En Asturias hay 78 concejos y 35 de ellos están en
peligro de despoblación. Esta cifra nos hace ver que muchos pueblos han tenido
que reinventarse o desfallecer a causa de ese desarraigo que la evolución de la
sociedad o sus necesidades hicieron que el mundo rural no sea atractivo para
aquel relevo generacional que debería ser el camino hacia la perseveración y la
continuidad. Al igual que en toda la España rural, los pueblos se mueren al no
poseer las mismas herramientas llegando a pensar que en un mismo país no
existen las mismas oportunidades.
A partir de los años 50, muy tímidamente se empieza a
vislumbrar el éxodo de la población hacia las grandes ciudades, acentuándose a
partir de los años 80. Solo un dato, en las dos primeras décadas del siglo XXI,
el medio rural asturiano ha perdido cerca del 8% de su población. Zonas como el
suroccidente (Ibias, Degaña, Somiedo, Teverga) han sufrido pérdidas superiores
al 30% en los últimos 25 años. Y la pregunta que nos surge es si estamos a
tiempo de revertirlo. Colectivos de personas, aquellas que fijaron el
territorio con su esfuerzo y dedicación, están viendo sustituido sus avances
por el matorral. Colectivos como los vaqueiros de alzada fueron fundamentales
para mantener aquellos pasos de alta montaña, brañas y vías de comunicación,
convirtiéndose en auténticos custodios de ese patrimonio rural que tan en
peligro está, siendo, además, respetuosos con el medio, al respetar los
biorritmos de un medio que era su pan de cada día.
Este, grupo étnico-cultural del occidente asturiano,
es el protagonista de la ponencia que se desarrollará este viernes en la
biblioteca Dulce María Prida del Parador de Cangas de ONis, y el encargado de
instruirnos será:
Adolfo García
Martínez, antropólogo asturiano. Licenciado en filosofía y sociología, y doctor
por la Universidad de Oviedo, ha desempeñado una notable actividad divulgadora
e investigadora, destacando como figura fundamental dentro del estudio de la
antropología asturiana.

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