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sábado, 30 de mayo de 2026

La Edad Media no era tan sucia como crees. Desmontando otro mito.

           "Suciedad, peste, calles llenas de barro, gente sin bañarse durante años y castillos apestando a humanidad fermentada. La imagen que muchas personas tienen de la Edad Media parece salida de una mezcla entre una película de fantasía oscura y una alcantarilla medieval con presupuesto de Hollywood. Sin embargo, la realidad histórica es bastante más incómoda para nuestros prejuicios: la Edad Media no fue tan sucia como nos han contado. Y eso molesta un poco, porque llevamos siglos escuchando lo contrario."

Recreación de unos baños medievales




Muchos de los mitos sobre la Edad Media —que fue una época oscura, sucia y atrasada, entre otros— son falsos o, al menos, enormemente exagerados. Estos estereotipos comenzaron a difundirse siglos después: primero, durante el Renacimiento, entre los siglos XV y XVI; y más tarde, durante la Ilustración del siglo XVIII. Ambos movimientos necesitaban presentarse como épocas superiores y “modernas”, por lo que retrataron al medievo como un periodo ignorante y decadente. Esa imagen terminó consolidándose en los siglos posteriores y aún hoy sigue muy presente, casi de forma obligatoria, en películas, novelas y videojuegos.

El mensaje era sencillo y eficaz: “Nosotros recuperamos a Grecia y Roma; los medievales se limitaron a vivir entre supersticiones y suciedad”. Y, claro, cuanto peor pareciera la Edad Media, más brillante parecía el Renacimiento. La Ilustración remató la jugada y convirtió el medievo en el ejemplo perfecto de todo lo que debía superarse. El resultado fue una especie de leyenda negra histórica que todavía sobrevive. Lo curioso es que muchos de aquellos renacentistas y modernos que miraban por encima del hombro a la Edad Media, tampoco vivían precisamente en ciudades limpias y perfumadas. De hecho, algunas cortes europeas de los siglos XVI y XVII olían probablemente bastante peor que muchas ciudades medievales.

Sin embargo, la Edad Media —que abarca aproximadamente mil años, desde la caída del Imperio romano de Occidente en el año 476 hasta finales del siglo XV, en el caso español suele tomarse como referencia el descubrimiento de América en 1492— fue una época mucho más dinámica de lo que suele pensarse. Lejos de constituir un largo paréntesis de decadencia, el medievo conoció etapas de prosperidad, importantes avances técnicos y culturales, así como una vida cotidiana mucho más rica y compleja de lo que sugieren los tópicos tradicionales.


Jakob von Warte en el baño atendido por damas. Siglo XIV
Obsérvese el detalle de las flores presentes tanto en su cuerpo como en el agua.


El jabón forma parte de nuestra vida diaria hasta el punto de que pocas veces nos detenemos a pensar en su historia. Sin embargo, acompaña a la humanidad desde hace miles de años. No está del todo claro si fue un invento consciente, el resultado de un descubrimiento accidental o simplemente una casualidad que terminó cambiando la vida cotidiana. Lo que sí sabemos es que en Mesopotamia, alrededor del año 2800 a. C., ya se elaboraba una sustancia a partir de grasas animales y cenizas con propiedades limpiadoras. Son los primeros jabones que, según investigaciones actuales, se utilizaban principalmente para limpiar tejidos y utensilios. A partir de ahí, distintas civilizaciones fueron perfeccionando la fórmula. Los egipcios incorporaron aceites vegetales a sus preparaciones, mientras que los romanos, siempre metódicos y prácticos, mejoraron los procesos de producción y adoptaron el jabón para la higiene personal, extendiendo su uso por todo el Imperio.

Con la caída de Roma, el uso del jabón decayó en Europa durante siglos. Es cierto que, tras la caída del Imperio muchas infraestructuras urbanas se deterioraron. Mantener acueductos, termas y alcantarillados requería una organización política y económica que desapareció en numerosos territorios europeos. Pero una cosa es el deterioro de ciertos servicios públicos y otra muy distinta pensar que la gente medieval renunció por completo a las costumbres que practicaba, y mucho menos a la higiene.

Lo cierto es que el jabón vivió un importante resurgimiento durante la Edad Media gracias al mundo islámico. Entre los siglos VIII y XII, los alquimistas árabes perfeccionaron la fabricación de jabones sólidos mediante la sencilla combinación de agua, aceite vegetal y una forma primitiva de sosa cáustica, un descubrimiento suyo obtenido a partir del tratamiento de plantas halófitas que crecían —y crecen— en zonas desérticas o salinas. Ciudades como Alepo o Damasco se hicieron famosas por sus jabones, y estos conocimientos terminaron llegando a Europa occidental a través del comercio mediterráneo. Un auténtico oficio artesano que desapareció cuando, en el siglo XIX, se descubrió la síntesis de la sosa cáustica en laboratorio y comenzó la producción industrial de la misma. Y claro, hoy hay tantas variedades de jabón como necesidades tenemos.



Pero volvamos a la cuestión inicial: saber si el jabón era conocido y, sobre todo, utilizado en la Edad Media. Como suele ocurrir, nos hemos desviado del tema, pero la respuesta a ambas preguntas es afirmativa.

Llamada al orden, señorías: el asunto que nos ocupa es la higiene en la Edad Media.

Decir que la gente era sucia en la Edad Media es una exageración. Es cierto que el conocimiento sobre la higiene estaba muy lejos del actual y que no existía una comprensión científica de su relación con la salud. Sin embargo, eso no significa que las personas descuidaran por completo su aseo. Sabemos, por ejemplo, que era habitual lavarse las manos antes de las comidas. Buena prueba de ello son las fuentes que aún se conservan en muchos monasterios, situadas frente a los refectorios precisamente para facilitar esa limpieza previa. También existían pilas destinadas al lavado de los pies de los monjes en los días establecidos por la regla. Además, la documentación medieval muestra que se utilizaban toallas y que estas debían cambiarse regularmente, en algunos monasterios al menos dos veces por semana.

Tampoco desapareció la costumbre del baño heredada del mundo romano: hasta nosotros han llegado representaciones de baños comunales que demuestran que esa práctica seguía existiendo. 

Xilografía que representa un baño curativo


La paradoja estaba servida.

El Renacimiento necesitaba construirse a sí mismo como una “vuelta a la luz”. Para los humanistas renacentistas, ellos estaban recuperando la cultura clásica del Imperio romano de Occidente y de la Grecia antigua después de siglos que consideraban decadentes. De ahí viene, de hecho, el término “Edad Media”: una etapa “intermedia” entre la Antigüedad clásica y su propio presente.

Eso no significa que inventaran de la nada la idea de una época atrasada, pero sí que exageraron muchos aspectos para marcar contraste. Era una forma de propaganda cultural: “nosotros somos quienes devolvemos la razón, el arte, la ciencia y la civilización”. Cuanto peor pareciera el periodo anterior, más brillante parecía el suyo.

Pero se les coló el asunto de la suciedad. Las ciudades seguían teniendo muchos de los mismos problemas sanitarios; de hecho, en casi toda Europa seguían siendo las mismas ciudades con sus calles estrechas, animales circulando y defecando por ellas, basura por la vía pública, epidemias recurrentes… Y además apareció un concepto nuevo: la desconfianza hacia los baños públicos, porque se creía que podían favorecer enfermedades como la peste negra del siglo XIV. Muchos autores renacentistas simplificaron un contexto de mil años solamente para reforzar la idea de que ellos representaban una época “superior”.

El problema fue que no supieron ver que la realidad histórica que les tocó vivir era bastante más compleja de lo que estaban dispuestos a admitir. En la Edad Media surgieron universidades, nacieron nuevas técnicas agrícolas, existían normas de higiene, baños, lavanderías, sistemas de abastecimiento de agua urbana e incluso tratados médicos sobre limpieza corporal. Y, paradójicamente, en algunos momentos de la Edad Moderna la gente se bañaba menos que en determinados periodos medievales.

No obstante, tampoco conviene caer en el extremo contrario y convertir la higiene medieval en una maravilla adelantada a su tiempo. La Edad Media no fue un paraíso higiénico, pero tampoco un mundo de suciedad permanente y personas cubiertas de mugre, como muchas veces nos hacen o nos quieren hacer imaginar hoy los seguidores del tópico. La higiene existía, aunque se entendía de manera diferente a la actual y dependía mucho de las posibilidades económicas, la región y el momento histórico. Además, cada uno de los diez siglos que duró la Edad Media tenía sus costumbres, sus límites y su propia manera de entender la salud y la limpieza.

Y, como dice el refrán, cada cosa a su tiempo y los nabos en Adviento: no, un campesino del siglo XIII no olía a rosas silvestres ni a perfume francés, pero tampoco iba dejando una nube tóxica detrás de él. Lavarse las manos antes de comer era habitual, especialmente entre las clases altas y en ambientes religiosos como ya hemos visto en los monasterios. 

No, guarros no eran.

Los baños públicos heredados del mundo romano siguieron existiendo en numerosas ciudades medievales. En algunos lugares eran muy populares y funcionaban casi como espacios sociales. Había personas que acudían a bañarse, relajarse, conversar o recibir tratamientos corporales. Algunas ciudades alemanas y francesas llegaron a tener auténticas casas de baños muy frecuentadas.

También existía cierta preocupación por la ropa limpia. Aunque las prendas exteriores podían reutilizarse durante bastante tiempo, la ropa interior de lino se cambiaba y lavaba con frecuencia porque absorbía el sudor y la suciedad corporal. Los perfumes, aceites y hierbas aromáticas tampoco eran extraños.

Por supuesto, la higiene dependía mucho de la posición social. Un noble podía permitirse bañeras privadas, criados y tejidos limpios; un campesino pobre bastante tenía con sobrevivir al invierno y se bañaba cuando podía, generalmente en el buen tiempo y con agua fría. Pero eso no es exclusivo de la Edad Media. Basta comparar hoy un ático de lujo en una zona residencial con una chabola en un asentamiento marginal para entender que las diferencias sociales siempre influyen en el nivel de higiene. 


En Castilla, los baños se asignaban a hombres en
determinados días de la semana y a mujeres en otros.
Los viernes y domingos eran días reservados para los judíos. 

Entonces, ¿de dónde vino realmente el mito de la suciedad en el Renacimiento?

La respuesta corta es: de las epidemias y del miedo.

La peste negra del siglo XIV marcó profundamente la mentalidad europea. La enfermedad mató a millones de personas y nadie entendía realmente cómo se propagaba. Como suele ocurrir en tiempos de crisis, aparecieron teorías absurdas que pretendían explicarlo todo.

Algunos médicos comenzaron a desconfiar de los baños públicos porque creían que el agua caliente abría los poros y facilitaba la entrada de enfermedades en el cuerpo. Además, ciertos baños terminaron asociados a la prostitución y a ambientes considerados inmorales. Poco a poco, en algunas regiones europeas empezó a extenderse cierta desconfianza hacia el baño frecuente.

Y aquí aparece una de las grandes ironías de la historia: hubo épocas posteriores, ya en plena Edad Moderna, en las que parte de la población europea se bañaba menos que la población medieval. En la corte francesa, por ejemplo, el perfume llegó a convertirse en una herramienta importante para disimular olores corporales. ¿Y la costumbre de que las novias lleven un ramo de flores? Exacto… aunque quizá también estemos ante otro mito. No, aquello no era exactamente el triunfo definitivo de la higiene moderna.

Pero eso no convierte automáticamente a toda una civilización en un conjunto de personas sucias e ignorantes. Resulta paradójico que uno de los argumentos más utilizados posteriormente para afirmar que los medievales no se bañaban sea, precisamente, la existencia de numerosas disposiciones destinadas a controlar los baños. Si las autoridades sentían la necesidad de regularlos, parece razonable pensar que era porque estos establecimientos formaban parte habitual de la vida urbana.

La Edad Media no fue ni una pocilga ni un balneario de lujo; simplemente fue un periodo inmenso y diverso. Hubo momentos de crisis y otros de prosperidad; ciudades miserables y ciudades sorprendentemente organizadas; nobles obsesionados con su apariencia y campesinos agotados por la supervivencia diaria, lo mismo que en las épocas anteriores y posteriores. Reducir mil años de historia europea a un estereotipo mugriento es, además de injusto, históricamente incorrecto. Pero parte del clero y algunas autoridades eclesiásticas recelaron y se tomaron la atribución de regular los baños a través de la condena moral. La última medida que se tomó contra estos fue su disolución: a principios del siglo XV se prohibieron totalmente en Londres, y desde entonces fueron clausurados progresivamente entre finales de la Edad Media y comienzos de la Moderna, precisamente cuando Europa padecía los efectos de la peste y proliferaban explicaciones erróneas sobre su origen, entre ellas las acusaciones contra las comunidades judías.

Nada que añadir, señoría. Quizá el verdadero problema no sea cómo olía la Edad Media, sino cuánto seguimos oliendo hoy a prejuicio histórico y cuánto lastre cultural arrastramos todavía: como suele ocurrir, los tópicos simples sobreviven mucho mejor que las explicaciones complejas.



Antonio García Francisco

Madrid, día de San Fernando de 2026




viernes, 29 de mayo de 2026

Semana Azul

 

Hoy compartimos en el blog de nuestra radio educativa un podcast muy especial realizado por el alumnado de 5º de Primaria durante su participación en la fabulosa “Semana Azul”.

    Durante estos días, nuestro alumnado ha disfrutado de una experiencia inolvidable en la playa de Santoña, donde han podido iniciarse en la práctica del surf, conviviendo 4 días en grupo rodeados de mar y naturaleza.

    Un podcast lleno de emoción de una actividad que quedará entre los mejores recuerdos de este curso y que hoy queremos compartir con toda la comunidad educativa.

    ¡Esperamos que disfrutéis escuchándolo tanto como ellos disfrutaron viviéndolo!

Audición de mayo. Madrid

 

Hoy compartimos en el blog de nuestra radio educativa el podcast de la última audición musical realizada en el Centro durante el presente curso 2025-2026, y que fue realizada el viernes 29 de mayo.

    En esta ocasión, nuestro alumnado nos invita a viajar a la Comunidad Autónoma de Madrid para descubrir una de sus manifestaciones musicales y culturales más populares: el chotis madrileño. A lo largo de la audición podremos escuchar tres versiones diferentes de la pieza “Madrid, Madrid, Madrid” de Agustín Lara.

    Y con esta audición nuestro alumnado se despide hasta el próximo curso de la realización de audiciones musicales con el agradecimiento a todas las personas que nos han acompañado y escuchado durante el presente curso.

  ¡Esperamos que disfrutéis de este podcast tanto como nuestro alumnado disfrutó preparándolo y realizándolo!

miércoles, 27 de mayo de 2026

PELAYO, PERSONAJE HISTORICO

 


        Parece amigos oyentes que los astros esta semana quieren que hablemos de nuestra comarca. Si ayer repasamos sus montes y sus tierras con Jorge Fernández, hoy, en este especial de miércoles, charlaremos con una persona que mañana jueves a las 6 de la tarde nos hablará de Pelayo.

        La verdad es que en los momentos que vivimos hablar de la figura central del inicio de la reconquista y de la Batalla de Covadonga, se está convirtiendo en todo un desafío ya que los propios historiadores no se ponen de acuerdo, y ejemplo no faltan:

     Claudio Sánchez Albornoz defendiendo que Covadonga fue un choque militar real y el inicio de la Reconquista

     Luis García Moreno y Amancio Isla, analizaron las crónicas cristianas y árabes con un filtro más riguroso y se fundamenta en que la escaramuza existió más por la poca voluntad de pagar tributos que por ser una rebelión en sí misma

     José Luis Corral dice que todo es un mito basado en las invenciones de los cronistas para legitimar la estirpe regia heredera del reino visigodo

 

        Como veis, opiniones no faltan, pero llamemos batalla, reyerta o escaramuza lo cierto es que Pelayo y su memoria llenan páginas de esos libros de historia que algunas veces, si es verdad, convierten el relato en mera propaganda, según el punto de mira con el cual se escribe. Por no ponerse de acuerdo ni en la fecha de la batalla ni en la muerte de nuestro protagonista. Como dato curioso permitidme hacer un pequeño inciso al respecto. Esteban de Garibay afirma que según autores antiguos Pelayo murió en viernes 18 de septiembre del 732 y que fue enterrado no en Cangas sin no en Yanguas, pueblo del rioja distante de allí 80 leguas, y de intercalar en los tiempos de Pelayo por el año 729 a otro rey desconocido llamado Froila, pues el documento que alega del monasterio de San Miguel de Pedroso se refiere al reinado de Froila I, extendiéndose la era de 767 por años del nacimiento de cristo.

        Mañana nos desvelarán más páginas de este libro inacabado sobre una de las figuras más importantes de la historia de este país.  

martes, 26 de mayo de 2026

LA VERTIENTE INVISIBLE Anecdotario

 



La verdad que nada es más bonito que alguien venga a una charla a hablar de la zona en la que vives, de sus montañas, sus bosques, de su fauna, de sus ríos e incluso de sus gentes. No me negareis queridos amigos de radio cangas y radio san Martín, que a lo largo de los años aquel lugar donde desarrollas tu vida se vuelve tan cotidiano en tu caminar que se te escapan detalles por precisamente eso, por ser cotidiano, por estar recorriendo siempre las mismas calles, las mismas sendas o los mismos riscos. o tratar con la misma gente, tus vecinos. De repente, un día, seguro que os pasó en algún momento, sales de casa y te encuentras con un caminante, de esos que están tan acostumbrados a ver que te abre los ojos con detalles que siempre estuvieron, pero nunca viste. De repente tu mirada es educada de manera panorámica, tus oídos reciben sonidos que siempre estuvieron, pero nunca escuchaste, tu olfato bien guiado, te trae aromas en los que jamás te percataste, e incluso, te descubren que ese lugar, ese rincón por el que tú caminabas, nunca lo paseaste. La voz de ese hasta entonces extraño, te guía hacia la plenitud de tus sentidos, te ilustra hasta llegar al conocimiento y va dirigiendo tu caminar hasta tal punto que tus pasos se adhieren al suelo de otra forma, más que un paso es conexión con el entorno, uniéndote sin demora a este mundo que nunca viste, del cual formaba parte, pero tú no lo sabías.

Este viernes tendremos la ocasión de que nos afilen los sentidos, nos despierten de nuestro letargo y nos abran mente y espíritu de la mano de Jorge Fernández Alonso

Breve glosario de términos arquitectónicos del Románico - XVI




Traspasado el ecuador de nuestro recorrido, comenzamos nueva caminata que nos acercará un poco más a nuestro ansiado destino.

Hoy transitaremos por el pequeño reino de la letra O: tan solo cinco habitantes hemos encontrado, pero cada uno de ellos nos contará una historia diferente e interesante.

Con paso decidido nos dirigimos hacia el primero de ellos:

OBRA

En construcción, tanto antigua como moderna, este término se utiliza para referirse a un edificio en proceso de edificación. También se usa para referirse a la construcción ya acabada.

Ver también FÁBRICA aquí.

Miniatura del siglo XV representando la construcción de la catedral de Saint-Denis, siglo XII-XIII. Francia. La escena muestra diversas etapas de la construcción: el tallado de piedra, la mezcla de mortero, la colocación de sillares y la elevación de estructuras con andamios.



Carlomagno dirige la construcción de Aquisgrán, del Recueil Sommaire des
Chroniques Françaises de Guillaume Crètin S. XV


Dios, arquitecto del mundo.



OCHAVADO

 Construcción de ocho lados.

Planta y alzado iglesia templaria de Santa María de Eunate, Navarra
Siglo XII


Iglesia ochavada templaria de Santa María de Eunate, Navarra
Siglo XII



Planta de la iglesia templaria del Santo Sepulcro
Torres del Río, Navarra. Siglo 



Igalesia templaria de Torres del Río, Navarra.
Siglo XII

ÓCULO

Vano circular, ovalado o poligonal, generalmente diáfano, dispuesto en cualquier parte del paramento, o abierto como tragaluz en la cima de una cúpula o una bóveda, o rodeándolas en compañía de otros.

Óculos. Santa María del Torreón. Padilla de Abajo, Burgos
Siglo XII


Óculo. Ermita de San Bartolomé, Cañón del río Lobos. Siglo XIII
Término no municipal del Comunero de San Bartolomé
(Herrera de Soria, Nafría de Ucero y Ucero), Soria.

Óculo. Ermita de San Bartolomé, Cañón del río Lobos. Siglo XIII
Término no municipal del Comunero de San Bartolomé
(Herrera de Soria, Nafría de Ucero y Ucero), Soria.

Óculos de la sala capitular del monasterio de Santa María de Carracedo.
Carracedo del Monasterio, León. Siglo XII

Óculo. Iglesia de San Cristóbal. 
Barahona del Fresno, Segovia. Siglo XIII


ONDAS

Decoración que imita consecutivamente la ondulación de las olas del mar.

iglesia abacial de Santa Fe (Foy) de Conques
Siglo XI-XII 

Abadía de Saint-Pierre, Moissac. Siglo XII-
        "Y vi así como un mar de vidrio mezclado con fuego. y los que habían alcanzado la victoria de la bestia, y de su imagen, y de su señal, y del número de su nombre, estar sobre el mar de vidrio, teniendo las arpas de Dios." Apocalipsis 15,2


ORDEN

Series de elementos arquitectónicos, bien sean estructurales, bien meramente decorativos, dispuestos en diferentes pisos para conformar fachadas, habitar ábsides o configurar las distintas alturas de, por ejemplo, una torre o un claustro.

Orden.
San Esteban, Segovia, Siglo XII
San Esteban, Cuéllar (Segovia) Siglo XII

Orden. Claustro del monasterio de Santa María la Real de Nieva,
Segovia. Siglo XIV


Tocamos meta.

Enhorabuena, hemos superado otra etapa en nuestro camino hacia el territorio Z. Ha sido corta, sí, pero como siempre, muy interesante por los conocimientos que hemos adquirido: óculo, ondas, orden… además de algunos personajes más que,  con gran amabilidad nos han ido mostrando su valor en la piedra, y nos han ayudado a seguir profundizando en la comprensión del Románico..

No les fallemos: quedémonos con sus enseñanzas. Ese es su legado, y nos toca aprovecharlo al máximo, como siempre, memoricemos las enseñanzas que nos ofrecen, son su capital que nosotros deberemos rentabilizar, como siempre, cada vez que nos enfrentemos a un edificio edificado en nuestro querido estilo románico.


Antonio García Francisco.

En los valles del río Manzanares, Mayo de 2026

miércoles, 20 de mayo de 2026

PAISAJES HIDROELÉCTRICOS Y NUEVAS ARQUITECTURAS EN LA RIBEIRA SACRA

 


Dentro de los encuentros culturales que desarrollamos todas las semanas, sus ponentes han hablado de muchas cosas, trayendo temas diversos sacados de esos cajones que poco a poco desvelan los secretos en ellos guardan. Y sí, digo cajones y ¿sabéis por qué? porque allá por el 2020, cuando nuestra amiga y compañera Dulce nos dejó la enorme tarea de ocupar su lugar, algo que nunca podremos hacer, en esas reuniones previas se habló de tener cajones donde poner los diversos temas y exponerlos a vosotros queridos oyentes y asistentes a los encuentros. Durante estos años hemos abierto muchos pero esta temporada descubrimos el cajón de la esquina izquierda ya por tres veces: Alberto Felgueroso nos habló de la industrialización de Duro y su recuerdo industrial y María Fernanda de un excepcional patrimonio como es el poblado de Bustiello. Pues amigos, esta semana  charlaremos con una persona que nos llevará a recorrer una de las zonas más emblemáticas de las cuencas hidrográficas del norte de España, donde la belleza de lo natural, rivaliza con la majestuosidad de lo artificial y en su conjunto conforma uno de los paisajes patrimoniales más ricos, donde puedes disfrutar de la naturaleza con una copa de Godello o Mencia , mientras te asomas, con cuidado claro, sobre los 115 metros de altura del embalse de Santo Estevo, para luego, hacer una visita por este cañón fluvial entre Lugo y Ourense que reúne una de las mayores aglomeraciones de arquitectura románica monástica de Europa, con unos 30 monumentos integrados en plena naturaleza.

Seguro como plan nuestra compañera de charla lo firmaba ahora mismo.

Buenas tardes Carla Fernández Martínez. Profesora del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Oviedo

 

 

domingo, 17 de mayo de 2026

El miedo al año 1000: entre el mito y la historia del fin que nunca llegó

Se ha contado miles de veces, y siempre mal, que en la Edad Media la gente iba por la vida con el corazón en un puño esperando que en el año 1000 se acabara todo. Como si medio continente europeo hubiera estado mirando al cielo con cara de pánico porque lo decía algún clérigo iluminado por cuatro profecías, incluso puede que falsas y, desde luego, mal entendidas. Se suponía que, gracias y merced a ellas y su falaz interpretación, se les venía encima el final de los tiempos que vivían y, en su sustitución, vendría el establecimiento del Reino de Dios, marcado por señales como guerras, desastres naturales, enfermedades y una crisis moral generalizada. Se caracterizaría por la segunda venida de Jesucristo, el Juicio Final y la creación de una nueva tierra.

Siendo objetivos, aún hoy hay iluminados que piensan así cada vez que ocurre un desastre: pandemias, volcanes, inundaciones, guerras, barcos infectados... Predicadores de pro que cada vez que ocurre un desatre aplican la profecía de hace dos mil años. Cada uno tiene su propio interés, no olvidemos que nadie da puntada sin hilo.

El Papa Silvestre II y el Diablo. Fue Papa desde el año 999 al 1003
Ilustración
extraída del Chronicon pontificum et imperatorum de Martinus Oppaviensis,
fechada alrededor del año 1460 

Pero si dejamos atrás la mentalidad del siglo XXI y adoptamos la del siglo X, situándonos, por ejemplo, en la ciudad de León un par de años antes del 999, lo primero que veremos es que a la gente le preocupaba bastante más sobrevivir al presente que superar el futuro “fin del mundo”. En los reinos cristianos, para el común de los habitantes la prioridad más importante era irse a dormir cada noche con el estómago lleno, y el “apocalipsis” más real tenía nombre propio: Almanzor, ése sí que era el verdadero Apocalipsis y un auténtico Anticristo. Pero, cumplido el trámite de mantener tranquila a la fiera del estómago, la gente mercadeaba, viajaba, leía el que sabía, amaba el que podía, guerreaba el que tenía que guerrear y rezaba el que rezar era su oficio. Recomiendo muy encarecidamente a quien esto pueda interesar, la lectura de la obra titulada Una ciudad de la España cristiana hace mil años, de D. Claudio Sánchez-Albornoz, donde el prestigioso medievalista nos introduce en la vida de sus ciudadanos en el mercado, en la corte, en el hogar, en el camino... Y todo ello justificado con documentos originales reproducidos a pie de página. 

Y en el otro lado de la frontera, en al-Ándalus, la cosa no es que tampoco fuera precisamente un drama cósmico, nadie se planteaba esas milongas de que el mundo se acabaría, al contrario. Todo iba viento en popa y más bien había bastante actividad, optimismo y expansión económica, al menos para algunos, mientras el caudillo sarraceno continuaba con sus correrías por Zamora, León, Barcelona... llegando incluso a Santiago de Compostela, como ustedes ya conocerán. Hay un detalle importante: los moros (sí, moros, estamos en el siglo X) contaban los años según la Hégira; en aquellos días iban por el año 389 más o menos y no estaban ni cerca de ningún “año 1000” cristiano. ¿Y el fin del mundo para los musulmanes? Eso eran tontunas de los infieles.

Además, por otro lado, ¿quién sabía cuándo sería el año 1000 de las profecías? El concepto de milenio aparece en Apocalipsis 20,1-3, describiendo el reinado de Cristo y el confinamiento de Satanás, interpretado teológicamente como un periodo simbólico de paz o un reino mesiánico futuro, pero en ningún momento como el año 1000 del calendario cristiano.   


     "Vi un ángel que descendía del cielo trayendo la llave del abismo y una gran cadena en su mano. Tomó al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo, Satanás, y le encadenó por mil años. Le arrojó al abismo y cerró, y encima de él puso un sello para que no extraviase más a las naciones hasta terminados los mil años, después de los cuales será soltado por poco tiempo... Cuando se hubieren acabado los mil años, será Satanás soltado de su prisión y saldrá a extraviar a las naciones que moran en los cuatro ángulos de la tierra, a Gog y a Magog, y reunirlos para la guerra y su ejército será como las arenas del mar... Pero descenderá fuego del cielo y los devorará."  (Apocalipsis,20)

 

¿El calendario cristiano? 

El calendario cristiano corría de diferente manera en un país a como lo hacía en otro; el tiempo corría en la era cristiana sin saber si el año 1000 era el final de un milenio o el principio de otro, de eso entendemos hoy. Y para remate de la feria, en la península jugábamos con la era hispánica, que iba treinta y ocho años por delante del resto de Europa. En otras palabras, nadie sabía en qué año vivía. Hoy está admitido que el calendario se inicia con el nacimiento de Cristo, pero... ¿alguien sabe a ciencia cierta cuándo nació Cristo? ¡Si aún hoy se está en que hay un desfase de al menos cuatro años y se sabe que el 24 de diciembre como día exacto de su nacimiento fue elegida por ser muy conveniente para acabar con el culto del dios Mithra? Y aunque supiérasmos a ciencia cierta la fecha, en el año 999 la Navidad todavía no ocupaba el lugar protagonista que tiene hoy. Para muchos cristianos, la celebración realmente importante era la Pascua, porque recordaba la muerte de Cristo y se consideraba el momento más trascendental del calendario religioso.

"Año 1000: El Juicio Final" Stephan Lochner, año 1435


¿Cómo se desarrolló, pues, el miedo al año 1000? 

En la modesta opinión de quién esto escribe, nació donde nacieron todos los mitos sobre la Edad Media. Claro está, partimos de la base de que nadie es infalible, pero este cuento se empezó a escuchar en el siglo XVIII. Los historiadores describieron, basándose más en la imaginación que en la investigación, una escena de gran aprensión y expectación a medida que se acercaba el año 1000, con poblaciones enteras aterrorizadas por la inminente llegada del día del Juicio Final. El principal impulsor de esta idea y quien contribuyó decisivamente a su amplia difusión gracias a su prestigio intelectual fue el historiador británico William Robertson. En 1769, ya hacía referencia a ella de esta forma en su obra sobre la evolución de la sociedad europea desde la caída del Imperio romano hasta comienzos del siglo XVI:

“De repente, a últimos del siglo diez y a principios del once, se esparció por Europa una doctrina que ganó innumerables prosélitos... Corrió la opinión de que los mil años que menciona San Juan en el Apocalipsis habían terminado ya y que era llegado el fin del mundo. Esto causó una consternación general en el orbe cristiano; muchísimos hicieron renuncia de su patrimonio y, abandonando sus familiares y sus amigos, se encaminaron a la Tierra Santa, donde creían que Jesús debía aparecerse para juzgar a los hombres”

Y ya está el mito en marcha.

La idea de que toda Europa vivió aterrorizada ante la llegada del año mil estaba planteada y se fue extendiendo con el paso de los dos siglos siguientes. Sí, fueron algunos historiadores del siglo XVIII quienes empezaron a difundirla, pero más tarde, los escritores románticos del XIX la hicieron todavía más famosa y exagerada. La imaginación se esmeraba y recreaba presentando aquella época como un tiempo dominado por el miedo al fin del mundo.

Según la primera visión, se decía que al acercarse el año 1000 la población perdió la esperanza y dejó de preocuparse por trabajar o hacer planes de futuro, porque todo parecía condenado a desaparecer. Algunos autores incluso describieron una Europa paralizada, silenciosa y llena de temor.

Los historiadores románticos del siglo XIX apostaron aún más fuerte: imaginaron a las personas de aquella época viviendo una enorme angustia colectiva. Unos buscaban refugio en la religión y la penitencia, otros intentaban olvidar el miedo entregándose a los placeres, y muchos caían en la tristeza, la depresión y la desesperación. Esta interpretación encajaba muy bien con el gusto romántico por las emociones intensas y las historias oscuras y tenebrosas del Romanticismo europeo.

Con el tiempo, el relato se volvió aún más dramático. Ya no se hablaba solo del cambio de milenio, sino de la supuesta última noche del año 999, cuando toda Europa habría esperado aterrorizada el fin del mundo. Escritores y ensayistas contaban estas escenas con gran detalle, como si realmente hubieran ocurrido así y ellos lo supieran porque habían viajado en el tiempo para ser testigos.

Iglesia abacial de Sainte Foy de Conques, Francia.
El Juicio Final

          Sin embargo, esta historia tenía un problema importante: muchos de esos autores ni siquiera calcularon bien la fecha. Los mil años de la Era Cristiana no se cumplían exactamente el 31 de diciembre del año 999, sino más tarde. A pesar de ello, la imagen de una Europa dominada por el miedo siguió haciéndose popular. En España, por ejemplo, y sirva como muestra de lo que había en todas partes, el escritor Pompeyo Gener y Babot también ayudó a difundir esa idea en su obra titulada La Muerte y el Diablo narrando lo que parecía haber vivido:

"Llegó el año 999 y con él sus últimos días. Las predicaciones se extremaron y el ascetismo se pronunció en alto grado. Los unos entregaban sus caudales a los mendigos; los otros abandonaban sus haciendas para llevar une vida de continencia y obtener el perdón de sus pecados. Bandadas de penitentes recorrían Europa mostrando sus cuerpos desgarrados por el azote o el cilicio, mientras otros que aún no habían perdido su egoísmo terrestre se apresuraban a gozar, creyendo que les iba a faltar el tiempo. El siervo abandonó el trabajo y el señor feudal no se cuidó de imponérselo. ¿Para qué trabajar si todo se debía acabar dentro de poco?

Así halló el último día de este memorable año a casi toda Europa. El día tocaba a su fin y todos oraban, creyendo ya llegada su última hora. A cada instante que transcurría aumentaba la ansiedad de los creyentes, de modo que, cerca ya de la media noche, los corazones casi no palpitaban y la respiración se retenía para poder oír mejor la terrible señal que debía marcar el fin del universo.

Por fin dieron las doce... y el mundo continuó siendo."

Ya hemos visto el error de bulto que comete: NADIE sabía en qué año vivía, y el último día del año no era en todas partes el día de San Silvestre, en algunos sitios,  era el día anterior al de Pascua, o al de la Encarnación, incluso el de la Circuncisión. Pero quedaba romántico y emotivo, no lo vamos a negar.

Se pueden citar y comentar muchos más textos de otros estudiosos de la época, incluso de autores que pretendían hacer investigaciones serias y basadas en documentos históricos. Algunos describían aquel momento de forma muy dramática dando una estampa de toda la cristiandad cantando el Miserere, como si el mundo entero se hubiera convertido en un enorme funeral. En la misma línea, el abate Lausserm ya en el siglo XIX, reforzaba todavía más esa visión pesimista:

“Con qué acentos de felicidad y de gozo fue acogida aquella aurora del día de Pascua, cuando en lugar de las lastimeras melodías del canto de los muertos, los ecos repitieron el aleluya de la Resurrección: una vez más la muerte había quebrado la piedra del sepulcro. La Humanidad resucitaba y su primera palabra fue un himno de gratitud y de amor hacia Aquel cuya mano la había salvado de los horrores de la tumba."

Maiestas Domini. Cristo en Majestad como Juez Absoluto.
 Carrión de los Condes, Palencia. Siglo XII
No representa el "fin del mundo", sino la Parusía . 

Resumamos.

Se escribieron muchos textos sobre el supuesto miedo de los cristianos europeos ante la llegada del año 1000. Algunos describían escenas apocalípticas y llenas de terror; otros preferían relatos más emotivos y cercanos. Pero todos tenían un problema de base: partían de una idea equivocada sobre cuándo debía producirse realmente el fin del mundo. Y otro escollo tal vez fuera que, en realidad, la gente era indiferente.

La repetición constante de esta historia hizo que todos acabaran aceptándola como una verdad histórica. Es un ejemplo de lo que se conoce como argumentum ad nauseam, una falacia lógica que consiste en repetir una falsedad tantas veces que termina pareciendo cierta, aunque no existan pruebas sólidas que la apoyen. Al final, las personas tendemos a creer más fácilmente algo cuando lo hemos oído o leído muchas veces, incluso si no hay evidencia de veracidad. Europa volvería a experimentar un fenómeno parecido siglos después, con resultados muy diferentes y el mundo lo experimenta hoy con las llamadas fake news. Por eso, la imagen de un continente paralizado por el miedo logró mantenerse viva durante los últimos siglos y llegó hasta épocas recientes, a pesar de que numerosos historiadores rigurosos llevan más de un siglo señalando que esa visión era exagerada.

¿Y hoy?

Todos los seguidores de esta idea nacida en el siglo XVIII han sido desmentidos en el siglo XX y hoy, en el XXI, los historiadores consideran que el supuesto pánico generalizado ante el año 1000 es, en gran parte, un mito exagerado, muy exagerado, por autores posteriores que imaginaron más que investigaron. La idea de una Europa entera cantando Misereres mientras esperaba aterrorizada el fin del mundo y celebrando después con Te Deum porque al final no ocurrió nada, resulta muy evocadora y literaria, pero es inaceptable como un hecho histórico demostrado.

Por supuesto que esto no significa que en la Edad Media no existieran creencias apocalípticas. El miedo al Juicio Final formaba parte de la cultura cristiana medieval y aparecía con frecuencia en sermones, textos religiosos o interpretaciones de guerras, epidemias, hambrunas y desastres o fenómenos naturales. Es más que probable y admisile que algunas personas y ciertos grupos sí pudieron pensar que el fin estaba cerca, pero no hay pruebas de una histeria colectiva que paralizara Europa, donde la economía, la política y la vida cotidiana continuaron funcionando con normalidad

Definitivamente, hay que reconocer que la imagen dramática del “terror del año mil” hoy en día no es más que una leyenda historiográfica que fue construida sobre todo por escritores e historiadores de los siglos XVIII y XIX, especialmente en pleno Romanticismo, cuando gustaban mucho las escenas oscuras, rocambolescas, truculentas y emocionales.


Antonio García Francisco

Madrid, en la festividad de San Pascual Bailón de 2026