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martes, 12 de octubre de 2021

En las manos de Dios. Mensajes subliminales en la escultura románica.



 

"El que me ofrece su gratitud, me honra. Yo salvo al que permanece en mi camino".  (Salmos 50,23, Biblia DHH)

 



Nuestro ya conocido amigo Pedro Lozano Huerta publicó, hace de esto un año, en un grupo de románico del que ambos somos miembros, una fotografía muy, pero que muy interesante, en la que he creído encontrar un detalle que estimo a su vez, muy, pero que muy interesante, valga la redundancia deliberadamente buscada, y que traigo aquí para demostrar que cuando nos enfrentamos a una escultura románica hay que mirarla con los ojos de la cara, con los ojos de la mente y con los cinco sentidos, más el menos común de los sentidos, el sentido común.

La primera de mis tres reglas: 

"al canecillo y al capitel, hasta del revés le has de ver".

 Es una fotografía que a todas luces representa a Daniel en el foso de los leones. No cabe ninguna duda, pero... ¿hay algo más en ella?

Iglesia de San Adrián-Villavieja de Muño-Burgos Fotografía: Pedro Lozano Huerta.

Claro que sí y vamos a ello sin más preámbulo. 

Es una constante en el Antiguo Testamento transmitirnos mediante personajes y situaciones el abandono de la propia voluntad para servir a Dios, dando fe de Él, aunque esto cueste la vida propia o de los seres queridos (Sacrificio de Isaac, los tres jóvenes en el horno, Job…)

Como si fuera una imagen reflejada en un espejo, en la escultura románica hay una iconografía que parece insistir en transmitirnos mediante símbolos y unos cuantos personajes esta misma idea, y uno de ellos es nuestro tantas veces representado Daniel en el foso de los leones.

"Y llegándose cerca del foso llamó a voces a Daniel con voz triste: y hablando el rey dijo a Daniel: Daniel, siervo del Dios viviente, el Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves ¿te ha podido librar de los leones?

 Entonces habló Daniel con el rey: el Dios mío envió su ángel, el cual cerró la boca de los leones, para que no me hiciesen mal". (Daniel 6, 20-22)

Quiero con esto decir que cuando veo, quizá porque son de las que más se ven, la escena del sacrificio de Isaac y la de Daniel en el foso de los leones, siempre pienso en lo mismo: estoy ante un tipo de personas que se fían tanto de Dios que llegan hasta el extremo de abandonar la Razón y dejarse guiar por la Fe. Cuestión esta muy importante y debatida entre filósofos de la poca.

Dicho esto, al contemplar esta fotografía de Daniel in laqum que nos presenta Pedro, me salta a la vista otro mensaje más.

Recapitulemos. ¿Qué tenemos?

PRIMERO: Daniel en el foso de los leones por no renegar de su Dios. Podríamos quedarnos ahí, como hacen muchas guías de románico escritas por autores consagrados que se limitan a estas siete palabras: "Daniel en el foso de los leones". En realidad, es el mensaje plástico que se nos envía.

SEGUNDO: Daniel en peligro de muerte porque ha preferido seguir los dictados de su Fe antes que los de su Razón, motivo por el cual Dios le salva de una muerte física segura. Esto es el mensaje que nos envía el Autor Sagrado.

Y TERCERO: el visible mensaje oculto, valga el oxímoron, que nos envía el maestro medieval con el cual pienso que ratifica todo lo dicho anteriormente, que creo que me da la razón, y es que, efectivamente, Daniel se ha sometido a la voluntad divina y Dios está En y CON él.     

¿Dónde está el mensaje visible pero oculto? Sin entrar en especulaciones teológicas propias de comentaristas bíblicos, pongámonos en la mentalidad del cantero medieval y vayamos al Antiguo Testamento, libro de Isaías, capítulo  46, versículo 6: 

"Así dice Jehová, Rey de Israel, y su Redentor, Jehová de los ejércitos: Yo el primero, y yo el postrero, y fuera de mí no hay Dios."

Ahora vayamos con la misma mentalidad, o si queremos ya con la nuestra del siglo XXI, al libro del Apocalipsis, cap. 22, v. 13:

"Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último, el principio y el fin". 

Bien.

Ya lo tenemos.

Ahora volved a mirar la fotografía de Pedro y mirad la ñapa que he hecho yo, porque una imagen vale por mil palabras. 

Iglesia de San Adrián. Villavieja de Muñó, Burgos.

¿Veis que el "Alfa y Omega" está EN y CON Daniel porque Daniel se ha abandonado a la voluntad de Dios?

¿Veis ya el mensaje que lleva ahí casi mil años diciéndonos que confiemos en Dios?

Yo sí, y no me tengo por visionario. Y no solo en esta fotografía, para muestra valdría un botón, pero hay otros ejemplos más, algunas, lo reconozco, de manera un poco forzada, pero que parecen seguir el patrón:

Iglesia de San Adrián. Villavieja de Muñó, Burgos.


San Pedro de la Nave. El Campillo, Zamora. Siglo IX

Iglesia de San Cipriano. Zamora, Siglo XII

Iglesia de San Vicente. Mundilla, Burgos, Siglo XII
Fotografía Pedro Lozano Huerta

Iglesia de Ntra. Sra. de la Asunción. Navas de Bureba, Burgos.
 S. XII. Fotografía de Pedro Lozano Huerta. 

Gracias, Pedro, por ayudarnos una vez más con tus fantásticas fotografías y por brindarme de nuevo la ocasión de comprobar y demostrar la segunda de mis tres reglas, que es que

"nadie daba puntada sin hilo"

y que los símbolos están por todas partes.

Por supuesto, fiel a mi tercera regla, reconozco y admito que

        "hay tantas interpretaciones como intérpretes, pero la respuesta más sencilla suele ser la correcta",

de manera que admito todas las opiniones razonadas que no estén de acuerdo con la mía.

  

Antonio García Francisco

Colmenar Viejo, octubre de 2021,

Pergeñado durante el confinamiento de 2020










jueves, 7 de octubre de 2021

Interpretando un símbolo románico: el Bautismo.

 

El Románico es el arte del símbolo por excelencia, pero el símbolo no es algo privativo del arte Románico, sería estúpido pretenderlo, lo mismo que lo sería despreciar su existencia en esta época por el simple hecho de que nos resulte difícil de comprender. 

Portada del cementerio de Navarrete, La Rioja.
Portada del desaparecido Hospital de la Orden de San Juan de Acre, S. XII

Efectivamente, no existe un libro de claves en el que se nos diga a ciencia cierta que esto significa tal cosa, mientras que aquello significa tal otra. Pero hay que tener en cuenta algo fundamental: ese libro no existió nunca, ni tan siquiera en aquellos días, luego podríamos partir de la base de pensar que estamos en las mismas condiciones que estuvieron los contemporáneos de las creaciones que hoy contemplamos. 

Ningún tratado de la época trazó una síntesis sobre la simbología, y mucho menos recopiló los conocimientos representados, y esto, por dos motivos fundamentales. Primero, porque el símbolo es la expresión de una idea que tiene el que lo crea, la cual puede quedar falseada al plasmarla en piedra o en pergamino, y también puede resultar desdibujada o desafinada por el filtro de la comprensión del que recibe el mensaje. Segundo, porque no se trata de una doctrina, sino del reflejo de una manera de vivir, de ver y comprender la vida, de manera que tampoco era muy necesario un libro código. La curiosidad, apoyada en conocimientos propios que tuvieran de la vida, sería la única herramienta de la que podrían valerse para interpretar. Estamos, pues, en las mismas condiciones.

Iglesia de San Miguel. Sotosalbos, Segovia.
Detalle portada oriental de la galería porticada

Iglesia de San Miguel. Sotosalbos, Segovia.
Detalle de la galería porticada.

Iglesia de San Miguel. Sotosalbos, Segovia.

Tal vez no sea oro todo lo que reluce en portadas y no todo lo que vemos sean mensajes ocultos en canecillos y capiteles, pero cuidado, nada se debe al azar, nada se ha puesto para rellenar espacios vacíos. Hay unos detalles decorativos, unas lacerías, un zigzag, que parecen elementos ornamentales sencillos, pero que quien esto escribe les dedica toda su atención hasta el punto de que se alegra cuando los encuentra en portadas y arcos de galerías porticadas. Son, o suelen ser, una línea o franja de triángulos abiertos.  ¿Ven lo difícil que resulta describir un símbolo? Unos lo llaman dientes de perro, otros los conocen como dientes de sierra; esos dicen que representan las aguas del gran mar que es la vida; aquellos otros, más cultos ellos, opinan que son reminiscencias de los canteros orientales, aunque olvidan que este motivo ornamental ya aparece en las cuevas pintado en rojo desde el Neolítico. Tampoco faltan, por supuesto, quienes afirman que solo son motivos estéticos sin más funcionalidad que rellenar espacio.

"Cueva Pintada." Gáldar, Gran Canaria. 
Ideograma paleolítico que muestra un elaborado calendario lunar y solar que se basaría en la combinación de series organizadas a partir del número 12 y en la alternancia del rojo, el blanco y los espacios sin pintar. 

Cerámica del Paleolítico. Museo de Zaragoza.

Para quien esto escribe, estas líneas medievales zigzagueantes no son otra cosa sino una representación idealizada de las aguas del Bautismo. Son muy abundantes sobre todo en Asturias y Segovia. Personalmene, las hemos visto, por motivos de cercanía, muchas veces en Segovia, en San Pedro de Gaíllos, donde aparecen tanto en las arcadas de la galería porticada como en la portada, lo mismo que en Orejana; en Requijada, en Muñoveros, en El Olmo, en Sotosalbos… donde aparecen esas franjas que realmente recuerdan las ondas del agua, aguas vivas, que se mueven, purificadora como las que han de utilizarse para administrar el sacramento del Bautismo. Son un símbolo, una sustitución de una idea, un mensaje que están enviando al que se aproxima: 

“¡Alto! Este lugar está reservado para los hijos de Dios y si no estás bautizado este no es tu sitio, tu mundo está de puertas hacia afuera”


Juan 3,5: "Jesús le respondió: te aseguro que si uno no nace del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios."  

 

Iglesia parroquial de San Pedro.
San Pedro de Gaíllos, Segovia.
 Portada meridional de la galería porticada.


Iglesia parroquial de San Pedro.
San Pedro de Gaíllos, Segovia.
Portada oriental de la galería porticada.

Iglesia parroquial de San Pedro.
San Pedro de Gaíllos, Segovia.
Vista interior de la portada meridional.

Iglesia parroquial de San Pedro.
San Pedro de Gaíllos, Segovia. Detalle.

Iglesia de San Juan Bautista. Orejana, Segovia.

Ermita de Ntra Sra. de Las Vegas. Requijada, Segovia.

Ermita de Ntra Sra. de Las Vegas. Requijada, Segovia.



Iglesia parroquial de San Félix Mártir. Muñoveros, Segovia.

Iglesia de Ntra. Sra. de la Natividad,
también conocida como Virgen del Olmo. El Olmo, Segovia.

Esta interpretación se refuerza también con el hecho de que las pilas bautismales solían estar en el exterior, en la galería porticada, como en la iglesia de San Pedro Apóstol, de Abánades, Guadalajara, o en baptisterios anexos, como en Santa María de Bareyo, en Cantabria, de manera que se estaba invitando al Bautismo al pagano, como si fuera una especie de peaje por el que había de pasar el inconverso que pretendía acceder al interior del templo, al mundo de Dios.

Parroquial de San Pedro Apóstol.
Abánades, Guadalajara

Iglesia de Santa María la Mayor.
 Abajas, Burgos.

Iglesia de Santa María la Mayor. Abajas, Burgos.

Con motivo de un fugaz viaje de fin de semana a Asturias, donde ya dijimos que es donde más abundan junto con Segovia las hemos encontrado también en la portada del monasterio benedictino de San Pedro de Villanueva, en Villanueva de Cangas, 


Exmonasterio de San Pedro de Villanueva.
Villanueva de Cangas, Asturias.

y en la de San Xuan de Amandi, cerca de Villaviciosa. Unos cuatrocientos kilómetros separan estas iglesias asturianas de las segovianas, lo que nos demuestra una vez más que lo importante del símbolo es comprenderlo.

Iglesia de San Xuan d'Amandi.
Amandi, Asturias.

Iglesia de San Xuan d'Amandi.
Amandi, Asturias. Detalle.

San Xuan d'Amandi.
Ábside con un arco poco usual.

San Xuan d'Amandi. Detalle del ábside.

A veces, los símbolos se suman haciéndose compañía para realzar más el mensaje, y el caso se da en las dos portadas asturianas mencionadas, donde las ondas descritas tienen agregadas unas rosetas tetrapétalas. Asentado que las ondas, dientes de sierra o de perro, como queramos llamarlo, representan las aguas bautismales, estas rosetas son una especie de multiplicador del significado del símbolo bautismal.

San Xuan d'Amandi.
Símbolo de Aguas Bautismales con rosetas.
Lado derecho




San Xuan d'Amandi.
Símbolo de Aguas Bautismales con rosetas.
Lado izquierdo.

             Y es que el hecho de que sean tetrapétalas, de cuatro pétalos, también lleva su carga simbólica. Los números también la llevan y es muy de tener en cuenta, hemos de pensar que, dado que nadie daba puntada sin hilo (mi segunda regla), tampoco tiene por qué ser azar una repetición. Entendido de esta manera, cada número tiene un significado.

             Así, el UNO es la unidad. Todo ente extrae el propio origen a partir de un principio superior y trascendente: el Uno, que no puede dividirse sin dejar de existir, de manera que todos los seres son seres en virtud del UNO. No es el número de Dios porque Dios no tiene número ni medida, pero sí es el número del ámbito divino. 
Efesios 4,5-6 "un Señor, una fe, un bautismo, y un Dios y Padre de todos".
Deuteronomio 6,4: "Oye, Israel: el Señor nuestro Dios, el Señor es uno”.

        ¿Y las tetrapétalas? ¿Qué representa el número CUATRO? Es el número de la plenitud y simetría, como la del cuadrado. Es el número que representa al mundo, la obra perfecta y plena de Dios. Cuatro ríos del Paraíso, cuatro puntos cardinales, cuatro vientos sobre la Tierra, cuatro evangelistas, cuatro estaciones… Y ya tenemos la suma de dos símbolos: el del bautismo acompañando y amparando al del mundo

        Sumemos: ¿Acaso se nos quiere decir que el Bautismo protegerá al Mundo? ¿Que todos los hombres del mundo serán bautizados? ¿Qué dijo el Señor?

 
Mateo 28,19: "Por tanto, id, y doctrinad á todos los Gentiles, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo."

         Tampoco hay necesidad de buscar un mensaje complicado, recordemos el principio de la parsimonia, la célebre navaja de Ockham:

"entre las hipótesis que compiten entre sí, se debe seleccionar la que tenga menos supuestos. "

             En otras palabras más asequibles: la solución más simple es la correcta. Mi tercera regla: hay tantas interpretaciones como intérpretes; a mí me satisface esta. De una manera u otra, está en relación  con la Palabra de Jesucristo a través  del Evangelio de San Mateo.
Tetrapétalas en la cornisa de la iglesia de San Cristóbal.
La Cuesta, Segovia.

Tetrapétala en la cornisa de El Olmo, Segovia.

Tetrapétalas en grupos de cuatro en Ntra. Sera, de la Asunción
Duratón, Segovia.

Para acabar esta entrada que en principio iba a ser muy corta, pero está visto que yo no sé ser breve, queda decir que, en las tantas veces mencionadas iglesias románicas segovianas con el símbolo de las aguas bautismales en sus portadas, suelen ser rosetas hexapétalas y a veces incluso octopétalas las que aparecen, abundando las tetrapétalas el alero.

Tetrapétalas bajo el símbolo del bautismo en
San Pedro de Villanueva, Asturias.

Barahona del Fresno, Segovia. Iglesia de San Cristóbal.


Parroquial de  Santa María la Antigua, Butrera, Burgos.
Detalle de hexapétalas en la portada.


Parroquial de  Santa María la Antigua, Butrera, Burgos.
Detalle de la portada.

¿Y el OCHO de las octopétalas? Pues más de lo mismo: El 8 representa la SALVACIÓN, la resurrección, el paso a una nueva vida, es el día siguiente a la culminación de la Creación, el día en que el hombre empieza su vida. ¿Y que nos diría el principio de la parsimonia de nuestro buen franciscano Guillermo de Ockham? Pues puede que lo mismo: la salvación comienza por el Bautismo; las aguas que bordean o son bordeadas por las rosetas octopétalas son el primer paso hacia el Paraíso.


Octopétalas bajo el símbolo del Bautismo.
Iglesia de la Virgen del Olmo. El Olmo, Segovia.
La portada polilobulada presenta diez lóbulos.
El diez expresa la totalidad, el orden divino o el conjunto completo de algo.
 Diez mandamientos, los diezmos o Moisés poniendo jefes de diez en diez.

Tetrapétalas en la cornisa de la iglesia de San Cristóbal.
La Cuesta, Segovia.

Octopétala en Duratón, Segovia.

              Y hasta aquí hemos llegado.

Vuelvo a recalcar: mi tercera regla postula que hay tantas interpretaciones como intérpretes, con lo que admito y respeto cualquier otra opinión. Parafraseando a D. Mariano José de Larra, este pobrecito hablador ha expresado la suya. 

 

Antonio García Francisco

Madrid, octubre de 2021






















lunes, 27 de septiembre de 2021

Parábola del pobre Lázaro.

 

Evangelio de San Lucas 16, 19-31

"Lázaro es un pobre cubierto de úlceras que lamen los perros (quizás por el valor cicatrizante de la saliva canina). Lázaro se muere de hambre a la puerta de la casa de un rico opulento, esperando alimentarse de las migajas que caen de su mesa, pero el rico no le socorre.

Lázaro muere y es recibido en el seno de Abraham, el rico también  muere, pero va al infierno.

El rico le ruega a Abraham que envíe a Lázaro a traer una gota de agua en su dedo para aliviarle el sufrimiento abrasador. Abraham le recuerda su pasado de gran derroche y le responde que el abismo entre el infierno y el paraíso de su seno es insuperable e infinito."


 

Bronnikov Fyodor Andreevich (1827-1902)
La parábola de Lázaro.


El pobre Lázaro en la puerta del rico.
James Jacques Jpseph Tissot (1836-1902)


Decir a estas alturas del siglo XXI que las manifestaciones artísticas son expresiones creativas que permiten a las personas comunicar ideas, emociones o la percepción que tienen del mundo material o espiritual, sería casi una obviedad por lo usada que está la frase.

Sería hilar más fino decir que el denominado arte románico está hecho no solamente para comunicar, sino también para enseñar.

Y la realidad es esa. Las manifestaciones medievales románicas, tanto en escultura como en pintura, e incluso en arquitectura, nos hablan. Unas veces lo hacen sutilmente, como susurrando, otras, quizá las más, lo hacen a voces, pero nos hablan. El problema radica en nosotros, que nos hemos vuelto sordos y ni escuchamos ni entendemos.  En una época en que tenemos toda la información al alcance de la mano, seguimos ignorando muchas cosas que fueron del dominio público hace unos siglos.

A lo largo de las charlas radiofónicas mantenidas entre Manuel Martínez y quien esto escribe, ante los micrófonos de Radio Cangas Reconquista, lo hemos dicho muchas veces: en esta época, nadie daba puntada sin hilo.

Y así es. En un mundo en el que apenas existían libros porque, aparte de que casi nadie sabía leer, eran objetos de lujo al alcance de muy pocos, las historias que convenía contar se esculpían en piedra o se pintaban en paredes de iglesias y códices. Eso ya lo sabemos y lo hemos visto a lo largo de todas las entradas del blog. Las obras románicas tenían una función docente; eran en su mayoría o moralizantes o directamente temas religiosos contenidos en la Biblia, e iban dirigidas a personas iletradas.

Lázaro a la puerta del rico. Siglo XI.
Procedente de San Clemente de Tahull, se encuentra en el MNAC.
 

Y entonces, ¿a qué vienen estos párrafos? 

Pues a cosa muy sencilla. Hoy me ha venido a la cabeza las veces que hemos hablado, a través de las ondas, acerca del pobre Lázaro y el rico Epulón, y fíjese el amable y paciente lector en que la primera vez que nos salieron al paso en la conversación estos dos personajes, fue hablando de la acumulación de riquezas y de la avaricia, así como por la opción de amor preferencial por los pobres en la sociedad medieval, al repudiar con todas sus fuerzas los pecados de avaricia, lujuria y soberbia.

Lázaro y Epulón son los protagonistas de una parábola exclusiva del Evangelio de San Lucas (Lc 16, 19-31), quien la pone en labios del propio Jesús.

Hablando en puridad de conceptos, el nombre de Epulón no aparece en el Evangelio y, tal vez por ello, debiéramos escribir “epulón”, con minúsculas, tal y como hacen las biblias católicas que hablan de “la parábola del epulón” o “parábola del rico epulón y del pobre Lázaro” (Santa Biblia, ed. San Pablo; Sagrada Biblia Nácar-Colunga, B.A.C.; Sagrada Biblia, Bover y Cantera, B.A.C., Sagrada Biblia Ediciones Paulinas), pues conviene anticipar que, según el diccionario de la RAE, un epulón, del latín epŭlo, -ōnis, es un “hombre que come y se regala mucho”, lo cierto es que epulón es el nombre de uno de los rangos sacerdotales de los romanos, y que los  epulones eran los encargados de organizar los banquetes sagrados, ágapes estos que recibían el nombre de épulos. Llegados aquí, vemos una posible causa del nombre atribuido popularmente al rico. En fin, que Epulón no es un nombre propio, que conste, por mucho que hoy en día tenemos asumido que sí lo es.

Dicho esto, no podemos dejar pasar un detalle muy importante que también hay que dejar bien asentado. En latín, el sustantivo dives-itis significa rico, abundante, poderoso, opulento, y durante la Edad Media no se usaba el nombre de Epulón o epulón para nombrar al rico de la parábola, sino que se hacía con el término “Dives”, el rico. (Reilly Wendell. “Dives.” The Catholic Encyclopedia. Vol. 5. New York: Robert Appleton Company, 1909).



Beato de Liébana, siglo VIII.
Los demonios Beelzebub y Radamas castigan a dives, el rico, en la figura de un hombre muy bien ataviado, de cuyo cuello pende una gran bolsa al tiempo que sujeta dos más con las manos.


Iglesia de San Juan Ante Portam Latinam. Santibáñez del Río, Salamanca.

“O dives, dives non omni tempore vives fac bene dum vis post mortem vivere si vis”

“Oh rico, rico no vivirás para siempre, haz el bien si tras la muerte deseas vivir”.

No obstante, para mejor comprensión, o para completar de algún modo la exposición, remitimos a la entrada de este blog publicada el día 11 de abril de este año, bajo el título de “Arte Románico. La Avaricia”.

Codex aureus Epternacensis, siglo XI. En el folio 78 (recto) de este manuscrito ilustrado, se observa esta imagen de la parábola del hombre rico y Lázaro. Se conserva en el Museo Nacional Germano en Núremberg.

Narra la parábola la historia de un hombre rico que vestía lujosos ropajes y celebraba a diario fastuosos banquetes, y la de un hombre pobre, Lázaro, 

quien, echado junto a su portal, cubierto de llagas, deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico... pero hasta los perros venían y le lamían las llagas.”

Banquete del rico epulón. En la puerta, Lázaro cubierto de llagas que lamen los perros.

La cuestión es que murió el pobre Lázaro y los Ángeles lo llevaron al Seno de Abraham, 

A la izquierda, muerte de Lázaro. A la derecha, Lázaro en el Seno e Abraham.

y murió el rico y los demonios lo llevaron a los infiernos. 

Muerte del rico y su llegada a los infiernos.

Estando allí, vio el rico a Lázaro en el seno de Abraham y pidió que bajara a mojarle los labios con agua porque sufría mucho.

El rico pide a Abraham que permita a Lázaro darle agua. S. XV.

Y aquí viene la lección moral: Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que ya recibiste tus bienes durante la vida y Lázaro, por el contrario, males. Ahora él está aquí consolado, y tú eres atormentado.”

Continúa la parábola, pero a los efectos que nos interesa, lo dejamos aquí.

El rico y el pobre Lázaro. Catedral de Lincoln, Inglaterra. S. XIII, restaurado.
Fotografía de Tina Negus.

Lázaro llevado por los ángeles al Seno de Abraham y el rico arrojado al Hades por los demonios
Catedral de Lincoln, Inglaterra. Fotografía de Tina Negus.


Hemos hablado varias veces acerca de que el pecado más odioso en la Edad Media era la avaricia, madre que engendraba la gula y la soberbia, y aquí tenemos al rico que atesoraba más bienes de los que necesitaba y faltaba a los más elementales mandatos de la virtud de la Caridad. Incluso hoy en día, es necesario recordar una vez más aquel principio peculiar de la doctrina cristiana recogido por el Concilio Vaticano II, que afirma que “los bienes de la tierra están destinados a todos los hombres”.

Hemos visto al principio unas representaciones modernas de la escena, pero continuemos con una especial de siglos muy anteriores. 

En la que hoy es basílica de San Martiño de Mondoñedo, en la población lucense de Foz, pero que goza del orgullo de ser la catedral más antigua de España, pues en el siglo IX fue sede de dos obispados del Reino de Asturias, tenemos y disfrutamos de una pintura y un capitel que nos hacen volar hasta esta historia. En ellos se nos narra la primera escena, la del rico en la mesa del banquete con sus invitados y Lázaro en el suelo tendido mientras los perros le lamen las llagas.

San Martiño de Mondoñedo. Foz, Lugo. Parece que el sirviente le da algo a Lázaro con un palo, tal vez por no contagiarse de las llagas.

Está la cesta del capitel repartida en tres escenas, una por cada cara.

La de la izquierda es doméstica, pues en ella se representan los criados llevando una jarra.


La cara central nos presenta al rico sentado a la mesa en el centro de sus dos invitados, debajo de la cual aparece un perro.


Y en la tercera cara, la de la derecha, aparece tumbado en el suelo el pobre Lázaro ofreciendo su pierna al perro mientras que dos músicos amenizan la comida.













El símbolo está servido. No es necesario esculpir toda la historia, como ocurre en el códice miniado del siglo XI el cual, evidentemente, dispone en un pergamino de más posibilidades que en la piedra de un capitel, donde ni hay espacio ni probablemente pericia técnica suficiente, pero cualquiera que lo contemple (y lo conozca) se transportará a la parábola narrada por San Lucas. Ningún rótulo nos avisa de lo que estamos viendo, pero tampoco es necesario; el simbolismo del arte románico es lo que es, no se trata de una doctrina o de un método, sino, y no es poco, de un arte de vivir, de una manera de ver y de saber tradicionales que se expresan, unas veces como se sabe, otras como se puede en la época, y que van mucho más allá del arte románico porque nos eleva a la idea que se pretende transmitir, y esto, señores, vale para todas las técnicas: escultura, pintura, miniatura, orfebrería…

Me gusta mucho acabar como empiezo, darle vueltas a las cosas para que se queden igual que estaban, y creo que, en este caso, queda demostrado que el denominado arte románico está hecho no solamente para comunicar, sino también para enseñar, y este es un ejemplo: con una técnica y composición muy sencillas, nos han comunicado la parábola del pobre Lázaro y nos han hecho recordar las consecuencias de la falta de caridad. 

Y de paso, a los conocedores de la parábola, pues no la hemos contado completa, les recuerda la falsedad de la condición humana, pues cuando el rico está en el infierno, ya sí se acuerda de Lázaro y pide a Abrahám que le mande a darle agua y a avisar a su padre y hermanos de lo que les espera, pero, evidentemente, ya es tarde. 

No olvidemos el público destinatario del mensaje, personas muy preocupadas con pasar esta vida y disfrutar la prometida que les espera después de la muerte.

Antonio García Francisco.

Madrid, otoño de 2021