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domingo, 7 de noviembre de 2021

Una singularidad románica: San Pedro encarcelado en Perdices, Soria.

 

Cuando uno pretende visitar una iglesia románica que le va a suponer un desplazamiento de 250 kilómetros llegar a ella y, evidentemente, otros tantos volver a casa, más la logística y avituallamiento del camino, lo primero que hace es estudiar previamente qué es lo que va a encontrar en ella que le justifique el viaje, amén de qué otros objetivos visitables hay en la zona para aprovechar el día y que compensen de un posible fracaso a la hora de encontrar a la persona que guarda la llave del templo elegido.

En este caso se trató de conocer la iglesia parroquial de San Pedro, en Perdices, provincia de Soria, casi a tiro de ballesta desde Almazán (unos doce kilómetros), donde, en caso de fracaso, es seguro que encontraremos abierta dentro de su horario la iglesia de San Miguel, siempre tan agradable a la vista en su interior, además de otros alrededores interesantes.

Iglesia Parroquial de San Pedro Apósotol. Perdices, Soria.

Llegó el día previsto y pasó lo que muchas veces nos ha ocurrido: que no encontramos ni un alma en el pueblo, de modo que solo pudimos ver el exterior. Esta vista ya compensó en buena medida el viaje. Perdices tenía 12 habitantes en 2019, año en el que pretendimos ver la iglesia por dentro.

Después vino la pandemia y el proyecto quedó arrinconado, y aunque mi amigo Pedro Lozano ya me avisó de dónde vivía el custodio de la llave, pasaron todo el año 2020 y el verano de 2021 y Perdices seguía en el cesto de los deseos.

La imponente espadaña.


Todo cambió cuando hace unos días -¡qué bonito es tener amigos!- unas amigas de Almazán nos avisaron de que habían concertado una visita a la deseada iglesia del siglo XIII. Ni dudarlo. El viaje fue poco cómodo, con lluvia o niebla durante todo el camino, pero por fin nos volvimos a hallar de nuevo ante la iglesia de San Pedro.  Ni que decir tiene que no era el día más adecuado para hacer fotografías de exterior, pero teníamos salvoconducto para superar el derecho de portazgo y exteriores de nuestro anterior viaje.

Una vez que D. Eulogio nos abrió la puerta, comprendimos toda la simbología de la portada. Habíamos entrado a otra dimensión tiempo-espacio. Y cosa curiosa, en ese momento recordé que no había repasado lo que iba a encontrar. Cosas de los nervios, pero tampoco hizo mucha falta.

El ábside, lo primero en lo que fijas la mirada cuando entras a una iglesia románica, es de libro.  Semidecagonal, como ya nos avisan los cinco paños exteriores, cuenta con bóveda de horno gallonada con cuatro nervios que apoyan en columnas de triple fuste, recibiendo iluminación a través de tres ventanas de gran derrame que en el exterior son unas estrechísimas saeteras.

Ábside visto desde el coro


Vista exterior del ábside y de las las saeteras.

A estas alturas de la película, ya tenemos que saber que los ábsides románicos tienen ninguna, una o tres ventanas. Ninguna, por miedo a que cediera el muro al abrir un hueco. Una, para que la luz del amanecer que entra por ella nos recuerde a Jesucristo iluminando a su Iglesia. Con tres, porque es la Santísima Trinidad la que envía esa luz. Como ya sabemos que la orientación es de Este para la cabecera y Oeste para los pies, comprobamos que en Perdices también hay una ventanita en el hastial Oeste, que se corresponde con una imponente espadaña, para recibir el último rayo de luz del día, de manera que los antiguos constructores ya nos dieron el símbolo de la Resurrección de Jesucristo, representado por el Sol, que nos regala sus rayos en el interior del templo, que resulta iluminado al amanecer y al ocaso para recordarnos perpetuamente que el Señor resucitó y volverá en los últimos días, con su luz para juzgar a vivos y muertos y que su Reino no tendrá fin.

Ventana vista por el exterior

 Bien, en esta posición en que nos deja la entrada, sin darnos cuenta, casi inconscientemente, empezamos a leer la simbología como si de un libro se tratara, empezando por el lado izquierdo, que se corresponde con los capiteles del arco triunfal, el que da paso de la nave al presbiterio, colocados en el lado del Evangelio, el muro Norte para entendernos mejor. De talla sencilla, son capiteles dobles que apoyan sobre dobles columnas y podemos ver en el primero, siempre de izquierda a derecha, como si leyéramos el libro, una especie de ceremonia religiosa en la que participan tres personajes: dos que van vestidos con largas vestiduras, uno portando un báculo, símbolo de autoridad eclesiástica, obispo o abad, acompañados de otro, más pequeño, con una especie de tintinábulo de campanillas que alza con un vástago. En lo personal, me recuerdan ideológicamente a los vistos en la portada también soriana de Tozalmoro, a 50 kilómetros o en el capitel del caradrio de San Andrés de Montearados, Burgos. La escena se completa con otra figura, que sostiene un paño, pergamino o filacteria. En la siguiente escena, circunscrita al segundo capitel, aparece un ángel con las alas explayadas que tira de la cadena con la que ha amarrado con una argolla a una serpiente de tres cabezas.

Capitel del arco triunfal, cara izquierda

Capitel del arco triunfal

Capitel del arco triunfal

Ver el detalle de la cadena

Ver el detalle de las tres cabezas

Capitel del arco triunfal, lado del Evangelio

Aquí ya entra el tercer plano de interpretación. No encuentro referencia a ninguna serpiente de tres cabezas, pero sí encuentro una analogía:

Mateo 26,34:

Jesús le dice: de cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces.

 Lucas 22,34:

Y él dijo: Pedro, te digo que el gallo no cantará hoy antes que tú niegues tres veces que me conoces.

 Juan 13,38:

Respondióle Jesús: ¿tu alma pondrás por mí? De cierto, de cierto te digo: no cantará el gallo, sin que me hayas negado tres veces.

                ¿Un poco forzado pensar que en la iglesia dedicada a la advocación de San Pedro se pudiera considerar las tres negaciones del patrón como una serpiente que controla un ángel? Pues no sé, pero de eso que hizo San Pedro lo mínimo que podemos decir es que estuvo muy feo por parte del apóstol, el cual lloró amargamente después de esta situación, 

"Marcos 14,

66. Estando Pedro abajo en el patio, llega una de las criadas del Sumo Sacerdote

67.y al ver a Pedro calentándose, le mira atentamente y le dice: «También tú estabas con Jesús de Nazaret.»

68. Pero él lo negó: «Ni sé ni entiendo qué dices», y salió afuera, al portal, y cantó un gallo.

69. Le vio la criada y otra vez se puso a decir a los que estaban allí: «Este es uno de ellos.»

70. Pero él lo negaba de nuevo. Poco después, los que estaban allí volvieron a decir a Pedro: «Ciertamente eres de ellos pues además eres galileo.»

71. Pero él se puso a echar imprecaciones y a jurar: «¡Yo no conozco a ese hombre de quien habláis!»

72. Inmediatamente cantó un gallo por segunda vez. Y Pedro recordó lo que le había dicho Jesús: «Antes que el gallo cante dos veces, me habrás negado tres

Y rompió a llorar.”

                 Pedro se sintió avergonzado de, prácticamente, traicionar al Maestro por medio de su negación, que no era sino el símbolo del pecado como rechazo de Jesús y rechazo de la propia vocación cristiana. El drama es grande porque Pedro no se limita a negar su pertenencia al grupo, sino que dice no conocer al Maestro. El evangelio no dice que llorara de arrepentimiento. Simplemente dice que se echó a llorar. Su llanto pudo haber sido de dolor por haber negado al Señor, pero también de rabia consigo mismo por no haber sido coherente aquella noche. 

  Esa vergüenza, esa culpa, ese pecado, es una cruel alimaña que ha sido apresada y encadenada por el ángel, el cual tira de ella para alejarla de… ¿de quién? ¿No podría ser San Pedro el personaje del báculo? No, realmente creo que no puede serlo, pero sí pudiera el conjunto ser representación de la Iglesia de la que fue cabeza visible, y se trata de alejar ese yerro cometido por su primer representante porque no es motivo de vergüenza, sino signo de humanidad. Las tres negaciones representadas como tres cabezas de un reptil que anidó por unas horas en el corazón del pescador. Ya saben los amables lectores del blog de Radio Cangas mi tercera regla: hay tantas interpretaciones como intérpretes, y los símbolos responden según quién los interrogue. Acepto cualquier otra interpretación. El personaje de la filacteria bien pudiera representar al evangelista que narra los hechos.

Pero lo grande, lo más interesante comienza al otro lado, en el de la Epístola. Ahí tenemos en el capitel del arco que separa el presbiterio del ábside, ni más ni menos que una representación de San Pedro ad Vincula, San Pedro encadenado en la cárcel.

Capitel del ábside, lado de la Epístola, cara que mira hacia el altar,
no se quejen del cable, cosas peores henos visto y a fin de cuentas no afecta a la talla.

Aparece en él en primer lugar, leyendo de izquierda a derecha, o sea, en la cara del capitel que mira hacia el altar, un personaje que identificamos con San Pedro porque lleva en la mano derecha una llave, mientras que con la izquierda señala a una puerta cerrada. Dado que tiene la llave, podríamos interpretar que se trata de la puerta del cielo, pero como está cerrada, también podríamos pensar que se trata de la puerta de la cárcel. 

Detalle de la llave que porta en la mano.

En la siguiente cara vemos a un ángel que agarra de la mano a un hombre, representando el pasaje neotestamentario de la liberación de San Pedro de la cárcel de Agripa I el Grande, (Nota: este Agripa fue el nieto de Herodes el Grande y el hijo de Aristóbulo IV y de Berenice y en los Hechos de los Apóstoles es denominado simplemente como Herodes).

San Pedro con la llave en la mano señala a una puerta cerrada.
¿Será la del cielo o la de la cárcel?

El ángel urgiendo a Pedro para que se vista y salir del calabozo

<<Hechos de los Apóstoles, 12

 (…)

4.- Lo hizo arrestar y encarcelar [a Pedro], entregándolo a la guardia de cuatro grupos, de cuatro soldados cada uno, con la intención de presentarlo al pueblo después de la Pascua.

5.- Pedro fue así encerrado en la cárcel, pero la Iglesia rezaba incesantemente por él a Dios.

6.- La noche antes de que Herodes lo presentara, Pedro dormía entre dos soldados, atado con dos cadenas. Los guardias de la puerta custodiaban la prisión.

7.- De repente, apareció un ángel del Señor y una luz brilló en la habitación. Tocando el costado de Pedro, el ángel lo despertó: "Levántate rápido" - dijo. Las cadenas cayeron de sus manos.

8.- El ángel ordenó: "Cíñete y ponte las sandalias". Así lo hizo. El ángel agregó: "Cúbrete con tu manto y sígueme".

9.- Pedro salió y lo siguió, sin saber si lo que se estaba haciendo a través del ángel era real. Pensé que estaba soñando ("Estar soñando”: literalmente - tener una visión.

10.- Pasaron el primer y segundo puesto de guardia. Llegaron a la puerta de hierro, que da a la ciudad, que se les abrió por sí sola. Salieron y tomaron una calle juntos. Entonces, de repente, el ángel desapareció.">>

Bonita la manera de contarlo el Autor Sagrado, ¿verdad? Pues déjenme darles la versión que circula en la población de Villadiego, provincia de Burgos. Imperecederas son las páginas de la Biblia, pero los villadiegueses también esculpieron en mármol una copla jocosa que forma un chascarrillo y la exhiben en la fachada de la Casa Consistorial, jugando con el dicho “tomar las de Villadiego”, que hoy viene a significar salir por pies de un sitio y que aparece por primera vez en La Celestina, donde se utiliza en realidad “tomar las calzas de Villadiego” cuando en el Acto II Sempronio dice a Parmeno: 

“Apercíbete a la primera voz que oyeres a tomar las calzas de Villadiego 

y responde Parmeno:

“Leído has donde yo; en un corazón estamos. Calzas traigo y aún borceguíes desos lugares que tú dices, para mejor huir que otro”.

Lápida en un arco de la Casa Consistorial de Villadiego, Burgos

Dice así el epigrama de Villadiego:

Villadiego era un soldado

que a San Pedro, en ocasión

de estar en dura prisión,

nunca le faltó del lado.

Vino el espíritu alado,

y, lleno de vivo fuego,

le dice a Pedro: -Sal luego

toma las calzas, no arguyas-

Pedro, por tomar las suyas,

tomó las de Villadiego.

Del origen del dicho “tomar las de Villadiego” ya hablaremos otro día, que parece que también tiene su enjundia. 

Villadiego, Burgos

Bien, el fin perseguido en esta entrada no era otro sino hablar de la singularidad del capitel que nos narra ese pasaje, pero ya me conocen ustedes, si hablando de una iglesia hay más elementos cargados de simbología, o eso me parece a mí, no puedo dejar de comentarlo, y en este caso la portada, a la cual ya he aludido en los primeros párrafos, me parece que es uno de ellos.

Al enfrentarnos a las portadas lo estamos haciendo como haríamos con la frontera entre el mundo profano y el espacio sagrado reservado para la divinidad, y generalmente suele haber en ellas algún aviso, advertencia o incluso amenaza, en cualquier caso, es probable encontrar un mensaje cifrado en símbolos.

Vamos a describir la portada de San Pedro de Perdices y luego conjeturaremos acerca de lo que tal vez nos estén diciendo desde hace siete siglos. 

Detalle de la portada de la parroquial de San Pedro Apóstol.
Perdices, Soria.

En lo básico, está formada por un arco de medio punto liso y tres arquivoltas, sobre jambas escalonadas en las que se acodillan dos parejas de columnas. La arquivolta interior está adornada de bolas, las entonces llamadas “perlas”. La segunda, que apoya en jambas, presenta un grueso baquetón entre medias cañas, y la tercera presenta un ajedrezado de tres filas. Por encima de todo, una chambrana adornada por estrellas de ocho puntas.  La misión de la chambrana es adornar y embellecer el vano.

Detalle de capiteles, arquivoltas y chambrana de la portada.

Las columnas acodilladas soportan sencillos capiteles con temas vegetales entre los que observamos que aparecen piñas.

Paremos aquí, ya tenemos elementos suficientes para especular acerca del mensaje que nos lanza esta portada. Especular dice el Diccionario de la RAE que es 

“Hacer conjeturas sobre algo sin conocimiento suficiente”.

Y una conjetura no es sino una opinión formada a partir de indicios o datos incompletos o supuestos.

Pues conjeturemos.

Una cosa hemos de tener clara: la piña es un símbolo de vida eterna. Sabemos que cuando un pinar arde, las piñas caen al suelo y con el calor se abren para que salgan los piñones. Estos, a su vez, tienen en su exterior un duro estuche que protege a la semilla y la hace inatacable por el fuego. El piñón germina y al año siguiente surge un plantón de un nuevo pino. Esa evolución del pino es asimilada a la vida eterna, y aquí tenemos piñas en los capiteles, el nivel más bajo, y algunas en un capitel que sujeta la cornisa, el lugar más alto. Buenos augurios nos envían.

Después viene la arquivolta adornada con bolas o perlas. Aquí me remito a las enseñanzas codiciosamente recibidas de boca de D. Javier, el licenciado en Arte metido a cura que fue párroco de Siones (probablemente S. Ihoannes) y probablemente de todo el Valle de Mena, Burgos, quien me explicó que estas bolas son representación simbólica de las buenas obras de los creyentes, y que su máxima expresión son las bolas que representan el fruto del acanto.

Bien, ya tenemos dos elementos de interpretación: vida eterna y buenas obras.

Subimos otro nivel y nos encontramos con el ajedrezado. Según las enseñanzas recibidas de D. Joaquín Cidad, cura párroco de San Andrés de de Montearados, Burgos, y todos los pueblos de los alrededores, autor de varios manuales sobre el románico burgalés, libros desgraciadamente hoy descatalogados, el taqueado o ajedrezado representa los altibajos en la vida del creyente, y yo me lo creo.

Y llegamos al último nivel. Nos encontramos con la chambrana adornada con estrellas de ocho puntas. En “numerología bíblica” (¿…?) el número 8 representa la salvación, la resurrección, el paso a una nueva vida, pues es el día siguiente a la culminación de la Creación, el día en que el hombre empieza su vida.

Pues ya contamos con otros dos elementos: las vicisitudes que el creyente ha de pasar en la vida (taqueado) para alcanzar el nivel superior, el de la chambrana, que es la salvación y la resurrección (estrellas de ocho puntas).

Ahora sumemos desde abajo, el nivel más cercano al suelo, hacia arriba, el más próximo al cielo y tendríamos que el mensaje más o menos pudiera ser este:

“Pasando esta puerta podrás alcanzar la vida eterna (piñas de los capiteles), pero para ello habrás de acumular buenas obras (perlas o bolas de la arquivolta) y superados todos los altibajos que vas a encontrar (taqueado) llegarás a la resurrección y la salvación de tu alma (estrellas de ocho puntas) para la vida eterna (piñas de la cornisa).


Piñas en capitel del exterior del ábside junto a la cornisa

¿Exceso de fantasía?

Yo ahí lo dejo; los símbolos siempre responden a las preguntas que se les hace, pero la respuesta está siempre en el mismo nivel del que pregunta, por eso cito mi tercera norma: hay tantas interpretaciones como intérpretes, admito otras mejores que la mía, pero fiel al principio de la parsimonia, les recuerdo que la explicación más sencilla suele ser la correcta y así fue postulado en la Edad Media por el franciscano Guillermo de Ockham.

El viaje de regreso continuó entre comentarios de los cuatro amigos y remató con una buena comida y sobremesa en un restaurante a orillas del Duero en Almazán. A pesar de la climatología adversa, fue un día magnifico.


Antonio García Francisco.

Madrid, noviembre de 2021




5 comentarios:

  1. Como siempre, un placer leer tus interpretaciones. Todavía no he tenido tiempo de publicar en ningún grupo nada sobre los interesantes capiteles del interior de este interesante templo Soriano, Burgos me tiene demasiado ocupado,se va cerrando el círculo pero todavía queda,Burgos no se acaba nunca.

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  2. Yo si que tengo el privilegio de tener a dos monstruos que nos guían a través de la historia de este país. Pedro, tus aportaciones son increíbles, fruto del esfuerzo, la diligencia y sobre todo, de la inteligencia de alguien que sabe que si no fuera por tu trabajo desinteresado, la gran mayoría de nosotros no veríamos todo lo que nos enseñas. Desde esta humilde radio, muchas gracias

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  3. Hola, Pedro, qué alegría verte por aquí. Tienes mucha razón, Burgos no se acaba nunca, lo vengo diciendo desde hace tiempo, aunque tú estás a punto de conseguir fotografiar el catálogo de todas las iglesias de la provincia.
    Deseando estoy de volver a salir con la cámara a buscar cosas "nuevas" de hace ocho siglos.

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  4. Buenos días. Maravilloso relato. Las interpretaciones geniales y sencillamente explicadas, que son la mejor forma de entenderlas. Muchas gracias

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    1. Muchas gracias por el comentario, Antonio, viniendo de ti es un honor recibirlo. Nos conocemos del grupo de Amigos del Románico del Norte y sería una gran alegría coincidir algún día con la cámara fotográfica en cualquier rincón románico de España. Saludos.

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