jueves, 5 de febrero de 2026
Glosario románico Antonio García Francisco
lunes, 6 de mayo de 2024
Mensajes en el alero de la iglesia del monasterio de San Pedro de Villanueva (I)
Al analizar un poco más profundamente que la simple contemplación el alero del monasterio de San Pedro de Villanueva, descubrimos que encierra al menos tres líneas muy diferentes en lo que a mensajes y personajes esculpidos se refiere.
Tres líneas,
tres guiones o grupos de personajes, y una información inesperada. Una línea la
podríamos denominar como mitológica; otra, popular y una tercera la
encasillaríamos como moralista. Y de regalo, una curiosa información sobre
algunos personajes relacionados con el monasterio, la cual pasa desapercibida
hoy en día y quizás lo haya pasado durante siglos.
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| Dibujo recreando el ábside del monasterio de San Pedro de Villanueva |
A esta
conclusión se llegó tras el estudio que se decidió realizar en abril de 2022,
cuando D. Ignacio Bosch, director del Parador Nacional de Cangas de Onís,
propuso al final de una charla sobre simbología románica en la que un servidor
tuvo el honor de ser el ponente, la posibilidad de dar una interpretación
lógica a todas las figuras esculpidas en el monasterio. Dicho y hecho. En 2023
ya pudimos hablar convincentemente, en otra conferencia llevada a cabo en el mismo
lugar, acerca de las esculturas del exterior del ábside de la iglesia monacal y la ventana del mismo.
La intención de
esta entrada es dar a conocer el resultado de los trabajos interminables para
llegar a buen puerto con esta empresa: fotografiar desde todos los ángulos
posibles, analizar una y mil veces las fotografías obtenidas, nuevos viajes
para volver a comprobar in situ, consultas en la Biblioteca Nacional, en la
Hemeroteca, en el Archivo Histórico Nacional y, sobre todo y más fructíferas, a asturianos conocedores de su
Historia y Mitología que fueron quienes de alguna manera más ayudaron en los casos más difíciles.
Antes de
empezar con las tres líneas simbólicas, es imprescindible hablar de tres
personajes importantísimos en la construcción del monasterio.
No, no teman,
no les voy a inundar con nombres y fechas. No es mi estilo, entre otras cosas, porque tengo memoria de pez para ambas cosas, soy incapaz de acumular ese tipo
de datos.
A poco que nos
fijemos, podremos observar la existencia de dos rasgos comunes en las figuras
esculpidas: todos los personajes nos brindan unos ojos saltones, casi redondos,
como si fueran huevos, y algunos de ellos, además, unos labios gruesos, como
los belfos de un caballo. ¿Por qué? Los de los hocicos prominentes son hombres
ocupados en actividades de trabajo manual relacionadas con el monasterio, mientras que en
los otros claramente se nota que son monjes en actitudes piadosas o personas sin relación. El magíster
está estableciendo distinciones entre legos y monjes, caras vulgares y caras de
rasgos más nobles. Es su estilo propio.
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| Un pescador y un labrador. Ver los grandes labios y el arco bajo el que se encuentran que indica que son criados o legos al servicio del monasterio. |
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| Un tullido apoyado en la muleta. La palmeta del fondo nos indica que está en el mundo exterior al monasterio |
¿Y quién sería ese magíster?
¡Vaya usted a saber!, Es lo primero que nos diría cualquiera que nos estuviera
hablando del monasterio…
Pues eso es lo que
acabamos de descubrir: quién fue ese magíster.
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| Retrato de Sancius, nombre imaginario, posiblemente el maestro de San Pedro de Villanueva |
Resulta que hay un canecillo en el absidiolo del lado de la epístola en el que podemos contemplar a un hombrecito con algo extraño en las manos. Tiene crespina en la cabeza, detalle que, unido al hábito talar (que llega hasta los talones), nos revela que probablemente es un monje. Este hombre tiene abundante barba, símbolo de que es hombre experto y probablemente sabio o, como mínimo, de gran carácter. Su posición es la de sentado, señal de que ha acabado un trabajo y está descansando. Y tiene en las manos algo que, bien pensado, no es tan extraño como parecía en la primera impresión: es una filacteria.
Pero, ¿qué es eso? ¿Inventando
palabras? No, por supuesto que no. Una filacteria es una banda de piedra, de
obra o de madera, generalmente imitando un pergamino, con algo escrito, que
suele ser leyendas o rótulos identificativos de quien lo porta, entendiendo
por leyenda “un grabado que acompaña a algo, generalmente a una imagen para
complementarla o explicarla”, según la RAE.
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| Catedral de Santiago de Compostela. La filacteria nos informa de que el personaje retratado es el Apóstol Santiago. |
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| Lonja de Palma de Mallorca, S. XV La filacteria nos informa de que el personaje retratado es el "Defensor de la Mercadería" |
Nuestro modesto y cansado personaje con crespina, ojos saltones y hábito talar, nos muestra su filacteria con un humilde mensaje que le va a identificar: su marca de cantero.
No necesita más, con eso será reconocido en su tiempo y se sabrá en tiempos
venideros que Sancius, o Sanxo, o Suavi, o tal vez Saurino, quizás Sança o
simplemente Sanç, fue el escultor del alero de San Pedro de Villanueva. ¡Bravo
por ti, pasaste a la posteridad con tu modesto me fecit!
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| Monasterio de San Pedro de Villanueva. La filacteria nos informa de que estamos ante Sancius (nombre ficticio), posiblemente el maestro de Villanueva, autor de las esculturas del alero de la iglesia |
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| Castillo de Loarre. Sancius, nombre de un cantero que salió del anonimato dejándonos su firma |
Pero no es el
único personaje retratado en San Pedro de Villanueva. A la vuelta de la
esquina, como quien dice, en sendos canecillos, uno en el ábside central y otro
un poco más escondido, en el absidiolo del lado del evangelio, tenemos dos
caras muy significativas.
¿Por qué
sabemos que son retratos? Porque solo existen estas dos caras y sus rasgos son
muy aclaratorios.
El primero nos
presenta a un hombre barbado, señal como dijimos de sabiduría, experiencia y
edad, pero acompañado de otros atributos muy identificativos: al fondo, el
respaldo de un estalo (un estalo es el asiento de los monjes en el coro); en la
cabeza, una crespina, el tocado de lana que usaban los monjes en el monasterio
para preservar la cabeza del frío; los ojos ahuevados, característica de
nuestro pequeño magíster de San Pedro de Villanueva, cerrados, indicio
inequívoco de que está en oración o que es hombre de oración.
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| Al fondo el estalo, símbolo del coro del monasterio. Crespina en la cabeza, símbolo de ser monje; ojos cerrados, símbolo de ser hombre de oración, y barba de hombre sabio. |
¿Quién es?
Todavía no lo sabemos, pero vamos a ponerlo en contraposición con el otro
retrato. Este segundo canecillo, más escondido, como dejando el espacio
principal al anterior personaje, nos presenta también a un hombre, pero éste
tiene, por el contrario, los ahuevados ojos muy bien abiertos, señal de que
está en el mundo, lo cual nos confirma la palmeta que tiene detrás, o sea, está
o vive en el exterior del monasterio, ya no lleva crespina, sino que muestra un
peinado cabello y la consabida barba de hombre de ciertos conocimientos. Está
situado en el absidiolo del lado del evangelio, tímidamente semiescondido.
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| Palmeta al fondo que indica que está en el mundo. Ojos saltones muy abiertos. Cabello sin crespina y barba de hombre experto. |
Sumemos: dos y
dos son cuatro, tanto si sumamos de arriba hacia abajo o como si lo hacemos de
abajo hacia arriba: estamos contemplando la cara de los dos hombres que dieron
trabajo a nuestro magíster de la letra S; nuestro buen Sancius (este
nombre me gusta porque era muy común en aquella época y bien pudiera haber sido
el suyo), el cual, en agradecimiento, les retrató para los siglos venideros: el
abad que encargó las obras y el maestro constructor que las ejecutó. De ambos
dependía el sustento de Sancius y de su familia; Sancius era un hombre
agradecido porque de bien nacidos es ser agradecidos y el agradecimiento se
expresa con obras y no con palabras, porque obras son amores y no buenas
razones.
Hemos
descifrado quiénes son los tres protagonistas responsables de las figuras que
hoy contemplamos en San Pedro de Villanueva: el buen abad (don Rodrigo le
nombran en el Manuscrito de Villanueva de Fray Juan del Saz) que encargó y pagó
las obras; el experto maestro constructor de nombre desconocido, que las
proyectó, dirigió y en definitiva llevó a cabo, y el hábil tallista Sancius que
ejerció a la vez de notario y de fotógrafo para conocimiento de las
generaciones venideras. Ha llegado el momento de empezar a describir la línea
mitológica de las esculturas del alero.
Pero este cuento ya está resultando muy largo. Mejor será dejarlo para la próxima entrada, que dicen que lo bueno gusta, pero lo mucho cansa.
Nos citamos en este mismo sitio en una nueva
entrada, con permiso de la autoridad competente y si el tiempo no lo impide.
Antonio García Francisco
Madrid, mayo de 2024
martes, 18 de abril de 2023
Diálogo con la simbología medieval: El alero del Monasterio de San Pedro de Villanueva
A lo largo de estos
últimos años nuestro conocimiento del románico ha seguido una línea de subida
exponencial que nos ha permitido ver más allá de las piedras que forman sus
capiteles y canecillos. El arte románico nos ha demostrado que existen otras
formas de escribir. Unos conceptos que sólo podemos contemplar si cambiamos
nuestra percepción de las cosas y nos trasladamos a la Edad Media.
Una vez inmersos en
ella, y gracias a un buen intérprete, contemplamos un mundo que se esconde a
plena vista, maravillosamente esculpido como fiel reflejo de las tablas de
Moisés, donde la piedra es también la protagonista. Si seguimos aplicando párrafos bíblicos, asimismo podemos afirmar que aquellos
canteros escribían recto en renglones torcidos. La complejidad de sus obras así
nos lo hace ver.
La interpretación
de todos esos trabajos se basa en amplios estudios que pueden durar meses, ya
que no todo lo escrito es interpretable, ni todo lo interpretable se ha
escrito. Estos estudios suelen venir en un alto porcentaje, de manos de
personas que en muchas ocasiones solo su vocación y su enorme esfuerzo las
avala con lo que la dificultad de asentar sus descubrimientos es difícil en
muchos casos e imposible en otros. Esas interpretaciones chocan en diversas
formas y maneras con lo establecido, privándonos de ver lo que otros no quieren
o no saben.
Para seguir
descubriendo más historias, más relatos, más mensajes ocultos, nos visita hoy en esta emisora escolar un
viejo amigo que seguro conocéis muchos de vosotros y para aquellos que no, pues
se lo presento
lunes, 8 de agosto de 2022
…Y el símbolo estaba allí.
“El universo está determinado por números. Todo tiene un número y sin número nada puede concebirse.” Filolao de Crotona, filósofo y matemático griego del siglo V a.C
Llegó el momento tantas veces procrastinado de enfrentarse a la ventana que podemos disfrutar en el ábside central del monasterio benedictino de San Pedro de Villanueva. Me lo debo a mí mismo, pero ante todo se lo debo a nuestra amiga Dulce María, intérprete e interpretadora de los símbolos románicos, conocedora de cada piedra y cada marca del edificio y a quien intrigaban las tetrapétalas con botón central que la adornan, cuatro en la rosca monolítica del arco de medio punto y diez en la arquivolta.
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| Ventana absidial del monasterio de San Pedro de Villanueva |
Antes de
comenzar, hay que decir, por si algún despistado lo ha olvidado, que los
edificios románicos eran construidos con gruesos muros en los que apenas se
abrían vanos para iluminar el interior. La razón no era otra que tenían que
soportar pesadas bóvedas de piedra y se necesitaba un muro macizo y compacto
que pudiera sostener esta techumbre. No obstante, a veces no queda más remedio
y se abren estrechas ventanas enriquecidas enmarcándolas con arquivoltas,
columnillas y capiteles. Tal es el caso de la nuestra, la que vamos a intentar
interpretar a la vez que la describimos.
Dependiendo
del tamaño del ábside o de los ábsides o absidiolos, se suelen abrir ninguna,
una o tres ventanas. Ninguna cuando el templo es pequeño y la luz
de la puerta o de un óculo o saetera en el hastial opuesto es suficiente, además
de cuando el miedo al derrumbe pudiera estar justificado por muchos motivos,
entre ellos la intuición o la poca experiencia del maestro. O el exceso de la
misma.
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| Cabecera del templo monástico |
¿Y por qué se abrían una o tres ventanas?
En el constructor medieval pesaba mucho el conocimiento de las ideas del mundo pitagórico, y la numerología es una asignatura muy presente. Las iglesias serán orientadas desde su planteamiento en el eje canónico Este-Oeste, de manera que la cabecera siempre esté dirigida hacia el oriente y los pies hacia el poniente. Jesús nació en Oriente y de Oriente nos viene cada día el Sol iluminando la tierra, lo cual hay que aprovechar porque ya nos sirve para iluminar el templo por la o las ventanas que pongamos en la cabecera, nos sirve en bandeja el primer símbolo: cuando solo hay una ventana podemos interpretar que el Sol es una clara representación de Jesucristo, Sol de Justicia, que desde el primer momento del día ilumina a su Iglesia con su Luz del mismo modo que la luz del sol (con minúscula) ilumina la iglesia (con minúscula) con la suya a través de la aspillera.
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| Orientación en el eje Este-Oeste del templo del monasterio de San Pedro de Villanueva. |
Sí, pero ¿por qué tres?
Bien, en
numerología cada cifra tiene sus cualidades. Así, si el UNO lo acabamos
de aceptar como una representación de la Divinidad y, por extensión, de Jesús,
cabe pensar que el TRES, aunque Dios no tiene número, peso ni medida,
esté relacionado con la Santísima Trinidad y el símbolo sea exactamente el
mismo puesto que Dios es uno y trino.
Puestos ya en
situación, sabiendo por qué la ventana está ahí y no en otro sitio, podemos
pasar a hacer una observación más detenida.
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| Ventana |
“… la [ventana] del ábside central es mayor y se ornamenta con cuidados relieves; arranca de una moldura, acotada por las dos columnas, y está recorrida horizontalmente por dos incisiones en su parte superior y un friso de dientes de sierra en la inferior. Se remata con una arquivolta de medio punto, decorada con diez tetrapétalas enfiladas y guardapolvo con sogueado; la rosca arranca de impostas desarrolladas, decoradas con roleos en su mitad inferior y apoya en dos columnillas de fuste liso, monolítico y basas áticas, que soportan capiteles finamente esculpidos con hojas rizadas el derecho, y dos cuadrúpedos con melena el izquierdo”.Enciclopedia del Románico en Asturias pág. 1.057
Nada que objetar, pero tampoco nada que nos aclare el porqué de la presencia de esas tetrapétalas enfiladas, la chambrana (me niego a llamar guardapolvo a esa pequeña moldura) sogueada, las frondes de helecho de un capitel y los cuadrúpedos con melena del otro, y aquí empezamos la tarea de tratar de añadir más elementos interpretados al que ya tenemos de la orientación.
En la
arquitectura y escultura románica no se daba puntada sin hilo, siempre lo digo,
y se aprovechaba cualquier elemento para dejar una lección moral, catequética o
popular al observador, valiéndose de símbolos que en aquellos días todos
comprendían, pero que hoy nos los vemos y nos los deseamos para percibir
medianamente.
Así, independientemente de rosca o arquivolta, nos encontramos con dos filas de flores de cuatro hojas, las tantas veces mencionadas tetrapétalas, las cuales presentan una característica que puede verse en más sitios de Asturias: en el centro tienen un punto o botón. ¿Y por qué? Volvamos a la numerología.
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| Tetrapétalas con botón central |
El punto es el principio, la causa primigenia; el origen de toda creación es el UNO y el uno es la unidad, el Ámbito Divino y en el Uno se manifiesta la actividad creadora de Dios. Y aquí está en el centro de la flor de CUATRO hojas.
¿Y por qué cuatro y no otro número?Pues porque el CUATRO, el “sagrado cuatro” de los pitagóricos,
que lo tomaban por representación de la Justicia, es para nuestros
constructores medievales el número de la plenitud y la simetría del Mundo, la
obra perfecta y plena de Dios, y se le relaciona con la tierra y lo terrenal,
lo material, lo manifestado, el universo físico. Simplificando, el CUATRO es el número del mundo.
Entonces,
¿qué es lo que tenemos en estas flores de cuatro hojas y un punto en el centro?
Quien esto escribe se atrevería a afirmar que estamos ante un símbolo inequívoco del mundo (la
flor) creado, generado y regido por Dios, el cual es representado por el botón que
está en el centro, para manifestar su Creación, señorearla y generar vida.
¿Algo más que
añadir?
Pues sí.
Las hojas aparecen en dos zonas de la ventana, aunque en la descripción formal solo se habla de una, la
“… arquivolta de medio punto, decorada con diez tetrapétalas enfiladas”,
Lo cierto es que debajo, en la piedra que forma la
rosca del arco, tenemos otras CUATRO flores con su correspondiente
punto central que no podemos dejar pasar por alto, pues son una especie de confirmación
del símbolo que nos dice que por esa estrecha aspillera pasa la Luz del Mundo
que va a iluminar a la Iglesia. Cuatro flores botonadas de cuatro hojas formando
el arco que cobija la luz no pueden ser ni una casualidad ni una coincidencia;
es una obra que denota una intencionalidad muy bien calculada para elegir el
símbolo del mundo regido por Dios. CUATRO veces el número CUATRO.
Quien tenga oídos, oiga.
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| Cuatro tetrapétalas en la rosca del arco |
Ahora bien, a
poco que prestemos atención, entre estas cuatro flores tetrapétalas veremos
insertadas tres hojas en forma de triángulos acorazonados que podrían pasar
desapercibidas si miramos apresuradamente (primera norma: al canecillo y al
capitel…)
Esto nos
remite nuevamente a la numerología.
El TRES
es EL TODO. Dijimos que está relacionado con la Santísima Trinidad
(Padre, Hijo y Espíritu Santo), pero va más allá de eso sin salirse de la idea,
pues también significa PARA SIEMPRE. También es LA PERFECCIÓN de
Dios relacionada a su creación, pasado, presente y futuro; tiempo, espacio y
materia; memoria, entendimiento y voluntad…
Es decir, que
nuevamente en esta sencilla piedra tenemos una reválida del símbolo: Dios,
que está en el centro de su creación perfecta, el mundo, lo estará iluminando para
siempre en su Iglesia.
Y al igual
que no es coincidencia ni casualidad que aparezca CUATRO veces el número
CUATRO, tampoco lo es que aparezca TRES veces el número TRES.
La intencionalidad es clara.
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| Tres hojas acorazonadas de tres puntas cada una entre las cuatro tetrapétalas |
No hemos
acabado. Las flores están también en la arquivolta del arco, esta vez en número
de diez. Es decir, el mensaje de las flores está en DOS sitios.
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| Diez tetrapétalas botonadas en la arquivolta del arco |
La cualidad
del número DOS es que para los pitagóricos era la ratificación del UNO.
Y si la Unidad es Dios, su ratificación es LA SANTIDAD. ¿Hace falta que
expliquemos este extremo? Creemos que no, parece que está claro que Dios manda
su Luz al mundo para que los fieles alcancen la santidad y den alabanza de su
gloria. ¿Dónde es el mejor sitio? En el seno de su Iglesia, en el interior del
templo, donde entra su Luz cada amanecer por la ventana desde hace casi mil años.
Que no, que
no hemos acabado.
¿Por qué hay DIEZ
flores? ¿Será porque son las que caben y no nueve ni once? No, a estas alturas
ya conocemos la segunda norma: nadie daba puntada sin hilo.
El número
DIEZ expresa la totalidad, el orden divino o el conjunto
completo de algo y tal vez la máxima expresión de ello sea la tabla que contiene los Diez Mandamientos de la Ley de Dios.
¿Es esto
convincente? ¿El conjunto completo de Dios Iluminando a la Iglesia puede ser lo
que simbolizan estas diez flores? No acaba de encajar, parece que falta algo.
Busquemos.
Tenemos los siguientes datos:
El UNO
simboliza la DIVINIDAD.
El DOS
simboliza la SANTIDAD.
El TRES
simboliza la PERFECCIÓN ETERNA
El CUATRO
simboliza el MUNDO.
El DIEZ
simboliza el ORDEN DIVINO.
Lo mejor que
podemos hacer con estas cifras, la operación aritmética más sencilla, es
sumarlas. Así tendremos que:
1 + 2 + 3 + 4
= 10
¡Caramba! ¿Va
a ser cierto que nadie daba puntada sin hilo? ¿Hay que explicar
que la unión en el Mundo de la Divinidad y la Santidad forma una perfección
para siempre bajo la protección del Orden Divino y que lo ratifica cual notario
la soga de la chambrana?
Ahora sí que cuadran las flores con el botón en el centro, querida Dulce María, ahora sí.
El símbolo estaba ahí, siempre estuvo ahí.
Los otros dos elementos que decoran la ventana también son susceptibles de interpretación. En lo que se refiere a los
“… dos cuadrúpedos con melena el [capitel] izquierdo…”,
No podemos olvidar que el animal con melena siempre suele ser, y aquí parece que es, el león, símbolo por
excelencia de Jesucristo. Podríamos dar muchas explicaciones del porqué de esta
identificación, pero ¿para qué? Baste con decir que el León de Judá, el
descendiente de David y Rey de los Cielos, es representado por el rey de los
animales. Más o menos y por abreviar.
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| Leones compartiendo la cabeza. Capitel izquierdo |
Pero ojo, que
en nuestro monasterio hay algo más que dos cuadrúpedos con melena, y es que
estos dos cuadrúpedos, estos dos leones, comparten una misma cabeza y una vez
más podemos apostar por la afirmación de que es una simbología de que el
león, Jesucristo, es una sola persona (cabeza) pero con dos naturalezas, la
divina y la humana (los dos cuerpos).
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| Representación de helechos en el capitel derecho |
Para
terminar, nos quedarían las “hojas rizadas” del capitel derecho, y todo
apunta a que son frondes de helecho, también presentes en la portada del
edificio. Para no extendernos demasiado, basta con dar la interpretación que de
este vegetal hacía Santa Hildegarda, doctora de la Iglesia, también del siglo
XII y por tanto contemporánea del monasterio, quien entre varias obras escribió
una titulada Physica, que es un tratado de medicina de la época; en el
primer libro titulado “De plantis” se dedica a recoger las propiedades
de las plantas y escribe:
“...el jugo del helecho está destinado a la sabiduría, y por su dignidad natural, o en el ámbito de la rectitud natural, representa o vale para simbolizar el bien y la virtud”.
Con estas
palabras podría dar a entender que la sabiduría consiste en la honradez natural
como expresión del bien y de la virtud, al mismo tiempo que atribuye al helecho
un simbolismo de franqueza y sinceridad.
Entonces, ya
tendríamos servida la interpretación completa de la humilde ventana del
monasterio benedictino de San Pedro de Villanueva: "La doble personalidad de
Jesús, la divina y la humana, y la honradez del hombre sustentan que Dios
Todopoderoso continúe desde el principio de los tiempos iluminando al mundo y a su
Iglesia, contra la que no prevalecerán las puertas del infierno". Por encima de
todo, la chambrana sogueada. Sabemos que las sogas sirven para atar: esto
quedaría atado y escrito en piedra para que la memoria dure por los siglos de
los siglos.
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| La chambrana sogueada ata y cierra la simbología de la ventana absidial del monasterio de San Pedro de Villanueva |
Y como
siempre, admitiendo que hay tantas interpretaciones como intérpretes, estamos
abiertos a otras opiniones, pero sin abandonar jamás el principio de la
parsimonia: si un problema tiene varias soluciones aceptables, la más
sencilla suele ser la más probable.
Saludos y feliz verano.
Antonio
García Francisco.
Alange,
julio de 2022
martes, 23 de marzo de 2021
Las Erinias.
Dije en otra entrada de este blog, que dos
criaturas nacieron de la sangre derramada con violencia. La anfisbena,
ampliamente descrita hace poco, que nació de las gotas de sangre que cayeron de
la cabeza de Medusa sobre las arenas del desierto libio, cuando Perseo lo
sobrevolaba con ella en la mano, y las erinias.
Las
otras criaturas, las erinias, nacieron de las gotas de sangre que cayeron sobre
la tierra cuando Crono, o Cronos, lo mismo da, castró a su padre, Urano.
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| Giorgio Vasari, S. XVI. Cronos (Saturno) castra a su padre Urano, el dios griego del cielo antes de Zeus |
Nos
vamos a meter en un jardín, porque esto de hablar de mitología griega es un
jardín tan espeso que parece una selva, pero es imprescindible para darnos de
cara con lo que significan las erinias.
Urano
era el dios que representaba al Cielo. Estaba casado con su madre Gea, que
representaba a la Madre Tierra.
Empieza
el lío.
Según
nos cuenta Hesíodo en la Teogonía (relato en el que se narra el origen y generación
de los dioses griegos), después del Caos surgió Gea, la cual, sin mediar “el
grato comercio”, concibió por sí misma y parió a Urano, el cielo estrellado, su
igual, para cubrirla a ella y a las colinas.
Nos
dice Hesíodo:
“Acostada con Urano, alumbró a Océano, de profundas corrientes, a Ceo, a Crío, a Hiperión, a Jápeto, a Tea, a Rea, a Temis, a Mnemósine, a Febe, de áurea corona y a la amable Tetis. Después de ellos nació el más joven, Cronos, de mente retorcida, el más terrible de los hijos y se llenó de un intenso odio hacia su padre.”
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| Urano y Gea en una representación de la esfera celeste |
Tuvieron
muchos hijos, entre ellos los cíclopes, pero Urano los condenaba a vivir en el
Tártaro para que no vieran la luz, regocijándose en su maldad. Esto producía
dolor a Gea, primero, porque eran sus hijos; segundo, porque El Tártaro no era
sino el vientre de Gea, es decir, Urano no dejaba nacer a sus hijos.
Gea
fabricó una guadaña con un sílex afilado que entregó a Cronos, “el de mente
retorcida”, y este la utilizó para castrar a su padre. Así pudieron salir del
Tártaro los hijos retenidos, pero la cosa fue más allá, pues Cronos arrojó al
mar los testículos goteantes de sangre de Urano. Cuando cayeron al mar, se
formó una espuma y de ella nació Afrodita, pero en su viaje hasta las aguas,
gotearon sangre en la arena, y de esas gotas nacieron los gigantes, las Melias
(ninfas de los fresnos) y las tres Erinias.
Cronos siguió los pasos de su padre y fue vencido por su hijo menor, Zeus, pero nosotros ya estamos en el punto al que queríamos llegar. Dejemos el culebrón divino con sus líos y centrémonos en las Erinias, las cuales, como vemos, nacen de la sangre derramada por un acto violento en el seno de la familia.
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| Orestes perseguido por las Furias |
Aquí es donde ya
entra la función que van a recibir: se convierten en perseguidoras y vengadoras
de los delitos cometidos en la familia.
Como siempre, como
ocurrió con las arpías, en principio eran unas bellas mujeres, como
vemos en las pinturas de las cerámicas griegas, pero poco a poco fueron siendo
transformadas. Primero, con los romanos, pasaron a ser unas ancianas feas.
Después, se las añadieron serpientes por cabellos. Acabaron siendo
representadas en la Edad Media por unas criaturas aladas, híbridas de
serpientes con cabeza y patas de perro. Es sencillo de comprender. Si ellas
eran unas perseguidoras incansables de los que asesinaban a un familiar, pronto
fueron identificadas con los remordimientos y eso, queramos o no, causa
verdadero pavor en los hombres.
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| Rubens: Las Erinias. |
Hemos de tener en
cuenta que las Erinias son fuerzas primitivas anteriores a los dioses
olímpicos, por lo que no estaban sometidas a la autoridad de Zeus, lo cual
hacía que hasta los propios dioses las temieran. Si eso era así, imaginemos el
pánico que causaban a los simples mortales.
Llevaban a cabo su
justicia sin ningún tipo de piedad, para ellas no había ni oraciones ni
sacrificios, nada las conmovía. Rechazaban las circunstancias atenuantes y
castigaban todas las ofensas contra la sociedad y la naturaleza, tales como el
perjurio, la violación de los ritos de hospitalidad y, sobre todo, lo repetiré
siempre, los crímenes o asesinatos contra la familia. Perseguían al
asesino del familiar en venganza, hostigándole hasta hacerle enloquecer y solo
cesaban en su persecución si el criminal encontraba a alguien que le purificase
de sus crímenes. Precisamente por esta furia castigadora, los romanos las
denominaron “furias”, y de ambos modos son conocidas.
Eran tres;
Alecto, “la implacable, la que no descansa”, que castigaba los
delitos morales tales como la cólera, la ira o la soberbia; Megera, “la
cólera terrible”, la más terrible de las tres Erinias, encargada de
castigar todos aquellos delitos que se cometen contra la institución del
matrimonio, especialmente los de la infidelidad, y Tisífone, “la voz de
la venganza”, que castigaba los delitos de sangre entre familiares.
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| Escena de la obra teatral "Las Euménides" en un plato griego del siglo IV a.C. |
Autores hay que
afirman que eran las instigadoras de esos delitos, la verdad es que no sé de
qué fuentes beben para afirmarlo.
También hay autores
que aseguran que los mortales utilizaban una perífrasis para referirse a ellas
y no llamar su atención. Dicen que consistía en llamarlas “las Euménides”, las
bondadosas. Nada más lejos de la realidad. Lo sucedido nos lo cuenta Esquilo en
su obra titulada precisamente Las Euménides.
Otra vez el jardín
de los líos. Es lo que tiene la mitología.
En esta obra se
escenifica la absolución de Orestes por matar a su madre. De manera muy
general, Apolo, a través del oráculo de Delfos, indujo a Orestes a matar a su
madre, Clitemnestra, diciéndole que esta, en unión de su amante, mató a su
marido, el rey Agamenón, padre de Orestes.
Orestes mata a su
madre; las Erinias inician la persecución, y enloquece. Cuando ya le tienen
acorralado, se refugia en el templo de Apolo, el dios le purifica, es decir, le
perdona su crimen, pero es incapaz de protegerle de las Erinias, pues Apolo ha
otorgado el perdón divino, pero no puede otorgar el humano.
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| Clitemnestra intenta despertar a las Erinias mientras su hijo es purificado por Apolo. Crátera apulia de figuras rojas, 480–470 a. C., Museo del Louvre |
Más enloquecido aún, Orestes llega a Atenas, donde la diosa Atenea pide iniciar un juicio con un jurado formado por doce atenienses en el Areópago. Las Erinias aceptan que se realice el juicio y se dicte sentencia, pero protestan porque ahora hay leyes que impiden el castigo inmediato y sin contemplaciones de los crímenes de sangre.
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| El juicio de Orestes |
Las Erinias ejercieron la acusación y Apolo la defensa.
Atenea presidía el juicio que terminó con los votos divididos, por lo que la diosa se inclinó a favor de Orestes, que fue declarado inocente.
Atenea legisló que cuando en un juicio
hubiera empate entre los jurados, el juez se decantaría a favor del acusado.
Como dijeron los romanos, in dubio pro reo.
No es, pues, una perífrasis. Es una metamorfosis. No es, pues, una manera de ocultar su nombre. Es, simplemente, que se han transformado. Las Erinias han adquirido por su comprensión, el estatus social en el Olimpo, al que tanto aspiraron.
“Las Euménides deben su nombre a la formación coral que danza y canta en la orchestra, y que está compuesto por personajes vestidos de negro, encarnando a las diosas llamadas Erinias, quienes al aceptar la absolución de Orestes impuesta por el jurado de Atenas, se convierten en Euménides, como ya se ha mencionado, y se revisten al punto de mantos color púrpura”.
(Pineda Avilés, David Antonio. EL HIMNO DE LAS ERINIAS: ANÁLISIS DEL CORO EN LAS EUMÉNIDES. Revista de Iniciación en la Investigación del teatro clásico grecolatino y su tradición, 2017)
Esto es muy importante porque en la tragedia griega, el coro cantaba lo que el pueblo quería escuchar, y en este caso, se está reconociendo el perdón de los delitos atendiendo a las circunstancias atenuantes o eximentes, el cual solo podían otorgar los humanos y que era, como vimos, lo que le faltaba a Orestes.
Posteriormente, Orestes realiza una nueva purificación a manos de las Cárites, diosas del perdón, y ofrece un sacrificio a Manía, diosa de la locura y la demencia.
Juicio divino, juicio humano y purificación. Tres elementos a tener en cuenta.
La mitología romana
las recogió bajo los nombres de Furias, pero con la misma función: ser las
perseguidoras de los delitos ya comentados. Y aquí fue donde comenzó su
metamorfosis. Desde ser mujeres hermosas pasan a ir adornadas con serpientes
enroscadas en sus cabellos, armadas de látigos y antorchas para castigar, y con
sangre manando de sus ojos en lugar de lágrimas, hasta convertirse en criaturas
con cuerpo de serpiente, cabeza y patas de perro con alas.
En la Eneida de
Virgilio, Tisífone lleva un látigo y un manojo de serpientes
“Tisífone al instante, látigo en mano, salta vengadora y azota a los culpables, y azuzando con la izquierda el manojo de sus horrendas sierpes llama en su ayuda a la tropa feroz de sus hermanas. Se descorren entonces con hórrido chirrido sobre sus goznes las sagradas puertas.” Libro VI, 570
Ovidio
la describe con una vestimenta humedecida de sangre y con serpientes en la
cabeza en vez de cabello en un acto de purificación:
“Tras haber hablado Juno de esta manera, Tisifone, según tenía revueltos los blancos cabellos, los movió y, apartando de su boca las culebras que la tapaban, dijo así: ≪No hay necesidad de largos rodeos; da por hecho lo que ordenas. Deja ya este reino abominable y vuelve a respirar el aire de un cielo mejor≫. Regresa alegre Juno y, cuando se disponía a entrar en el cielo, la Taumantia Iris la purificó con agua de rocío. Sin dilación, la violenta Tisífone toma una antorcha empapada en sangre, se reviste de un manto encarnado que gotea sangre, se ciñe con una retorcida culebra y abandona la casa. La acompañan en su camino el Luto, el Pavor, el Terror y la Demencia, de tembloroso rostro.” Ov. Met., Libro IV, 473 – 485.
Lo importante: sigue apareciendo la purificación que hace que las furias perdonen el delito.
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| Erinia. Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción Duratón, Segovia. Finales del siglo XII - principios del XIII |
Hablar
de las erinias en la Edad Media sería muy sencillo si nos remitiéramos exclusivamente a las descripciones que de ellas dan los manuales de Arte Románico: apenas dicen nada.
Pero está claro que cumplían una función que se extrae de todo lo anteriormente dicho. Resumiendo:
a) Eran las encargadas de vengar delitos en el seno de la familia, principalmente los de sangre (fratricidio, parricidio, matricidio, homicidios y asesinatos de familiares) y perjurios.
b) Los delitos perseguidos por las erinias eran susceptibles de ser perdonados por los dioses mediante actos de purificación, pero ellas continuaban atormentando a los autores de los mismos hasta que obtuvieran el perdón de los hombres.
Representadas, como dijimos, con forma de una serpiente con cabeza y patas de perro con alas, suelen ir
acompañadas de un guerrero que se enfrenta a ellas armado de escudo y espada. Viene
a ser una lucha del hombre contra los remordimientos, y es muy difícil escapar de
ellos.
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| Santa María de Bareyo, Cantabria |
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| Santa María de Piasca, Cantabria |
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| Iglesia parroquial de San Esteban. Nieva, Segovia. |
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| Erinias en la ermita de Santa Catalina. Hinojosa-Tartanedo, Guadalajara |
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| Ermita de Santa Catalina. Hinojosa-Tartanedo, Guadalajara |
| Ermita de Santa Catalina. Hinojosa-Tartanedo, Guadalajara |
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| Iglesia de Santa María la Mayor. Abajas, Burgos |
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| Ermita de Santa Cecilia de Vallespinoso, Palencia |
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| Iglesia de SAnta María. Yermo, Cantabria |
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| Iglesia de Santa María Magdalena, Zamora |
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| Igleia de San Julián y Santa Basilisa, Rebolledo de la Torre, Burgos |
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| Iglesia de San Juan Bautista. Moarves de Ojeda, Palencia |
En el monasterio de
San Pedro de Villanueva, en Asturias, se nos cuenta la posible historia de un
crimen cometido entre miembros de una familia. Un hombre asesinó al rey, que
era su cuñado, para hacerse con la corona. Allí, al final de la historia, una anfisbena
devora al asesino con su cabeza destinada a hacer el bien, mientras que la
cabeza destinada a hacer el mal pierde a su presa, probablemente el alma del
rey asesinado.
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| Anfisbena de la portada del monasterio de San Pedro de Villanueva, Cangas de Onís, Asturias. |
Ese nuevo rey, cuenta la Historia —así, con mayúscula, la Historia oficial—, mandó erigir un templo en honor del monarca difunto. Este modesto juntaletras se permite añadir que quizá lo hizo ante la insistencia de su esposa, hermana del fallecido; tal vez para acallar las protestas de aquella y, de paso, las de su propia conciencia; o quizá como un acto de expiación por su crimen, o por su pecado, según se prefiera. De una forma u otra, buscaba obtener el perdón de la divinidad, del mismo modo que Orestes obtuvo el favor de Apolo tras purificarse de su culpa.
Pero ahí estaba el cantero para firmar un acta notarial escrita en piedra, y nos la dejó siglos después, cuando la iglesia fue reformada, en un capitel del interior, donde un guerrero armado de espada y escudo lucha contra una erinia.
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| Erinia en San Pedro de Villanueva |
¿Nueva purificación
o es que el anónimo escultor asumió el papel de las erinias y seguía
atormentando a la memoria del homicida? Tal vez el rey constructor tenía el
perdón de la Divinidad, como Orestes tuvo el perdón de Apolo, pero le faltaba
el perdón de los hombres, como el que obtuvo Orestes en el Areópago.
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| Erinia en San Pedro de Villanueva |
Todo pudiera ser, yo me he ceñido a mis normas, y coinciden en lo que hay en la iglesia del antiguo monasterio: nadie daba puntada sin hilo, todo es símbolo; hay que tratar de conocer la historia que nos quieren transmitir y, como siempre, hay tantas interpretaciones como intérpretes.
Todo pudiera ser, yo
me he ceñido a mis normas, y coinciden en lo que hay en la iglesia del antiguo
monasterio: nadie daba puntada sin hilo, todo es símbolo; hay que tratar de
conocer la historia que nos quieren transmitir y, como siempre, hay tantas interpretaciones
como intérpretes.
Como epílogo, podríamos decir que Dios puede perdonar el pecado a través de la Iglesia y sus sacramentos, administrados por sacerdotes. Pero para decidir sobre el delito, solamente la justicia humana, administrada por humanos, es competente. Tanto en tiempos de Esquilo como en nuestros días.
En un sentido más
amplio, las Erinias representan la rectitud de las cosas dentro del orden
establecido; son las protectoras de las Leyes Naturales. Nadie puede
burlarlas, no hay defensa contra ellas, ni escudo ni espada en la Edad Media,
ni oraciones ni sacrificios en la antigua Grecia y Roma, ni medicinas ni
terapias en nuestros días, porque representan los remordimientos que pueden
conducir a un culpable hasta la locura.
Y persiguen con saña
y celeridad a los autores, toman la forma de remordimientos y quizás de ahí
venga su nueva forma de serpiente-perro con alas: jamás abandonan la presa.
Dios puede perdonar
el pecado; los jueces pueden absolver de un delito, pero la conciencia seguirá
siendo perseguida por las Erinias. Y cuando las Erinias aceptan las nuevas
leyes que atienden a circunstancias atenuantes y eximentes para "la
purificación", dejan de ser agentes de venganza para ser las Euménides,
las bondadosas, las justas.
Antonio García Francisco.
Madrid, marzo de 2021

















































