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martes, 14 de abril de 2026
La costa oriental de Asturias. Luna Adrados
lunes, 13 de abril de 2026
A propósito de la simbología románica
Pregunta recurrente en reuniones con amigos apasionados del Románico: ¿existe un manual de interpretación de símbolos medievales?
Ojalá. Pero no nos engañemos: lamentablemente, la respuesta rápida es no. Y la larga... la larga también es no.
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| El libro que nunca existió |
El "manual de interpretación" que algunos sueñan encontrar es solo un mito. La única forma de desentrañar esos símbolos es usar lo que sabemos. El símbolo siempre responde al nivel de conocimientows del que se enfrenta a él. Si no sabes mucho sobre los textos que manejaban los maestros en la Edad Media, el símbolo probablemente se quedará en un “¿eh?”. Pero si tienes algo de conocimiento del Physiologo, los Bestiarios, la Leyenda Áurea, los evangelios apócrifos, las Sagradas Escrituras, o al menos sabes manejar estos textos, las conexiones empiezan a surgir. Así que, más que manuales, es cuestión de cómo se prepara el cerebro para descifrar la magia medieval.
Al final, es todo un arte de aprender a leer entre líneas… O mejor dicho, entre símbolos. Y, claro, si no lo logras, siempre puedes tirar de la excusa de que el simbolismo medieval está más allá de nuestra comprensión. ¡Nada que ver, por supuesto, con no haber profundizado lo suficiente!
¡Ah, perfecto!
Pero... ¡Un momento, Antonio!
Has mencionado algunos de los textos clave que, en efecto, son esenciales para entender la simbología medieval. Estos textos no solo ayudaban a dar forma al pensamiento de la época, sino que funcionaban como una especie de manuales, no oficiales, por supuesto, para crear e interpretar los símbolos y las imágenes que inundaron el arte románico tanto en la escultura como en la arquitectura y la pintura. Pero claro, hay que afinar la vista y la mirada, porque cada uno de estos textos aporta su propia interpretación y su propia "cultura simbólica", vamos a llamarlo así, de manera que pueden no coincidir o, incluso, dar versiones diferentes del mismo símbolo por varias razones. Esto se debe, en gran medida, a factores como las diferencias culturales, las épocas en que fueron escritos y las zonas geográficas en las que se originaron..
Te explico un poco el papel de cada uno de los que manejo:
1.- El Physiologus es, básicamente, una obra de esas que no sabías ni que existía ni que ibas a necesitar en tu vida pero que, en realidad, cuando la hojeas y la ojeas, ves que explica todo lo que uno nunca podría haber imaginado sobre animales, plantas y piedras; lo lees y ni te des cuenta de que estás aprendiendo algo... siempre y cuando, claro, que te sitúes mentalmente en el siglo XI.
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| Escrito entre los siglos II y IV, es el predecesor directo de los bestiarios medievales |
No es un bestiario cualquiera, claro; es un cóctel literario y científico cargado de mitos, supersticiones y un toque de religiosidad medieval que hacía que el conocimiento natural fuera casi místico. Compuesto en griego durante el Bajo Imperio Romano, más específicamente entre los siglos II y IV, probablemente en Alejandría (aunque no hay consenso), este manuscrito ha sobrevivido en latín, el texto en griego más antiguo que se conserva es del siglo X.
El Fisiólogo se convirtió en la joya literaria más compartida de la Edad Media, pero no por su veracidad científica, sino porque encajaba perfectamente en la atmósfera religiosa del momento. En un contexto en el que todo se explicaba por la intervención divina, ¿qué mejor que un texto que explica el mundo natural con metáforas cristianas? ¿Y por qué no meterle minerales y plantas también? Un dos por uno de saberes antiguos, tan alambicado que, si se intenta mirar con ojos modernos, uno podría sentirse algo confundido: ¿es un tratado científico? ¿Es una alegoría religiosa? Pues no, querido lector, es todo eso y mucho más. Es una obra que se hincha de conocimientos con el paso del tiempo, se retuerce entre versiones latinas y griegas, pero que nunca logra ser una simple curiosidad literaria.
Es un lío encantador de creencias, mitos y naturalismo. Imagina a alguien del siglo X leyendo un tratado sobre el león, el basilisco, el caradrio o la mantícora y pensando que eso, de alguna forma, lo conecta con Dios. Y a pesar de que hoy en día podríamos catalogarlo como un conjunto de leyendas raras, en su época, la ciencia de la naturaleza estaba ligada a la fe de manera tan intrínseca que, para ser sincero, si el Fisiólogo fuera solo una creación literaria sin pretensiones científicas, perdería todo su atractivo.
Lo cierto es que, entre tanto mito, no parece que nadie haya acertado del todo a comprender qué es o qué fue realmente el Fisiólogo. Como muchas de sus criaturas, la obra ha sido modificada, adaptada, desfigurada durante siglos, pero nunca completamente entendida. Y, a decir verdad, su mayor logro fue precisamente no encajar en ninguna categoría estricta, como esos seres híbridos de los que habla.
2.- Los Bestiarios son obras derivadas del Physiologus. Su nombre viene del latín bestiarum, que significa "de las bestias"; fueron muy populares en la Europa medieval y se escribieron principalmente en latín. Su objetivo era transmitir la visión medieval del mundo natural a través de relatos alegóricos, donde los animales eran ejemplos de virtudes o vicios humanos.
| El bestiario medieval. Colección y descripción de animales reales y fantásticos |
Técnicamente son compilaciones amplias, específicas y detalladas de animales y criaturas y sus significados simbólicos. Estos textos incluían tanto animales reales como mitológicos, una erinia o una anfisbena, por ejemplo junto a un león o una salamandra.
Simbólicamente, los bestiarios eran una especie de “diccionario de símbolos naturales” donde se aprende, por ejemplo, que el pelícano, al cual se representa alimentando a sus crías con su propia sangre, se usa para simbolizar el sacrificio de Cristo en la cruz cuya sangre alimenta a los cristianos en la Eucaristía.
¿Qué más se puede decir de los bestiarios medievales? Pues que por sus páginas desfilan desde la humilde salamandra hasta el poderoso león y se describe a cada animal en detalle, mencionando sus características físicas, hábitos y comportamientos, descripción a la que se suele unir las similitudes con las virtudes o con los preceptos de la religión cristiana. Ya hemos vistgo al pelícano, pues veamos al león, símbolo de fuerza, que era asociado con Cristo, pues se creía que los leones nacían muertos y, al tercer día, tras recibir el soplo de su padre, se levantaban como si resucitaran.
Nota: no hay un solo bestiario, sino una gran variedad de ellos. Una infinidada, y sigue creciendo.
3.-La Leyenda Áurea o Legenda Aurea es una de las compilaciones más relevantes de la Edad Media, creada por el dominico y arzobispo de Génova, Santiago de la Vorágine, en el siglo XIII. Su nombre original, Legenda Sanctorum (Lecturas sobre los Santos), refleja el propósito del libro: narrar las vidas de santos y mártires cristianos con un enfoque doctrinal. Esta obra se convirtió en una de las más copiosas y difundidas de la Baja Edad Media, con más de mil ejemplares manuscritos conocidos, y su popularidad se consolidó aún más con la invención de la imprenta en el siglo XV.
| La Leyenda Dorada, una colección de vidasde santos, reales o inventedas, fue te de inspiración en la simbología y atributos hagiográficos |
La Legenda Aurea reúne relatos de unos ciento ochenta santos y mártires, extraídos de una variedad de fuentes veneradas en la época: los evangelios, textos apócrifos y escritos de grandes figuras del cristianismo como San Jerónimo, San Agustín y San Gregorio de Tours. Además de las historias hagiográficas, la obra incluye explicaciones sobre las festividades del calendario litúrgico y una breve historia de la cristiandad en Lombardía, lo que le valió el subtítulo de Lombardica Historia.
Y aquí está el lío. No pretendía ser una obra histórica rigurosa, sino que su objetivo era transmitir enseñanzas morales y espirituales a través de relatos vibrantes y accesibles para el público general. Así, las historias de los santos se centran menos en la exactitud histórica y más en su capacidad para inspirar fe y devoción.
En este sentido, uno de los mayores logros de la Legenda Aurea fue su poder para representar visualmente las escenas de martirio de los santos. Muchas de las imágenes que posteriormente se incorporarían al repertorio iconográfico medieval se popularizaron gracias a esta obra. Algunas de las más conocidas incluyen el desollamiento del apóstol Bartolomé, el martirio de San Sebastián y la lucha del caballero Jorge contra el dragón. Estas escenas, cargadas de dramatismo, no solo enriquecieron la tradición religiosa, sino que también ayudaron a transmitir la fe de forma más directa y comprensible para el pueblo, mucho más allá de las complejas parábolas bíblicas.
Toda una fuente de inspiración para artistas y artesanos meievales.
Y aquí es donde radica su utilidad a la hora de interpretar escenas esculpidas en el románico entra en juego: en la Leyenda Áurea se describe con tal detalle la vida y martirio de los santos que basta con poner uno de sus atributos para identificarles: la parrilla identifica a San Lorenzo; la espada, a San Pablo; dos llaves, a San Pedro; una llave, a San Nicolás de Bari; una rueda de tormento, a Santa Catalina de Siena... No hay truco, solo es conocimiento.
4.- Los evangelios apócrifos no son otra cosa sino un grupo diverso de escritos antiguos que, aun girando en torno a la figura de Jesús de Nazaret y a los primeros pasos del cristianismo, quedaron fuera del Nuevo Testamento. Asomarse a ellos es abrir una ventana a la riqueza de creencias, relatos, imaginación y sensibilidades que convivieron en los inicios de esta tradición, así como a los complejos caminos históricos que terminaron por fijar el canon bíblico.
Aunque los evangelios apócrifos no pasaron el corte del canon —se quedaron, por así decirlo, en el banquillo—, lo cierto es que tienen mucho que contar y tanto pintores como canteros supieron aprovechar el filón que se presentaba ante sus ojos.
Desde el punto de vista histórico, son como una ventana indiscreta a un cristianismo primitivo mucho más diverso de lo que solemos imaginar. En el plano teológico, recogen debates de alto voltaje sobre quién era realmente Jesús —y aquí no siempre hay consenso, precisamente—. Si nos fijamos en lo literario, amplían el universo narrativo con historias, detalles y escenas que a veces rozan lo novelesco. Y en lo cultural, su huella se cuela en tradiciones, obras de arte y hasta en ciertas ideas que han sobrevivido siglos.
| Evangelios Apócrifos. No forman parte del canon oficial de la Biblia |
domingo, 12 de abril de 2026
Breve glosario de términos arquitectónicos del Románico - XII
| Canecillo con representación de una deidad celta |
Continuamos
con nuestro peregrinaje con el empeño de llegar a la letra Z, mientras damos a conocer
por el camino los términos de nuestro glosario. No sin esfuerzo, hoy hemos logrado
cubrir la etapa que pone la meta en la letra J, otra soldadita del ejército del
general Abecedario qaue, con su punto de interés, ese toque único que comparte con la
pequeña I, de quien nos acabamos de despedir. De hecho, nos recuerda a la I; es más, a veces nos recuerda a la propia letra I que, cansada de desfilar, se ha sentado a descansar y a escuchar mejor a las palabras.
Verdaderamente
son escasos los súbditos que moran en sus dominios, apenas llegan a diez y a
algunos ya los conocemos, pero ¡qué se le va a hacer!, con estos mimbres tejeremos
un bonito cesto.
Así que…
¡Seguimos adelante!
JABALCÓN o JABALÓN, TORNAPUNTA
Madero
vertical que se ensambla en otro horizontal o inclinado para sostener o
reforzar una armadura. En su versión más conocida,
| Tornapuntas o jabalcones |
| Jabalcones. Iglesia de San Juan de Astigarribia. Motrico, Guipúzcoa Siglo XI |
JÁCENAS y JALDETAS
Las jácenas son
vigas principales dispuestas horizontalmente, con sus extremos encastrados o
apoyados en muros opuestos o sobre columnas o pilares. Se colocan distanciadas
entre sí de manera paralela, proporcionando soporte a las jaldetas.
Las jaldetas, por su parte, son vigas secundarias
que se disponen transversalmente sobre las jácenas,
y se utilizan para formar la estructura de una techumbre plana o alfarje.
| Jácenas y jaldetas |
JAMBA y JAMBAJE
Jamba es un
elemento vertical que no es columna ni pilar que sostiene, junto con su pareja,
el dintel de una puerta o de una ventana.
Jambaje es el
conjunto de las dos jambas y el dintel sostenido por ellas.
| Conjunto de jambas visigodas talladas reutilizadas y un dintel que forman el jambaje de una puerta del aljibe de la alcazaba de Mérida. |
JAQUELADO, JAQUÉS
Es el ajedrezado que ya
vimos en la parte I de este glosario.
Es uno de los signos distintivos del románico.
| Jaquelado, jaqueado, ajedrezado, taqueado jaqués |
JARJA, JARJAMENTO o ENJARJE
Ya visto
anteriormente en enjarje,
es la dovela salmer compartida por dos arcos contiguos, en
doble bisel con direcciones opuestas, a fin recibir las respectivas
dovelas de cada arco. Cada uno de esos arcos recibe el nombre de arco
enjarjado.
| Enjarje o jarja |
Y con esto
damos por concluida otra etapa del recorrido: hemos llegado al jaquelado, porque la jarja ya nos era conocida. Tal como sospechábamos al empezar, el camino por la letra J no
ha sido muy concurrido. Apenas media docena de términos han salido a nuestro
encuentro, y algunos, además, ya los conocíamos bajo otros nombres.
La próxima parada será, en realidad, una pausa.
Jornada de descanso porque, por más vueltas que se le den al asunto y por mucho que uno se empeñe en exprimir las neuronas, no aparecen términos que comiencen por la letra K.
Así que nos
veremos en la L. Allí continuará el viaje.
Antonio
García Francisco.
Madrid, Domingo de Quasimodo de 2026
martes, 7 de abril de 2026
La industrialización asturiana. Alberto García Felgueroso
Este año de encuentros nos trae de nuevo una de esas
historias que nos hace retraernos unos cuantos años atrás. Si hace no mucho María
Fernanda nos trajo el maravilloso relato de la aldea de Bustiello, este viernes
volvemos a desplazarnos a un tiempo de cambios, difíciles para una España que
se desangra intestinalmente, pero que no renuncia en su intento de recuperarse
y para ello debe de intentar subirse a un tren del cual, casi, solo se le ve el
último vagón ya casi imperceptible.
La guerra de independencia y la ceguera de los
gobiernos posteriores, destacando el funesto reinado del Rey felón, Fernando
VII, hizo que todos los esfuerzos de ilustrados como Jovellanos, que tenía la
visión de convertir a Asturias en la Sajonia del norte de España, fueran
llevados al fracaso más rotundo. No obstante, los esfuerzos del siglo XVIII
llevaron a iniciar estudios de explotación minera y en Asturias en 1769 se
comenzaron reconocimientos de explotaciones hulleras y ya en 1770 la secretaría
de marina comenzó a comprar carbones asturianos para sus arsenales, que
llevaron a la constitución de las Reales minas de Langreo y empresas del Nalón.
Si bien el fracaso reinó en estas incipientes empresas
mineras ante el costo elevado de la explotación y su difícil transporte, la
verdad es que mentes empeñadas en traer el progreso a nuestra región, rica en
recursos, no cesaron en su intento.
Para hablarnos de ellos, este viernes tenemos en la
Biblioteca Dulce María Prida un auténtico experto
viernes, 27 de marzo de 2026
Entre potajes, torrijas y recuerdos
Llega la Semana Santa. Y no, no voy a hablar de lo que significa para los creyentes ni de lo que dictan los calendarios litúrgicos. En mi casa, y en mi pueblo, estos días se entienden de otra manera: a golpe de cuchara, de cacerola, de sartén y de recetas que solo aparecen una vez al año. Porque hay tradiciones que no pasan por la iglesia, sino por la mesa.
Cuatro son los invitados insustituibles de estas fechas:
el potaje, las torrijas, la leche frita y, para acompañar, la limoná, no
confundir con limonada, en mi pueblo es limoná. Cada uno con su papel,
cada uno con su sabor, formando un pequeño ritual culinario que que solamente
se elabora en estos días.
No pretendo dar lecciones de cocina, pero sí me atrevo a
dejar constancia de las recetas que en este rincón de Castilla se preparan
cuando llegan estas fiestas; recetas que, como es natural, difieren
de las de otros lugares, pero que para nosotros son el corazón
de la celebración y, por tanto, no faltará quien me corrija y diga que así no
se hace. Pero es lo que hay.
El más contundente es el potaje. Es de justicia decir que
solamente se consume en estas fechas. El resto del año queda olvidado.
-Se pone a desalar bacalao en agua fría, como para
cualquier guiso que lo necesite, en cantidades suficientes para cada comensal.
Ingrediente imprescindible el bacalao por estar en vigilia y no poderse
consumir carne, salvo en Meco y alrededores, Madrid, donde por la célebre Bula
de Meco, se puede comer carne estos días.
- El día anterior, se pone en remojo garbanzos y judías,
más de los primeros que de las segundas, pero eso va en gustos.
- A la hora de elaborarlo, se ponen a cocer las legumbres
y el bacalao, se añade un sofrito de cebolla y pimentón y cuando da un hervor,
se añade un buen puñado de espinacas frescas. Si hay suerte, podemos sustituir
esta verdura por unas collejas (silene vulgaris) o alguna verdura
silvestre de esta época primaveral.
| Collejas |
Se pone a cocer a fuego medio-suave, en olla tradicional
si tienes paciencia, aunque también puede hacerse en olla a presión, lo importante es
controlar bien la cocción de las legumbres.
Una vez cocidas, se baten aparte un par de huevos, se
añaden y se le da un hervor de un par de minutos antes de apartarloo del fuego.
Se come al día siguiente de elaborarlo. La diferencia es abismal.
Las torrijas son famosas en toda España. En mi pueblo las
hacemos principalmente de leche, pero también las preparamos de miel y de vino.
-Cortamos rebanadas de pan asentado (del día anterior). Tamién usamos edl pan especial de torrijas... si no hay más remedio.
-Ponemos a freír abundante aceite de oliva con una
cáscara de limón y otra de naranja sin lo blanco, que amarga, lo que viene a
ser el ceste, para que pierda el sabor fuerte al aceite. Una vez fritas
las cáscaras, las retiramos.
- Cocemos leche con azúcar y unos palitos de canela. La
dejamos enfriar y, cuando está tibia, empapamos las rebanadas de pan en ella, bien
caladas pero que no se rompan, aquí se ve la pericia del cocinero. O de la cocinera, que ahora hay que decirlo también.
- Se pasan las rebanadas caladas por huevo batido y se
meten a freír al aceite caliente. Se dan la vuelta con esa pericia ya demostrada y cuando están
doradas por ambos lados (ojo, hemos dicho doradas, no quemadas), se sacan de la
sartén y se colocan en una fuente con un lecho de azúcar y canela previamente mezclados.
- Se espolvorean con la misma mezcla de azúcar y canela y
ya estarían. Se pueden bañar con la leche que sobre, pero siempre por debajo,
nunca por encima.
- Se dejan enfriar, pues calientes no tienen todo el
sabor.
Las variedades de
miel y de vino sustituyen las primeras la leche por un hidromiel (agua y miel)
y las segundas por vino blanco mezclado con la leche a proporción 1 de leche
por media de vino También puede ser vino dulce.
| Torrijas |
La leche frita cada vez se hace menos porque aunque
sencilla, a veces se complica la fritura sai no se ha cuajado bien o si no se la ha dejado reposar el tiempo suficiente.
Ponemos en un cazo a cocer algo menos de 1 litro de leche,
pues reservaremos una buena taza para disolver en ella ocho cucharadas soperas
de maicena. Hay quien añade nata, pero en mi casa eso jamás se hizo. Junto con
la leche se incorporan un palito de canela y unas pieles de naranja y limón como en las torrijas.
Cuando empieza a hervir, apagamos el fuego, asacamos las
cáscaras y la canela, añadimos 150gr de azúcar (unas 10 cucharadas soperas), removemos,
tapamos el cazo y dejamos templar durante 10 minutos.
Mientras tanto, batimos en la taza la leche reservada y la maicena (8 cucharadas, unos 120 gramos por litro), lo
añadimos a la leche y volvemos a poner otra vez a calentar a fuego suave sin dejar de
remover con las varillas hasta cuajar la maicena.
Cuando cuaja, lo vertemos en un recipiente a ser posible
rectangular, pero puede ser una fuente honda (consejo: si el fondo está un poco húmedo luego saldrá mejor la mezcla). Que la pasta tenga un grosor entre unos dos dedos como máximo, que luego empalaga, y se cubre para que no se forme costra.
Antiguamente se cubría con un paño, hoy lo hacemos con papel film o aluminio. Se deja enfriar hasta la temperatura ambiente y luego lo metemos al
frigorífico hasta el día siguiente.
Al cabo de este tiempo, se saca y se vuelca en la tabla, en la mesa o la encimera, por eso el truco del molde húmedo, y se corta
en porciones cuadradas como de 6 X 6 cm, eso va en el gusto o en el vicio de
cada uno, también hay quien lo corta en tiras o en rombos, ya digo que va en
gustos, se pasan por harina y por huevo, se fríen en la sartén y cuando se
sacan los trozos se van poniendo sobre un lecho de azúcar y canela, como las
torrijas. Se espolvorean por encima con la misma mezcla...
| Leche frita |
La limoná en mi casa siempre era más humilde pero mejor que en la de
los vecinos: vino tinto, gaseosa de limón a partes iguales (o más gaseosa que
vino cuando lo íbamos a beber los niños), azúcar, canela y unas rodajitas de
limón y de naranja, “que tiene alimento”, decía mi abuela. Se dejaba
reposar tres días para que la gaseosa perdiera las burbujas y el
vino cogiera sabor… ¡Y a volar!, ni hielo ni zarandajas, “que luego cogéis
anginas”.
¿Por qué era mejor? Pues porque la de los vecinos no llevaba gaseosa (de hecho, la veredaadera limoná no lleva gaseosa) y eso, eso para los niños era una delicia turca.
| Limoná de Semana Santa |
Breve glosario de términos arquitectónicos del Románico - XI
| Capitel con representación de una psicomaquia, un delicado drama esculpido entre virtudes y pecados que confrontan la mirada del espectador |
Y llegamos a
la I.
Pequeña,
tímida, una greguería de la verticalidad mínima, esta delgada soldadita del
abecedario, con su punto de esperanza, nos espera para ofrecernos los términos arquitectónicos que la tienen por inicial. ¿Muchos? ¿Pocos? Lo
vemos enseguida; quizás incluso nos depare alguna sorpresa.
ICNOGRAFÍA
Representación
gráfica de la planta de un edificio.
| Icnografía. Planta del monasterio de San Pedro de Villanueva. Villanueva de Cangas, Cangas de Onís, Asturias, Siglo XII |
| Icnografía. Planta de la iglesia de San Esteban Sos del Rey Católico, Zaragoza. Siglo XI-XII |
IGLESIA
Templo
cristiano.
| Ermita de La Anunciada. Urueña, Valladolid Siglo XI con añadidos posteriores |
IMAFRONTE o pies
Es la fachada
opuesta a la cabecera, sea o no sea fachada principal. Ver hastial.
| Imafronte. Ermita de San Miguel. Población de Campos, Palencia Siglo XIII |
IMBORNAL
Boca o
agujero por donde se vacía el agua de lluvia.
| Imbornal de una gárgola. Monasterio de San Martín Pinario. Santiago de Compostela, La Coruña. Siglo XI a XVI |
IMBRICACION
Disposición
imitando la de las escamas de un pez.
Cada una de
las escamas se llama ÍMBRICE.
| Imbricación. Iglesia de la Asunción de Nuestra Señora Colmenar Viejo, Madrid. Siglo XV |
IMOSCAPO
La primera
curva cóncava entre fuste y basa.
Diámetro
inferior de la columna.
| Imoscapo |
IMPOSTA
Hilada algo
voladiza, decorada o no, sobre la que se asienta un arco o una bóveda.
En general, cornisa
o saledizo que separa dos planos o plantas superpuestas.
Ver aquí
INTRADÓS
Superficie
inferior de un arco, bóveda o dovela.
Ver aquí
INACABADA
Inacabada o
disminuida es una construcción que hubo que terminar de cualquier manera por
falta de dinero o por algún problema sobrevenido, reduciendo o eliminando
elementos proyectados inicialmente, aun estando la obra muy adelantada. No
suele darse en la cabecera porque era lo primero que se construía.
| Ermita inacabada o disminuída de San Fagún Barrios de Bureba, Burgos. Siglo XII |
| Ermita inacabada o disminuida de San Pantaleón. San Pantaleón de Losa, Burgos. Siglo XII |
ISÓDOMO
Aparejo
formado por sillares iguales colocados en hileras iguales.
| Isodomía. Iglesia de San Juan Bautista Talamanca del Jarama, Madrid. Siglo XII |
Y hasta aquí hemos llegado. Desde la modestia hay que reconocer la incapacidad de encontrar un
término más que añadir a este recorrido. Aun manteniendo la convicción de que alguno
quedará en el tintero, no nos queda más remedio que dar por concluido el
capítulo y empezar a pensar en el siguiente, donde, con suerte, retomaremos el
hilo con nuevos términos, explicaciones y matices fotográficos.
¿Ha habido sorpresas en el camino? Probablemente sí. Tal
vez la más llamativa haya sido la mención de iglesias medievales madrileñas, un
asunto que aún hoy despierta cierto escepticismo. No deja de resultar curioso
que, en una comunidad como la nuestra, todavía haya quien sostenga que el
románico no tiene presencia alguna. Sin embargo, esas referencias, aunque a
veces discretas o poco conocidas, invitan a reconsiderar esa idea y a mirar con
otros ojos un patrimonio que, quizá por falta de difusión, ha permanecido en
segundo plano incluso para los madrileños.
Antonio García Francisco
Madrid, Viernes de Dolores de 2026



