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lunes, 6 de mayo de 2024

Mensajes en el alero de la iglesia del monasterio de San Pedro de Villanueva (I)

 

Al analizar un poco más profundamente que la simple contemplación el alero del monasterio de San Pedro de Villanueva, descubrimos que encierra al menos tres líneas muy diferentes en lo que a mensajes y personajes esculpidos se refiere.

Tres líneas, tres guiones o grupos de personajes, y una información inesperada. Una línea la podríamos denominar como mitológica; otra, popular y una tercera la encasillaríamos como moralista. Y de regalo, una curiosa información sobre algunos personajes relacionados con el monasterio, la cual pasa desapercibida hoy en día y quizás lo haya pasado durante siglos.


Dibujo recreando el ábside del monasterio de San Pedro de Villanueva


A esta conclusión se llegó tras el estudio que se decidió realizar en abril de 2022, cuando D. Ignacio Bosch, director del Parador Nacional de Cangas de Onís, propuso al final de una charla sobre simbología románica en la que un servidor tuvo el honor de ser el ponente, la posibilidad de dar una interpretación lógica a todas las figuras esculpidas en el monasterio. Dicho y hecho. En 2023 ya pudimos hablar convincentemente, en otra conferencia llevada a cabo en el mismo lugar, acerca de las esculturas del exterior del ábside de la iglesia monacal y la ventana del mismo.

La intención de esta entrada es dar a conocer el resultado de los trabajos interminables para llegar a buen puerto con esta empresa: fotografiar desde todos los ángulos posibles, analizar una y mil veces las fotografías obtenidas, nuevos viajes para volver a comprobar in situ, consultas en la Biblioteca Nacional, en la Hemeroteca, en el Archivo Histórico Nacional y, sobre todo y más fructíferas, a asturianos conocedores de su Historia y Mitología que fueron quienes de alguna manera más ayudaron en los casos más difíciles.

Antes de empezar con las tres líneas simbólicas, es imprescindible hablar de tres personajes importantísimos en la construcción del monasterio.

No, no teman, no les voy a inundar con nombres y fechas. No es mi estilo, entre otras cosas, porque tengo memoria de pez para ambas cosas, soy incapaz de acumular ese tipo de datos.

A poco que nos fijemos, podremos observar la existencia de dos rasgos comunes en las figuras esculpidas: todos los personajes nos brindan unos ojos saltones, casi redondos, como si fueran huevos, y algunos de ellos, además, unos labios gruesos, como los belfos de un caballo. ¿Por qué? Los de los hocicos prominentes son hombres ocupados en actividades de trabajo manual relacionadas con el monasterio, mientras que en los otros claramente se nota que son monjes en actitudes piadosas o personas sin relación. El magíster está estableciendo distinciones entre legos y monjes, caras vulgares y caras de rasgos más nobles. Es su estilo propio.


Un pescador y un labrador. Ver los grandes labios y el arco bajo
 el que se encuentran que indica que son criados o legos al servicio del monasterio.


Un tullido apoyado en la muleta. 
La palmeta del fondo nos indica que está en el mundo exterior al monasterio


     ¿Y quién sería ese magíster? ¡Vaya usted a saber!, Es lo primero que nos diría cualquiera que nos estuviera hablando del monasterio…

     Pues eso es lo que acabamos de descubrir: quién fue ese magíster.

Retrato de Sancius, nombre imaginario, posiblemente el maestro de San Pedro de Villanueva



    Resulta que hay un canecillo en el absidiolo del lado de la epístola en el que podemos contemplar a un hombrecito con algo extraño en las manos. Tiene crespina en la cabeza, detalle que, unido al hábito talar (que llega hasta los talones), nos revela que probablemente es un monje. Este hombre tiene abundante barba, símbolo de que es hombre experto y probablemente sabio o, como mínimo, de gran carácter. Su posición es la de sentado, señal de que ha acabado un trabajo y está descansando. Y tiene en las manos algo que, bien pensado, no es tan extraño como parecía en la primera impresión: es una filacteria. 

    Pero, ¿qué es eso? ¿Inventando palabras? No, por supuesto que no. Una filacteria es una banda de piedra, de obra o de madera, generalmente imitando un pergamino, con algo escrito, que suele ser leyendas o rótulos identificativos de quien lo porta, entendiendo por leyenda “un grabado que acompaña a algo, generalmente a una imagen para complementarla o explicarla”, según la RAE.

Catedral de Santiago de Compostela.
La filacteria nos informa de que el personaje retratado es el Apóstol Santiago.


Lonja de Palma de Mallorca, S. XV
La filacteria nos informa de que el personaje retratado es el "Defensor de la Mercadería"



Nuestro modesto y cansado personaje con crespina, ojos saltones y hábito talar, nos muestra su filacteria con un humilde mensaje que le va a identificar: su marca de cantero.

 No necesita más, con eso será reconocido en su tiempo y se sabrá en tiempos venideros que Sancius, o Sanxo, o Suavi, o tal vez Saurino, quizás Sança o simplemente Sanç, fue el escultor del alero de San Pedro de Villanueva. ¡Bravo por ti, pasaste a la posteridad con tu modesto me fecit!

Monasterio de San Pedro de Villanueva.
La filacteria nos informa de que estamos ante Sancius (nombre ficticio), posiblemente el 
maestro de Villanueva, autor de las esculturas del alero de la iglesia

Castillo de Loarre.
Sancius, nombre de un cantero que salió del anonimato dejándonos su firma


Pero no es el único personaje retratado en San Pedro de Villanueva. A la vuelta de la esquina, como quien dice, en sendos canecillos, uno en el ábside central y otro un poco más escondido, en el absidiolo del lado del evangelio, tenemos dos caras muy significativas. 

¿Por qué sabemos que son retratos? Porque solo existen estas dos caras y sus rasgos son muy aclaratorios.

El primero nos presenta a un hombre barbado, señal como dijimos de sabiduría, experiencia y edad, pero acompañado de otros atributos muy identificativos: al fondo, el respaldo de un estalo (un estalo es el asiento de los monjes en el coro); en la cabeza, una crespina, el tocado de lana que usaban los monjes en el monasterio para preservar la cabeza del frío; los ojos ahuevados, característica de nuestro pequeño magíster de San Pedro de Villanueva, cerrados, indicio inequívoco de que está en oración o que es hombre de oración. 

Al fondo el estalo, símbolo del coro del monasterio.
Crespina en la cabeza, símbolo de ser monje; ojos cerrados, 
símbolo de ser hombre de oración, y barba de hombre sabio.

¿Quién es? Todavía no lo sabemos, pero vamos a ponerlo en contraposición con el otro retrato. Este segundo canecillo, más escondido, como dejando el espacio principal al anterior personaje, nos presenta también a un hombre, pero éste tiene, por el contrario, los ahuevados ojos muy bien abiertos, señal de que está en el mundo, lo cual nos confirma la palmeta que tiene detrás, o sea, está o vive en el exterior del monasterio, ya no lleva crespina, sino que muestra un peinado cabello y la consabida barba de hombre de ciertos conocimientos. Está situado en el absidiolo del lado del evangelio, tímidamente semiescondido.

Palmeta al fondo que indica que está en el mundo.
Ojos saltones muy abiertos. Cabello sin crespina
y barba de hombre experto.



Sumemos: dos y dos son cuatro, tanto si sumamos de arriba hacia abajo o como si lo hacemos de abajo hacia arriba: estamos contemplando la cara de los dos hombres que dieron trabajo a nuestro magíster de la letra S; nuestro buen Sancius (este nombre me gusta porque era muy común en aquella época y bien pudiera haber sido el suyo), el cual, en agradecimiento, les retrató para los siglos venideros: el abad que encargó las obras y el maestro constructor que las ejecutó. De ambos dependía el sustento de Sancius y de su familia; Sancius era un hombre agradecido porque de bien nacidos es ser agradecidos y el agradecimiento se expresa con obras y no con palabras, porque obras son amores y no buenas razones.

Maestro constructor contratando una obra con un abad.
El maestro, acompañado de sus oficiales, lleva la vírgula en la mano.
El abad, con las llaves al cinto, se acompaña del padre ecónomo
 que porta la bolsa del dinero. 


Hemos descifrado quiénes son los tres protagonistas responsables de las figuras que hoy contemplamos en San Pedro de Villanueva: el buen abad (don Rodrigo le nombran en el Manuscrito de Villanueva de Fray Juan del Saz) que encargó y pagó las obras; el experto maestro constructor de nombre desconocido, que las proyectó, dirigió y en definitiva llevó a cabo, y el hábil tallista Sancius que ejerció a la vez de notario y de fotógrafo para conocimiento de las generaciones venideras. Ha llegado el momento de empezar a describir la línea mitológica de las esculturas del alero.

Pero este cuento ya está resultando muy largo. Mejor será dejarlo para la próxima entrada, que dicen que lo bueno gusta, pero lo mucho cansa.

Nos citamos en este mismo sitio en una nueva entrada, con permiso de la autoridad competente y si el tiempo no lo impide.


Antonio García Francisco

Madrid, mayo de 2024



martes, 18 de abril de 2023

Diálogo con la simbología medieval: El alero del Monasterio de San Pedro de Villanueva

 


A lo largo de estos últimos años nuestro conocimiento del románico ha seguido una línea de subida exponencial que nos ha permitido ver más allá de las piedras que forman sus capiteles y canecillos. El arte románico nos ha demostrado que existen otras formas de escribir. Unos conceptos que sólo podemos contemplar si cambiamos nuestra percepción de las cosas y nos trasladamos a la Edad Media.

 

Una vez inmersos en ella, y gracias a un buen intérprete, contemplamos un mundo que se esconde a plena vista, maravillosamente esculpido como fiel reflejo de las tablas de Moisés, donde la piedra es también la protagonista.  Si seguimos aplicando párrafos bíblicos,  asimismo podemos afirmar que aquellos canteros escribían recto en renglones torcidos. La complejidad de sus obras así nos lo hace ver.

 

La interpretación de todos esos trabajos se basa en amplios estudios que pueden durar meses, ya que no todo lo escrito es interpretable, ni todo lo interpretable se ha escrito. Estos estudios suelen venir en un alto porcentaje, de manos de personas que en muchas ocasiones solo su vocación y su enorme esfuerzo las avala con lo que la dificultad de asentar sus descubrimientos es difícil en muchos casos e imposible en otros. Esas interpretaciones chocan en diversas formas y maneras con lo establecido, privándonos de ver lo que otros no quieren o no saben.

 

Para seguir descubriendo más historias, más relatos, más mensajes ocultos,  nos visita hoy en esta emisora escolar un viejo amigo que seguro conocéis muchos de vosotros y para aquellos que no, pues se lo presento



lunes, 8 de agosto de 2022

…Y el símbolo estaba allí.

 

“El universo está determinado por números.   Todo tiene un número y sin número nada puede concebirse.”  Filolao de Crotona, filósofo y matemático griego del siglo V a.C


         Llegó el momento tantas veces procrastinado de enfrentarse a la ventana que podemos disfrutar en el ábside central del monasterio benedictino de San Pedro de Villanueva. Me lo debo a mí mismo, pero ante todo se lo debo a nuestra amiga Dulce María, intérprete e interpretadora de los símbolos románicos, conocedora de cada piedra y cada marca del edificio y a quien intrigaban las tetrapétalas con botón central que la adornan, cuatro en la rosca monolítica del arco de medio punto y diez en la arquivolta.

Ventana absidial del monasterio de San Pedro de Villanueva

Antes de comenzar, hay que decir, por si algún despistado lo ha olvidado, que los edificios románicos eran construidos con gruesos muros en los que apenas se abrían vanos para iluminar el interior. La razón no era otra que tenían que soportar pesadas bóvedas de piedra y se necesitaba un muro macizo y compacto que pudiera sostener esta techumbre. No obstante, a veces no queda más remedio y se abren estrechas ventanas enriquecidas enmarcándolas con arquivoltas, columnillas y capiteles. Tal es el caso de la nuestra, la que vamos a intentar interpretar a la vez que la describimos.

Dependiendo del tamaño del ábside o de los ábsides o absidiolos, se suelen abrir ninguna, una o tres ventanas. Ninguna cuando el templo es pequeño y la luz de la puerta o de un óculo o saetera en el hastial opuesto es suficiente, además de cuando el miedo al derrumbe pudiera estar justificado por muchos motivos, entre ellos la intuición o la poca experiencia del maestro. O el exceso de la misma.

Cabecera del templo monástico

¿Y por qué se abrían una o tres ventanas?  

En el constructor medieval pesaba mucho el conocimiento de las ideas del mundo pitagórico, y la numerología es una asignatura muy presente. Las iglesias serán orientadas desde su planteamiento en el eje canónico Este-Oeste, de manera que la cabecera siempre esté dirigida hacia el oriente y los pies hacia el poniente. Jesús nació en Oriente y de Oriente nos viene cada día el Sol iluminando la tierra, lo cual hay que aprovechar porque ya nos sirve para iluminar el templo por la o las ventanas que pongamos en la cabecera, nos sirve en bandeja el primer símbolo: cuando solo hay una ventana podemos interpretar que el Sol es una clara representación de Jesucristo, Sol de Justicia, que desde el primer momento del día ilumina a su Iglesia con su Luz del mismo modo que la luz del sol (con minúscula) ilumina la iglesia (con minúscula) con la suya a través de la aspillera. 

Orientación en el eje Este-Oeste del templo del monasterio de San Pedro de Villanueva.


Sí,  pero ¿por qué tres?

Bien, en numerología cada cifra tiene sus cualidades. Así, si el UNO lo acabamos de aceptar como una representación de la Divinidad y, por extensión, de Jesús, cabe pensar que el TRES, aunque Dios no tiene número, peso ni medida, esté relacionado con la Santísima Trinidad y el símbolo sea exactamente el mismo puesto que Dios es uno y trino.

Puestos ya en situación, sabiendo por qué la ventana está ahí y no en otro sitio, podemos pasar a hacer una observación más detenida. Técnica y muy correctamente ha sido descrita de esta manera:

Ventana


“… la [ventana] del ábside central es mayor y se ornamenta con cuidados relieves; arranca de una moldura, acotada por las dos columnas, y está recorrida horizontalmente por dos incisiones en su parte superior y un friso de dientes de sierra en la inferior. Se remata con una arquivolta de medio punto, decorada con diez tetrapétalas enfiladas y guardapolvo con sogueado; la rosca arranca de impostas desarrolladas, decoradas con roleos en su mitad inferior y apoya en dos columnillas de fuste liso, monolítico y basas áticas, que soportan capiteles finamente esculpidos con hojas rizadas el derecho, y dos cuadrúpedos con melena el izquierdo”.
Enciclopedia del Románico en Asturias pág. 1.057

            Nada que objetar, pero tampoco nada que nos aclare el porqué de la presencia de esas tetrapétalas enfiladas, la chambrana (me niego a llamar guardapolvo a esa pequeña moldura) sogueada, las frondes de helecho de un capitel y los cuadrúpedos con melena del otro, y aquí empezamos la tarea de tratar de añadir más elementos interpretados al que ya tenemos de la orientación.

En la arquitectura y escultura románica no se daba puntada sin hilo, siempre lo digo, y se aprovechaba cualquier elemento para dejar una lección moral, catequética o popular al observador, valiéndose de símbolos que en aquellos días todos comprendían, pero que hoy nos los vemos y nos los deseamos para percibir medianamente.

Así, independientemente de rosca o arquivolta, nos encontramos con dos filas de flores de cuatro hojas, las tantas veces mencionadas tetrapétalas, las cuales presentan una característica que puede verse en más sitios de Asturias: en el centro tienen un punto o botón. ¿Y por qué? Volvamos a la numerología.


Tetrapétalas con botón central

El punto es el principio, la causa primigenia; el origen de toda creación es el UNO y el uno es la unidad, el Ámbito Divino y en el Uno se manifiesta la actividad creadora de Dios. Y aquí está en el centro de la flor de CUATRO hojas. 

            ¿Y por qué cuatro y no otro número?

Pues porque el CUATRO, el “sagrado cuatro” de los pitagóricos, que lo tomaban por representación de la Justicia, es para nuestros constructores medievales el número de la plenitud y la simetría del Mundo, la obra perfecta y plena de Dios, y se le relaciona con la tierra y lo terrenal, lo material, lo manifestado, el universo físico. Simplificando, el CUATRO es el número del mundo.

Entonces, ¿qué es lo que tenemos en estas flores de cuatro hojas y un punto en el centro? Quien esto escribe se atrevería a afirmar que estamos ante un símbolo inequívoco del mundo (la flor) creado, generado y regido por Dios, el cual es representado por el botón que está en el centro, para manifestar su Creación, señorearla y generar vida.

¿Algo más que añadir?

Pues sí. 

Las hojas aparecen en dos zonas de la ventana, aunque en la descripción formal solo se habla de una, la

“… arquivolta de medio punto, decorada con diez tetrapétalas enfiladas”, 

Lo cierto es que debajo, en la piedra que forma la rosca del arco, tenemos otras CUATRO flores con su correspondiente punto central que no podemos dejar pasar por alto, pues son una especie de confirmación del símbolo que nos dice que por esa estrecha aspillera pasa la Luz del Mundo que va a iluminar a la Iglesia. Cuatro flores botonadas de cuatro hojas formando el arco que cobija la luz no pueden ser ni una casualidad ni una coincidencia; es una obra que denota una intencionalidad muy bien calculada para elegir el símbolo del mundo regido por Dios. CUATRO veces el número CUATRO. Quien tenga oídos, oiga.


Cuatro tetrapétalas en la rosca del arco


Ahora bien, a poco que prestemos atención, entre estas cuatro flores tetrapétalas veremos insertadas tres hojas en forma de triángulos acorazonados que podrían pasar desapercibidas si miramos apresuradamente (primera norma: al canecillo y al capitel…)


Esto nos remite nuevamente a la numerología.

El TRES es EL TODO. Dijimos que está relacionado con la Santísima Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo), pero va más allá de eso sin salirse de la idea, pues también significa PARA SIEMPRE. También es LA PERFECCIÓN de Dios relacionada a su creación, pasado, presente y futuro; tiempo, espacio y materia; memoria, entendimiento y voluntad…  

Es decir, que nuevamente en esta sencilla piedra tenemos una reválida del símbolo: Dios, que está en el centro de su creación perfecta, el mundo, lo estará iluminando para siempre en su Iglesia.

Y al igual que no es coincidencia ni casualidad que aparezca CUATRO veces el número CUATRO, tampoco lo es que aparezca TRES veces el número TRES. La intencionalidad es clara.

Tres hojas acorazonadas de tres puntas cada una entre las cuatro tetrapétalas

No hemos acabado. Las flores están también en la arquivolta del arco, esta vez en número de diez. Es decir, el mensaje de las flores está en DOS sitios.

Diez tetrapétalas botonadas en la arquivolta del arco

La cualidad del número DOS es que para los pitagóricos era la ratificación del UNO. Y si la Unidad es Dios, su ratificación es LA SANTIDAD. ¿Hace falta que expliquemos este extremo? Creemos que no, parece que está claro que Dios manda su Luz al mundo para que los fieles alcancen la santidad y den alabanza de su gloria. ¿Dónde es el mejor sitio? En el seno de su Iglesia, en el interior del templo, donde entra su Luz cada amanecer por la ventana desde hace casi mil años.

Que no, que no hemos acabado.

¿Por qué hay DIEZ flores? ¿Será porque son las que caben y no nueve ni once? No, a estas alturas ya conocemos la segunda norma: nadie daba puntada sin hilo.

El número DIEZ expresa la totalidad, el orden divino o el conjunto completo de algo y tal vez la máxima expresión de ello sea la tabla que contiene los Diez Mandamientos de la Ley de Dios.

¿Es esto convincente? ¿El conjunto completo de Dios Iluminando a la Iglesia puede ser lo que simbolizan estas diez flores? No acaba de encajar, parece que falta algo.

Busquemos. Tenemos los siguientes datos:

El UNO simboliza la DIVINIDAD.

El DOS simboliza la SANTIDAD.

El TRES simboliza la PERFECCIÓN ETERNA

El CUATRO simboliza el MUNDO.

El DIEZ simboliza el ORDEN DIVINO.

Lo mejor que podemos hacer con estas cifras, la operación aritmética más sencilla, es sumarlas. Así tendremos que:

1 + 2 + 3 + 4 = 10

¡Caramba! ¿Va a ser cierto que nadie daba puntada sin hilo? ¿Hay que explicar que la unión en el Mundo de la Divinidad y la Santidad forma una perfección para siempre bajo la protección del Orden Divino y que lo ratifica cual notario la soga de la chambrana?

Ahora sí que cuadran las flores con el botón en el centro, querida Dulce María, ahora sí. El símbolo estaba ahí, siempre estuvo ahí.

Los otros dos elementos que decoran la ventana también son susceptibles de interpretación. En lo que se refiere a los 

“… dos cuadrúpedos con melena el [capitel] izquierdo…”, 

No podemos olvidar que el animal con melena siempre suele ser, y aquí parece que es, el león, símbolo por excelencia de Jesucristo. Podríamos dar muchas explicaciones del porqué de esta identificación, pero ¿para qué? Baste con decir que el León de Judá, el descendiente de David y Rey de los Cielos, es representado por el rey de los animales. Más o menos y por abreviar.

Leones compartiendo la cabeza. Capitel izquierdo

Pero ojo, que en nuestro monasterio hay algo más que dos cuadrúpedos con melena, y es que estos dos cuadrúpedos, estos dos leones, comparten una misma cabeza y una vez más podemos apostar por la afirmación de que es una simbología de que el león, Jesucristo, es una sola persona (cabeza) pero con dos naturalezas, la divina y la humana (los dos cuerpos).

Representación de helechos en el capitel derecho

Para terminar, nos quedarían las “hojas rizadas” del capitel derecho, y todo apunta a que son frondes de helecho, también presentes en la portada del edificio. Para no extendernos demasiado, basta con dar la interpretación que de este vegetal hacía Santa Hildegarda, doctora de la Iglesia, también del siglo XII y por tanto contemporánea del monasterio, quien entre varias obras escribió una titulada Physica, que es un tratado de medicina de la época; en el primer libro titulado “De plantis” se dedica a recoger las propiedades de las plantas y escribe: 

“...el jugo del helecho está destinado a la sabiduría, y por su dignidad natural, o en el ámbito de la rectitud natural, representa o vale para simbolizar el bien y la virtud”.

Con estas palabras podría dar a entender que la sabiduría consiste en la honradez natural como expresión del bien y de la virtud, al mismo tiempo que atribuye al helecho un simbolismo de franqueza y sinceridad.

Entonces, ya tendríamos servida la interpretación completa de la humilde ventana del monasterio benedictino de San Pedro de Villanueva: "La doble personalidad de Jesús, la divina y la humana, y la honradez del hombre sustentan que Dios Todopoderoso continúe desde el principio de los tiempos iluminando al mundo y a su Iglesia, contra la que no prevalecerán las puertas del infierno". Por encima de todo, la chambrana sogueada. Sabemos que las sogas sirven para atar: esto quedaría atado y escrito en piedra para que la memoria dure por los siglos de los siglos.

La chambrana sogueada ata y cierra la simbología
de la ventana absidial del monasterio de San Pedro de Villanueva

Y como siempre, admitiendo que hay tantas interpretaciones como intérpretes, estamos abiertos a otras opiniones, pero sin abandonar jamás el principio de la parsimonia: si un problema tiene varias soluciones aceptables, la más sencilla suele ser la más probable.

Saludos y feliz verano.


Antonio García Francisco.

Alange, julio de 2022

 




martes, 23 de marzo de 2021

Las Erinias.

 

Dije en otra entrada de este blog, que dos criaturas nacieron de la sangre derramada con violencia. La anfisbena, ampliamente descrita hace poco, que nació de las gotas de sangre que cayeron de la cabeza de Medusa sobre las arenas del desierto libio, cuando Perseo lo sobrevolaba con ella en la mano, y las erinias.

Las otras criaturas, las erinias, nacieron de las gotas de sangre que cayeron sobre la tierra cuando Crono, o Cronos, lo mismo da, castró a su padre, Urano.


Giorgio Vasari, S. XVI. Cronos (Saturno) castra a su padre Urano, el dios griego del cielo
antes de Zeus


Nos vamos a meter en un jardín, porque esto de hablar de mitología griega es un jardín tan espeso que parece una selva, pero es imprescindible para darnos de cara con lo que significan las erinias.

Urano era el dios que representaba al Cielo. Estaba casado con su madre Gea, que representaba a la Madre Tierra.

Empieza el lío.

Según nos cuenta Hesíodo en la Teogonía (relato en el que se narra el origen y generación de los dioses griegos), después del Caos surgió Gea, la cual, sin mediar “el grato comercio”, concibió por sí misma y parió a Urano, el cielo estrellado, su igual, para cubrirla a ella y a las colinas. 

Nos dice Hesíodo:

“Acostada con Urano, alumbró a Océano, de profundas corrientes, a Ceo, a Crío, a Hiperión, a Jápeto, a Tea, a Rea, a Temis, a Mnemósine, a Febe, de áurea corona y a la amable Tetis. Después de ellos nació el más joven, Cronos, de mente retorcida, el más terrible de los hijos y se llenó de un intenso odio hacia su padre.”

Urano y Gea en una representación de la esfera celeste

Tuvieron muchos hijos, entre ellos los cíclopes, pero Urano los condenaba a vivir en el Tártaro para que no vieran la luz, regocijándose en su maldad. Esto producía dolor a Gea, primero, porque eran sus hijos; segundo, porque El Tártaro no era sino el vientre de Gea, es decir, Urano no dejaba nacer a sus hijos.

Gea fabricó una guadaña con un sílex afilado que entregó a Cronos, “el de mente retorcida”, y este la utilizó para castrar a su padre. Así pudieron salir del Tártaro los hijos retenidos, pero la cosa fue más allá, pues Cronos arrojó al mar los testículos goteantes de sangre de Urano. Cuando cayeron al mar, se formó una espuma y de ella nació Afrodita, pero en su viaje hasta las aguas, gotearon sangre en la arena, y de esas gotas nacieron los gigantes, las Melias (ninfas de los fresnos) y las tres Erinias.

Cronos siguió los pasos de su padre y fue vencido por su hijo menor, Zeus, pero nosotros ya estamos en el punto al que queríamos llegar.  Dejemos el culebrón divino con sus líos y centrémonos en las Erinias, las cuales, como vemos, nacen de la sangre derramada por un acto violento en el seno de la familia.


Orestes perseguido por las Furias


Aquí es donde ya entra la función que van a recibir: se convierten en perseguidoras y vengadoras de los delitos cometidos en la familia.

Como siempre, como ocurrió con las arpías, en principio eran unas bellas mujeres, como vemos en las pinturas de las cerámicas griegas, pero poco a poco fueron siendo transformadas. Primero, con los romanos, pasaron a ser unas ancianas feas. Después, se las añadieron serpientes por cabellos. Acabaron siendo representadas en la Edad Media por unas criaturas aladas, híbridas de serpientes con cabeza y patas de perro. Es sencillo de comprender. Si ellas eran unas perseguidoras incansables de los que asesinaban a un familiar, pronto fueron identificadas con los remordimientos y eso, queramos o no, causa verdadero pavor en los hombres.


Rubens: Las Erinias.


Hemos de tener en cuenta que las Erinias son fuerzas primitivas anteriores a los dioses olímpicos, por lo que no estaban sometidas a la autoridad de Zeus, lo cual hacía que hasta los propios dioses las temieran. Si eso era así, imaginemos el pánico que causaban a los simples mortales.

Llevaban a cabo su justicia sin ningún tipo de piedad, para ellas no había ni oraciones ni sacrificios, nada las conmovía. Rechazaban las circunstancias atenuantes y castigaban todas las ofensas contra la sociedad y la naturaleza, tales como el perjurio, la violación de los ritos de hospitalidad y, sobre todo, lo repetiré siempre, los crímenes o asesinatos contra la familia.  Perseguían al asesino del familiar en venganza, hostigándole hasta hacerle enloquecer y solo cesaban en su persecución si el criminal encontraba a alguien que le purificase de sus crímenes. Precisamente por esta furia castigadora, los romanos las denominaron “furias”, y de ambos modos son conocidas.

Eran tres; Alecto, “la implacable, la que no descansa”, que castigaba los delitos morales tales como la cólera, la ira o la soberbia; Megera, “la cólera terrible”, la más terrible de las tres Erinias, encargada de castigar todos aquellos delitos que se cometen contra la institución del matrimonio, especialmente los de la infidelidad, y Tisífone, “la voz de la venganza”, que castigaba los delitos de sangre entre familiares.


Escena de la obra teatral "Las Euménides" en un plato griego del siglo IV a.C.


Autores hay que afirman que eran las instigadoras de esos delitos, la verdad es que no sé de qué fuentes beben para afirmarlo.

También hay autores que aseguran que los mortales utilizaban una perífrasis para referirse a ellas y no llamar su atención. Dicen que consistía en llamarlas “las Euménides”, las bondadosas. Nada más lejos de la realidad. Lo sucedido nos lo cuenta Esquilo en su obra titulada precisamente Las Euménides.

Otra vez el jardín de los líos. Es lo que tiene la mitología.

En esta obra se escenifica la absolución de Orestes por matar a su madre. De manera muy general, Apolo, a través del oráculo de Delfos, indujo a Orestes a matar a su madre, Clitemnestra, diciéndole que esta, en unión de su amante, mató a su marido, el rey Agamenón, padre de Orestes. 

Orestes mata a su madre; las Erinias inician la persecución, y enloquece. Cuando ya le tienen acorralado, se refugia en el templo de Apolo, el dios le purifica, es decir, le perdona su crimen, pero es incapaz de protegerle de las Erinias, pues Apolo ha otorgado el perdón divino, pero no puede otorgar el humano. 


 Clitemnestra intenta despertar a las Erinias mientras su hijo es purificado por Apolo. Crátera apulia de figuras rojas, 480–470 a. C., Museo del Louvre


 Más enloquecido aún, Orestes llega a Atenas, donde la diosa Atenea pide iniciar un juicio con un jurado formado por doce atenienses en el Areópago. Las Erinias aceptan que se realice el juicio y se dicte sentencia, pero protestan porque ahora hay leyes que impiden el castigo inmediato y sin contemplaciones de los crímenes de sangre. 


El juicio de Orestes



Las Erinias ejercieron la acusación y Apolo la defensa. 

Atenea presidía el juicio que terminó con los votos divididos, por lo que la diosa se inclinó a favor de Orestes, que fue declarado inocente. 

Atenea legisló que cuando en un juicio hubiera empate entre los jurados, el juez se decantaría a favor del acusado. Como dijeron los romanos, in dubio pro reo.




 

El remordimiento de Orestes, de William-Adolphe Bouguereau.

Detalle



    En ese momento, Atenea produce la transformación de las Erinias en Euménides, (entre los versos 1002 y 1003), sobrenombre con el que se resaltan las nuevas cualidades de las diosas: la bondad y la reverencia que se corresponden con el cambio de sus vestiduras negras por el color púrpura, lo cual también coincide con el momento en que la ciudad les otorga, a partir de ese instante, nuevas prerrogativas y un culto con el que se les reconocerá como protectoras y benevolentes, pero siempre vigilantes del cumplimiento de la justicia en relación con los homicidios en el ámbito familiar.

No es, pues, una perífrasis. Es una metamorfosis. No es, pues, una manera de ocultar su nombre. Es, simplemente, que se han transformado. Las Erinias han adquirido por su comprensión, el estatus social en el Olimpo, al que tanto aspiraron.

“Las Euménides deben su nombre a la formación coral que danza y canta en la orchestra, y que está compuesto por personajes vestidos de negro, encarnando a las diosas llamadas Erinias, quienes al aceptar la absolución de Orestes impuesta por el jurado de Atenas, se convierten en Euménides, como ya se ha mencionado, y se revisten al punto de mantos color púrpura”.

(Pineda Avilés, David Antonio. EL HIMNO DE LAS ERINIAS: ANÁLISIS DEL CORO EN LAS EUMÉNIDES. Revista de Iniciación en la Investigación del teatro clásico grecolatino y su tradición, 2017)

         Esto es muy importante porque en la tragedia griega, el coro cantaba lo que el pueblo quería escuchar, y en este caso, se está reconociendo el perdón de los delitos atendiendo a las circunstancias atenuantes o eximentes, el cual solo podían otorgar los humanos y que era, como vimos, lo que le faltaba a Orestes.

Posteriormente, Orestes realiza una nueva purificación a manos de las Cárites, diosas del perdón, y ofrece un sacrificio a Manía, diosa de la locura y la demencia. 

Juicio divino, juicio humano y purificación. Tres elementos a tener en cuenta.

La mitología romana las recogió bajo los nombres de Furias, pero con la misma función: ser las perseguidoras de los delitos ya comentados. Y aquí fue donde comenzó su metamorfosis. Desde ser mujeres hermosas pasan a ir adornadas con serpientes enroscadas en sus cabellos, armadas de látigos y antorchas para castigar, y con sangre manando de sus ojos en lugar de lágrimas, hasta convertirse en criaturas con cuerpo de serpiente, cabeza y patas de perro con alas.

En la Eneida de Virgilio, Tisífone lleva un látigo y un manojo de serpientes

“Tisífone al instante, látigo en mano, salta vengadora y azota a los culpables, y azuzando con la izquierda el manojo de sus horrendas sierpes llama en su ayuda a la tropa feroz de sus hermanas. Se descorren entonces con hórrido chirrido sobre sus goznes las sagradas puertas.” Libro VI, 570

Ovidio la describe con una vestimenta humedecida de sangre y con serpientes en la cabeza en vez de cabello en un acto de purificación:

“Tras haber hablado Juno de esta manera, Tisifone, según tenía revueltos los blancos cabellos, los movió y, apartando de su boca las culebras que la tapaban, dijo así: ≪No hay necesidad de largos rodeos; da por hecho lo que ordenas. Deja ya este reino abominable y vuelve a respirar el aire de un cielo mejor≫. Regresa alegre Juno y, cuando se disponía a entrar en el cielo, la Taumantia Iris la purificó con agua de rocío. Sin dilación, la violenta Tisífone toma una antorcha empapada en sangre, se reviste de un manto encarnado que gotea sangre, se ciñe con una retorcida culebra y abandona la casa. La acompañan en su camino el Luto, el Pavor, el Terror y la Demencia, de tembloroso rostro.” Ov. Met., Libro IV, 473 – 485.

Lo importante: sigue apareciendo la purificación que hace que las furias perdonen el delito. 


Erinia. Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción
Duratón, Segovia. Finales del siglo XII - principios del XIII


Hablar de las erinias en la Edad Media sería muy sencillo si nos remitiéramos exclusivamente a las descripciones que de ellas dan los manuales de Arte Románico: apenas dicen nada.

Pero está claro que cumplían una función que se extrae de todo lo anteriormente dicho. Resumiendo:

a)  Eran las encargadas de vengar delitos en el seno de la familia, principalmente los de sangre (fratricidio, parricidio, matricidio, homicidios y asesinatos de familiares) y perjurios.

b)   Los delitos perseguidos por las erinias eran susceptibles de ser perdonados por los dioses mediante actos de purificación, pero ellas continuaban atormentando a los autores de los mismos hasta que obtuvieran el perdón de los hombres.

Representadas, como dijimos, con forma de una serpiente con cabeza y patas de perro con alas, suelen ir acompañadas de un guerrero que se enfrenta a ellas armado de escudo y espada. Viene a ser una lucha del hombre contra los remordimientos, y es muy difícil escapar de ellos.


Santa María de Bareyo, Cantabria

Santa María de Piasca, Cantabria

Iglesia parroquial de San Esteban. Nieva, Segovia.

Erinias en la ermita de Santa Catalina. Hinojosa-Tartanedo, Guadalajara

Ermita de Santa Catalina. Hinojosa-Tartanedo, Guadalajara

Ermita de Santa Catalina. Hinojosa-Tartanedo, Guadalajara

Iglesia de Santa María la Mayor. Abajas, Burgos

Ermita de Santa Cecilia de Vallespinoso, Palencia

Iglesia de SAnta María. Yermo, Cantabria

Iglesia de Santa María Magdalena, Zamora

Igleia de San Julián y Santa Basilisa, Rebolledo de la Torre, Burgos

Iglesia de San Juan Bautista. Moarves de Ojeda, Palencia


En el monasterio de San Pedro de Villanueva, en Asturias, se nos cuenta la posible historia de un crimen cometido entre miembros de una familia. Un hombre asesinó al rey, que era su cuñado, para hacerse con la corona. Allí, al final de la historia, una anfisbena devora al asesino con su cabeza destinada a hacer el bien, mientras que la cabeza destinada a hacer el mal pierde a su presa, probablemente el alma del rey asesinado.


Anfisbena de la portada del monasterio de San Pedro de Villanueva, Cangas de Onís, Asturias.

Ese nuevo rey, cuenta la Historia —así, con mayúscula, la Historia oficial—, mandó erigir un templo en honor del monarca difunto. Este modesto juntaletras se permite añadir que quizá lo hizo ante la insistencia de su esposa, hermana del fallecido; tal vez para acallar las protestas de aquella y, de paso, las de su propia conciencia; o quizá como un acto de expiación por su crimen, o por su pecado, según se prefiera. De una forma u otra, buscaba obtener el perdón de la divinidad, del mismo modo que Orestes obtuvo el favor de Apolo tras purificarse de su culpa.

Pero ahí estaba el cantero para firmar un acta notarial escrita en piedra, y nos la dejó siglos después, cuando la iglesia fue reformada, en un capitel del interior, donde un guerrero armado de espada y escudo lucha contra una erinia.


Erinia en San Pedro de Villanueva


¿Nueva purificación o es que el anónimo escultor asumió el papel de las erinias y seguía atormentando a la memoria del homicida? Tal vez el rey constructor tenía el perdón de la Divinidad, como Orestes tuvo el perdón de Apolo, pero le faltaba el perdón de los hombres, como el que obtuvo Orestes en el Areópago. 


Erinia en San Pedro de Villanueva

Todo pudiera ser, yo me he ceñido a mis normas, y coinciden en lo que hay en la iglesia del antiguo monasterio: nadie daba puntada sin hilo, todo es símbolo; hay que tratar de conocer la historia que nos quieren transmitir y, como siempre, hay tantas interpretaciones como intérpretes.

 



Todo pudiera ser, yo me he ceñido a mis normas, y coinciden en lo que hay en la iglesia del antiguo monasterio: nadie daba puntada sin hilo, todo es símbolo; hay que tratar de conocer la historia que nos quieren transmitir y, como siempre, hay tantas interpretaciones como intérpretes.

 Como epílogo, podríamos decir que Dios puede perdonar el pecado a través de la Iglesia y sus sacramentos, administrados por sacerdotes. Pero para decidir sobre el delito, solamente la justicia humana, administrada por humanos, es competente. Tanto en tiempos de Esquilo como en nuestros días.

En un sentido más amplio, las Erinias representan la rectitud de las cosas dentro del orden establecido; son las protectoras de las Leyes Naturales.  Nadie puede burlarlas, no hay defensa contra ellas, ni escudo ni espada en la Edad Media, ni oraciones ni sacrificios en la antigua Grecia y Roma, ni medicinas ni terapias en nuestros días, porque representan los remordimientos que pueden conducir a un culpable hasta la locura.

Y persiguen con saña y celeridad a los autores, toman la forma de remordimientos y quizás de ahí venga su nueva forma de serpiente-perro con alas: jamás abandonan la presa.

Dios puede perdonar el pecado; los jueces pueden absolver de un delito, pero la conciencia seguirá siendo perseguida por las Erinias. Y cuando las Erinias aceptan las nuevas leyes que atienden a circunstancias atenuantes y eximentes para "la purificación", dejan de ser agentes de venganza para ser las Euménides, las bondadosas, las justas.

Antonio García Francisco.

Madrid, marzo de 2021