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viernes, 27 de marzo de 2026

Entre potajes, torrijas y recuerdos

             


          Llega la Semana Santa. Y no, no voy a hablar de lo que significa para los creyentes ni de lo que dictan los calendarios litúrgicos. En mi casa, y en mi pueblo, estos días se entienden de otra manera: a golpe de cuchara, de sartén y de recetas que solo aparecen una vez al año. Porque hay tradiciones que no pasan por la iglesia, sino por la mesa.

Cuatro son los invitados insustituibles de estas fechas: el potaje, las torrijas, la leche frita y, para acompañar, la limoná, no confundir con limonada, en mi pueblo es limoná. Cada uno con su papel, cada uno con su sabor, formando un pequeño ritual culinario que que solamente se elabora en estos días.

No pretendo dar lecciones de cocina, pero sí me atrevo a dejar constancia de las recetas que en este rincón de Castilla se preparan cuando llegan estas fiestas; recetas que, como es natural, difieren de las de otros lugares, pero que para nosotros son el corazón de la celebración y, por tanto, no faltará quien me corrija y diga que así no se hace. Pero es lo que hay.

El más contundente es el potaje. Es de justicia decir que solamente se consume en estas fechas. El resto del año queda olvidado.

-Se pone a desalar bacalao en agua fría, como para cualquier guiso que lo necesite, en cantidades suficientes para cada comensal. Ingrediente imprescindible el bacalao por estar en vigilia y no poderse consumir carne, salvo en Meco y alrededores, Madrid, donde por la célebre Bula de Meco, se puede comer carne estos días.

- El día anterior, se pone en remojo garbanzos y judías, más de los primeros que de las segundas, pero eso va en gustos.

- A la hora de elaborarlo, se ponen a cocer las legumbres y el bacalao, se añade un sofrito de cebolla y pimentón y cuando da un hervor, se añade un buen puñado de espinacas frescas. Si hay suerte, podemos sustituir esta verdura por unas collejas (silene vulgaris) o alguna verdura silvestre de esta época primaveral.

Collejas

Se pone a cocer a fuego medio-suave, en olla tradicional si tienes paciencia, aunque también puede hacerse en olla a presión, lo importante es controlar bien la cocción de las legumbres.

Una vez cocidas, se baten aparte un par de huevos, se añaden y  se le da un hervor de un par de minutos antes de apartarloo del fuego.

Se come al día siguiente de elaborarlo. La diferencia es abismal.


Las torrijas son famosas en toda España. En mi pueblo las hacemos principalmente de leche, pero también las preparamos de miel y de vino.

-Cortamos rebanadas de pan asentado (del día anterior). Tamién usamos edl pan especial de torrijas... si no hay más remedio.

-Ponemos a freír abundante aceite de oliva con una cáscara de limón y otra de naranja sin lo blanco, que amarga, lo que viene a ser el ceste, para que pierda el sabor fuerte al aceite. Una vez fritas las cáscaras, las retiramos.

- Cocemos leche con azúcar y unos palitos de canela. La dejamos enfriar y, cuando está tibia, empapamos las rebanadas de pan en ella, bien caladas pero que no se rompan, aquí se ve la pericia del cocinero. O de la cocinera, que ahora hay que decirlo también.

- Se pasan las rebanadas caladas por huevo batido y se meten a freír al aceite caliente. Se dan la vuelta con esa pericia ya demostrada y cuando están doradas por ambos lados (ojo, hemos dicho doradas, no quemadas), se sacan de la sartén y se colocan en una fuente con un lecho de azúcar y canela previamente mezclados. Conviene retirar con un colador de vez en cuando los restos de huevo que quedan en el aceite, porque pueden quemarse, ensuciarlo y dejar un regusto amargo.

- Se espolvorean con la misma mezcla de azúcar y canela y ya estarían. Se pueden bañar con la leche que sobre, pero siempre por debajo, nunca por encima.

- Se dejan enfriar, pues calientes no tienen todo el sabor.

 Las variedades de miel y de vino sustituyen las primeras la leche por un hidromiel (agua y miel) y las segundas por vino blanco mezclado con la leche a proporción 1 de leche por media de vino También puede ser vino dulce.

Torrijas

La leche frita cada vez se hace menos porque aunque sencilla, a veces se complica la fritura sai no se ha cuajado bien o si no se la ha dejado reposar el tiempo suficiente.

Ponemos en un cazo a cocer algo menos de 1 litro de leche, pues reservaremos una buena taza para disolver en ella ocho cucharadas soperas de maicena. Hay quien añade nata, pero en mi casa eso jamás se hizo. Junto con la leche se incorporan un palito de canela y unas pieles de naranja y limón como en las torrijas.

Cuando empieza a hervir, apagamos el fuego, asacamos las cáscaras y la canela, añadimos 150gr de azúcar (unas 10 cucharadas soperas), removemos, tapamos el cazo y dejamos templar durante 10 minutos.

Mientras tanto, batimos en la taza la leche reservada y la maicena (8 cucharadas, unos 120 gramos por litro), lo añadimos a la leche y volvemos a poner otra vez a calentar a fuego suave sin dejar de remover con las varillas hasta cuajar la maicena.

Cuando cuaja, lo vertemos en un recipiente a ser posible rectangular, pero puede ser una fuente honda (consejo: si el fondo está un poco húmedo luego saldrá mejor la mezcla). Que la pasta tenga un grosor entre unos dos dedos como máximo, que luego empalaga, y se cubre para que no se forme costra. Antiguamente se cubría con un paño, hoy lo hacemos con papel film o aluminio. Se deja enfriar hasta la temperatura ambiente y luego lo metemos al frigorífico hasta el día siguiente.

Al cabo de este tiempo, se saca y se vuelca en la tabla, en la mesa o la encimera, por eso el truco del molde húmedo, y se corta en porciones cuadradas como de 6 X 6 cm, eso va en el gusto o en el vicio de cada uno, también hay quien lo corta en tiras o en rombos, ya digo que va en gustos, se pasan por harina y por huevo, se fríen en la sartén y cuando se sacan los trozos se van poniendo sobre un lecho de azúcar y canela, como las torrijas. Se espolvorean por encima con la misma mezcla... Et voilà. Nous avons du lait frit.

Leche frita

La limoná en mi casa siempre era más humilde pero mejor que en la de los vecinos: vino tinto, gaseosa de limón a partes iguales (o más gaseosa que vino cuando lo íbamos a beber los niños), azúcar, canela y unas rodajitas de limón y de naranja, “que tiene alimento”, decía mi abuela. Se dejaba reposar tres días para que la gaseosa perdiera las burbujas y el vino cogiera sabor… ¡Y a volar!, ni hielo ni zarandajas, “que luego cogéis anginas”.

¿Por qué era mejor? Pues porque la de los vecinos no llevaba gaseosa (de hecho, la veredaadera limoná no lleva gaseosa) y eso, eso para los niños era una delicia turca.


Limoná de Semana Santa


Antonio García Francisco
Colmenar Viejo. Viernes de Dolores de 2026

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