en la familia.

Como siempre, como ocurrió con las arpías, en principio eran unas bellas mujeres, como vemos en las pinturas de las cerámicas griegas, pero poco a poco fueron siendo transformadas. Primero, con los romanos, pasaron a ser unas ancianas feas. Después, se las añadieron serpientes por cabellos. Acabaron siendo representadas en la Edad Media por unas criaturas aladas, híbridas de serpientes con cabeza y patas de perro. Es sencillo de comprender. Si ellas eran unas perseguidoras incansables de los que asesinaban a un familiar, pronto fueron identificadas con los remordimientos y eso, queramos o no, causa verdadero pavor en los hombres.


Rubens: Las Erinias.


Hemos de tener en cuenta que las Erinias son fuerzas primitivas anteriores a los dioses olímpicos, por lo que no estaban sometidas a la autoridad de Zeus, lo cual hacía que hasta los propios dioses las temieran. Si eso era así, imaginemos el pánico que causaban a los simples mortales.

Llevaban a cabo su justicia sin ningún tipo de piedad, para ellas no había ni oraciones ni sacrificios, nada las conmovía. Rechazaban las circunstancias atenuantes y castigaban todas las ofensas contra la sociedad y la naturaleza, tales como el perjurio, la violación de los ritos de hospitalidad y, sobre todo, lo repetiré siempre, los crímenes o asesinatos contra la familia.  Perseguían al asesino del familiar en venganza, hostigándole hasta hacerle enloquecer y solo cesaban en su persecución si el criminal encontraba a alguien que le purificase de sus crímenes. Precisamente por esta furia castigadora, los romanos las denominaron “furias”, y de ambos modos son conocidas.

Eran tres; Alecto, “la implacable, la que no descansa”, que castigaba los delitos morales tales como la cólera, la ira o la soberbia; Megera, “la cólera terrible”, la más terrible de las tres Erinias, encargada de castigar todos aquellos delitos que se cometen contra la institución del matrimonio, especialmente los de la infidelidad, y Tisífone, “la voz de la venganza”, que castigaba los delitos de sangre entre familiares.


Escena de la obra teatral "Las Euménides" en un plato griego del siglo IV a.C.


Autores hay que afirman que eran las instigadoras de esos delitos, la verdad es que no sé de qué fuentes beben para afirmarlo.

También hay autores que aseguran que los mortales utilizaban una perífrasis para referirse a ellas y no llamar su atención. Dicen que consistía en llamarlas “las Euménides”, las bondadosas. Nada más lejos de la realidad. Lo sucedido nos lo cuenta Esquilo en su obra titulada precisamente Las Euménides.

Otra vez el jardín de los líos. Es lo que tiene la mitología.

En esta obra se escenifica la absolución de Orestes por matar a su madre. De manera muy general, Apolo, a través del oráculo de Delfos, indujo a Orestes a matar a su madre, Clitemnestra, diciéndole que esta, en unión de su amante, mató a su marido, el rey Agamenón, padre de Orestes. 

Orestes mata a su madre; las Erinias inician la persecución, y enloquece. Cuando ya le tienen acorralado, se refugia en el templo de Apolo, el dios le purifica, es decir, le perdona su crimen, pero es incapaz de protegerle de las Erinias, pues Apolo ha otorgado el perdón divino, pero no puede otorgar el humano. 


 Clitemnestra intenta despertar a las Erinias mientras su hijo es purificado por Apolo. Crátera apulia de figuras rojas, 480–470 a. C., Museo del Louvre


 Más enloquecido aún, Orestes llega a Atenas, donde la diosa Atenea pide iniciar un juicio con un jurado formado por doce atenienses en el Areópago. Las Erinias aceptan que se realice el juicio y se dicte sentencia, pero protestan porque ahora hay leyes que impiden el castigo inmediato y sin contemplaciones de los crímenes de sangre. 


El juicio de Orestes



Las Erinias ejercieron la acusación y Apolo la defensa. 

Atenea presidía el juicio que terminó con los votos divididos, por lo que la diosa se inclinó a favor de Orestes, que es declarado inocente. 

Atenea legisló que cuando en un juicio hubiera empate entre los jurados, el juez se decantaría a favor del acusado. Como dijeron los romanos, in dubio pro reo.




 

El remordimiento de Orestes, de William-Adolphe Bouguereau.

Detalle



    En ese momento, Atenea produce la transformación de las Erinias en Euménides, (entre los versos 1002 y 1003), sobrenombre con el que se resaltan las nuevas cualidades de las diosas: la bondad y la reverencia que se corresponden con el cambio de sus vestiduras negras por el color púrpura, lo cual también coincide con el momento en que la ciudad les otorga, a partir de ese instante, nuevas prerrogativas y un culto con el que se les reconocerá como protectoras y benevolentes, pero siempre vigilantes del cumplimiento de la justicia en relación con los homicidios en el ámbito familiar.

No es, pues, una perífrasis. Es una metamorfosis. No es, pues, una manera de ocultar su nombre. Es, simplemente, que se han transformado. Las Erinias han adquirido por su comprensión, el estatus social en el Olimpo, al que tanto aspiraron.

“Las Euménides deben su nombre a la formación coral que danza y canta en la orchestra, y que está compuesto por personajes vestidos de negro, encarnando a las diosas llamadas Erinias, quienes al aceptar la absolución de Orestes impuesta por el jurado de Atenas, se convierten en Euménides, como ya se ha mencionado, y se revisten al punto de mantos color púrpura”.

(Pineda Avilés, David Antonio. EL HIMNO DE LAS ERINIAS: ANÁLISIS DEL CORO EN LAS EUMÉNIDES. Revista de Iniciación en la Investigación del teatro clásico grecolatino y su tradición, 2017)

         Esto es muy importante porque en la tragedia griega, el coro cantaba lo que el pueblo quería escuchar, y en este caso, se está reconociendo el perdón de los delitos atendiendo a las circunstancias atenuantes o eximentes, el cual solo podían otorgar los humanos y que era, como vimos, el que le faltaba a Orestes.

Posteriormente, Orestes realiza una nueva purificación a manos de las Cárites, diosas del perdón, y ofrece un sacrificio a Manía, diosa de la locura y la demencia. 

Juicio divino, juicio humano y purificación. Tres elementos a tener en cuenta.

La mitología romana las recogió bajo los nombres de Furias, pero con la misma función: ser las perseguidoras de los delitos ya comentados. Y aquí fue donde comenzó su metamorfosis. Desde ser mujeres hermosas pasan a ir adornadas con serpientes enroscadas en sus cabellos, armadas de látigos y antorchas para castigar, y con sangre manando de sus ojos en lugar de lágrimas, hasta convertirse en criaturas con cuerpo de serpiente, cabeza y patas de perro con alas.

En la Eneida de Virgilio, Tisífone lleva un látigo y un manojo de serpientes

“Tisífone al instante, látigo en mano, salta vengadora y azota a los culpables, y azuzando con la izquierda el manojo de sus horrendas sierpes llama en su ayuda a la tropa feroz de sus hermanas. Se descorren entonces con hórrido chirrido sobre sus goznes las sagradas puertas.” Libro VI, 570

Ovidio la describe con una vestimenta humedecida de sangre y con serpientes en la cabeza en vez de cabello en un acto de purificación:

“Tras haber hablado Juno de esta manera, Tisifone, según tenía revueltos los blancos cabellos, los movió y, apartando de su boca las culebras que la tapaban, dijo así: No hay necesidad de largos rodeos; da por hecho lo que ordenas. Deja ya este reino abominable y vuelve a respirar el aire de un cielo mejor. Regresa alegre Juno y, cuando se disponía a entrar en el cielo, la Taumantia Iris la purificó con agua de rocío. Sin dilación, la violenta Tisífone toma una antorcha empapada en sangre, se reviste de un manto encarnado que gotea sangre, se ciñe con una retorcida culebra y abandona la casa. La acompañan en su camino el Luto, el Pavor, el Terror y la Demencia, de tembloroso rostro.” Ov. Met., Libro IV, 473 – 485.

Lo importante: sigue apareciendo la purificación que hace que las furias perdonen el delito. 




Hablar de las erinias en la Edad Media sería muy sencillo si nos remitiéramos exclusivamente a las descripciones que de ellas dan los manuales de Arte Románico: apenas dicen nada.

Pero está claro que cumplían una función que se extrae de todo lo anteriormente dicho. Resumiendo:

a)  Eran las encargadas de vengar delitos en el seno de la familia, principalmente los de sangre (fratricidio, parricidio, matricidio, homicidios y asesinatos de familiares) y perjurios.

b)   Los delitos perseguidos por las erinias eran susceptibles de ser perdonados por los dioses mediante actos de purificación, pero ellas continuaban atormentando a los autores de los mismos hasta que obtuvieran el perdón de los hombres.

Representadas, como dijimos, con forma de una serpiente con cabeza y patas de perro con alas, suelen ir acompañadas de un guerrero que se enfrenta a ellas armado de escudo y espada. Viene a ser una lucha del hombre contra los remordimientos, y es muy difícil escapar de ellos.


Santa María de Bareyo, Cantabria

Santa María de Piasca, Cantabria

Iglesia parroquial de San Esteban. Nieva, Segovia.

Erinias en la ermita de Santa Catalina. Hinojosa-Tartanedo, Guadalajara

Ermita de Santa Catalina. Hinojosa-Tartanedo, Guadalajara

Ermita de Santa Catalina. Hinojosa-Tartanedo, Guadalajara

Iglesia de Santa María la Mayor. Abajas, Burgos

Ermita de Santa Cecilia de Vallespinoso, Palencia

Iglesia de SAnta María. Yermo, Cantabria

Iglesia de Santa María Magdalena, Zamora

Igleia de San Julián y Santa Basilisa, Rebolledo de la Torre, Burgos

Iglesia de San Juan Bautista. Moarves de Ojeda, Palencia


En el monasterio de San Pedro de Villanueva, en Asturias, se nos cuenta la posible historia de un crimen cometido entre miembros de una familia. Un hombre asesinó al rey, que era su cuñado, para hacerse con la corona. Allí, al final de la historia, una anfisbena devora al asesino con su cabeza destinada a hacer el bien, mientras que la cabeza destinada a hacer el mal pierde a su presa, probablemente el alma del rey asesinado.


Anfisbena de la portada del monasterio de San Pedro de Villanueva, Cangas de Onís, Asturias.

Ese nuevo rey, cuenta la Historia —así, con mayúscula, la Historia oficial—, mandó erigir un templo en honor del monarca difunto. Este modesto juntaletras se permite añadir que quizá lo hizo ante la insistencia de su esposa, hermana del fallecido; tal vez para acallar las protestas de aquella y, de paso, las de su propia conciencia; o quizá como un acto de expiación por su crimen, o por su pecado, según se prefiera. De una forma u otra, buscaba obtener el perdón de la divinidad, del mismo modo que Orestes obtuvo el favor de Apolo tras purificarse de su culpa.

Pero ahí estaba el cantero para firmar un acta notarial escrita en piedra, y nos la dejó siglos después, cuando la iglesia fue reformada, en un capitel del interior, donde un guerrero armado de espada y escudo lucha contra una erinia.


Erinia en San Pedro de Villanueva


¿Nueva purificación o es que el anónimo escultor asumió el papel de las erinias y seguía atormentando a la memoria del homicida? Tal vez el rey constructor tenía el perdón de la Divinidad, como Orestes tuvo el perdón de Apolo, pero le faltaba el perdón de los hombres, como el que obtuvo Orestes en el Areópago. 


Erinia en San Pedro de Villanueva

Todo pudiera ser, yo me he ceñido a mis normas, y coinciden en lo que hay en la iglesia del antiguo monasterio: nadie daba puntada sin hilo, todo es símbolo; hay que tratar de conocer la historia que nos quieren transmitir y, como siempre, hay tantas interpretaciones como intérpretes.

 



Todo pudiera ser, yo me he ceñido a mis normas, y coinciden en lo que hay en la iglesia del antiguo monasterio: nadie daba puntada sin hilo, todo es símbolo; hay que tratar de conocer la historia que nos quieren transmitir y, como siempre, hay tantas interpretaciones como intérpretes.

 Como epílogo, podríamos decir que Dios puede perdonar el pecado a través de la Iglesia y sus sacramentos, administrados por sacerdotes. Pero para decidir sobre el delito, solamente la justicia humana, administrada por humanos, es competente. Tanto en tiempos de Esquilo como en nuestros días.

En un sentido más amplio, las Erinias representan la rectitud de las cosas dentro del orden establecido; son las protectoras de las Leyes Naturales.  Nadie puede burlarlas, no hay defensa contra ellas, ni escudo ni espada en la Edad Media, ni oraciones ni sacrificios en la antigua Grecia y Roma, ni medicinas ni terapias en nuestros días, porque representan los remordimientos que pueden conducir a un culpable hasta la locura.

Y persiguen con saña y celeridad a los autores, toman la forma de remordimientos y quizás de ahí venga su nueva forma de serpiente-perro con alas: jamás abandonan la presa.

Dios puede perdonar el pecado; los jueces pueden absolver de un delito, pero la conciencia seguirá siendo perseguida por las Erinias. Y cuando las Erinias aceptan las nuevas leyes que atienden a circunstancias atenuantes y eximentes para "la purificación", dejan de ser agentes de venganza para ser las Euménides, las bondadosas, las justas.

Antonio García Francisco.

Madrid, marzo de 2021