Estas líneas no son una herramienta inútil —antes bien, puede resultar de una gran utilidad—; conviene tenerlas siempre a mano ante la eventualidad de enfrentarse a documentos de entre los siglos XII a XVIII, pues facilita su adecuada comprensión y, en caso de no necesitarse, siempre puede apreciarse como una curiosidad, ya que el saber no ocupa lugar.
Ortografía Práctica, por Luis Miranda Podadera. Edición 1939
"En los documentos castellanos antiguos se observa que las letras y los signos de puntuación se usaban de forma poco correcta o poco consistente si los comparamos con las normas actuales. La ortografía de aquella época, mucho más inestable y llena de irregularidades que la de hoy, es una de las principales razones por las que resulta difícil leer e interpretar esos textos con precisión.
El uso de las letras mayúsculas y minúsculas tampoco seguía reglas fijas. En muchos escritos se observa que al comienzo de los párrafos y en las iniciales de los nombres propios se empleaba la minúscula en lugar de la mayúscula. También era frecuente encontrar escritas con bastante descuido, mayúsculas en medio de las palabras.
La b se usaba con bastante frecuencia en vez de la v: buestro, probisión.
La e, en ciertos casos, reemplaza a la i: deciendo, recebir.
Suele suprimirse la e cuando se une la preposición de a otra palabra que empieza por e, y también en las finales: desto, desta, bastant, generalment.
La f se halla duplicada en muchas palabras: ffice, conffirmo, deffiendo.
Se emplea f en palabras que hoy la han cambiado en h: facer por hacer, fecho por heho.
Se usa en vez de s una etra muy parecida a la f.
La h se omite, a veces, en palabras que ahora la llevan, y, a veces se enplea en las que hoy no la usamos: auer, onbre, henero, horden, hesta, por haber, hombre, enero, orden, esta.
También se puede escribir h en vez de f: hirmó, anegas, por firmó, fanegas.
La k, en ocasiones, suple a la c: karga.
La n se duplica en las voces csastellanas que en la actualidad llevan ñ, de lo que se infiere que esta letra no es otra que la n con una tilde que indica elisión de otra n. A veces, el sonido de la ñ se declaraba por la n, precedida de una g: sennor, sennaladamente, agno.
La q se emplea muchas veces en lugar de la c: qual, cinquenta.
La r se duplica, alguna vez, en principio de palabra, o en centro después de n: rrecibimos, rrayces, Enrrique, honrra.
La s puede sustituir a la sílaba es: scriuano (escribano), y en otros casos se usa por c: faser, vesino.
La t es usada por d en fin de palabra: abat, verdat, heredat.
Para indicar los sonidos de u y v prdeominó el uso de la primera letra en los documentos latinos de la Edad Media. En los castellanos, se usaron indistintamente. La u se usó también por b.
u por v: uilla, auiso, naues (villa, aviso, naves).
v por u: vna, vmildad, devdor (una, humildad, deudor).
u por b: baruero, caueza, pensaua, cauallo (barbero, cabeza, pensaba, caballo).
La terminación aba de pretérito imperfecto de indicativo se ve frecuentemente con v, como deseava, dejava.
La x reemplaza mucho a la j: dixo, dijo; aduxo, adujo; exercitar, ejercitar.
La y se usa superfluamente en algunos documentos castellanos de los siglos XIII a XV: Peydro por Pedro, seyilada por sellada. También se usa por i: ymagen, syete (imagen, siete).
La z sustituye con frecuencia a la c: hazer, tranze.
Apenas se utilizaron signos de puntuación en los documentos castellanos antiguos, hasta el siglo XV, y su alguna vez se utilizaron, fue sin norma fija en cuanto a su uso.
La puntuación moderna apareció con la escritura itálica, generalizándose a fines del siglo XVI.
Los acentos casi no se usaban, y los pocos que aparecen en la escritura antigua no son para indicar la sílaba en que carga la pronunciación, sono la duplicación de vocales y aun de consonantes: sééllo.
La cedilla servía para los sonidos suaves en las combinaciones con a, o, u, como: baça, arçobispo, Gonçalez, lienço, començo, raçon, lanças, Çurita, por baza, arzobispo, González, lienzo, comenzó, razón, lanzas, Zurita.
Para indicar que debían suprimire letras indebidamente escritas, fijaban puntos debajo de ellas:
Don Pendro por las grancia
. . .
Don Pedro por la gracia
Otras veces, se valían, como nosotros, de la línea horizontal para tachar las palabras o las sílabas superfluas.
Las omisiones las salvaban colocando la palabra omitida entre renglones o al margen, poniendo dos líneas paralelas o cruzadas, como llamada, en el sitio que debiera ocupar.
La interrogación y la admiración, apenas usadas, consistían en un círculo en cuyo centro había un punto o una línea horizontal."
Son pocas
normas, pero muy útiles. Conviene no perderlas de vista: nunca se sabe cuándo
podemos encontrarnos ante una piedra de consagración de un templo o ante un
fuero. Un buen ejemplo es el Fuero de Sepúlveda, concedido originalmente por el
conde Fernán González en el año 940, confirmado como modelo de fuero de
frontera por el rey Alfonso VI en 1076 y redactado en una versión más extensa
en 1300. ¿Verdad que sería emocionante saber leerlo? ¡Tres estilos de tres
siglos en un solo documento!
Los viajes
largos empiezan con un simple paso, tan sencillo como este. Hagamos un cesto
con los mimbres que tenemos.
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