Al concluir el glosario de términos románicos comenzado
en los fríos de enero y terminado en los calores de agosto que este Madrid nos
regala con tanto empeño,º a pesar de nuestra oposición a ellos, quisiera pedir
al lector que ha seguido todas las entradas cierta indulgencia.
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| Ventana prerrománica burgalesa. Siglos IX-X |
Como señalé al comienzo, mi propósito nunca fue elaborar
una obra de erudición académica ni un estudio exhaustivo de carácter
histórico-escultórico-arquitectónico. Mi intención ha sido mucho más modesta:
reunir y compartir el nombre y concepto de ciertos términos hasta ahora poco
conocidos por los aficionados a la contemplación y al disfrute del arte románico,
así como ofrecer fotografías para mejor comprensión de lo expuesto. Por eso, y
con ese mismo espíritu, y de manera muy parcial por mi parte, he procurado
acompañar las distintas entradas del blog con fotografías de iglesias románicas
rurales de toda España, pero siempre que he podido he introducido alguna del
Monasterio de San Pedro de Villanueva, más que nada por dar a conocer los
tesoros de esta casa tan querida por mí, donde he hecho muy buenos amigos en
conferencias, charlas y tertulias y donde tantos conocimientos he adquirido
simplemente practicando el quietismo de Juan de Mairena en la contemplación de sus
capiteles, metopas y canecillos, y que me gustaría que todo el mundo conociese. Pequeño recinto que encierra tanto románico que deslumbra al que se acerca por primera vez a tan maravilloso estilo. Sabido es
mi afecto hacia este lugar singular, hoy Parador Nacional de Turismo de Cangas de Onís, cuyas
estancias y sus alrededores invitan siempre a soñar en los duros inviernos y en las
ignoradas vidas de los monjes anónimos que durante mil años, quizá más,
habitaron, trabajaron, oraron y, finalmente, fallecieron entre sus muros. Sus
historias contadas junto al fuego, su infancia recordada de vez en cuando, sus anhelos al ingresar en la Orden, sus preocupaciones cuando ya estaban ordenados, sus miedos ante los peligros externos al monasterio, sus
alegrías cuando todo salía bien, todo, todo quedó encerrado entre estos muros que evocan un pasado que
nunca volverá a ser a pesar de que nos nos acompañan a cada paso que damos por el claustro o la
iglesia.
| Ventana absidial. Siglo XII. Románico pleno, siglo XII |
Y es que uno se pone a hablar de San Pedro de Villanueva
y no puede parar. Permítaseme haberme perdido en el relato unos momentos porque, a
fin de cuentas, San Pedro de Villanueva es el causante, cómplice y colaborador
necesario de que hoy tengamos este trabajo entre las manos. Poco es lo que nos queda de aquella casona, fundación de un rey, Alfonso I el Católico, y luego reformada en el siglo XII: un ábside con dos absidiolos
que conservan sus capiteles, interiores y exteriores, y una completa colección
de canecillos y metopas, algunos ya muy castigados por los años y el clima. A
esto, que no es poco, hay que añadir una estancia del claustro —capilla de San
Miguel la llaman—, de unas hechuras tan armoniosas y elegantes, que también
suma réditos, junto con la portada, para hacer de San Pedro de Villanueva uno
de los mejores ejemplos, si no el mejor, del románico asturiano. Resulta
inevitable pensar en lo que habría sido este monumento si hubiera llegado hasta
nosotros completamente intacto, pero eso es mucho pedir: las casas piden obras
de mantenimiento y cada una de ellas puede llegar a convertirse en una reforma;
a los ocupantes de las mismas les preocupa más la habitabilidad que la belleza,
los cánones cambian con los —muchos— años, y los estilos modernos sustituyen a
los antiguos que ya nadie comprende ni entiende. Además, es lógico que los monjes buscaran en todo momento una utilización del espacio que favoreciera su comodidad y confort.
Pero volvamos al glosario. Tengo que decir que es un
trabajo pensado para quienes se enfrentan a una terminología que constructores
y estudiosos manejan con soltura, pero que a los aficionados a veces nos vuelve locos
cuando leemos un manual o una descripción. Este glosario sirve, o pretende
servir, para perder el miedo y hablar con propiedad y sin temor a equivocarnos, por ejemplo, de lo que diferencia a una arquivolta de una chambrana o a un tejaroz de un
guardapolvo, y para saber que canecillo es lo mismo que modillón y que decir
metopa equivale a decir tabica; que lo digamos sin complejos porque sabemos de
qué estamos hablando y tengamos la seguridad de que podemos colocarnos a un
nivel de tú a tú con el más pintado.
| Ventana absidal. Románico tardío, siglo XIII |
De las fotografías, qué decir. Si es cierto que una imagen vale por mil palabras, aquí hay seiscientas quince imágenes. Seiscientas quince mil palabras ahorradas. Eso como mínimo.
Mas no solo hay fotografías. Un glosario, fríamente
hablando, es una lista de términos, normalmente de un tema concreto,
acompañados de su definición o explicación. Demasiado frío en este caso, que
se ha realizado con tanta entrega y dedicación. Nuestro glosario es mucho más
que una simple lista de palabras: es el resultado de recoger, ordenar y dar
sentido a todo aquello que hemos ido aprendiendo por el camino y que queremos compartir. Cada término
guarda un poquito de esfuerzo, de búsqueda y de dedicación. ¡Cuántas veces hemos
apuntado la palabra que decía el experto y hemos corrido a buscarla en el diccionario y a memorizarla! ¡Cuántas veces hemos callado por vergüenza de
preguntar lo que nadie preguntaba, creyendo que todos lo conocían menos nosotros, pero
resultaba que también lo ignoraban! No, no es solo una colección de vocablos,
es algo más: es el conocimiento recopilado durante años y transmitido, a veces
con nuestras palabras, a veces con las de otros, para que todos vosotros,
amigos del románico, las tengáis en la mano y en la mente cada vez que las
necesitéis y comprendáis la inteligencia secular que cada término que, una vez
llevado a la piedra por un maestro, está gritando su sabiduría y escondiéndola al mismo
tiempo.
| Arco túmido. Románico de frontera, siglo XIII |
En resumen, y después de bastante trabajo para quien hace esto por afición, este glosario representa un pequeño mapa de lo aprendido; está hecho con paciencia y cariño, concebido para que cada palabra encuentre su lugar y pueda seguir ayudándonos a comprender, recordar y descubrir. Ni más ni menos.
Y nada más, solo queda decir que, si en enero hubiera
sabido lo trabajoso que iba a resultar, no lo hubiera hecho, pero hoy ese
trabajo se ha visto compensado con la satisfacción de contemplarlo acabado y, paradójicamente, me hubiera gustado saber hacerlo más extenso, y esto da ánimos
para emprender nuevos proyectos, siempre para mayor difusión de un estilo tan
armonioso, sencillo, interesante y seductor como es el arte medieval que se
expandió como la luz del sol por toda Europa, para asombro nuestro y de los
habitantes de aquella época tan convulsa histórica y socialmente, que tan
felices se sentirían si pudieran ver lo felices que nos hace su arte.
Seguiremos viéndonos en este blog… si Dios quiere y la
fortuna de la vida nos acompaña, lo cual no es poco pedir.
Salud y Románico, amigos. Y buen tour des compagnons;
recordad siempre que la vida es breve y el arte es inagotable.
Antonio García Francisco.
Madrid, agosto de 2026

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