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martes, 23 de marzo de 2021

Las Erinias.

 

Dije en otra entrada de este blog, que dos criaturas nacieron de la sangre derramada con violencia. La anfisbena, ampliamente descrita hace poco, que nació de las gotas de sangre que cayeron de la cabeza de Medusa sobre las arenas del desierto libio, cuando Perseo lo sobrevolaba con ella en la mano, y las erinias.

Las otras criaturas, las erinias, nacieron de las gotas de sangre que cayeron sobre la tierra cuando Crono, o Cronos, lo mismo da, castró a su padre, Urano.


Giorgio Vasari, S. XVI. Cronos (Saturno) castra a su padre Urano, el dios griego del cielo
antes de Zeus


Nos vamos a meter en un jardín, porque esto de hablar de mitología griega es un jardín tan espeso que parece una selva, pero es imprescindible para darnos de cara con lo que significan las erinias.

Urano era el dios que representaba al Cielo. Estaba casado con su madre Gea, que representaba a la Madre Tierra.

Empieza el lío.

Según nos cuenta Hesíodo en la Teogonía (relato en el que se narra el origen y generación de los dioses griegos), después del Caos surgió Gea, la cual, sin mediar “el grato comercio”, concibió por sí misma y parió a Urano, el cielo estrellado, su igual, para cubrirla a ella y a las colinas. 

Nos dice Hesíodo:

“Acostada con Urano, alumbró a Océano, de profundas corrientes, a Ceo, a Crío, a Hiperión, a Jápeto, a Tea, a Rea, a Temis, a Mnemósine, a Febe, de áurea corona y a la amable Tetis. Después de ellos nació el más joven, Cronos, de mente retorcida, el más terrible de los hijos y se llenó de un intenso odio hacia su padre.”

Urano y Gea en una representación de la esfera celeste

Tuvieron muchos hijos, entre ellos los cíclopes, pero Urano los condenaba a vivir en el Tártaro para que no vieran la luz, regocijándose en su maldad. Esto producía dolor a Gea, primero, porque eran sus hijos; segundo, porque El Tártaro no era sino el vientre de Gea, es decir, Urano no dejaba nacer a sus hijos.

Gea fabricó una guadaña con un sílex afilado que entregó a Cronos, “el de mente retorcida”, y este la utilizó para castrar a su padre. Así pudieron salir del Tártaro los hijos retenidos, pero la cosa fue más allá, pues Cronos arrojó al mar los testículos goteantes de sangre de Urano. Cuando cayeron al mar, se formó una espuma y de ella nació Afrodita, pero en su viaje hasta las aguas, gotearon sangre en la arena, y de esas gotas nacieron los gigantes, las Melias (ninfas de los fresnos) y las tres Erinias.

Cronos siguió los pasos de su padre y fue vencido por su hijo menor, Zeus, pero nosotros ya estamos en el punto al que queríamos llegar.  Dejemos el culebrón divino con sus líos y centrémonos en las Erinias, las cuales, como vemos, nacen de la sangre derramada por un acto violento en el seno de la familia.


Orestes perseguido por las Furias


Aquí es donde ya entra la función que van a recibir: se convierten en perseguidoras y vengadoras de los delitos cometidos en la familia.

Como siempre, como ocurrió con las arpías, en principio eran unas bellas mujeres, como vemos en las pinturas de las cerámicas griegas, pero poco a poco fueron siendo transformadas. Primero, con los romanos, pasaron a ser unas ancianas feas. Después, se las añadieron serpientes por cabellos. Acabaron siendo representadas en la Edad Media por unas criaturas aladas, híbridas de serpientes con cabeza y patas de perro. Es sencillo de comprender. Si ellas eran unas perseguidoras incansables de los que asesinaban a un familiar, pronto fueron identificadas con los remordimientos y eso, queramos o no, causa verdadero pavor en los hombres.


Rubens: Las Erinias.


Hemos de tener en cuenta que las Erinias son fuerzas primitivas anteriores a los dioses olímpicos, por lo que no estaban sometidas a la autoridad de Zeus, lo cual hacía que hasta los propios dioses las temieran. Si eso era así, imaginemos el pánico que causaban a los simples mortales.

Llevaban a cabo su justicia sin ningún tipo de piedad, para ellas no había ni oraciones ni sacrificios, nada las conmovía. Rechazaban las circunstancias atenuantes y castigaban todas las ofensas contra la sociedad y la naturaleza, tales como el perjurio, la violación de los ritos de hospitalidad y, sobre todo, lo repetiré siempre, los crímenes o asesinatos contra la familia.  Perseguían al asesino del familiar en venganza, hostigándole hasta hacerle enloquecer y solo cesaban en su persecución si el criminal encontraba a alguien que le purificase de sus crímenes. Precisamente por esta furia castigadora, los romanos las denominaron “furias”, y de ambos modos son conocidas.

Eran tres; Alecto, “la implacable, la que no descansa”, que castigaba los delitos morales tales como la cólera, la ira o la soberbia; Megera, “la cólera terrible”, la más terrible de las tres Erinias, encargada de castigar todos aquellos delitos que se cometen contra la institución del matrimonio, especialmente los de la infidelidad, y Tisífone, “la voz de la venganza”, que castigaba los delitos de sangre entre familiares.


Escena de la obra teatral "Las Euménides" en un plato griego del siglo IV a.C.


Autores hay que afirman que eran las instigadoras de esos delitos, la verdad es que no sé de qué fuentes beben para afirmarlo.

También hay autores que aseguran que los mortales utilizaban una perífrasis para referirse a ellas y no llamar su atención. Dicen que consistía en llamarlas “las Euménides”, las bondadosas. Nada más lejos de la realidad. Lo sucedido nos lo cuenta Esquilo en su obra titulada precisamente Las Euménides.

Otra vez el jardín de los líos. Es lo que tiene la mitología.

En esta obra se escenifica la absolución de Orestes por matar a su madre. De manera muy general, Apolo, a través del oráculo de Delfos, indujo a Orestes a matar a su madre, Clitemnestra, diciéndole que esta, en unión de su amante, mató a su marido, el rey Agamenón, padre de Orestes. 

Orestes mata a su madre; las Erinias inician la persecución, y enloquece. Cuando ya le tienen acorralado, se refugia en el templo de Apolo, el dios le purifica, es decir, le perdona su crimen, pero es incapaz de protegerle de las Erinias, pues Apolo ha otorgado el perdón divino, pero no puede otorgar el humano. 


 Clitemnestra intenta despertar a las Erinias mientras su hijo es purificado por Apolo. Crátera apulia de figuras rojas, 480–470 a. C., Museo del Louvre


 Más enloquecido aún, Orestes llega a Atenas, donde la diosa Atenea pide iniciar un juicio con un jurado formado por doce atenienses en el Areópago. Las Erinias aceptan que se realice el juicio y se dicte sentencia, pero protestan porque ahora hay leyes que impiden el castigo inmediato y sin contemplaciones de los crímenes de sangre. 


El juicio de Orestes



Las Erinias ejercieron la acusación y Apolo la defensa. 

Atenea presidía el juicio que terminó con los votos divididos, por lo que la diosa se inclinó a favor de Orestes, que fue declarado inocente. 

Atenea legisló que cuando en un juicio hubiera empate entre los jurados, el juez se decantaría a favor del acusado. Como dijeron los romanos, in dubio pro reo.




 

El remordimiento de Orestes, de William-Adolphe Bouguereau.

Detalle



    En ese momento, Atenea produce la transformación de las Erinias en Euménides, (entre los versos 1002 y 1003), sobrenombre con el que se resaltan las nuevas cualidades de las diosas: la bondad y la reverencia que se corresponden con el cambio de sus vestiduras negras por el color púrpura, lo cual también coincide con el momento en que la ciudad les otorga, a partir de ese instante, nuevas prerrogativas y un culto con el que se les reconocerá como protectoras y benevolentes, pero siempre vigilantes del cumplimiento de la justicia en relación con los homicidios en el ámbito familiar.

No es, pues, una perífrasis. Es una metamorfosis. No es, pues, una manera de ocultar su nombre. Es, simplemente, que se han transformado. Las Erinias han adquirido por su comprensión, el estatus social en el Olimpo, al que tanto aspiraron.

“Las Euménides deben su nombre a la formación coral que danza y canta en la orchestra, y que está compuesto por personajes vestidos de negro, encarnando a las diosas llamadas Erinias, quienes al aceptar la absolución de Orestes impuesta por el jurado de Atenas, se convierten en Euménides, como ya se ha mencionado, y se revisten al punto de mantos color púrpura”.

(Pineda Avilés, David Antonio. EL HIMNO DE LAS ERINIAS: ANÁLISIS DEL CORO EN LAS EUMÉNIDES. Revista de Iniciación en la Investigación del teatro clásico grecolatino y su tradición, 2017)

         Esto es muy importante porque en la tragedia griega, el coro cantaba lo que el pueblo quería escuchar, y en este caso, se está reconociendo el perdón de los delitos atendiendo a las circunstancias atenuantes o eximentes, el cual solo podían otorgar los humanos y que era, como vimos, lo que le faltaba a Orestes.

Posteriormente, Orestes realiza una nueva purificación a manos de las Cárites, diosas del perdón, y ofrece un sacrificio a Manía, diosa de la locura y la demencia. 

Juicio divino, juicio humano y purificación. Tres elementos a tener en cuenta.

La mitología romana las recogió bajo los nombres de Furias, pero con la misma función: ser las perseguidoras de los delitos ya comentados. Y aquí fue donde comenzó su metamorfosis. Desde ser mujeres hermosas pasan a ir adornadas con serpientes enroscadas en sus cabellos, armadas de látigos y antorchas para castigar, y con sangre manando de sus ojos en lugar de lágrimas, hasta convertirse en criaturas con cuerpo de serpiente, cabeza y patas de perro con alas.

En la Eneida de Virgilio, Tisífone lleva un látigo y un manojo de serpientes

“Tisífone al instante, látigo en mano, salta vengadora y azota a los culpables, y azuzando con la izquierda el manojo de sus horrendas sierpes llama en su ayuda a la tropa feroz de sus hermanas. Se descorren entonces con hórrido chirrido sobre sus goznes las sagradas puertas.” Libro VI, 570

Ovidio la describe con una vestimenta humedecida de sangre y con serpientes en la cabeza en vez de cabello en un acto de purificación:

“Tras haber hablado Juno de esta manera, Tisifone, según tenía revueltos los blancos cabellos, los movió y, apartando de su boca las culebras que la tapaban, dijo así: ≪No hay necesidad de largos rodeos; da por hecho lo que ordenas. Deja ya este reino abominable y vuelve a respirar el aire de un cielo mejor≫. Regresa alegre Juno y, cuando se disponía a entrar en el cielo, la Taumantia Iris la purificó con agua de rocío. Sin dilación, la violenta Tisífone toma una antorcha empapada en sangre, se reviste de un manto encarnado que gotea sangre, se ciñe con una retorcida culebra y abandona la casa. La acompañan en su camino el Luto, el Pavor, el Terror y la Demencia, de tembloroso rostro.” Ov. Met., Libro IV, 473 – 485.

Lo importante: sigue apareciendo la purificación que hace que las furias perdonen el delito. 


Erinia. Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción
Duratón, Segovia. Finales del siglo XII - principios del XIII


Hablar de las erinias en la Edad Media sería muy sencillo si nos remitiéramos exclusivamente a las descripciones que de ellas dan los manuales de Arte Románico: apenas dicen nada.

Pero está claro que cumplían una función que se extrae de todo lo anteriormente dicho. Resumiendo:

a)  Eran las encargadas de vengar delitos en el seno de la familia, principalmente los de sangre (fratricidio, parricidio, matricidio, homicidios y asesinatos de familiares) y perjurios.

b)   Los delitos perseguidos por las erinias eran susceptibles de ser perdonados por los dioses mediante actos de purificación, pero ellas continuaban atormentando a los autores de los mismos hasta que obtuvieran el perdón de los hombres.

Representadas, como dijimos, con forma de una serpiente con cabeza y patas de perro con alas, suelen ir acompañadas de un guerrero que se enfrenta a ellas armado de escudo y espada. Viene a ser una lucha del hombre contra los remordimientos, y es muy difícil escapar de ellos.


Santa María de Bareyo, Cantabria

Santa María de Piasca, Cantabria

Iglesia parroquial de San Esteban. Nieva, Segovia.

Erinias en la ermita de Santa Catalina. Hinojosa-Tartanedo, Guadalajara

Ermita de Santa Catalina. Hinojosa-Tartanedo, Guadalajara

Ermita de Santa Catalina. Hinojosa-Tartanedo, Guadalajara

Iglesia de Santa María la Mayor. Abajas, Burgos

Ermita de Santa Cecilia de Vallespinoso, Palencia

Iglesia de SAnta María. Yermo, Cantabria

Iglesia de Santa María Magdalena, Zamora

Igleia de San Julián y Santa Basilisa, Rebolledo de la Torre, Burgos

Iglesia de San Juan Bautista. Moarves de Ojeda, Palencia


En el monasterio de San Pedro de Villanueva, en Asturias, se nos cuenta la posible historia de un crimen cometido entre miembros de una familia. Un hombre asesinó al rey, que era su cuñado, para hacerse con la corona. Allí, al final de la historia, una anfisbena devora al asesino con su cabeza destinada a hacer el bien, mientras que la cabeza destinada a hacer el mal pierde a su presa, probablemente el alma del rey asesinado.


Anfisbena de la portada del monasterio de San Pedro de Villanueva, Cangas de Onís, Asturias.

Ese nuevo rey, cuenta la Historia —así, con mayúscula, la Historia oficial—, mandó erigir un templo en honor del monarca difunto. Este modesto juntaletras se permite añadir que quizá lo hizo ante la insistencia de su esposa, hermana del fallecido; tal vez para acallar las protestas de aquella y, de paso, las de su propia conciencia; o quizá como un acto de expiación por su crimen, o por su pecado, según se prefiera. De una forma u otra, buscaba obtener el perdón de la divinidad, del mismo modo que Orestes obtuvo el favor de Apolo tras purificarse de su culpa.

Pero ahí estaba el cantero para firmar un acta notarial escrita en piedra, y nos la dejó siglos después, cuando la iglesia fue reformada, en un capitel del interior, donde un guerrero armado de espada y escudo lucha contra una erinia.


Erinia en San Pedro de Villanueva


¿Nueva purificación o es que el anónimo escultor asumió el papel de las erinias y seguía atormentando a la memoria del homicida? Tal vez el rey constructor tenía el perdón de la Divinidad, como Orestes tuvo el perdón de Apolo, pero le faltaba el perdón de los hombres, como el que obtuvo Orestes en el Areópago. 


Erinia en San Pedro de Villanueva

Todo pudiera ser, yo me he ceñido a mis normas, y coinciden en lo que hay en la iglesia del antiguo monasterio: nadie daba puntada sin hilo, todo es símbolo; hay que tratar de conocer la historia que nos quieren transmitir y, como siempre, hay tantas interpretaciones como intérpretes.

 



Todo pudiera ser, yo me he ceñido a mis normas, y coinciden en lo que hay en la iglesia del antiguo monasterio: nadie daba puntada sin hilo, todo es símbolo; hay que tratar de conocer la historia que nos quieren transmitir y, como siempre, hay tantas interpretaciones como intérpretes.

 Como epílogo, podríamos decir que Dios puede perdonar el pecado a través de la Iglesia y sus sacramentos, administrados por sacerdotes. Pero para decidir sobre el delito, solamente la justicia humana, administrada por humanos, es competente. Tanto en tiempos de Esquilo como en nuestros días.

En un sentido más amplio, las Erinias representan la rectitud de las cosas dentro del orden establecido; son las protectoras de las Leyes Naturales.  Nadie puede burlarlas, no hay defensa contra ellas, ni escudo ni espada en la Edad Media, ni oraciones ni sacrificios en la antigua Grecia y Roma, ni medicinas ni terapias en nuestros días, porque representan los remordimientos que pueden conducir a un culpable hasta la locura.

Y persiguen con saña y celeridad a los autores, toman la forma de remordimientos y quizás de ahí venga su nueva forma de serpiente-perro con alas: jamás abandonan la presa.

Dios puede perdonar el pecado; los jueces pueden absolver de un delito, pero la conciencia seguirá siendo perseguida por las Erinias. Y cuando las Erinias aceptan las nuevas leyes que atienden a circunstancias atenuantes y eximentes para "la purificación", dejan de ser agentes de venganza para ser las Euménides, las bondadosas, las justas.

Antonio García Francisco.

Madrid, marzo de 2021







martes, 16 de marzo de 2021

La anfisbena, otra criatura mitológica


Hay dos criaturas que nacieron de sangre derramada con violencia.

Una es la Erinia, que nació de las gotas de sangre que derramó Urano cuando fue castrado por su hijo Cronos.

La segunda criatura es la anfisbena, nacida de la sangre que goteó la cabeza decapitada de la gorgona Medusa en la arena, cuando Perseo, que la llevaba en un saco, sobrevoló el desierto libio.


Sobre unas arenas similares a estas cayó la sangre de Medusa
y nacieron las anfisbenas. Desierto de Wadi Rum, Jordania

Hoy estoy vago y, pudiendo hablar de ambas criaturas, lo haré solamente de la segunda, la anfisbena, cuyo nombre viene del romano amphisbenae, y este del griego, amphis, ambos lados, y bainein, andar. Unido, significa “que anda o puede andar para ambos lados”. Otro día contaremos la historia de Urano, Gea, Cronos y las Erinias.

Anfisbena. Mitad negra y mitad blanca.

Voy a hacer un adelanto para poner en situación el relato: en su versión más sencilla, una anfisbena es una serpiente con una cabeza en cada uno de sus extremos, lo que la permite desplazarse, a gran velocidad en ambos sentidos. El nombre no se refiere a sus dos cabezas, se refiere a la posibilidad de moverse en dos sentidos. Y que no se me olvide: según los clásicos griegos, en un principio se alimentaba de hormigas.

Iglesia de Santa Eugenia. Salinillas de Bureba, Burgos.

Aunque ya se tenía noticia de su existencia por Lucano, siglo I, la primera descripción formal la hace Plinio el Viejo en el siglo I en su Naturalis Historia:

“La terrorífica Amphisbaena con su doble cabeza, disminuyendo gradualmente…”

“La anfisbena tiene cabezas gemelas, es decir, una también al final de la cola, como si no le bastase con verter veneno por una boca”. Plinio, siglo I.

Iglesia de San Miguel Arcángel. Arcos de la Llana, Burgos.



Anfisbena en un códice de la Biblioteca Nacional de Francia


Lo importante en este momento es que parece que ha cambiado su régimen alimenticio, pues nos dicen que ha dejado de alimentarse de hormigas para empezar a hacerlo a base de cadáveres. ¿Será eso posible? Esperemos a nuestra rica Edad Media europea en general, y española en particular, para ver si es cierto. 



Iglesia de Santa María de Piasca, Cantabria


Anfisbena en un escudo de armas


Queda claro que Las anfisbenas son serpientes con dos cabezas. Pero no con dos cabezas y una cola, sino con una cabeza en el extremo opuesto de la otra. En otras palabras, las anfisbenas son serpientes sin cola. Al ver una de las cabezas de una anfisbena, nos imaginamos que al otro extremo hay una cola. Pero no hay tal cola. En el otro extremo vuelve a haber otra cabeza. Una cabeza que de nuevo nos sugiere una cola inexistente. Así son las anfisbenas. Manuel Liz. Cuatro anfisbenas. Universidad de la Laguna (Tenerife)


Anfisbena en un códice de la Biblioteca de Cambrai

    En el siglo VI, San Isidoro de Sevilla la menciona en sus Etimologías, diciendo de ella:

“La anfisbena tiene dos cabezas, una en el lugar correspondiente y otra en su cola. Puede moverse en dirección de cualquiera de las dos cabezas, con un movimiento circular. Sus ojos brillan como faroles. Única entre las serpientes, la anfisbena sale con el frío. [...] Con sus dos cabezas y la capacidad de desplazarse en dos direcciones, la anfisbena se convirtió en la representación del bien y el mal."

Ya le hemos encontrado una simbología a nuestra criatura: representa al bien y al mal en un solo lote. Tan claro lo tenían nuestros antepasados, que pintaban una parte de la anfisbena, la que hacía el bien, de color blanco, y la otra, la que hacía el mal, era pintada de negro.


Iglesia San Juan Bautista, en Tozalmoro, Soria. Portada

Iglesia San Juan Bautista, en Tozalmoro, Soria. Detalle de la portada















Iglesia San Juan Bautista, en Tozalmoro, Soria


Llega la Edad Media y los escritores se ponen a fantasear. Así, a la anfisbena le regalaron unas alas y unas escamosas patas de gallina. Incluso, algunos la representaron con unos cuernos en una cabeza y orejas de perro en la otra, por lo que quedó transformada en un dragón de dos cabezas. Así apareció en diversos manuscritos medievales,

Biblioteca Real de los Países Bajos y Bestiario de Aberdeen


<<El Tesoro de Brunetto Latini —la enciclopedia que éste recomendó a su antiguo discípulo en el séptimo círculo del Infierno— es menos sentencioso y más claro: “La anfisbena es serpiente con dos cabezas, la una en su lugar y la otra en la cola; y con las dos puede morder, y corre con ligereza, y sus ojos brillan como candelas”>>. Jorge Luis Borges, Margarita Guerrero. El libro de los seres imaginarios.


Anfisbena. Iglesia de San Miguel Arcángel. Bercedo, Burgos

Iglesia de San Miguel Arcángel. Bercedo, Burgos


Y nuestra culebrilla de dos cabezas, comedora de hormigas, empieza a mutar. Se transforma como les ocurrió a las arpías, que de hermosas mujeres con alas pasaron a ser horrorosas criaturas malolientes; o como el basilisco, que de ser también una culebrilla con corona pasó a tener cabeza, alas y patas de gallo y cuerpo de serpiente. Con sus patas de pollo primero y sus alas después, queda en la escultura románica a expensas de la versión que el maestro quiera tallar según su mucha o poca fantasía.




Palacio de Oriosaín, Navarra

Pero no es un capricho esta transformación, ni mucho menos. Dijimos que la anfisbena ya desde tiempos de San Isidoro es tomada por la “representación del bien y del mal”. Tomo las palabras del Diccionario de símbolos, publicado en blogderománico.es, porque es una explicación breve, clara y concisa: 

Anfisbenas en la iglesia de Santa María Magdalena, Zamora

“Por lo demás, el fabuloso animal, parece que se convirtió, como consecuencia de su facultad de poder desplazarse en dos direcciones y además contrarias, en una representación del bien y del mal en casi toda Europa. En algunas culturas y épocas se dotó de alas a la parte del bien, e incluso se adoptó el color blanco para distinguirlo del lado maligno, que solía ser negro. Las alas no eran más que un recurso para describir su tendencia a ascender hacia lo celeste o espiritual, mientras que su lado negro se proveía de patas que se agarraban desesperadamente a la tierra para impedir el ascenso, imágenes que persistirán en heráldica.”


Anfisbena en la iglesia de San Andrés. Soto de Bureba, Burgos

        Y comienzan a cohabitar en nuestras portadas y fachadas ambos tipos de anfisbenas: las reptilianas y las aladas. Así es como las conocemos hoy en día. 


Iglesia de Santa María del Puerto. Santoña, Cantabria



Iglesia de Santa María de los Reyes. Grijalba, Burgos

 

            Podríamos dar el tema por finalizado en este momento, es lo que se hace en todos los manuales, pero siempre me gusta retorcer un poco más el brazo a la situación. ¿Por qué seguimos?

Pues porque dejé en el aire una pregunta: ¿es posible que abandonaran su dieta hormiguil para comenzar a alimentarse de cadáveres, como dijo Catón que hacían en sus campañas libias? ¿Y en qué momento lo hicieron?

El momento en que empezaron a comer cadáveres, no fue ni más ni menos que aquel en el que fue necesario lanzar mensajes moralizantes, y eso que las serpientes no fueron animales con demasiadas connotaciones positivas, aunque algunas tenían, pese a lo que opinan sesudos estudiosos. Como siempre, la función creó el órgano y la necesidad creó la función.

Tenemos un par de casos que corroboran el hecho de que dejaron de comer hormigas. Seguramente habrá muchos más, pero solo recuerdo dos.

Anfisbenas devorando humanos.
Iglesia de San Pedro, castillo de Loarre, Huesca.


            Uno, está en la iglesia de San Pedro, una verdadera maravilla encerrada en el castillo de Loarre, Huesca. En su ábside, tenemos un capitel en el que se representan a dos personajes vestidos con prendas talares, que están siendo mordidos-engullidos por una de las bocas de sendas anfisbenas, mientras que la otra boca parece que sirve de sujeción en el capitel mediante el recurso de morder el collarino. Esta escena ha sido interpretada como un castigo a los opositores a la reforma gregoriana, concretamente al obispo-infante García. Una cabeza, quizás la que hace el bien, devora a los disidentes. La otra, la que tal vez haga el mal, muerde su base, el capitel de la iglesia, o tal vez la base de la Iglesia, con mayúscula. 

Anfisbenas devorando humanos.
Iglesia de San Pedro, Castillo de Loarre, Huesca.

Y si esto no nos convence, recordemos el diccionario de símbolos: las patas sirven para agarrarse desesperadamente a la tierra, como no tienen patas, lo hacen con la otra boca.  Nunca tenemos que olvidarlo: hay tantas interpretaciones como intérpretes, incluso varias interpretaciones por intérprete.


Anfisbenas devorando humanos.
Iglesia de San Pedro, Castillo de Loarre, Huesca.


El segundo caso de anfisbena devoradora de cadáveres lo encontramos en la portada de la iglesia del exmonasterio benedictino de San Pedro de Villanueva, en Asturias. También San Pedro, como en Loarre.

Portada que ya fue objeto de una interpretación detallada en este mismo blog de Radio Cangas, a la cual remito a quien desee conocer los detalles. Aquí solo diré que una cabeza, la de las alas, la que hace el bien, ha devorado ya a un personaje del que solo quedan las piernas, mientras que otra, la que hace el mal, trata de devorar a un personaje al que los ángeles están salvando. 

Tremendo, ¿verdad? El bien hace justicia y el mal, como mal que es, solo quiere hacer daño.


San Pedro de Villanueva. Asturias

Los seguidores del blog ya saben sobradamente quién es cada uno de esos dos hombres víctimas de la anfisbena. Dos reyes. Se especula al cabo de los siglos que uno mató a otro y se representa al matador como a un oso, el cual, posiblemente para obtener el perdón de Dios por su pecado, edificó una iglesia. Sin más comentarios. La historia completa está escrita en las piedras del monasterio, a las cuales remito al lector en la entrada de este blog publicada el día 29 de noviembre de 2020, pero con una alusión al Evangelio de San Lucas, 16,13, que dice:

"Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o se allegará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas."

El rey que mató al otro rey no podía amar al poder y querer decir que también amaba a Dios. Es la portada de un monasterio, los monjes nunca dieron puntada sin hilo. 

Aquí sí que sería posible acabar, pero me parece oportuno dejar relatadas otras propiedades de las anfisbenas, no solo su simbología referida al bien y al mal.

 Simultáneamente a esta simbología, que fue la definitiva, todo el mundo sabía en la Edad Media, porque el conocimiento venía de muy atrás, que el peligro de la anfisbena para la mujer embarazada estaba en que, si se cruzaba una en su camino, abortaría irremediablemente, a menos que la mujer llevase otra anfisbena viva en una caja o como amuleto, en cuyo caso no tendría ningún problema. De acuerdo con esto, las mujeres poderosas llevarían brazaletes y gargantillas con la forma de una anfisbena.


Pienso que este bulo lo lanzaron los físicos, boticarios y pícaros de la época para vender cualquier sabandija con un certificado de ser una auténtica anfisbena y orina caliente de sabe Dios qué alimaña, o incluso propia, como si fuera de tortuga.

Por último, y ahora sí que acabamos, queda lanzar al aire unas preguntas:

 ¿Alguien cree hoy en día en las anfisbenas?

¿Han existido?

¿Existen?

Tal vez sea un capricho de la genética, pero aquí dejo este artículo aparecido en el diario La Vanguardia de Barcelona el día 16 de septiembre de 1980, para que nadie diga que no es muchas veces la realidad la que supera a la ficción.

Diario La Vanguardia, 16 de septiembre de 1980


Diario La Vanguardia, 16 de septiembre de 1980


Diario La Vanguardia, 16 de septiembre de 1980

Pues nada que objetar si el Cuarto Poder asegura que existe.

 

 

Antonio García Francisco

Madrid, marzo 2021



Fotografías propias y de Pedro Lozano Huerta.




NOTA: 
Hemos recuperado equipos que teníamos averiados y ponerlos a punto lleva un poco de tiempo, por lo que en los primeros 12 minutos el audio ha generado una pequeña distorsión, por lo cual os pedimos disculpas. Poco a poco vamos perfilando para dar algo en lo que desde Radio Cangas estamos obsesionados, y es dar el mejor audio posible,máxim que intentamos cumplir en todas nuestras grabaciones.
Mil disculpas