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viernes, 27 de marzo de 2026

Entre potajes, torrijas y recuerdos

             


          Llega la Semana Santa. Y no, no voy a hablar de lo que significa para los creyentes ni de lo que dictan los calendarios litúrgicos. En mi casa, y en mi pueblo, estos días se entienden de otra manera: a golpe de cuchara, de sartén y de recetas que solo aparecen una vez al año. Porque hay tradiciones que no pasan por la iglesia, sino por la mesa.

Cuatro son los invitados insustituibles de estas fechas: el potaje, las torrijas, la leche frita y, para acompañar, la limoná, no confundir con limonada, en mi pueblo es limoná. Cada uno con su papel, cada uno con su sabor, formando un pequeño ritual culinario que que solamente se elabora en estos días.

No pretendo dar lecciones de cocina, pero sí me atrevo a dejar constancia de las recetas que en este rincón de Castilla se preparan cuando llegan estas fiestas; recetas que, como es natural, difieren de las de otros lugares, pero que para nosotros son el corazón de la celebración y, por tanto, no faltará quien me corrija y diga que así no se hace. Pero es lo que hay.

El más contundente es el potaje. Es de justicia decir que solamente se consume en estas fechas. El resto del año queda olvidado.

-Se pone a desalar bacalao en agua fría, como para cualquier guiso que lo necesite, en cantidades suficientes para cada comensal. Ingrediente imprescindible el bacalao por estar en vigilia y no poderse consumir carne, salvo en Meco y alrededores, Madrid, donde por la célebre Bula de Meco, se puede comer carne estos días.

- El día anterior, se pone en remojo garbanzos y judías, más de los primeros que de las segundas, pero eso va en gustos.

- A la hora de elaborarlo, se ponen a cocer las legumbres y el bacalao, se añade un sofrito de cebolla y pimentón y cuando da un hervor, se añade un buen puñado de espinacas frescas. Si hay suerte, podemos sustituir esta verdura por unas collejas (silene vulgaris) o alguna verdura silvestre de esta época primaveral.

Collejas

Se pone a cocer a fuego medio-suave, en olla tradicional si tienes paciencia, aunque también puede hacerse en olla a presión, lo importante es controlar bien la cocción de las legumbres.

Una vez cocidas, se baten aparte un par de huevos, se añaden y  se le da un hervor de un par de minutos antes de apartarloo del fuego.

Se come al día siguiente de elaborarlo. La diferencia es abismal.


Las torrijas son famosas en toda España. En mi pueblo las hacemos principalmente de leche, pero también las preparamos de miel y de vino.

-Cortamos rebanadas de pan asentado (del día anterior). Tamién usamos edl pan especial de torrijas... si no hay más remedio.

-Ponemos a freír abundante aceite de oliva con una cáscara de limón y otra de naranja sin lo blanco, que amarga, lo que viene a ser el ceste, para que pierda el sabor fuerte al aceite. Una vez fritas las cáscaras, las retiramos.

- Cocemos leche con azúcar y unos palitos de canela. La dejamos enfriar y, cuando está tibia, empapamos las rebanadas de pan en ella, bien caladas pero que no se rompan, aquí se ve la pericia del cocinero. O de la cocinera, que ahora hay que decirlo también.

- Se pasan las rebanadas caladas por huevo batido y se meten a freír al aceite caliente. Se dan la vuelta con esa pericia ya demostrada y cuando están doradas por ambos lados (ojo, hemos dicho doradas, no quemadas), se sacan de la sartén y se colocan en una fuente con un lecho de azúcar y canela previamente mezclados. Conviene retirar con un colador de vez en cuando los restos de huevo que quedan en el aceite, porque pueden quemarse, ensuciarlo y dejar un regusto amargo.

- Se espolvorean con la misma mezcla de azúcar y canela y ya estarían. Se pueden bañar con la leche que sobre, pero siempre por debajo, nunca por encima.

- Se dejan enfriar, pues calientes no tienen todo el sabor.

 Las variedades de miel y de vino sustituyen las primeras la leche por un hidromiel (agua y miel) y las segundas por vino blanco mezclado con la leche a proporción 1 de leche por media de vino También puede ser vino dulce.

Torrijas

La leche frita cada vez se hace menos porque aunque sencilla, a veces se complica la fritura sai no se ha cuajado bien o si no se la ha dejado reposar el tiempo suficiente.

Ponemos en un cazo a cocer algo menos de 1 litro de leche, pues reservaremos una buena taza para disolver en ella ocho cucharadas soperas de maicena. Hay quien añade nata, pero en mi casa eso jamás se hizo. Junto con la leche se incorporan un palito de canela y unas pieles de naranja y limón como en las torrijas.

Cuando empieza a hervir, apagamos el fuego, asacamos las cáscaras y la canela, añadimos 150gr de azúcar (unas 10 cucharadas soperas), removemos, tapamos el cazo y dejamos templar durante 10 minutos.

Mientras tanto, batimos en la taza la leche reservada y la maicena (8 cucharadas, unos 120 gramos por litro), lo añadimos a la leche y volvemos a poner otra vez a calentar a fuego suave sin dejar de remover con las varillas hasta cuajar la maicena.

Cuando cuaja, lo vertemos en un recipiente a ser posible rectangular, pero puede ser una fuente honda (consejo: si el fondo está un poco húmedo luego saldrá mejor la mezcla). Que la pasta tenga un grosor entre unos dos dedos como máximo, que luego empalaga, y se cubre para que no se forme costra. Antiguamente se cubría con un paño, hoy lo hacemos con papel film o aluminio. Se deja enfriar hasta la temperatura ambiente y luego lo metemos al frigorífico hasta el día siguiente.

Al cabo de este tiempo, se saca y se vuelca en la tabla, en la mesa o la encimera, por eso el truco del molde húmedo, y se corta en porciones cuadradas como de 6 X 6 cm, eso va en el gusto o en el vicio de cada uno, también hay quien lo corta en tiras o en rombos, ya digo que va en gustos, se pasan por harina y por huevo, se fríen en la sartén y cuando se sacan los trozos se van poniendo sobre un lecho de azúcar y canela, como las torrijas. Se espolvorean por encima con la misma mezcla... Et voilà. Nous avons du lait frit.

Leche frita

La limoná en mi casa siempre era más humilde pero mejor que en la de los vecinos: vino tinto, gaseosa de limón a partes iguales (o más gaseosa que vino cuando lo íbamos a beber los niños), azúcar, canela y unas rodajitas de limón y de naranja, “que tiene alimento”, decía mi abuela. Se dejaba reposar tres días para que la gaseosa perdiera las burbujas y el vino cogiera sabor… ¡Y a volar!, ni hielo ni zarandajas, “que luego cogéis anginas”.

¿Por qué era mejor? Pues porque la de los vecinos no llevaba gaseosa (de hecho, la veredaadera limoná no lleva gaseosa) y eso, eso para los niños era una delicia turca.


Limoná de Semana Santa


Antonio García Francisco
Colmenar Viejo. Viernes de Dolores de 2026

Breve glosario de términos arquitectónicos del Románico - XI

 

Capitel con representación de una psicomaquia, un delicado
drama esculpido entre virtudes y pecados que confrontan la mirada del espectador

Y llegamos a la I.

Pequeña, tímida, una greguería de la verticalidad mínima, esta delgada  soldadita del abecedario, con su punto de esperanza, nos espera para ofrecernos los términos arquitectónicos que la tienen por inicial. ¿Muchos? ¿Pocos? Lo vemos enseguida; quizás incluso nos depare alguna sorpresa.

ICNOGRAFÍA

Representación gráfica de la planta de un edificio.

Icnografía. Planta del monasterio de San Pedro de Villanueva.
Villanueva de Cangas, Cangas de Onís, Asturias, Siglo XII

Icnografía. Planta de la iglesia de San Esteban
Sis del Rey Católico, Zaragoza. Siglo XI-XII

IGLESIA

Templo cristiano.

Ermita de La Anunciada. Urueña, Valladolid
Siglo XI con añadidos posteriores


IMAFRONTE o pies

Es la fachada opuesta a la cabecera, sea o no sea fachada principal. Ver hastial.

Imafronte. Ermita de San Miguel. Población de Campos, Palencia
Siglo XIII


IMBORNAL

Boca o agujero por donde se vacía el agua de lluvia.

Imbornal de una gárgola. Monasterio de San Martín Pinario.
Santiago de Compostela, La Coruña. Siglo XI a XVI

IMBRICACION

Disposición imitando la de las escamas de un pez.

Cada una de las escamas se llama ÍMBRICE.

Imbricación. Iglesia de la Asunción de Nuestra Señora
Colmenar Viejo, Madrid. Siglo XV

IMOSCAPO

La primera curva cóncava entre fuste y basa.

Diámetro inferior de la columna.

Imoscapo

IMPOSTA

Hilada algo voladiza, decorada o no, sobre la que se asienta un arco o una bóveda.

En general, cornisa o saledizo que separa dos planos o plantas superpuestas.

Ver aquí

INTRADÓS

Superficie inferior de un arco, bóveda o dovela.

Ver aquí

INACABADA

Inacabada o disminuida es una construcción que hubo que terminar de cualquier manera por falta de dinero o por algún problema sobrevenido, reduciendo o eliminando elementos proyectados inicialmente, aun estando la obra muy adelantada. No suele darse en la cabecera porque era lo primero que se construía.

Ermita inacabada o disminuída de San Fagún
Barrios de Bureba, Burgos. Siglo XII


Ermita inacabada o disminuida de San Pantaleón.
San Pantaleón de Losa, Burgos. Siglo XII


ISÓDOMO

Aparejo formado por sillares iguales colocados en hileras iguales.

Isodomía. Iglesia de San Juan Bautista
Talamanca del Jarama, Madrid. Siglo XII


Y hasta aquí hemos llegado. Desde la modestia hay que reconocer la incapacidad de encontrar un término más que añadir a este recorrido. Aun manteniendo la convicción de que alguno quedará en el tintero, no nos queda más remedio que dar por concluido el capítulo y empezar a pensar en el siguiente, donde, con suerte, retomaremos el hilo con nuevos términos, explicaciones y matices fotográficos.

¿Ha habido sorpresas en el camino? Probablemente sí. Tal vez la más llamativa haya sido la mención de iglesias medievales madrileñas, un asunto que aún hoy despierta cierto escepticismo. No deja de resultar curioso que, en una comunidad como la nuestra, todavía haya quien sostenga que el románico no tiene presencia alguna. Sin embargo, esas referencias, aunque a veces discretas o poco conocidas, invitan a reconsiderar esa idea y a mirar con otros ojos un patrimonio que, quizá por falta de difusión, ha permanecido en segundo plano incluso para los madrileños.


Antonio García Francisco

Madrid, Viernes de Dolores de 2026

jueves, 26 de marzo de 2026

Entrevista a la Dirección de Emburria


Hoy tenemos el placer de contar con una invitada muy especial: María Orreo, directora de Emburria, una entidad sin ánimo de lucro que nació en el año 2002 con un objetivo muy claro: trabajar por y para la diversidad funcional, promoviendo una comunidad más inclusiva, justa y participativa para todas las personas.

Durante la entrevista, María nos ha acercado a la importante labor que realiza Emburria, destacando su compromiso con la inclusión social y educativa. Además, nos ha contado cómo colaboran activamente con el Colegio Reconquista, participando en diferentes iniciativas que forman parte de su proyecto educativo.

Entre estos proyectos destacan Falando, Camaleo y Patios Activos, propuestas que fomentan la convivencia, la participación y el respeto a la diversidad dentro del entorno escolar.

Una conversación muy enriquecedora que nos invita a reflexionar sobre la importancia de construir, entre todos, una sociedad más inclusiva.


miércoles, 25 de marzo de 2026

Observaciones ortográficas que tendremos presentes en la lectura de escritos antiguos

         


        Esperamos que estas líneas no sean una herramienta inútil, creemos que pueden resultar de utilidad, conviene tenerlas a mano ante la eventualidad de enfrentarse a documentos de entre los siglos XII a XVIII, pues facilita su adecuada comprensión y, en caso de no necesitarse, siempre puede apreciarse como una curiosidad, ya que el saber no ocupa lugar. 

           

Privilegio Imperial emitido por el emperador Alfonso VII de León y Castilla, 
concediendo tierras al abad Guillermo para la fundación de un monasterio 
benedictino
 . 




             Ortografía Práctica, por Luis Miranda Podadera. Edición 1939

        "En los documentos castellanos antiguos se observa que las letras y los signos de puntuación se usaban de forma poco correcta o poco consistente si los comparamos con las normas actuales. La ortografía de aquella época, mucho más inestable y llena de irregularidades que la de hoy, es una de las principales razones por las que resulta difícil leer e interpretar esos textos con precisión.

            El uso de las letras mayúsculas y minúsculas tampoco seguía reglas fijas. En muchos escritos se observa que al comienzo de los párrafos y en las iniciales de los nombres propios se empleaba la minúscula en lugar de la mayúscula. También era frecuente encontrar escritas con bastante descuido, mayúsculas en medio de las palabras.

            La b se usaba con bastante frecuencia en vez de la v: buestro, probisión.

            La e, en ciertos casos, reemplaza a la i: deciendo, recebir.

            Suele suprimirse la e cuando se une la preposición de a otra palabra que empieza por e, y también en las finales: desto, desta, bastant, generalment.

            La f se halla duplicada en muchas palabras: ffice, conffirmo, deffiendo.

         Se emplea f en palabras que hoy la han cambiado en h: facer por hacer, fecho por heho.

            Se usa en vez de s una etra muy parecida a la f.

            La h se omite, a veces, en palabras que ahora la llevan, y, a veces se enplea en las que hoy no la usamos: aueronbre, henero, horden, hesta, por haber, hombre, enero, orden, esta.

            También se puede escribir h en vez de f: hirmó, anegas, por firmó, fanegas.

             La k, en ocasiones, suple a la c: karga.

            La n se duplica en las voces csastellanas que en la actualidad llevan ñ, de lo que se infiere que esta letra no  es otra que la n con una tilde que indica elisión de otra n. A veces, el sonido de la ñ se declaraba por la n, precedida de una g: sennor, sennaladamente, agno.

            La q se emplea muchas veces en lugar de la c: qual, cinquenta.

       La r se duplica, alguna vez, en principio de palabra, o en centro después de n: rrecibimos, rrayces, Enrrique, honrra.

            La s puede sustituir a la sílaba es: scriuano (escribano), y en otros casos se usa  por c: faser, vesino.


Rota (rueda) validatoria de Fernando II, siglo XII
"...signado de so signo segunt que aparescia el qual signo era redondo de dos circulos e dentro en ellas era un leon figurado. Et entre anbos los circulos era escripto enderredor asi: signum fernandi regis hyspaniarum, quier desir, signo de don Fernando rey de las espanias."


            La t es usada por d en fin de palabra: abat, verdat, heredat.

            Para indicar los sonidos de u y v prdeominó el uso de la primera letra en los documentos latinos de la Edad Media. En los castellanos, se usaron indistintamente. La u se usó también por b.

            u por v: uilla, auiso, naues (villa, aviso, naves).

            v por u: vna, vmildad, devdor (una, humildad, deudor).  

            u por b: baruero, caueza, pensaua, cauallo (barbero, cabeza, pensaba, caballo).

            La terminación aba de pretérito imperfecto de indicativo se ve frecuentemente con v, como deseava, dejava.

            La x reemplaza mucho a la j: dixo, dijo; aduxo, adujo; exercitar, ejercitar.

         La y se usa superfluamente en algunos documentos castellanos de los siglos XIII a XV: Peydro por Pedro, seyilada por sellada. También se usa por i: ymagen, syete (imagen, siete).

            La z sustituye con frecuencia a la c: hazer, tranze.

          Apenas se utilizaron signos de puntuación en los documentos castellanos antiguos, hasta el siglo XV, y su alguna vez se utilizaron, fue sin norma fija en cuanto a su uso.

            La puntuación moderna apareció con la escritura itálica, generalizándose a fines del siglo XVI.

            Los acentos casi no se usaban, y los pocos que aparecen en la escritura antigua no son para indicar la sílaba en que carga la pronunciación, sono la duplicación de vocales y aun de consonantes: sééllo.

            La cedilla servía para los sonidos suaves en las combinaciones con a, o, u, como: baça, arçobispo, Gonçalez, lienço, començo, raçon, lanças, Çurita, por baza, arzobispo, González, lienzo, comenzó, razón, lanzas, Zurita.

               Para indicar que debían suprimire letras indebidamente escritas, fijaban puntos debajo de ellas:
                            Don Pendro por las grancia

                                         º               º       º

                             Don Pedro por la gracia    

            Otras veces, se valían, como nosotros, de la línea horizontal para tachar las palabras o las sílabas superfluas.

            Las omisiones las salvaban colocando la palabra omitida entre renglones o al margen, poniendo dos líneas paralelas o cruzadas, como llamada, en el sitio que debiera ocupar.

            La interrogación y la admiración, apenas usadas, consistían en un círculo en cuyo centro había un punto o una línea horizontal."

Concesión de beneficio de acuñación por Fernando II de León
Archivo de Santiago de Compostela. Año 1171
In nomine Domini nostri Ihesu Christi, amen. Inter cetera que regiam maiestatem decorare uidentu summa et precipua virtus est sancta loca ac religiosas personas diluyere et uenerari et eas largis ditare muneribus atque in prediis et possesionibus ampliare ut dando terrena mereantus eterna. Huis siquidem rationis intuitu ego domnus Fernandus, Dei gratia,Hispaniarum rex una cum uxore mea regina domne Urraca et cum filio meo Alfonso...


Son pocas normas, pero muy útiles. Conviene no perderlas de vista: nunca se sabe cuándo podemos encontrarnos ante una piedra de consagración de un templo o ante un fuero. Un buen ejemplo es el Fuero de Sepúlveda, concedido originalmente por el conde Fernán González en el año 940, confirmado como modelo de fuero de frontera por el rey Alfonso VI en 1076 y redactado en una versión más extensa en 1300. ¿Verdad que sería emocionante saber leerlo? ¡Tres estilos de tres siglos en un solo documento!

Los viajes largos empiezan con un simple paso tan sencillo como este que damos acercándonos a algunas normas. Hagamos un cesto con los mimbres que tenemos.

Antonio García Francisco.

Madrid, día de San Dimas, patrón de cautivos, moribundos y arrepentidos 

y protector de relojeros y sepultureros.


            

            

            

            

La firma inadvertida: canteros y secretos bajo el enfoscado

       En los edificios medievales, tanto en la arquitectura religiosa como en la militar, algo menos en la civil, es bastante común encontrar pequeñas marcas grabadas en la piedra. Se localizan en sillares, columnas o bóvedas y, en ocasiones, están situados en rincones tan discretos que solo se aprecian al observar con detenimiento. Estos grabados, conocidos como signos lapidarios, o más comúnmente marcas de cantero, suelen vincularse con la labor de los antiguos gremios de constructores.


          La explicación más aceptada a su existencia y presencia es bastante sencilla. Se piensa que los canteros marcaban las piedras que habían tallado para poder identificar su trabajo en la obra. De esa forma, cuando llegaba el día de pago, era más fácil saber qué parte había contribuido cada uno. Tantas piedras, a tanto la piedra... Exacto. Funcionaban como una firma o marca personal para medir la producción de cada uno.
Marca de cantería. Es el ideograma de una ballesta. Podría indicar 
que el cantero, magister lapicidi, era también ballestero, dependiendo
de las épocas, las necesidades y/o los beneficios de cada oficio. 


          Mucho se habla de ellas, y más aún se ha escrito: en los últimos tiempos han pasado de ser discretas desconocidas a auténticas celebridades del mundo curioso-erudito. Tienen club de fans, grupos y blogs de todo tipo dedicados a ellas, debates encendidos y hasta estudios sesudos que las analizan con lupa, siguiendo su evolución desde diseños casi tímidos hasta otros que parecen querer sacarse un máster en complejidad. Se las ha clasificado de mil maneras porque, al parecer, si algo nos gusta más que descubrir cosas, es ordenarlas en categorías.

            Nosotros, sin embargo, venimos sin bata blanca ni intención de complicarnos la vida. Tras darle unas vueltas (las justas), hemos decidido quedarnos con cuatro grupos: marcas de cantero, marcas familiares o de taller, marcas de cuadrilla y marcas de maestro. ¿El criterio? Muy científico: cuántas hay y en qué rincón del edificio las encontramos. A veces, simplificar también tiene su encanto.

Marca o firma del magister que esculpió la portada del monasterio
 de San Pedro de Villanueva, Cangas de Onís, Asturias, S. XII

            También sabemos que, en algunos edificios aparece la posible firma del cerebro y pulso que los trazó y levantó con su dirección, el magister operis. Este maestro dejaba también constancia de su trabajo con su marca; el báculo, signo de autoridad, es una de las más fácilmente reconocibles. Después, con el paso del tiempo, empezaron a dejar su nombre.
El báculo, marca del arquitecto, magister operis, suele aparecer
solamente una vez en el edificio. En este caso, San Bartolomé de Ucero, Soria.

Catedral de Coimbra, silgo XII

Leodegarius me fecit. Portada de Santa María la Real de Sangüesa Navarra. Siglo XII 

              
Posible marca de cuadrilla. Los ocho canteros en torno al maestro.
Santa María la Real de Nieva, Segovia. Siglo XIV

Posible marca de cuadrilla. Santa María la Real de Nieva
Segovia. Siglo XIV

Posible marca de cuadrilla. Monasterio de Santa María de Carracedo
Carrracedo del Monasterio, León. Siglo XII


Posible marca de cuadrilla. Monasterio de Rueda
Escatrón, Zaragoza. Siglo XII

            Está aceptado que los canteros trabajaban a destajo y se les pagaba según la cantidad de piezas que producían. Cada piedra se marcaba dos veces: primero con la señal del trabajador que la había tallado y después con un signo que indicaba el lugar exacto donde debía colocarse en el edificio o la posición que tenía en la cantera para respetar su orientación y garantizar su dureza y resistencia.

Marca de colocación del sillar que envía el cantero al albañil


Marcas de colocación


Efectos de no haber colocado correctamente el sillar.
Los canteros conocían perfectamente la ley de cristalización de la piedra.
Lo siguen denominando hoy en día "la ley buena" y "la ley mala"

            A veces, en las obras de gran envergadura, cada piedra tenía que pasar su “control de calidad”: antes de llevar la pieza a la obra si se tallaba en la cantera, que era lo más frecuente, o antes de darle el visto bueno si se tallaba a pie de obra, el capataz o el maestro albañil la revisaba. Si estaba bien hecha, se ganaba el aprobado y una nueva marca, la del examinador. De esta forma quedaba constancia de quién había realizado y supervisado cada pieza. Un sistema de control sencillo, pero tan sorprendentemente eficaz que aún hoy en día se utiliza en diversas ramas del mundo laboral.

        Si durante la revisión se encontraba algún defecto, se imponía una multa. No cabían ni excusas ni apelación. Tanto el cantero que había labrado la piedra como el encargado de supervisar el trabajo podían perder el equivalente a dos jornales, quedando claro el mensaje:  los errores se pagan. Y hasta cierto punto es lógico, pues si una dovela, por ejemplo, está mal tallada, la finalización del arco al que pertenece queda paralizada hasta que se haga la correcta. Para que esto no ocurriera, el cantero labraba una nueva pieza durante la noche para seguir el ritmo al día siguiente.

        El control del trabajo era semanal. El día de pago se revisaba todo lo realizado durante la semana anterior y se anotaba en la cuenta de cada operario. Según la calidad del trabajo, el trabajador podía recibir una pequeña bonificación o, por el contrario, una multa si no era capaz de seguir el ritmo de los compañeros. De esta manera tan sencilla se buscaba mantener un buen nivel de calidad en la construcción. En el mundo laboral de hoy en día también existen los pluses de productividad y objetivos asignados con premios y sanciones por cumplimiento o incumplimiento.

        Y, como en cualquier entorno laboral, tampoco faltaban los roces. Han llegado a nuestros días los términos de un pleito en la construcción de la catedral de Santiago de Compostela, en el que un cantero acusaba a su capataz de no saber contar por haberle pagado menos piedras de las que realmente había trabajado. Los problemas con las nóminas no son precisamente una cosa moderna.

            Es obvio decir que, fijándonos en las distintas marcas que aparecen en un edificio, podemos hacernos una idea bastante aproximada de cuántos operarios participaron en su construcción. Aproximada, porque a veces, según las necesidades o los plazos, podían ser contratados trabajadores ajenos a la cuadrilla por un salario fijo, de modo que no marcaban como los destajistas.



          Uno de los símbolos que se repite con más frecuencia en este tipo de marcas es una simple X. ¿Para qué perder el tiempo haciendo algo elaborado si nos pagan por piedra acabada? Se marca y se empieza otro sillar.





            También puede encontrarse otra marca con una forma similar a la letra Z o a la N, que algunos autores interpretan como una representación del rayo y otros no ven más que lo mismo que se ve en la marca en X, unos golpes rápidos de puntero para no perder el tiempo marcando ni el ritmo tallando.
N o Z. Tres trazos rápidos 

Y no suelen faltar las marcas en forma de ángulo agudo o una simple cruz. Total, nadie va a copiar la marca de otro para que se la paguen al plagiado en vez de a él.



           En contraste de esta marca en Z o en cruz (+) o en ángulo agudo (<) hay otras mucho más elaboradas. Se trata de unas marcas tan trabajadas que probablemente llevó más tiempo grabarlas que tallar el propio sillar, lo que sugiere que podría ser un ideograma que representara el nombre o el apellido de un donante o comitente. Es el caso, por ejemplo, de la cabra que marca el lugar de enterramiento de la familia Cabrera en el monasterio de Santa María de Moreruela, Zamora, o la llave que aparece en la Iglesia de Santiago, en Agüero (Huesca), una joya románica inacabada del siglo XII, tal como señalan los autores del magnífico blog “Salud y Románico”, que nunca me canso de recomendar.
Ideograma en el arcosolio de la familia Cabrera,
Monasterio de Santa María de Moreruela, Zamora, siglo XII


La llave de Agüero, posible ideograma de D. Bancio, donante del
monasterio. Fuente: Salud y Románico


            Lo cierto es que el número de marcas de cantería que nos encontramos es muy alto, es prácticamente imposible recoger o explicar todas en detalle. Aun así, conocer algunos ejemplos puede resultar útil cuando se visitan edificios antiguos y se intenta identificar este tipo de señales en la piedra.
Marcas de cantería en el monasterio de Moreruela.
Granja de Moreruela, Zamora, siglo XII

     
Marcas que se repiten.
       En cuanto a los canteros, llevaban una vida nómada, itinerante. Antes de terminar una obra ya sabían dónde se estaba construyendo otra iglesia o dónde se iba a empezar una nueva. Así podían seguir trabajando sin largos periodos de inactividad, había que ser previsores.

        Por esta razón, es frecuente encontrar las mismas marcas de cantero en edificios situados en distintas poblaciones. A veces aparecen en localidades cercanas, pero en otras ocasiones también se han identificado en lugares bastante alejados. Estas marcas permiten seguir, en cierto modo, el rastro de los trabajadores y talleres que participaron en diferentes construcciones. 

            Para no alargarnos demasiado en este recorrido por las marcas de cantería, podemos fijarnos en unos ejemplos de Asturias que parecen apuntar a la presencia de una cuadrilla de constructores que se desplazaba de una obra a otra.      

            En la iglesia del exmonasterio benedictino de San Pedro de Villanueva, en el concejo de Cangas de Onís, aparecen varias marcas, siete hemos contabi8lizado por ahora, formadas por las letras P y R. Estas señales se repiten con pequeñas variaciones que parecen evolucionar desde la P, pasan por la R y acaban convirtiéndose en una B. Además, están grabadas en distintas posiciones: del derecho, inclinadas o incluso invertidas. Esto no suponía ningún problema, porque su función era, como ya hemos dicho, simplemente ser identificada su autoría, contar las de cada autor y pagarlas. Una vez terminado ese proceso, las marcas dejaban de tener utilidad.

Evolución de la marca en forma de P  en San Pedro de Villanueva
Villnueva de Cangas, Cangas de Onís, Asturias. Ejemplo de marcas
de los miembros de una misma familia


               Conviene recordar algo que hoy puede sorprendernos: es hora de decir y siento tener que ser yo quien lo diga, que en la mentalidad de la Edad Media no cabía la posibilidad de dejar un templo desnudo y en piedra vista. Contadas las piedras y pagados sus importes, las marcas ya no servían para nada. en la mentalidad medieval no se concebía un templo desnudo, con la piedra vista, tal como estamos acostumbrados a verlos ahora. Por lo general, tras levantar el edificio, los muros interiores se cubrían con una capa fina de enfoscado y pinturas y los exteriores eran revocados. Por eso, una vez revisadas las piezas y pagado el trabajo, aquellas marcas quedaban ocultas bajo los revestimientos y nadie las echaba de menos porque habían cumplido con su función y ya eran innecesarias.

De la P a la R solo hay que añadir una vírgula y de
la R a la B solo hay que cerrar esa vírgula añadida


            Si nos trasladamos ahora a la iglesia de San Pedro de Quirós, en el concejo del mismo nombre, encontramos de nuevo numerosas B talladas en la piedra. Lo mismo ocurre en la iglesia de San Juan de Amandi, en el concejo de Villaviciosa. Allí vuelven a aparecer estas mismas marcas, aunque acompañadas de otras más elaboradas. Entre ellas se distinguen una M mayúscula de

ntro de una cruz, una X que recuerda al crismón situada entre dos líneas paralelas y varias N. A pesar de esta variedad, las marcas más repetidas siguen siendo las B. Esto nos daría pie para pensar que nuestro taller trabajó en las tres iglesias, y que incluso pudo hacerlo simultáneamente en dos de ellas cuando se estaban acabando los trabajos en una.

            Si colocamos estas iglesias sobre un mapa y trazamos una línea entre ellas, aparece un recorrido que parte del área oriental cercana a la costa y se dirige hacia la zona central del Principado. Quien esto escribe lamenta no conocer lo suficientemente el románico asturiano, ni tener medios para hacerlo, como para poder indagar si hay más vestigios de la presencia de este taller de canteros en la zona. Sería interesante porque, al leer lo hasta aquí escrito a un amigo, me comenta, y lo pongo en cursiva porque no es un dato propio y quien me lo facilita prefiere mantenerse en la sombra, que,

curiosamente, ese mismo trazado discurre muy cerca de uno de los antiguos caminos que llevaban a Santiago de Compostela, utilizado antes de que se consolidara el conocido Camino Francés, más cómodo y transitado.

            No sería de extrañar que la familia de canteros siguiera el Camino ofreciendo sus servicios allí donde quisieran erigir un templo y se pusieran de acuerdo en las condiciones económicas, pues el Camino de Santiago fue el principal vector de difusión del estilo románico.             



            Aun así, no todo el mundo coincide en que estas marcas respondan únicamente a un sistema de contabilidad básica del trabajo. Hoy vivimos rodeados, saturados y casi  borrachos de información, pero muy alejados de los conocimientos simbólicos de la Edad Media, lo que favorece teorías más imaginativas que sólidas: todo vale, y cuanto más absurdo mejor se acepta y más se vende.  

            Esta distancia cultural nos invita a dudar y a mantenernos prudentes a quienes preferimos mantener que no es fácil interpretar con seguridad todo lo que se presenta ante los ojos y que no estamos en posesión de la verdad absoluta. Puede que tengan razón otras teorías, no olvidemos que hay tantas interpretaciones como intérpretes, y no se puede descartar que algunos de estos signos —pero solo algunos, no todos— tuvieran un significado que hoy se nos escapa. No obstante, estamos de suerte; como estas pequeñas señales siguen despertando el interés de cada vez más personas, quizá en el futuro alguien descubra un motivo distinto para su exitencia y podamos comprender que su propósito era muy diferente de lo que hoy afirmamos con tanta seguridad.

            Porque casi siempre, nosotros lo sabemos, la piedra guarda más de una historia… y no todas están a simple vista.


Antonio García Francisco.

Madrid, en la festividad de San Dimas, patrón de prisioneros, moribundos y arrepentidos, y protector de relojeros y sepultureros.