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miércoles, 29 de julio de 2026

Breve glosario de términos arquitectónicos del románico - XX

 

Idealización del monasterio de San Pedro de Villanueva. Siglo XII


Ya hemos llegado a la letra S, un pequeño río que, con sus dos curvas, imita el camino que toma el humo para perderse en las alturas.

No sabemos qué encontraremos. Venimos arrastrando el cansancio desde que partimos del territorio de la A, pero a estas alturas del recorrido ya pocas cosas logran sorprendernos. Sabemos, gracias a nuestra guía del viajero experimentado, que encontraremos a conocidos como el salmer y el sillar, lo cual siempre es causa de alegría, y seguiremos avanzando cuanto sea necesario hasta alcanzar la letra T.

No nos demoremos; aún quedan muchas piedras por interrogar y muchas palabras por conocer. ¡Adelante!

SAETERA

También conocida como aspillera, es una abertura vertical, estrecha y alargada que se construía con fines defensivos en los muros y torres de las fortificaciones medievales. Su diseño principal cuenta con un "derrame interior" (hacia uno o ambos lados). Esto significa que la ranura es muy estrecha por fuera, pero se va ensanchando hacia el interior. Gracias a esta forma, los arqueros tenían un amplio ángulo para disparar mientras se protegían de las flechas enemigas. Ese ensanche recibe el nombre de derrame.

En las iglesias románicas el motivo principal de su estrechez era estructural. Los muros eran muy gruesos para así poder soportar el peso de las bóvedas de piedra. Hacer ventanas grandes habría debilitado las paredes, poniendo en peligro todo el edificio. Además de regular el paso de luz, impedían el del frío, el agua de lluvia y la nieve.

Saetera con derrame exterior. Fuentiduña,Segovia
Iglesia de San Miguel, siglo XII


Saetera o aspillera con arco de herradura túmido
En este caso el derrame es al interior para desparramar la luz
Ermita de Santa María la Antigua, Madrid, siglo XIII
Románico de frontera

SALEDIZO 

Elemento constructivo integrado o incorporado a un muro que sobresale claramente de su plano. Son numerosos los elementos arquitectónicos que cumplen esta condición, como por ejemplo el arimez, el rafela ladronera o matacán

Generalmente es el parapeto o caja que protege un hueco practicado en el techo o en la bóveda de la puerta principal y de otras puertas, para defender ese paso desde arriba, lanzando piedras, virotes o agua hirviendo.


Buhedera, buhera, ladronera o matacán siglo XIII
Castillode Montealegre,Valladolid



 

Lanzamiento de proyectiles por los defensores desde los matacanes


SALMER

La primera dovela que inicia el arranque del arco con su curvatura.



Salmer. Ermita de San Cristóbal.
Canales de la Sierra, La Rioja. Siglo XII

Ver también aquí.


SARDINEL

Hilada o hiladas de ladrillos colocados de canto presentando a la vista generalmente su cara menor. Muy utilizado en el románico de frontera para formar dibujos y adornos.

Hiladas de ladrillos en sardinel. Torre de la iglesia de San Nicolás
Madrid, siglo XII, románico mudéjar o de frontera


Aparejo en sardinel. Portada de la hoy ermita de Santa María La Antigua,
antes iglesia de Santa María Magdalena. Madrid, siglo XIII
Románico mudéjar o de frontera.

SERRABLÉS

El románico del Serrablo es un conjunto singular de iglesias medievales construidas entre los siglos X y XI en la comarca del Serrablo, en el Pirineo oscense.

Estos templos presentan una fisonomía muy característica que combina los primeros rasgos del románico aragonés con elementos de tradición mozárabe, lo que les confiere una personalidad arquitectónica única en su contexto.

Iglesia de San Bartolomé. Gavín, Huesca
Construida entre finales del siglo X y principios del XI


Iglesia de San Bartolomé, Gavín, Huesca
Detalle de la torre

SOFITO

Superficie inferior de un dintel, un alero o cualquier elemento arquitectónico en voladizo horizontal y corrido.

Sofito del alero del ábside central del antiguo monasterio
benedictino de San Pedro de Villanueva, Cangas de Onís, Asturias
Siglo XII



Sofito del arco central de la Puerta de Alcalá, Madrid.
Siglo XVIII


SOGA Y TIZÓN

Aparejo a soga y tizón” es un sistema de colocación de sillares, sillarejos o ladrillos en el que se alternan las caras largas (sogas) y cortas (tizones) de las piezas. Esta disposición no tiene por qué seguir una secuencia rígida, sino que puede variar según el diseño del muro o las necesidades de la construcción.

Ver hilada

 

Paramento a soga

 

Paramento a tizón



Paramento a soga y tizón


Paramento a soga y tizón

SOGUEADO

Motivo decorativo en fustes, baquetas, baquetones o boceles tallados de manera que imitan el aspecto de una soga o de un grueso cordón trenzado. Es una característica distintiva del arte asturiano y, con el paso del tiempo, este elemento ornamental se incorporó también a la arquitectura románica.

Ver también columna funicular


Astrágalo sogueado, antiguo monasterio benedictino
de San Pedro de Villanueva, hoy Parador Nacional de Turismo
de Cangas de Onís. Asturias, siglo XII

Chambrana sogueada. Ventana absidial del antiguo monasterio
benedictino de San Pedro de Villanueva, hoy Parador Nacional
de Turismo de Cangas de Onís, Asturias. Siglo XII

Capitelillo de fuste expoliado en el antiguo 
monasterio benedictino de San Pedro de Villanueva,
hoy Parador Nacional de Turismo de Cangas de Onís.
Asturias, siglo XII

SOTABASA

Elemento colocado bajo la basa de una columna.

Ver también plinto.

Sotabasa en la iglesia del antiguo monasterio de San Pedro de Villanueva.
Cangas de Onís, Asturias, siglo XII

SUPPEDANEUM o SUPEDÁNEO

Grada superior sobre la que va colocado el altar, muchas veces enriquecida con maderas u otros materiales.

Suppedaneum. Iglesia de San Salvador.
San Salvador de Cantamuda, Palencia. Siglo XII

Hemos completado una etapa más de este recorrido. El sinuoso camino de la letra S ha cumplido su propósito: conducirnos hasta el extremo opuesto de aquel en el que iniciamos la marcha. Ha sido un trayecto largo, pero también una oportunidad para la reflexión. 

No es casual que la S evoque la figura de la serpiente. Desde la Antigüedad, este animal ha simbolizado la sabiduría, la renovación y la vida eterna en numerosas culturas. Siguiendo su recorrido, hemos ido adquiriendo sabiduría y conocimiento al descubrir y comprender los términos que conforman este territorio del lenguaje. Y, de algún modo, también les hemos concedido una forma de permanencia. Las palabras y sus conceptos perduran mientras alguien las lee, las comprende y las transmite. Cada nueva lectura las mantiene vivas, de modo que el conocimiento que encierran continúa viajando a través del tiempo, igual que la serpiente recorre, incansable, su propio camino.

Todo indica que el siguiente destino será el territorio de la T, donde nos esperan nuevos habitantes y nuevas historias por descubrir. Pero no conviene adelantarse. Cada etapa tiene su propio ritmo y merece ser recorrida con calma. Por ahora, es momento de hacer un alto en el camino y recuperar fuerzas. El sendero irá revelándonos sus secretos paso a paso, a medida que avancemos por él. 

Mientras tanto, os deseamos un feliz descanso, intrépidos viajeros del románico.


Antonio García Francisco.

Festividad de Santa Marta. Madrid, julio de 2026

 

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