Radioguide

miércoles, 10 de febrero de 2021

Los mensarios medievales.


A finales de diciembre todos tenemos ya un calendario en casa. Para conseguirlo, estuvimos atentos para que nos lo regalasen en el banco, en la tintorería o en la tienda que visitamos durante todo el año, que tienen ese detalle con nosotros. Total, una fotografía con las faldillas de los doce meses y la numeración de los días ordenados por semanas, colgando para que las vayamos cortando cuando llega el último día de cada mes, eso es lo que entendemos hoy por calendario.

Sin embargo, en la antigua Roma, de donde procede el concepto, el calendarium era una referencia a las calendae, las calendas, el primer día de cada mes romano en el cual debían pagarse los alquileres y/o los intereses de los préstamos. Era un lío el que se traían los romanos con su calendario lunar con meses de 29 ó 30 días. El primer día de mes eran las calendas, que coincidían con la luna nueva; el día de la luna llena, o sea, el 15 ó el 17, según la duración del mes, eran los idus. Entre medias estaban las nonas. La calendación por este sistema es algo complicada de explicar y no merece la pena hacerlo en este momento, aunque es útil conocerlo para datar documentos.

Durante la Edad Media, en el siglo XII, apareció un nuevo tipo de calendario. No era precisamente un calendario de bolsillo, no. Eran los mensarios, calendarios en los que no se marcan los días uno a uno, sino que en ellos se simbolizan, esculpidos en piedra, los trabajos y los descansos agrícolas, que corresponden a cada mes. Existe un repertorio común que, en líneas generales, se repite en la mayor parte de los mensarios, como las escenas de vendimia en otoño, la matanza en invierno o actividades lúdicas en primavera, con ciertas peculiaridades dependiendo del clima de cada zona, las cuales determinan que en unos sitios la siega sea en junio y en otros en julio, o que la matanza del cerdo caiga en noviembre o en enero, aunque hay escenas comunes como el mes de mayo, que por lo general se reserva para la representación de la caza de cetrería o para la guerra.


Son varios los que podemos disfrutar en España. Los tenemos en pintura, el más famoso en el Panteón Real de San Isidoro de León, los tenemos bordados, como el Tapiz de la Creación de la catedral de Gerona, y los tenemos esculpidos, como en la iglesia de Beleña de Sorbe, Guadalajara, del que va a tratar esta entrada; el de la iglesia de San Claudio en Zamora; el de la iglesia de San Esteban Protomártir en Hormaza, Burgos; San Bartolomé de Campisábalos, Guadalajara; Santa María la Real de Nieva, Segovia; el disperso de Nuestra Señora de la Asunción de Duratón, Segovia… que yo conozca, porque hay más.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                              Lo que vamos a hacer es describir la iconografía de los mensarios guiándonos principalmente por el de la portada románica, siglo XII ,de la iglesia de San Miguel, en Beleña de Sorbe, Guadalajara, con algunas comparaciones con otros, principalmente el de Hormaza, Burgos, o el del monasterio de Nuestra Señora de la Soterraña, en Santa María la Real de Nieva, Segovia, ya en un estilo románico tardío del siglo XIV a XV.

Solo para hacernos una idea, pues Google nos envía por autovías modernas.

Tanto los de Beleña de Sorbe como el de Hormaza, están esculpidos en la arquivolta de la portada, ocupando todas las dovelas, mientras que el segoviano se encuentra en capiteles del claustro.




Evidentemente, un mensario como sucesión de meses, tiene que comenzar por Enero, pero en Beleña tenemos antes que nada un ángel sonriente, y final de todo la cabeza de un negroide de ojos saltones y cabellos rizados, entre medias están las representaciones de los meses. Autores hay que afirman que esto significa que el año va a transcurrir entre el bien (el ángel) y el mal (el negro).

Me sumaría a esta interpretación si no fuera porque me da la impresión de que el ángel está hablando y es San Miguel recordando a los hombres la sentencia divina dictada en Gn 3,19:

“Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas al suelo”.

 Lo que a continuación viene sería la evocación del trabajo como castigo por el mismísimo Dios a Adán y sus descendientes, pero, y esta es la diferencia con otros mensarios, la sucesión de trabajos no se limita a una simple descripción, sino que se integran en una misma y sola historia, que es la de pecado y salvación. 

¿Y el negroide? Pues está ahí representando, efectivamente, al demonio, ya lo hemos visto en más iglesias, como en San Pedro de Caracena, Soria. El ángel enseña a los hombres los trabajos y descansos; el demonio espera al final del ciclo a los incumplidores. El año transcurre entre el bien y el mal. O también, el ángel enseña que el trabajo es la penitencia del pecado original, necesaria para llegar a la salvación, pues, de lo contrario, nos espera el Malo, el negro.


Una tercera interpretación alude a que, tanto el ángel como el negroide, son figuras apotropaicas para proteger al año. El ángel invocaría protección cristiana y el negroide invocaría la protección pagana.


En Hormaza, al principio del mensario hay un becerro y al final nos encontramos un lobo. Creo que tiene el mismo sentido. El año transcurre entre el bien y el mal, o son símbolos apotropaicos para que el año traiga lo bueno y aleje lo malo.


Sea como sea, el protagonista es, sin lugar a dudas, el campesino. 

Y pasamos a la descripción.

Comienzan los mensarios con el mes de enero.

Enero.

Enero frío y sereno inaugura un año bueno.

En enero el agua se hiela en el puchero.

 En el de Beleña se representa este mes con la matanza del cerdo. Un poco tardía pudiera parecer, suele hacerse en noviembre (a cada cerdo le llega su San Martín, reza el refrán), pero no en todos los sitios hace el mismo frío para luego conservar la matanza. En otros mensarios, como el de San Isidoro de León, enero, Januarius, el mes que los romanos dedicaban al dios Jano, en el que se hacían regalos y se deseaban felicidad y fortuna, comienza precisamente con con a representación del dios Jano, el dios de las puertas (puerta en latín es janua; porta se destina a otros menesteres), Jano Bifronte que con sus dos caras mira al pasado con una y al futuro con otra. En otros mensarios, como Santa María la Real de Nieva, aparece la escena de un anciano calentándose al fuego y, junto al anciano (pasivo) que se calienta, un joven (activo) acerca un largo espetón para calentar una vianda en el fuego. El anciano representa el año viejo y el joven simboliza el año nuevo. 

Enero. San Isidoro de León. Representado por el dios romano Jano, el dios de las puertas,
Santa María la Real de Nieva. El viejo con los pies cansados y el joven hambriento
Beleña de Sorbe. Representación de la matanza del cerdo

Hormaza. Calentando el caldero.

Febrero.

 En febrero, un rato al sol y otro al humero.

Febrero loco, que sacó a su padre al sol y le apedreó.

Recibe su nombre del mes romano Februarius dedicado a Februo, después Plutón, dios de la purificación. Es un mes muy frío e inestable, en nuestro mensario se representa en Beleña de Sorbe por un campesino que se calienta en una hoguera, para lo cual se levanta la saya y se le ven los genitales. Esta escena aparece en muchos sitios. Como en este mes no se pueden hacer trabajos exteriores, en S.M.L.R. de Nieva el mes de Febrero es el de los trabajos artesanales. En este caso se ambienta en un taller de zapatería en el que se aprecia una repisa con varios pares de zapatos al fondo, unas tijeras y al propio zapatero trabajando con un objeto en sus manos, probablemente en el momento de coser un zapato. En Hormaza, no sé por qué, se representa a un hombre cazando pájaros y cogiendo nidos con un perro, quizás porque no tiene otra cosa que hacer por estar el campo dormido. De todos modos, no es época de nidos. En Duratón, Segovia, se representa por un hombre trabajando el cuero, como el zapatero de Nieva.

Duratón (Segovia) El mes de febrero aprovechado para trabajar cuero.
Beleña de Sorbe y Santa María la Real de Nieva
Aldeano calentándose al fuego y otro haciendo o reparando calzado.
Iconografía de Febrero y Marzo en Hormaza



Marzo.

El que poda en marzo, vendimia en el regazo.

Dedicado por los romanos al dios Marte, inicia la primavera. Ya hace buen tiempo y el campesino de Beleña sale al campo a podar y calzar las vides, para que se puedan recoger al final del verano los frutos de este cultivo tan importante que aportaba calorías a un campesinado que comía poca carne.


Izquierda, Beleña de Sorbe. Derecha, Duratón. Ambos viñadores usan una hachuela similar.

Capitel de Santa María la Real de Nieva en que se representan Marzo y Abril.

Abril.

En Abril, cortas un cardo y te crecen mil

Dedicado por los romanos a la diosa etrusca Apru, probablemente relacionada con Afrodita griega. Otros dicen que a la diosa Flora. Es el mes de la regeneración de la naturaleza. 

En la antigua Roma, Robigus, el espíritu que hacía surgir la vegetación, era homenajeado el 25 de abril mediante ofrendas florales con el fin de propiciar buenas cosechas. En este mes nacen las flores y se representa con una joven con ramos, aunque en S.M.L.R. de Nieva es un hombre montado a caballo. 

Mes de abril, Duratón, Segovia.
Mes de Abril, Beleña de Sorbe, Guadalajara.


Mayo.

Norabuena venga mayo, el mejor mes de todo el año.

 Era el mes de la diosa Maia, madre de Mercurio y diosa de la fertilidad, es el mes primaveral por excelencia, el más largo. En los calendarios medievales uno de los distintivos sociales del caballero era la práctica de la cetrería, que se practicaba en este mes, lo cual le convierte en el mes de los caballeros por excelencia. Los primeros testimonios de esta iconografía se encuentran en Beleña de Sorbe y en San Esteban de Hormaza, mientras que en S.M.L.R. de Nieva un caballero porta una rama florida sobre su hombro mientras sostiene un halcón con la mano izquierda.

Noble cazando con halcón. Beleña de Sorbe

                                                                    Noble cazando con halcón. Duratón

Capitel que representa a Marzo y Junio en Santa María la Real de Nieva.


Junio.

En junio, la hoz en el puño.

Consagrado a la diosa Juno esposa oficial de Júpiter y, por asociación, reina de los dioses, es, en la zona que estamos tratando, el mes de las labores agrícolas de limpieza de sembrados para que en la próxima siega no se mezclen plantas nocivas. En los tres mensarios que estamos comparando se representan escenas de escarda, en Burgos y Segovia con azada, en Guadalajara con hoz.

Junio. Hormaza, Burgos.

Beleña de Sorbe, Guadalajara

Julio.

En julio, se coge el trigo maduro.

Dedicado en otros tiempos a Julio César, es el mes de la siega en Castilla. Un campesino encorvado se protege del sol estival mediante un sombrero de paja. Se halla en plena faena, sujetando un haz de espigas con una mano al tiempo que, con la hoz que porta en la otra, se dispone a cortarlo por la mitad. Se constatan ciertas peculiaridades que se hallan en consonancia con las características locales. Así, en el calendario de Beleña, se ha incluido un motivo habitual en las escenas estivales de los calendarios hispanos, es el botijo, en alusión a la sed estival y a la fatiga en los trabajos agrícolas, derivada del calor propio del mes.

Beleña de Sorbe. Véase el detalle del botijo.


Santa María la Real de Nieva. Julio y Agosto

Detalle del mensario de Hormaza. Julio y otros meses.

Agosto.

Quien no trilla en agosto, trilla de mal rostro.

Dedicado en otros tiempos a Augusto, es el mes de la trilla. El primer testimonio que conservamos en España de esta representación es el correspondiente al mensario de Beleña del Sorbe, donde aparece el campesino sentado en un trillo tirado por bueyes, postura en la que favorece la labor gracias a la presión de su propio peso. En cambio, en Nieva y en Hormaza están desgranando las espigas con sendos mallos. 


Beleña de Sorbe.

Septiembre.

En septiembre, el viñador coge los racimos de dos en dos. 

Por septiembre, quien tenga trigo que siembre.

Septiembre, el mensis septembris o séptimo del calendario romano, es el mes de la vendimia y posterior pisado de la uva.Con un carácter enormemente realista, se plasma correctamente la imagen de un solo hombre (lo normal serían dos) cortando los racimos. Tiene un cesto a los pies para colocarlos correctamente sin que se rompan las uvas. Así aparece en Hormaza y en Beleña, mientras que en SMLR de Nieva este mes es representado por un hombre arando con arado romano, escena que en otros sitios se produce en octubre. Cosas de la climatología.

Beleña de Sorbe. Vendimia

Santa María la Real de Nieva. Por la diferente climatología, ya están arando.

Octubre

Por San Simón y San Judas, cogidas son las uvas, tanto las verdes como las maduras.

En octubre, el cerdo bajo el roble para que engorde.

Las faenas relativas a la vendimia culminan en el mes de octubre, cuando el campesino, cargado con un odre a hombros, se dispone a verter el vino en una cuba. Así aparece en los tres mensarios que estamos comentando.

También son octubre y noviembre meses de engorde del cerdo, y así se representa en el mensario de León. Seguimos dependiendo de la climatología de cada zona.



Beleña de Sorbe. Pasando vino del odre al barril.



Santa María la Real de Nieva. Trasegando vino del odre a la cuba.

San Isidoro de León. Mes de octubre. Cebando al cerdo

Noviembre.

A cada puerco le llega su San Martín.

             En noviembre, el labrador que are y siembre.

             Acabando noviembre, quien no sembró que no siembre.

Mensario del Panteón Real de San Isidoro de León

Noviembre era, efectivamente, el noveno mes del año en el calendario original, aunque ya no llegó a reordenarse cuando el año pasó a empezar en enero. Lo mismo pasó con septiembre, octubre y diciembre. 

La representación de noviembre también está muy estandarizada, debido a la celebración de San Martín el día 11 de este mes, fecha en la que se celebra la matanza del cerdo. Hay dos maneras en que aparece representado: sacrificado asestando un golpe en la cabeza o degollándolo. Este animal era un elemento indispensable para la supervivencia de la población, debido a la facilidad y rentabilidad que suponía su crianza. Pero aquí se ve la influencia de la climatología de las zonas. Mientras que en Hormaza se ve al cerdo engordando todavía, en León y en SMLR de Nieva está siendo sacrificado, en Beleña de Sorbe es el momento en que se ara la tierra. En noviembre, con la arada y la siembra acaba el año agrícola propiamente dicho, puesto que ya se acercan los fríos del invierno y solo queda esperar los primeros brotes de la primavera.

Noviembre. El labrador tiene preparadas las semillas y la yunta de bueyes para arar.
Beleña de Sorbe.

Vemos en el calendario de Beleña la escena que más me gusta de los mensarios. El campesino, ya con el manto y la caperuza, prepara la bolsa con las semillas, la cual sujeta con la mano izquierda. En la siguiente dovela, una yunta de bueyes, uncida al yugo, ya está dispuesta para empezar a arar tirando de un arado romano en el que se ven todas las piezas. Entre el hombre y la yunta descansa sobre una piedra la aguijada con punta y gavilán para picar a los bueyes por un lado y limpiar de tierra que se queda entre la reja y la esteva por el otro.

Santa María la Real de Nieva.
 Capitel que representa conjuntamente a Noviembre y Diciembre.

Diciembre.

En diciembre, ten leña y duerme

En diciembre, hielos y nieves; lebrillos de matanza y roscos de aguardiente.

Se acabó el año. El campesino se ha merecido el descanso de un año de trabajos y lo celebra con el banquete de Navidad. La mesa repleta de viandas contrarresta la impresión de hambre habitual entre esta gente acostumbrada a trabajar mucho y a alimentarse mal. Era realmente la única fiesta alimenticia en todo el año del campesino. Es tiempo de ocio, de vida social, de alegría, de reuniones familiares y de disfrute de los frutos obtenidos a lo largo del año.

Diciembre. Cena de Navidad, justo premio a un año de esfuerzos y sacrificios.
Beleña de Sorbe

Dato único: en el mensario de Hormaza, Burgos, la cena de fin de año es ni más ni menos que la Última Cena de Nuestro Señor… con once discípulos, o sea, que Judas ya se ha ido a hacer la tarea que tenía encomendada. 

Después del bocado, Satanás entró en él. Entonces Jesús le dijo: «Lo que vas a hacer, hazlo pronto. (Jn 13,27)

No es un olvido del magister, pues hay sitio de sobra para uno más, ya que la escena se cierra con un músico y una bailarina, que nos vienen a decir que el año ha sido bueno y estamos feices, como no podía ser de otro modo después de tanto y tan duro trabajo que hemos padecido. No cabe duda de que nos hemos ganado la bendición de Dios por cumplir la dura penitencia.


Hormaza. ¿Falta un comensal?

En Beleña de Sorbe se cierra el ciclo que inició el ángel con el negroide. Como dijimos al principio, una vela a Dios y otra a los ritos ancestrales. En hormaza, como dijimos, lo cirra el lobo.

Conclusión.

Durante la Edad Media, el calendario y la agricultura formaron una unidad que tenía como objetivo recordar que el trabajo del año y el tiempo a él dedicado están consagrados a Dios. Los detalles anecdóticos de muchas de las escenas, y su correspondencia con las faenas agrícolas propias del lugar, llevaron a presentar sus imágenes como un reflejo de la vida real de la época.



Relación Iglesia-Agricultura. La vida del campesino se regía por un ciclo religioso-laboral invariable.

En definitiva, los mensarios parecen querer mostrar una sencilla lección, en la cual se unen el pecado original de Adán y la penitencia del mismo, que es la condena al trabajo. Se nos representa con imágenes a veces muy duras, pero como recompensa a ese trabajo bien hecho, alcanzaremos la redención y la conquista del Reino de Dios.

“Ya de una manera más terrenal, Castiñeiras relaciona los mensarios con los procesos históricos del momento. Es un tiempo en que avanza la Reconquista y la repoblación, y los colonos estaban obligados a contribuir al sustento de la Iglesia mediante el diezmo. Por tanto, una segunda lectura de este programa se podría entender en los términos de que el trabajo sirve para la redención, pero también para el mantenimiento de la Iglesia”.

El trabajo es una vía para alcanzar la redención al pecado de Adán; la condena fue clara: ganarás el pan con el sudor de tu rostro. Si el hombre es de condición humilde, logrará llegar al festín de la mesa celestial porque ha cumplido la penitencia y su pecado heredado ha sido redimido. Todo esto sin dejar de lado, porque no se puede ni se debe olvidar, la carga humana de las escenas, reflejo todas ellas de la dura vida del campesino, vinculado a la tierra desde su nacimiento hasta su muerte.

Antonio García Francisco.

Madrid, febrero 2021

Datos sacados de visitas a los monumentos y conocimiento directo de las obras citadas, con fotografías propias del autor y de Pedro Lozano Huerta, que con su extenso archivo es de obligada referencia. 

 

Bibliografía consultada:

Caballero Escamilla, Sonia. El Claustro de Santa María la Real de Nieva. Junio 2011. Departamento de Historia del Arte. Universidad de Granada.

Enciclopedia del Románico. Fundación Santa María la Real.

Lucía Gómez-Chacón, Diana. Tesis doctoral “El monasterio de Santa María la Real de Nieva. Arte y reforma dominicana en Castilla en tiempos de Catalina de Lancaster y María de Aragón, (1392-1445)” Universidad Complutense de Madrid, 2015

Poza Yagüe, Marta. Las labores de los meses en el Románico. Revista de Iconografía Medieval, vol. I, nº 1, 2009, pp. 31-42. e-ISSN: 2254-853X

Ruiz Montejo, Inés. El Calendario de Beleña de Sorbe. Universidad Complutense de Madrid.

San José Pérez, Rocío. La Medida del Tiempo. Calendarios y Zodiacos Medievales en la Península Ibérica. Trabajo máster Europa y el Mundo Atlántico: poder, cultura y sociedad. Universidad de Valladolid - Instituto Universitario de Historia Simancas, 2015/2016












miércoles, 3 de febrero de 2021

La asna de Balaam


Entre los miles de capiteles románicos que conocemos, hay una escena recurrente de la cual no sé explicar el motivo por el que era tan querida de los escultores de la Edad Media. Ni tan siquiera comprendo muy bien el motivo por el que fuera escogida esta historia para ser esculpida. Representa a un anciano malhumorado, un borriquillo y un ángel. Se trata de la conocida como “la asna de Balaam”

Balaam era un adivino mesopotámico que recibió del rey Balaq el encargo de maldecir a los israelitas que cruzaban su reino en dirección a la Tierra Prometida. Dios no quiere que esto suceda y el mago es interceptado en su camino por un ángel al que él es incapaz de ver, no así la burra que, ante su presencia, se niega a continuar. Balaam golpea al animal con un palo y la burra, tras recibir la paliza por lo que Balaam interpreta como terquedad, habla y le avisa de la presencia del obstáculo que hay en el camino. Balaam cambia el signo de su misión y en vez de maldecir a Israel, lo bendice.

La historia de Balaam y su asna hoy ya no la conocen ni los curas, o al menos los más modernos. Se trata de un personaje veterotestamentario poco menos que marginal, no es un profeta menor como muchos autores citan, aunque profetizó, es simplemente un adivino, un mago, un brujo o un augur, como se prefiera, cuya historia se encuentra narrada de manera un poco caótica en el libro de Números, capítulos 22-24. Balaam, mitad augur, mitad mago, hoy es un gran desconocido, pero desde el siglo III hasta los siglos XI y XII debía de ser muy familiar para unos espectadores poseedores de una gran cultura cristiana, y por tanto bíblica, mucho más extensa que la nuestra. Y luego también fue conocido por pintores de tiempos posteriores que aprovecharon el filón, como Rembrandt, Lucca Giordano y más. Pero ahí se acaba su fama.

Como la escultura de la época románica no es tan rica en detalles como lo es la pintura barroca, quiero comenzar ilustrando esta entrada con un cuadro de Rembrandt, donde podremos imaginar un poco mejor la situación si miramos la cara de la indefensa borriquilla, protagonista innegable en la pintura, y la del iracundo Balaam, que la golpea sañudamente. 

La asna e Balaam, Rembrandt. Detalle.

La asna de Balaam, Rembrandt. 
Evidentemente, no es una pintura medieval, está aquí colocada para dar una idea de la composición. 


El tema Balaam presenta dos esquemas iconográficos diferentes, según el pasaje del libro de los Números que contemple el artista.  El primero de ellos, también el más temprano en cuanto a su aparición figurativa (fines siglo III), se corresponde con Nm 24, 17:

“Veo algo en el futuro, diviso algo allá muy lejos: es una estrella que sale de Jacob, un rey que se levanta en Israel. Aplastará la cabeza a Moab, aplastará a todos los descendientes de Set.”

         A él remiten las imágenes aisladas de un personaje masculino, normalmente en pie y ataviado con la tradicional toga romana, que alza uno de sus brazos indicando la presencia de una estrella. De los dos temas es el menos representado. 

Siglo III, catacumbas de Priscila, primer tipo de iconografía correspondiente con Nm 24,17

 
San Pedro de Teverga, Asturias. Siglo XI. Capitel perteneciente al primer tipo de iconograma que se corresponde con Nm 24,17


El segundo iconograma es el que cobró más importancia. Desde comienzos del siglo IV, Balaam aparece asociado a su famosa burra, recreando lo narrado en Num. 22, 21-36 

Hipogeo (cementerio privado) de la vía Dino Compagni, Roma, siglo IV


Vamos a ponernos en situación para no dispersarnos y para luego poder entender las ilustraciones.

 El pueblo de Israel, en su viaje por el desierto hacia la tierra prometida, llegó a la tierra de Moab, cuyo rey, que no era otro sino Balac, hijo de Zippor, se asustó al ver a un pueblo tan numeroso acampado en sus tierras, que venía de destruir a otros reyes vecinos, y recurrió ante esta situación al apoyo de fuerzas sobrenaturales para echar de su reino a este imprevisto enemigo. La solución fue llamar a Balaam, hijo de Beor, vidente profesional de gran renombre para que maldijese al pueblo de Israel 

"Pues sé que es bendito aquel a quien tú bendices y maldito aquel a quien maldices tú".

 Balaam oró a Jehová, no se sabe bien el porqué pues no era su Dios, y Este le dijo:

"No vayas con ellos, ni maldigas al pueblo; porque es bendito."

 Pero el rey volvió a insistir, había gran recompensa por medio. Balaam volvió a orar y…  

"…Y vino Dios á Balaam de noche, y díjole: Si vinieren a llamarte hombres, levántate y ve con ellos: empero harás lo que yo te dijere."

(Acotación que no tengo más remedio que hacer: queda patente el gran prestigio del que gozaban tanto los adivinos como la antigua creencia en la fuerza mágica de la maldición que tantas veces vemos en las Sagradas Escrituras: es evidente que lo que diga el adivino, sucederá infaliblemente.)

En esta lógica, al Dios de Israel solo le queda una solución para salvar a su pueblo: impedir que Balaam pronuncie su maldición. Pero el Señor va más lejos: convierte a Balaam en un profeta a su servicio, al menos de momento, y Balaam acude a la llamada de Balaq movido por el espíritu de Jehová, no por el estipendio prometido, y deja que sea Dios quien hable por su boca.

   A partir de aquí seguimos el texto bíblico (Nm 22, 21-33)

Así Balaam se levantó por la mañana, y cinchó su asna, y fue con los príncipes de Moab.

Y el furor de Dios se encendió porque él iba; y el ángel de Jehová se puso en el camino por adversario suyo. Iba, pues, él montado sobre su asna, y con él dos mozos suyos. 

Códice de la Biblioteca Nacional de los Países Bajos



Y el asna vio al ángel de Jehová, que estaba en el camino con su espada desnuda en su mano; y apartóse el asna del camino, e iba por el campo. Entonces hirió Balaam al asna para hacerla volver al camino.

Mas el ángel de Jehová se puso en una senda de viñas que tenía pared de una parte y pared de otra.

 Y viendo el asna al ángel de Jehová, pegóse a la pared, y apretó contra la pared el pie de Balaam: y él volvió a herirla.

 

Códice de la Biblioteca Nacional de los Países Bajos


Y el ángel de Jehová pasó más allá, y púsose en una angostura, donde no había camino para apartarse ni a diestra ni a siniestra.

Y viendo el asna al ángel de Jehová, echóse debajo de Balaam: y enojóse Balaam, e hirió al asna con el palo.

Entonces Jehová abrió la boca al asna, la cual dijo á Balaam: ¿Qué te he hecho, que me has herido estas tres veces?

Y Balaam respondió al asna: Porque te has burlado de mí: ¡ojalá tuviera espada en mi mano, que ahora te mataría!

Y el asna dijo á Balaam: ¿No soy yo tu asna? sobre mí has cabalgado desde que tú me tienes hasta este día; ¿he acostumbrado a hacerlo así contigo? Y él respondió: No.

Entonces Jehová abrió los ojos a Balaam, y vio al ángel de Jehová que estaba en el camino, y tenía su espada desnuda en su mano. Y Balaam hizo reverencia, e inclinóse sobre su rostro.

Y el ángel de Jehová le dijo: ¿Por qué has herido tu asna estas tres veces? he aquí yo he salido para contrarrestarte, porque tu camino es perverso delante de mí:

 

Códice de la Biblioteca Nacional de los Países Bajos


El asna me ha visto, y se ha apartado luego de delante de mí estas tres veces: y si de mí no se hubiera apartado, yo también ahora te mataría a ti, y a ella dejaría viva.

Entonces Balaam dijo al ángel de Jehová: He pecado, que no sabía que tú te ponías delante de mí en el camino: mas ahora, si te parece mal, yo me volveré.

La historia continúa, es entretenida, pero ya nos sobra; si queréis ya sabéis donde encontrarla: libro de los Números, donde también se nos informa de que Balaam fue pasado a cuchillo por algún tejemaneje poco claro que se trajo con Jehová, tal y como el mismísimo Jehová nos lo narra en el capítulo 31,8 y 16. También hace referencia el libro de Josué, 24,9 y 10, Judas 1,11 y Apocalipsis 2,14, donde ya solo falta decir que Balaam mató a Manolete.

Finalmente, Balaam comprende que el pueblo de Israel es grato a Dios y desiste del uso de su habilidad para lo que le pedía Balaq, de modo que se limita a cumplir el deseo de Jehová: bendecir al pueblo elegido. Sabia decisión la suya, pero tardía, pues la tomó cuando vio al ángel y cambió el sentido de su misión, o sea, se pasó con armas (el palo de pegar a la burra) y bagaje (la propia burra) al bando enemigo, el de los israelitas.

Aquí podríamos dejar tranquilamente la explicación del pasaje en cuanto a la iconografía se refiere y colocar las fotografías de los capiteles que ilustrarían la entrada, es lo que se suele hacer cuando se cuenta esta historia referida a la escultura románica, pero nosotros vamos a ir un poco más lejos.

Lo primero, antes de que se me olvide, hay que tener muy presente que el asna era cabalgadura noble en el segundo milenio a. JC,

Vosotros los que cabalgáis en asnas blancas, los que presidís en juicio, y vosotros los que viajáis, hablad. (Jueces 5,10)

Llevaron el asna y el borriquillo, los cubrieron con unas capas y Jesús montó. (Mt 21,7)

Catedral de Jaca, Huesca


Continuamos. 

Lo común, y es curiosa la coincidencia en casi todas partes, es repartir la escena en dos caras del capitel, en una está el ángel y en la otra está Balaam, de manera que la cabeza de la burra se asoma y ve al enviado de Jehová, cosa que no puede ver el jinete.

Monasterio de San Zoilo, Carrión de los Condes, Palencia


Lo cual en algún caso se consigue con gran habilidad ante la modestia y sencillez del capitel tratado, como en la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Sauca, provincia de Guadalajara.

Sauca, Guadalajara. Iglesia de Ntra. Sra. de la Asunción


Y en prácticamente todas destacan los atributos de los personajes: la espada del ángel y la vara de Balaam, pero no perdamos de vista que la burrita suele presentar las patas delanteras clavadas en el suelo para dar a entender que se niega a continuar. Otras veces se la nota el cansancio de recibir palos sin culpa.

Catedral de Autun, Francia.




Saquemos conclusiones. ¿Por qué esta historia es merecedora de figurar en representaciones románicas?

Negar que la Edad Media sentía pasión por los símbolos sería conocerla mal. Pocas épocas se preocuparon tanto como aquella de justificar los menores detalles de las Sagradas Escrituras, de adivinar conveniencias y razones, por eso es más que interesante buscar el porqué de que este episodio tan secundario aparezca tan representado. Son trepersonajes; el ángel es lo que es, no tiene vuelta de hoja. Nos quedan Balaám y la pollina.


Balaám, en el fondo y por poco que rasquemos la superficie, es un hombre que quiere servir al rey, pero tiene sus reparos con un Dios que, evidentemente, no es el suyo. Este Dios sabe que Balaám le va a fallar y, tal vez por si acaso, le da unas instrucciones para controlar su codicia.

 Hay que tener en cuenta que en esta época, la naturaleza y las propiedades del acto humano estaban poco precisadas y se consideraba pecaminoso todo acto que consciente o inconscientemente se oponía a la voluntad de Dios. De esta manera, convirtiendo a un adivino en un profeta, la cosa cambia, pues haga lo que haga, lo hará en virtud del don de la profecía que ha recibido de Dios.

Manuscrito 33, fol. 105v, 1400 a 1410, Museo J. Paul Getty


Pero el papel protagonista de la historia, queramos o no, lo representa la pobre asna, que desde su humildad se nos muestra como más sabia que el hombre, ya que ve lo que Balaam, cegado por la ocasión de ganar riquezas por el encargo real, no puede ver. Yo no puedo negar y se me tiene que notar que me cae especialmente bien la pobre borriquilla por su buen corazón, ya que abnegadamente intenta salvar a su dueño por tres veces, solo para ser castigada salvajemente con el palo otras tantas ocasiones en recompensa, hasta que Dios la hace hablar para recriminar a su amo el injusto trato. 

San Isidoro, León. Panteón Real.


¿Cómo lo vieron antes de nosotros?

Balaam es considerado como un instrumento divino para sustentar la fe en la promesa mesiánica por algunos Padres de la Iglesia; pero para otros, como Efrén de Siria, la lucidez y mansedumbre del animal merecieron que fuera identificado con la Humanidad.

Más interesante parece la interpretación que da Orígenes de Alejandría, el único Padre de la Iglesia que no fue canonizado, que la compara o con la propia Iglesia, pues es

“aplastada por el peso del pecado personalizado en el jinete impío, y por ello premiada al ser elegida como humilde cabalgadura por Cristo para su ingreso en Jerusalén.” (Marta Poza Yagüe, Universidad Complutense de Madrid Dpto. Historia del Arte I (Medieval)

Catedral de Nîmes, Francia. Friso


Este aspecto de la humildad y el servicio debió ser el que vieran los benedictinos y cistercienses y tal vez cobrara mas preponderancia por ellos la presencia de Balaam y su asna en los capiteles románicos.

“Julián de Vézelay (1138-1161) utiliza la historia como hilo conductor para explicar el capítulo 58 de la R.B. relativo a la obediencia. Según sus palabras, todo monje debe acatar sin cuestionarse las órdenes de su superior salvo en un caso: cuando estas entren en franca contradicción con la Ley Divina. Entonces, debe hablar alto y declarar que no puede obedecer porque no puede ir contra Dios, sicut asella Balaam, que habló para transmitirle las órdenes dictadas a Yahvé a través del ángel, contrarias a las recibidas por el rey Balak.” (Marta Poza Yagüe, Universidad Complutense de Madrid Dpto. Historia del Arte I (Medieval)

Claustro del monasterio de San Pedro el Viejo, Huesca

Habrá quien dude de que la asna hablara, es lógico. Para acallar esas opiniones también hay respuesta, no quiero dejarme en el tintero la explicación de San Gregorio Niceno, siglo IV:

“La burra no profirió palabra articulada, sino que lanzó un grito ordinario bajo los golpes que recibía, cuius vocen cuasi articulatam historia narravit. Balaam, que tenía el habito de sacar augurios de los gritos de los animales, comprendió fácilmente a su asna.” (Sagrada Biblia, versión crítica sobre los textos hebreo y griego. Bóver-Cantera, Madrid MXCLXI)

 

Iglesia de San Leonardo de Siponto, Italia



 Conclusión propia.

Por lo demás, esta escena bíblica tiene una interpretación algo más sencilla para mi entender. Cuando un hombre tiene sus propios planes e intenta realizarlos, si Dios no está de acuerdo, le da un toque, y si aún sigue empecinado, se lo hace saber de modos inesperados las veces que sea menester. Una segunda enseñanza sería entender como una alegoría de la soberbia porque a menudo, como le ocurre a Balaam, tratamos con personas consideradas inferiores, tal y como la asna, y que son tan importantes como el mismísimo ser soberbio que las menosprecia.

Pero como siempre digo, hay tantas interpretaciones como intérpretes, de manera que ustedes, amables lectores, también pueden expresar la suya en los comentarios a esta entrada. Este pobrecito hablador solamente llega hasta aquí.

Antonio García Francisco.

Madrid, febrero 2021

Post scriptum:

Después de acabada de escribir esta entrada, no he podido resistir la tenación de subir este cuadro del siglo XIX, obra del pintor alemán Gustav Jaeger Bileam Engel (12 de julio de 1808 en Leipzig-19 de abril de 1871 en Leipzig) donde se aprecia con gran realismo la cara de enfado del ángel, la de queja de la burra y la de arrepentimiento o sumisión de Balaam. A veces una imagen explica textos de decenas de páginas. 

Fotografía de libre disposición en WIKIMEDIA COMMONS.


Bibliografía utilizada:

La Santa Biblia, Ed San Pablo 1989

Sagrada Biblia, Bover y Cantera, La Editorial Católica, 1961

Sagrada Biblia, Nácar y Colunga, La Editorial Católica, 1962

Biblia de Jerusalén, Desclee de Brower, Bilbao 1980

LA BURRA DE BALAAM. Marta POZA YAGÜE Universidad Complutense de Madrid Dpto. Historia del Arte I (Medieval)

Fotografías propias y de Flikr.