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martes, 17 de febrero de 2026

Breve glosario de términos arquitectónicos del románico (V)

 

Recreación del monasterio de San Pedro de Villanueva 
a partir de una fotografía antigua

Hemos acabado, con mayor o menor gloria y fortuna, el capítulo dedicado a columna y al capitel.

Prosigamos, entonces, con el ánimo intacto y la curiosidad bien despierta. Si el capitel coronaba la columna con dignidad clásica, ahora nos corresponde descender y expandir la mirada hacia términos quizá menos solemnes, pero no por ello menos reveladores. Porque en el vasto territorio de la C conviven la curva y el canto, la cavidad y el contorno, el cimiento oculto y la cornisa que se exhibe orgullosa al cielo.

Detengámonos, por ejemplo, en la cornisa, línea de sombra y resguardo, que no solo remata el muro sino que dialoga con la luz; o en el cimiento, paciente y subterráneo, que sostiene sin reclamar protagonismo. Pensemos también en el contrafuerte, gesto firme contra el empuje, o en la clave, piedra decisiva que, sin alardes, asegura el equilibrio del arco, ya vista aquí.

Cada vocablo es una pieza del edificio verbal que estamos levantando. Algunos términos nos elevan hacia lo ornamental; otros nos devuelven a la base, a lo estructural. Pero todos, sin excepción, contribuyen a esa arquitectura del lenguaje que aspiramos a completar con método y cierta obstinación.

No olvidemos que nuestro horizonte último es el zócalo: palabra firme, asentada, que simboliza el punto de apoyo y también el remate inferior de un todo mayor. Para llegar a ella con propiedad, debemos recorrer con paciencia cada tramo del alfabeto, como quien inspecciona sala por sala un palacio aún en construcción.

Así pues, no desfallezcamos. Que la C quede cerrada con la misma minuciosidad con que iniciamos su andadura. Una vez rematada, como se remata una bóveda o un friso, podremos avanzar hacia nuevas letras, nuevos desafíos y nuevas piedras léxicas que colocar en este edificio que, palabra a palabra, va tomando forma.


CABECERA

Es la parte principal del templo y contiene por lo general el ábside y el presbiterio. Generalmente orientada al este, era el punto por donde se iniciaba el edificio.

Puede tener absidiolos, en cuyo caso se denomina cabecera absidial.

Cabecera. Ábside del monasterio de San Pedro de Villanueva.
Cangas de Onís, ASturias. S. XII


CABEZA DE CLAVO 

Elemento ornamental con forma de prisma piramidal.

Cabeza de clavo. Portada del monasterio de San Pedro de Villanueva
Cangas de Onís. Asturias. Siglo XII


CAJÓN

Cada uno de los tramos en que queda articulado un muro al interponerse machones o contrafuertes.     

Cajón con arcos ciegos entre contrafuertes. Santa María la Blanca.
Villalcázar de Sirga, Palencia. Siglos XII-XIII y XIV

CAL

Óxido de calcio. El contacto con el agua es la base de todos los morteros desde antes de los romanos hasta la llegada del cemento Portland en el siglo XX.

Cantera de piedra caliza. Hontoria de la Cantera, Burgos.
De estas canteras se extrajo la piedra para la edificación de la 
catedral de Santa María, Burgos.

Terrones de cal apagada listos para ser molidos y comercializados

CAN o CANECILLO. También CANZORRO, MODILLÓN Y EN ALGUNOS CASOS, mocheta y CARTELA.

Un can es la cabeza de una viga interior del techo, que carga en el muro y sobresale al exterior, sosteniendo la cornisa o el alero.

Canecillo en un templo es un elemento voladizo de piedra sobre el que se asienta una cornisa o alero, sobresaliendo.

En el románico puede ir desde una labra lisa hasta otra sumamente historiada, Entre ellas han alcanzado especial notoriedad las de carácter exhibicionista, en las que aparecen figuras humanas y animales representadas en actitudes grotescas, obscenas e incluso en escenas de marcado contenido erótico.

Canecillo. Sancius, el magister que trabajó los canecillos del ábside
del monasterio de San Pedro de Villanueva, mostrando su "me fecit"
Cangas de Onís, Asturias. S. XII


CANCEL o REJERÍA

Reja que en algunos sitios separa el ábside y el presbiterio de la nave o que cierra una capilla.

Cancel - Reja que separa el coro de monjes del de los legos o conversos.
Monasterio de Santa María de Huerta, siglo XII
Santa María de Huerta, Soria.


CAULÍCULO

“Cada uno de los vástagos o tallos que nacen del interior de las hojas de acanto del capitel corintio y se vuelven en espiral bajo el ábaco.” (RAE)

En el capitel corintio, cada uno de los vástagos o frondes del helecho que asoman por encima de las hojas de acanto retorciéndose hacia arriba y enrollándose a modo de voluta.

Se trata de un elemento decorativo que consiste en hojas de acanto o helecho que se vuelven hacia abajo en el ábaco del capitel y crecen hacia él.

Caulículos. Portada del monasterio de Veruela, siglo XII
Vera de Moncayo, Zaragoza

Caulículos. Arriba, helechos; abajo, acanto.
San Pedro de Villanueva, Cangas de Onís,Asturias. S. XII

CAVETO, ESGUCIO o NACELA

Moldura cóncava cuyo perfil se aproxima al cuarto de esfera. Se usa para marcar la transición de un elemento a otro, como en el caso de basas, arquivoltas, capiteles, cornisas, etcétera, pero también para configurar el vuelo de modillones, canecillos y cimacios, para perfilar impostas y como forma de ornamentación independiente.

Canecillos y cornisa en caveto. Iglesia de Santa María de Sariegomuerto.
Villaviciosa, Asturias, siglo X

CESTA.  Ver EQUINO

CESTERÍA, también ARCIÓN

Es un trabajo en piedra que imita los mimbres de un cesto o las redes de los pescadores. Se suele ver principalmente en los capiteles, tanto en la cesta como en el ábaco.

Cestería. Capitel del monasterio de San Juan de Duero, Soria. Siglo XII

Cestería. Monasterio de Silos. Burgos. Siglo XII



CHAMBRANA

Elemento decorativo de relieve suave, con sección variada y perfil semicircular, recto o combinado, que enmarca un vano con la intención de destacarlo visualmente.

Es frecuente encontrar, incluso en publicaciones de autores consagrados, una confusión entre la chambrana y el guardapolvo, al que nos referiremos más adelante. No obstante, dado que ese momento aún se encuentra distante, adelanto una fotografía que permite apreciar con claridad que se trata de un error notable, un error de bulto en el sentido más literal del término. De mucho bulto.

Chambrana. Ventana absidial del Monasterio de San Pedro de Villanueva
Cangas de Onís, Asturias. S. XII

Chambrana. Ventana absidial de la iglesia de Santa María.
La Piedra, Burgos. Ábside del siglo XII

Chambrana en portada de la iglesia de la Cátedra de San Pedro
en Osona, Soria. Siglo XII-XIII

Guardapolvo. Obsérvese la ligera diferencia existente con la chambrana.
Iglesia de San Juan Bautista, Villavega de Aguilar, Palencia. Siglo XIII

CHAPITEL

 Elemento piramidal, a veces cónico, que corona una torre,

Chapitel. Campanario de la iglesia de Santa María, Val d'Arán
Lérida. Siglo XII

Chapitel. Iglesia de San Juan, Bohí, Lérida. S. XII. En el siglo XIII
se perdieron en un incendio los tres pisos superiores de la torre.

CHEURRÓN, CHEVRÓN o CHEVRON

Es un motivo decorativo y estructural caracterizado por una forma de zigzag, o más específicamente, una serie continua de formas en "V" invertida. Este patrón geométrico se utiliza para añadir ritmo visual, movimiento y una sensación de sofisticación. En el arte románico los dientes de sierra esculpidos en piedra ornamentan principalmente arquivoltas, impostas y cornisas.

Chevrón en la iglesia de San Cornelio y San Cipriano
Revilla de Santullán, Palencia, siglos XII y XIII

CIMBORRIO o TIBURIO

Es una construcción cilíndrica, dodecagonal, octogonal o cuadrada con forma de torre, que en una iglesia se apoya sobre los arcos torales del crucero.

Cimborrio. Iglesia de San Miguel. Almazáin, Soria.
Mediados del S. XII

Cimborrio. Colegiata de Santa María la Mayor. Toro, Zamora.
Mediados del siglo XII

Cimborrio. Interior. Catedral de Zamora. Finales del siglo XII

Cimborrio. Iglesia de San Martín de Tours, Frómista, Palencia.
Siglo XII. Fue tan reformada en el siglo XIX que muchos la consideran reorrománica

CIMBRA también CERCHA

 No confundir con CIMBRIA o filete.

La cimbra es una estructura provisional de madera que se coloca en el suelo o apoyada en otras partes de la obra para sostener un elemento arquitectónico mientras se construye y hasta que el mortero de cal y arena fragua y adquiere resistencia.

Se asocia sobre todo con los arcos y las bóvedas, que son las formas arquitectónicas que más dependen de ella. En estos casos, la cimbra sirve de molde y soporte: sobre ella se colocan cuidadosamente las piezas en forma de cuña —las dovelas— hasta situar en el centro la clave, que es la pieza que cierra el arco y permite que toda la estructura funcione como un conjunto.

Una vez colocadas todas las piezas, llega un momento decisivo: retirar la cimbra. Es un instante que combina confianza e incertidumbre, porque el arco debe sostenerse ya por sí mismo. Al liberar el soporte, las dovelas se ajustan entre sí, transmitiendo las cargas y dando estabilidad a la construcción.

En ocasiones, antes de quitar la cimbra, se recubre la parte superior del arco o de la bóveda con mortero para reforzar el conjunto, lo que obliga a esperar un tiempo adicional de fraguado. 

Cimbra.
Cimbra


Probablemente arcos y bóveda cedieron al retirar la cimbra.
Iglesia de Santa María. Padilla de Arriba. Burgos. S. XII

CIMBRIA o FILETE o LISTEL

 Moldura ornamental que bordea una superficie enmarcándola o se intercala entre otras molduras para diferenciarlas.

Cimbria, listel o filete.
Monasterio de San Pedro de Villanueva. Asturias. Siglo XII

CIMIENTOS

Parte del edificio que está debajo de tierra y sobre la que estriba toda la fábrica. Eran excavados hasta encontrar terreno firme. Esto prevenía hundimientos y aseguraba que los muros soportaran el peso de las torres. 

Cimientos en la catedral de Santa María. Vitoria-Gasteiz.
En algunos puntos alcanzan gran profundidad hasta 
hallar roca.


CONTRAFUERTE  

Refuerzo vertical de obra o de sillería, generalmente de sección prismática, adosado a los muros exteriores de un edificio con el fin de conducir hasta la cimentación las cargas estructurales, particularmente los empujes laterales generados por arcos y bóvedas. Puede presentarse desnudo de ornato o incorporar elementos decorativos, según el carácter del conjunto. Constituye la gran aportación técnica de la arquitectura románica, al hacer posible la estabilidad y monumentalidad de sus fábricas pétreas.

Contrafuertes en la basílica de San Martiño de Mondoñedo.
Foz, Lugo. Fue la catedral más antigua de España. 

Contrafuerte en la ermita de La Antigua. Madrid, siglo XIII,
Románico de frontera

CORDÓN

Moldura en forma de bocel trenzado semejante a una soga con nudos que se coloca como elemento ornamental. Fue muy utilizado con frecuencia posteriormente en la España religiosa de los siglos XV y XVI.


Iglesia de Santa María. Vilagrassa, Lérida
Segunda mitad del siglo XIII


CORNISA o CORNIJA

Elemento estructural saliente con cierto vuelo que corona un muro con la finalidad de librar a los muros de las aguas caídas del tejado.

Cornisa. Parroquial de Santa Marta.
Santa Marta del Cerro, Segovia. S. XIII

CORO

Parte de la iglesia destinada al canto de los clérigos.

Coro del siglo XIV en la Iglesia de La Invención de la Cruz
Cuevas de Provanco, Soria, S. XII
Los caracteres árabes de la viga: "LA-ALLAH-ILA-ALLAH"
("No hay Dios sino Dios")

                
            CREDENCIA

             Hornacina, hueco o nicho abierto en uno o más laterales del presbiterio y de algunas capillas para depositar allí provisionalmente los útiles litúrgicos de la celebración eucarística y de otros actos de culto (vinajeras, misales, vasos sagrados, bandejas de la comunión, aguamanil y jofaina, palmatorias, atril de sobremesa, acetre e hisopo, campanilla, naveta con incienso, carboncillos de incensario, etcétera).

Credencias. Ermita de Santa Cecilia, Aguilar de Campoo, Palencia
Siglo XI

Credencias. Iglesia de San Miguel de Foces. Ibieca
(Huesca). Siglo XIII.


CRESTERÍA

Adornos calados con aspecto de filigrana vegetal y geométrica o cuajados de elementos simbólicos y grutescos que, reiterados en serie, coronan un edificio. Más propia del estilo gótico.


           En la arquitectura de la Edad Media, se conoce con este nombre a toda la parte superior de una edificación defensiva almenada.

Crestería en la iglesia fortificada de San Juan Bautista, Fabara, Zaragoza
Siglo XII modificada en el XIV

Crestería (fue más grande) en la iglesia fortificada de Nuestra
Señora de los Ángeles. Fuensaúco, Soria. S. XIII

CRUCERÍA

Los arcos o nervios que refuerzan el cruce de dos bóvedas.

Crucero en bóveda de arista matada.
Colegiata de Santa María de Arbás (Puerto de Pajares)
Villamanin (León) Siglo XI

CRUCERO o CAUSÍDICA

Lugar donde se cruzan la nave principal y una transversal en el templo, dando lugar a una planta de cruz latina. Este punto de cruce es un cuadrado sobre el que suele ir una cúpula alzada sobre un cimborrio o tambor que se sustenta en los arcos torales

Vista en planta de una iglesia con el crucero marcado

No es raro ver el término crucero utilizado para referirse al transepto (del latín Transeptum), es decir, a la propia nave que cruza la principal y no solo al espacio en que se cruza con la nave principal.

Transepto marcado en la misma planta.

            CUERPO

            Parte  del edificio separada del superior por una cornisa o una imposta.
         Cada uno de los pisos o partes señalados por fuera por una imposta; a medida que ganan en altura ganan también en liviandad hasta llegar, en las torres, al cuerpo de campanas, que es el que menos peso tiene.

            
Torre de cuatro cuerpos. Iglesia de Santa María la Mayor
Trujillo, Cáceres. Siglo XII



Torre mudéjar de dos cuerpos, principal y de campanas
separados por una imposta.  Ermita de La Antigua, Carabanchel Bajo,
Madrid. Románico de frontera, principios del siglo XIII


            CÚPULA

            Bóveda semiesférica.  Generalmente cubre un espacio cuadrado cuyo paso a planta circular se da a través de trompas o pechinas. Cuando se la quiere dotar de más altura, se la hace apoyar sobre un tambor. 


Cúpula de la iglesia de San Miguel, Almazán, Soria. Siglo XII



    Hemos llegado al final de los términos que comienzan con la letra C, y se imponen ahora unos días de pausa para atender otras obligaciones.

            Eso sí, será un descanso breve y deliberado: tomaremos impulso para iniciar, con renovado empeño, la parte del glosario correspondiente a la letra D.



Antonio García Francisco.
Madrid, en Carnestolendas de 2026

domingo, 7 de noviembre de 2021

Una singularidad románica: San Pedro encarcelado en Perdices, Soria.

 

Cuando uno pretende visitar una iglesia románica que le va a suponer un desplazamiento de 250 kilómetros llegar a ella y, evidentemente, otros tantos volver a casa, más la logística y avituallamiento del camino, lo primero que hace es estudiar previamente qué es lo que va a encontrar en ella que le justifique el viaje, amén de qué otros objetivos visitables hay en la zona para aprovechar el día y que compensen de un posible fracaso a la hora de encontrar a la persona que guarda la llave del templo elegido.

En este caso se trató de conocer la iglesia parroquial de San Pedro, en Perdices, provincia de Soria, casi a tiro de ballesta desde Almazán (unos doce kilómetros), donde, en caso de fracaso, es seguro que encontraremos abierta dentro de su horario la iglesia de San Miguel, siempre tan agradable a la vista en su interior, además de otros alrededores interesantes.

lunes, 8 de agosto de 2022

…Y el símbolo estaba allí.

 

“El universo está determinado por números.   Todo tiene un número y sin número nada puede concebirse.”  Filolao de Crotona, filósofo y matemático griego del siglo V a.C


         Llegó el momento tantas veces procrastinado de enfrentarse a la ventana que podemos disfrutar en el ábside central del monasterio benedictino de San Pedro de Villanueva. Me lo debo a mí mismo, pero ante todo se lo debo a nuestra amiga Dulce María, intérprete e interpretadora de los símbolos románicos, conocedora de cada piedra y cada marca del edificio y a quien intrigaban las tetrapétalas con botón central que la adornan, cuatro en la rosca monolítica del arco de medio punto y diez en la arquivolta.

Ventana absidial del monasterio de San Pedro de Villanueva

Antes de comenzar hay que decir por si algún despistado lo ha olvidado, que los edificios románicos eran construidos con gruesos muros en los que apenas se abrían vanos para iluminar el interior. La razón no era otra que tenían que soportar pesadas bóvedas de piedra y se necesitaba un muro macizo y compacto que pudiera sostener esta techumbre. No obstante, a veces no queda más remedio y se abren estrechas ventanas enriquecidas enmarcándolas con arquivoltas, columnillas y capiteles. Tal es el caso de la nuestra, la que vamos a intentar interpretar a la vez que la describimos.

Dependiendo del tamaño del ábside o de los ábsides o absidiolos, se suelen abrir ninguna, una o tres ventanas. Ninguna cuando el templo es pequeño y la luz de la puerta o de un óculo o saetera en el hastial opuesto es suficiente, además de cuando el miedo al derrumbe pudiera estar justificado por muchos motivos, entre ellos la intuición o la poca experiencia del maestro. O el exceso de la misma.

Cabecera del templo monástico

¿Y por qué se abrían una o tres ventanas?  

En el constructor medieval pesaba mucho el conocimiento de las ideas del mundo pitagórico, y la numerología es una asignatura muy presente. Las iglesias serán orientadas desde su planteamiento en el eje canónico Este-Oeste, de manera que la cabecera siempre era dirigida hacia el Oriente y los pies hacia el Poniente. Jesús nació en Oriente y de Oriente nos viene cada día el Sol iluminando la tierra, lo cual hay que aprovechar porque ya nos sirve para iluminar el templo por la o las ventanas que pongamos en la cabecera, nos sirve en bandeja el primer símbolo: cuando solo hay una ventana podemos interpretar que el Sol es una clara representación de Jesucristo, Sol de Justicia, que desde el primer momento del día ilumina a su Iglesia con su Luz del mismo modo que la luz del sol (con minúscula) ilumina la iglesia (con minúscula) con la suya a través de la aspillera. 

Orientación en el eje Este-Oeste del templo del monasterio de San Pedro de Villanueva.


Sí,  pero ¿por qué tres?

Bien, en numerología cada cifra tiene sus cualidades. Así, si el UNO lo acabamos de aceptar como una representación de la Divinidad y, por extensión, de Jesús, cabe pensar que el TRES, aunque Dios no tiene número, peso ni medida, esté relacionado con la Santísima Trinidad y el símbolo sea exactamente el mismo puesto que Dios es uno y trino.

Puestos ya en situación, sabiendo por qué la ventana está ahí y no en otro sitio, podemos pasar a hacer una observación más detenida. Técnica y muy correctamente ha sido descrita de esta manera:

Ventana


“… la [ventana] del ábside central es mayor y se ornamenta con cuidados relieves; arranca de una moldura, acotada por las dos columnas, y está recorrida horizontalmente por dos incisiones en su parte superior y un friso de dientes de sierra en la inferior. Se remata con una arquivolta de medio punto, decorada con diez tetrapétalas enfiladas y guardapolvo con sogueado; la rosca arranca de impostas desarrolladas, decoradas con roleos en su mitad inferior y apoya en dos columnillas de fuste liso, monolítico y basas áticas, que soportan capiteles finamente esculpidos con hojas rizadas el derecho, y dos cuadrúpedos con melena el izquierdo”.
Enciclopedia del Románico en Asturias pág. 1.057

            Nada que objetar, pero tampoco nada que nos aclare el porqué de la presencia de esas tetrapétalas enfiladas, la chambrana (me niego a llamar guardapolvo a esa pequeña moldura) sogueada, las frondes de helecho de un capitel y los cuadrúpedos con melena del otro, y aquí empezamos la tarea de tratar de añadir más elementos interpretados al que ya tenemos de la orientación.

En la arquitectura y escultura románica no se daba puntada sin hilo, siempre lo digo, y se aprovechaba cualquier elemento para dejar una lección moral, catequética o popular al observador, valiéndose de símbolos que en aquellos días todos comprendían, pero que hoy nos las vemos y nos las deseamos para percibir medianamente.

Así, independientemente de rosca o arquivolta, nos encontramos con dos filas de flores de cuatro hojas, las tantas veces mencionadas tetrapétalas, las cuales presentan una característica que puede verse en más sitios de Asturias: en el centro tienen un punto o botón. ¿Y por qué? Volvamos a la numerología.


Tetrapétalas con botón central

El punto es el principio, la causa primigenia; el origen de toda creación es el UNO y el uno es la unidad, el Ámbito Divino y en el Uno se manifiesta la actividad creadora de Dios. Y aquí está en el centro de la flor de CUATRO hojas. 

            ¿Y por qué cuatro y no otro número?

Pues porque el CUATRO, el “sagrado cuatro” de los pitagóricos, que lo tomaban por representación de la Justicia, es para nuestros constructores medievales el número de la plenitud y la simetría del Mundo, la obra perfecta y plena de Dios, y se le relaciona con la tierra y lo terrenal, lo material, lo manifestado, el universo físico. Simplificando, el CUATRO es el número del mundo.

Entonces, ¿qué es lo que tenemos en estas flores de cuatro hojas y un punto en el centro? Quien esto escribe se atrevería a afirmar que estamos ante un símbolo inequívoco del mundo (la flor) creado, generado y regido por Dios, el cual es representado por el botón que está en el centro, para manifestar su Creación, señorearla y generar vida.

¿Algo más que añadir?

Pues sí. 

Las hojas aparecen en dos zonas de la ventana, aunque en la descripción formal solo se habla de una, la

“… arquivolta de medio punto, decorada con diez tetrapétalas enfiladas”, 

lo cierto es que debajo, en la piedra que forma la rosca del arco, tenemos otras CUATRO flores con su correspondiente punto central que no podemos dejar pasar por alto, pues son una especie de confirmación del símbolo que nos dice que por esa estrecha aspillera pasa la Luz del Mundo que va a iluminar a la Iglesia. Cuatro flores botonadas de cuatro hojas formando el arco que cobija la luz no puede ser ni una casualidad ni una coincidencia, es una obra que denota una intencionalidad muy bien calculada para elegir el símbolo del mundo regido por Dios. CUATRO veces el número CUATRO. Quien tenga oídos, oiga.


Cuatro tetrapétalas en la rosca del arco


Ahora bien, a poco que prestemos atención, entre estas cuatro flores tetrapétalas veremos insertadas tres hojas en forma de triángulos acorazonados que podrían pasar desapercibidos si miramos apresuradamente (primera norma: al canecillo y al capitel…)


Esto nos remite nuevamente a la numerología.

El TRES es EL TODO. Dijimos que está relacionado con la Santísima Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo), pero va más allá de eso sin salirse de la idea, pues también significa PARA SIEMPRE. También es LA PERFECCIÓN de Dios relacionado a su creación, pasado, presente y futuro; tiempo, espacio y materia; memoria, entendimiento y voluntad 

Es decir, que nuevamente en esta sencilla piedra tenemos una reválida del símbolo: Dios, que está en el centro de su creación perfecta, el mundo, lo estará iluminando para siempre en su Iglesia.

Y al igual que no es coincidencia ni casualidad que aparezca CUATRO veces el número CUATRO, tampoco lo es que aparezca TRES veces el número TRES. La intencionalidad es clara.

Tres hojas acorazonadas de tres puntas cada una entre las cuatro tetrapétalas

No hemos acabado. Las flores están también en la arquivolta del arco, esta vez en número de diez. Es decir, el mensaje de las flores está en DOS sitios.

Diez tetrapétalas botonadas en la arquivolta del arco

La cualidad del número DOS es que para los pitagóricos era la ratificación del UNO. Y si la Unidad es Dios, su ratificación es LA SANTIDAD. ¿Hace falta que expliquemos este extremo? Creemos que no, parece que está claro que Dios manda su Luz al Mundo para que los fieles alcancen la santidad y den alabanza de su gloria. ¿Dónde es el mejor sitio? En el seno de su Iglesia, en el interior del templo, donde entra su Luz cada amanecer por la ventana desde hace casi mil años.

Que no, que no hemos acabado.

¿Por qué hay DIEZ flores? ¿Será porque son las que caben y no nueve ni once? No, a estas alturas ya conocemos la segunda norma: nadie daba puntada sin hilo.

El número DIEZ expresa la totalidad, el orden divino o el conjunto completo de algo y tal vez la máxima expresión de ello sea la tabla conteniendo los Diez Mandamientos de la Ley de Dios.

¿Es esto convincente? ¿El conjunto completo de Dios Iluminando a la Iglesia puede ser lo que simbolizan estas diez flores? No acaba de encajar, parece que falta algo.

Busquemos. Tenemos los siguientes datos:

El UNO simboliza la DIVINIDAD.

El DOS simboliza la SANTIDAD.

El TRES simboliza la PERFECCIÓN ETERNA

El CUATRO simboliza el MUNDO.

El DIEZ simboliza el ORDEN DIVINO.

Lo mejor que podemos hacer con estas cifras, la operación aritmética más sencilla, es sumarlas. Así tendremos que:

1 + 2 + 3 + 4 = 10

¡Caramba! ¿Va a ser cierto que nadie daba puntada sin hilo? ¿Hay que explicar que la unión en el Mundo de la Divinidad y la Santidad forman una perfección para siempre bajo la protección del Orden Divino y que lo ratifica cual notario la soga de la chambrana?

Ahora sí que cuadran las flores con el botón en el centro, querida Dulce María, ahora sí. El símbolo estaba ahí, siempre estuvo ahí.

Los otros dos elementos que decoran la ventana también son susceptibles de interpretación. En lo que se refiere a los 

“… dos cuadrúpedos con melena el [capitel] izquierdo…”, 

no podemos olvidar que el animal con melena siempre suele ser, y aquí parece que es, el león, símbolo por excelencia de Jesucristo, podríamos dar muchas explicaciones del porqué de esta identificación, pero ¿para qué? Baste con decir que el León de Judá, el descendiente de David y Rey de los Cielos, es representado por el rey de los animales. Más o menos y por abreviar.

Leones compartiendo la cabeza. Capitel izquierdo

Pero ojo, que en nuestro monasterio hay algo más que dos cuadrúpedos con melena, y es que estos dos cuadrúpedos, estos dos leones, comparten una misma cabeza y una vez más podemos apostar por la afirmación de que es una simbología de que el león, Jesucristo, es una sola persona (cabeza) pero con dos naturalezas, la divina y la humana (los dos cuerpos).

Representación de helechos en el capitel derecho

Para terminar, nos quedarían las “hojas rizadas” del capitel derecho, y que todo apunta a que son frondes de helecho, también presentes en la portada del edificio. Para no extendernos demasiado, baste con dar la interpretación que de este vegetal hacía Santa Hildegarda, doctora de la Iglesia, también del siglo XII y por tanto contemporánea del monsterio, quien entre varias obras escribió una titulada Physica, que es un tratado de medicina de la época; en el primer libro titulado “De plantis” se dedica a recoger las propiedades de las plantas y escribe: 

“...el jugo del helecho está destinado a la sabiduría, y por su dignidad natural, o en el ámbito de la rectitud natural, representa o vale para simbolizar el bien y la virtud”.

Con estas palabras podría dar a entender que la sabiduría consiste en la honradez natural como expresión del bien y de la virtud, al mismo tiempo que atribuye al helecho un simbolismo de franqueza y sinceridad.

Entonces, ya tendríamos servida la interpretación completa de la humilde ventana del monasterio benedictino de San Pedro de Villanueva: "La doble personalidad de Jesús, la divina y la humana, y la honradez del hombre sustentan que Dios Todopoderoso continúe desde el principio de los tiempos iluminando al mundo y a su Iglesia, contra la que no prevalecerán las puertas del infierno". Por encima de todo, la chambrana sogueada. Sabemos que las sogas sirven para atar: esto quedaría atado y escrito en piedra para que la memoria dure por los siglos de los siglos.

La chambrana sogueada ata y cierra la simbología
de la ventana absidial del monasterio de San Pedro de Villanueva

Y como siempre, admitiendo que hay tantas interpretaciones como intérpretes, estamos abiertos a otras opiniones, pero sin abandonar jamás el principio de la parsimonia: si un problema tiene varias soluciones aceptables, la más sencilla suele ser la más probable.

Saludos y feliz verano.


Antonio García Francisco.

Alange, julio de 2022