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miércoles, 16 de diciembre de 2020

Hallazgos casuales (o no tan casuales) en las bibliotecas.

 


Brujulear en la Biblioteca Nacional puede llegar a convertirse en una verdadera pesadilla. Estos días, investigando a mi manera -por llamarlo de algún modo-, sobre los personajes que fueron clave en el reconocimiento como monumento nacional del exmonasterio benedictino de San Pedro de Villanueva, dio un salto ante mis ojos el asturiano D. Julián Suárez Inclán, de quien ya hablamos en otro momento y de los muchos cargos que ostentó, aunque en el presente lo que nos interesa es que fue académico de número en la Real Academia de la Historia.


     Y hurgando, a poco que arañemos en la superficie, nos topamos en el Boletín de la Real Academia de la Historia, Tomo 41, año 1902, Cuadernos I-III. Julio-Septiembre, 1902,  con un artículo suyo, firmado el 27 de junio de ese año, que comienza con estas palabras, cito textualmente con la ortografía de la época: 

“La obra Asturias publicada por los Sres. D. Octavio Bellmunt y Traver y D. Fermín Canella y Secades, consta de tres tomos voluminosos, en que se hallan intercalados 477 fotograbados, fototipias y dibujos hechos en la importante villa de Gijón.

Elogio sincero merecen los Sres. Bellmunt y Canella, que con vigoroso ánimo realizaron á costa de multitud de esfuerzos, de sacrificios y gastos sin cuento una labor que, por lo que atañe á la comarca asturiana, aumenta considerablemente el caudal de conocimientos históricos y geográficos.”

 

     Si seguimos leyendo descubrimos que

“Los dos primeros volúmenes de la publicación comprenden trabajos minuciosos relativos á Oviedo, Gijón, Avilés y trece concejos más, y en el tomo tercero se describen los restantes términos municipales, hasta los 79 que existen en Asturias, realizándose de tal suerte un estudio completo geográfico, histórico y artístico del antiguo Principado. - Y cual si eso no fuera bastante, allá van intercaladas interesantes monografías, destacando la inmortal Covadonga con relieve acomodado á su significación grandiosa, exponiendo costumbres y tradiciones características, 0 sacando del cuadro de conjunto para encerrarlos en marco especial, personalidades salientes, trabajos curiosos de heráldica municipal, hechos preeminentes en el gobierno de Asturias v sucesos culminantes de pasados tiempos.”

   Salta el resorte que urge a movernos. Hay que localizar este libro para buscar Cangas de Onís. Y es localizado con un poco de paciencia. Fue publicado antes de 1895 en forma de fascículos y aparece como un tocho de tres volúmenes con más de dos mil páginas en total.

Paciencia, paciencia, ya avisaba el señor Suárez Inclán que era voluminoso. Llegamos al tomo II y ahí aparece, en la página 11, Cangas de Onís, con información verdaderamente muy interesante, pero sigo adelante a ver lo que hay de San Pedro de Villanueva, no sin antes dejar constancia de la apreciación que se hacía del puente romano a finales del siglo XIX, con una fotografía de la época tomada del libro:




Creemos que para algún lector del siglo XXI podría ser interesante, o como mínimo, curioso, copiar todo el capítulo dedicado a Cangas de Onís escrito con la visión del siglo XIX, en algún momento podremos fotografías de esas páginas.





 

Decíamos que llegados al Volumen II ya nos topamos con San Pedro de Villanueva (fotografía del libro):



Nos hace la descripción bastante buena tanto del exterior como del interior, abundando en la historia del malhadado rey Favila. Se puede ver en las fotografías de las páginas,




 

Todo ello con sus notas explicativas correspondientes:




    No es necesario reproducir los textos porque se puede leer directamente de la fuente, aunque sí se puede agrandar alguno interesante, como el que hace alusión, suponemos, a los canecillos exteriores (se pregunta el autor qué significan, y sobre todo, por qué se consienten “en la casa del Señor” Phalos, regiones glúteas,  hipogastrios de mujeres en el acto del alumbramiento y otras figuras indecorosas) porque nos dan una idea de cómo cambió la mentalidad del pueblo (y de la Iglesia) desde el siglo XIII al siglo XIX, aunque muy honestamente reconoce, dejando a salvo al clero de la época, que hay que ponerse en otro plano de la realidad y concluye que 

“Cuestiones son estas de difícil solución, pues para ello preciso sería tener cabal idea del estado social del pueblo y del clero que, si no inspiraba, por lo menos toleraba la aparición de semejantes obscenidades.”

        Hoy en día esa cuestión del erotismo románico, bizantino dirían ellos, está muy superada, aunque, lamentablemente, se han perdido por el camino muchas obras de arte que no eran del gusto de los censores de cada época.

        Ya de paso, como colofón a la monografía dedicada San Pedro de Villanueva, hace alusión a la pila bautismal que se encuentra reproducida "en la cabecera de esta monografía.



En fin, poco más que comentar, las fotografías son fieles notarios de lo que fue escrito hace ahora casi un siglo y cuarto y ahí están para dar fe de lo aquí escrito.


Antonio García Francisco, diciembre 2020














martes, 15 de diciembre de 2020

Dos asturianos y un madrileño, personas clave en la declaración de Monumento Histórico del exmonasterio benedictino de San Pedro de Villanueva.

 


Aunque probablemente fueron muchas personas las que intervinieron en los hechos que terminaron por reconocer el exmonasterio de San Pedro de Villanueva como monumento nacional, entre ellas S.M el Rey D. Alfonso XIII que firmó la Real Orden del 31 de julio de 1907, publicado en la Gaceta de Madrid (origen del BOE) el 6 de agosto del mismo año, destacan especialmente dos asturianos y un madrileño que fueron quienes movieron los hilos en Madrid.

A pesar de ser personalidades muy conocidas en su época, apenas cien años después casi nadie sabe quien fueron, motivo por el cual vamos a dejar aquí una breve reseña de sus biografías.


El primer asturiano, afincado en Madrid, que aparece en nuestra historia es D. Julián Suárez Inclán.

Natural de Avilés, nació en 1848 en el seno de una familia acomodada que como mínimo deberíamos decir que pertenecía a esa especie de la aristocracia local que se daba en la España del siglo XIX. Su padre era abogado y diputado primero por Oviedo y luego por Avilés Por los vaivenes políticos de la época sufrió destierros, pero entre otros desempeñó cargos de Gobernador civil de Canarias y Cuenca, llegó a ser senador vitalicio, Subsecretario de Gobernación y Ministro de Ultramar.

Todo apuntaba a que nuestro hombre seguiría la carrera de la política, como hizo su hermano que fue ministro de Agricultura, Industria, Comercio, Obras Públicas y Hacienda, pero se inclinó por el Ejército ingresando a la edad de 14 años en la Escuela de Estado Mayor. Era una época convulsa y a los 18 participó en la represión de la sublevación del cuartel de San Gil de Madrid el 22 de junio de 1866, en la que se pretendía la destitución de Isabel II, también conocida como la sublevación de los sargentos. Su comportamiento le valió ser condecorado con la Cruz Roja de Primera Clase del Mérito Militar; a los 19 años ya era teniente.

Al año siguiente ascendió a capitán por méritos de guerra, las cosas fueron rodando, pero dato curioso: en 1886 pidió una excedencia porque fue elegido diputado por Pravia, pero el escalafón siguió corriendo y en 1892, con cuarenta y cuatro años de edad alcanzó el empleo de coronel.

      Se le pidió en 1895 que regresara al Ejército y accedió, fue enviado a la guerra de Cuba como jefe de Estado Mayor del Segundo Cuerpo de Ejército, donde demostró una vez más su valía y al año de llegar fue ascendido a general de brigada. A los dos años regresa enfermo a España y es ascendido a general de división, pero decide dedicarse de lleno a la política como diputado por Pravia, cargo que renovó durante muchos años.

Fue hombre muy activo y presidió muchas comisiones parlamentarias de verdadero interés para España, no de simple postureo para cobrar dietas. Escribió muchos libros de Historia y de técnica militar y la Repúlica Francesa le conedió la Legión de Honor.

      Para lo que interesa a nuestro tema, en 1900 asumió la presidencia del Centro Asturiano de Madrid y ahí es donde le encontró la solicitud del cura de Villanueva, en su cargo de presidente del Centro Asturiano y diputado por Pravia.

El primer escollo estaba salvado.

 

    Nuestro segundo asturiano ilustre con nombre propio en esta historia es D. Faustino Rodríguez San Pedro Díaz-Argüelles, nacido en  en Gijón en 1833, bisabuelo del famoso Rodrigo Rato Figaredo, el expresidente del FMI y luego de Bankia, y de los ex consejeros del Gobierno de Asturias Santiago Menéndez de Luarca Navia-Osorio (Agricultura) y José María Navia-Osorio García-Braga (Sanidad).

    Su currículum es también alucinante:

    Abogado, empresario (accionista mayoritario de la fábrica de tejidos La Algodonera, en Gijón; de la Sociedad Fomento de Gijón, propietaria del puerto carbonero, y de la Azucarera de Veriña, introductora en España del cultivo de la remolacha azucarera, diputado por Gijón, por Alcoy y por Pinar del Río (Cuba); concejal del Ayuntamiento de Madrid, senador vitalicio, vicepresidente del Senado, ministro de Hacienda, ministro de Estado; presidente del Consejo de Administración de los Ferrocarriles del Norte que logró de Francisco Cambó, Ministro de Fomento, la electrificación del puerto de Pajares, desde Ujo a Busdongo.    

      Alcalde de Madrid. Una de las primeras disposiciones que adoptó desde el cargo fue la plantación de 50.000 árboles en los terrenos de La Elipa. 

·      En 1907 este hombre se nos desborda, ha sido nombrado ministro de Instrucción Pública –con Antonio Maura, y en este cargo es donde lo encuentra el cura de Villanueva para que dé impulso a su solicitud, cosa que indudablemente hizo. Es importante tener en cuenta que el diputado D. Julián Suárez negociaría con él la tramitación del expediente del monumento. 

·      Para demostrar su calidad humana y política, baste decir que dio decidida ayuda a la Institución Libre de Enseñanza a pesar de estar en desacuerdo con sus ideas.

      Antes de acabar, diremos que creó la Escuela Superior del Magisterio las de Ingenieros y Peritos Industriales, y la de Comercio; en Gijón también creó la Escuela de Peritos Industriales y la de Comercio y fue reconocido como hijo predilecto de la Villa. 

    Retrato de Rodríguez San Pedro.

 

    El tercer personaje que aparece en nuestra historia es D. Enrique Serrano Fatigati, madrileño de padre valenciano y madre portuguesa de origen napolitano.

     Su padre fue secretario del Rey, y aunque le correspondía ingresar en la escuela de guardiamarinas, decidió estudiar Física y Química, llegando a doctorarse en ambas materias. Estudió en el instituto de Noviciado, hoy Cardenal Cisneros, del que fue catedrático, y luego en la Universidad Central (la puerta de más arriba) donde se doctoró en Física y Química. Antes de llegar al Cardenal Cisneros, fue también catedrático en CuencaLa Coruña y Ciudad Real, además de ingeniero de los ferrocarriles de la línea Madrid-Badajoz, lo que le permitió viajar mucho  y fijarse en los monumentos de España, lo que le permitió escribir varias obras sobre muchos de ellos.

     En lo que interesa a nuestra historia, fue nombrado en 1901 académico de turno en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y posteriormente secretario general desde 1904 hasta 1918, lugar donde le encuentra la instancia del cura de Villanueva que le remitieron más que probablemente los asturianos D. Julián Suárez Inclán y D. Faustino Rodíguez San Pedro. ¿Cómo decir que no a otro académico como él y a todo un ministro de Instrucción Pública siendo un atedrático de instituto?

     Pues ahí tenemos la relación causa-efecto. El cura de Villanueva supo elegir el momento más adecuado y consiguió sus fines.

      Para acabar, D. Enrique Serrano escribió infinidad de libros, no solo de Física y Química, sino también de arquitectura medieval y gótica, pintura, escultura, códices, filosofía, ingeniería, Historia, música, meteorología, arqueología, historia natural, medicina, botánica, moda… Todo un hombre del Renacimiento a caballo entre los siglos XIX y XX.

 


 Retrato de Serrano Fatigati.

 

    Aquel año de 1907 fue fecundo, pues no podemos acabar sin decir que por la mano del diputado por Infiesto y ministro sucesivamente de Hacienda (dos veces), Fomento y Economía Nacional, madrileño oriundo del Oriente Aturiano, D. Manuel de Argüelles y Argüelles, se solicitó y y fue concedida por Real Decreto de Gobernación de 23 de junio, la consideración de ciudad, con el título de excelencia a su Ayuntamiento, a la villa de Cangas de Onís. Pero eso ya es otra historia.




 Ni qué decir tiene que la noticia tuvo gran repercusión en la prensa nacional, aquí dejamos una muestra del diario EL DÍA del 24 de junio de 1907, 

Antonio García Francisco, diciembre 2020

jueves, 10 de diciembre de 2020

Desde la portada de la iglesia de San Pedro de Villanueva (IV)

 

Cuando comento la interpretación de alguna escena representada en capiteles o canecillos románicos, siempre advierto de que soy un aficionado, un observador que medita sobre lo que ve y trata de entenderlo. Ni he cursado estudios de Historia del Arte ni me he dedicado a ello; simplemente, parafraseando a Antonio Machado, en su personaje Juan de Mairena, entiendo que “La gracia está en pararse a ver, a contemplar, a meditar, en consagrarse un poco a las actividades quietistas”, porque para Antonio Machado, aprender a vivir es aprender a detenerse. 

 ¿Y dónde detenernos mejor que ante un libro de claves y mensajes escritos en piedra, que nos va a ayudar a ver con los mismos ojos que vieron nuestros antepasados? Es bonito tratar de descubrir los mensajes que nos legaron hace novecientos o mil años por medio de una imagen o un símbolo, incluso una marca esculpida, pintada o dibujada. A veces basta con ver la talla en piedra para decir con seguridad y algo de certeza lo que representa; en otras ocasiones la cosa se puede complicar y tarda varios meses en llegar lo que en otros tiempos era obvio. Y en muchos casos no llegamos a entenderlo.

Este preámbulo viene a cuento de que hace unos días, en este blog, dejé en el aire una posible segunda pista que avalaba la teoría de que los capiteles de la portada de la iglesia del exmonasterio de San Pedro de Villanueva sí tienen que ver con la historia sobre la muerte de Favila, y que en cierto modo viene a ratificar lo que expuse de que “un rey mató a otro rey”. La primera pista era la presencia de una anfisbena al final de la serie y ya dije lo que significaba, aunque abundaré más en ello. 

Anfisbena en S. Pedro de Villanueva

Por favor, quedémonos con la escena del penúltimo capitel: un monstruo ha devorado a un hombre y los ángeles salvan a otro. Ésta es la escena que comenté como primera clave que avala la teoría. Quedamos en que estamos ante una anfisbena, que se trata de una criatura mitológica de la que ya hablamos y resumo para no tener que volver atrás con la lectura: se decía que nació de las gotas de sangre que vertió la cabeza de Medusa cuando Perseo la llevaba colgando en su vuelo sobre el desierto, después de matarla, siguiendo instrucciones de Atenea. Cuerpo de serpiente con una cabeza en cada extremo, patitas como de gallina y alas; justo como la “escribió” nuestro anónimo cantero en el capitel. 

Su finalidad principal era devorar hombres. Plinio dice que seguía a los ejércitos para comerse los cadáveres que iban dejando a su paso, de manera que se suele identificar casi siempre con todos los vicios y pecados que dominan y matan a los humanos: la crueldad, la soberbia, la maldad, la indolencia, la codicia, la envidia… pecados que devoran a sus desgraciados poseedores, los cuales ya están muertos espiritualmente.


 Con el tiempo llegó a ser considerada símbolo del bien y del mal porque podía ir en dos direcciones a gran velocidad. ¿Podríamos decir que ha devorado a un hombre malo, muerto espiritualmente, y que los ángeles tratan de salvar a un hombre bueno, muerto injustamente, que va a ser devorado por la otra cabeza? En este punto lo dejamos en la anterior entrada.



Ahora vamos a la segunda clave avalista de la teoría de la saga de Favila, rey de la llanura, y Alfonso I, el rey que vino de La Montaña. Se trata de un capitel del interior del templo, representa a un guerrero luchando contra una erinia.

De las erinias también se podría hablar mucho, tanto como de las anfisbenas o más, pero hay que abreviar. Dejémoslo en que, al igual que la anfisbena, nacieron de unas gotas de sangre, en este caso de las que derramó Urano al ser castrado por su propio hijo, Cronos. Tanto miedo despertaban entre los griegos que para evitar pronunciar su nombre se referían a ellas como "las Euménides"

Erinia en San Pedro de Vilanueva

 Ahora hagamos un inciso para pensar y relacionar.

En cierto sentido, esta es la primera gran injusticia cometida desde la creación según el conocimiento de los griegos en su mitología. Pero… ¿y para los cristianos? ¿Cuál fue la primera injusticia cometida desde la Creación? ¿No fue acaso la muerte de Abel a manos de Caín, un hermano matando a otro? En ambos casos, sangre inocente derramada por un pariente muy cercano.

 Ojo, no perdamos esta pista, Alfonso era hermano político de Favila.

Volviendo a la erinia, su nombre literal significa colérica, y su misión era perseguir sin tregua a todos los que transgredían la ley natural, los que derramaban sangre injusta e indiscriminadamente y, sobre todo y ante todo, a los criminales que mataban al padre, la madre, a os hijos o a los hermanos, también todos los crímenes dentro del seno de la familia. Se identificaban en el mundo antiguo con la conciencia, como los remordimientos y como las guardianas del orden y leyes naturales.

Eran representadas como una serpiente con patas acabadas en garras, con alas y cabeza de perro. Cuando se representan luchando contra "sus víctimas" son muy fáciles de confundir por el ojo poco entrenado con la escena del bien luchando contra el mal, o con la del arcángel o San Jorge luchando contra el dragón. Pero también hay que decir que la gran diferencia es que, si el bien siempre vence al mal y San Jorge y/o San Miguel vencen al monstruo, en el caso de las erinias siempre vencían ellas y sus víctimas siempre perecían. Porque… ¿Quién puede o podría escapar a su conciencia acusadora y a los remordimientos de algo mal hecho, máxime si es el asesinato de un hermano?

Erinia en Rebolledo de la Torre, Burgos

¿Y por qué la Erinia

¿Y por qué las crónicas no dicen de Favila y el oso más que eso, que un oso mató al rey de los astures? 

¿Y por qué al cabo de más de mil años circula todavía esa otra opinión de que en el relato hubo trampa? 

¿Habrá que volver a sospechar que estamos ante un rey matando a otro rey? 

¿El oso, quizás símbolo del rey de La Montaña, matando al rey de la llanura? 

Quedó claro que la actual Cantabria es parte de lo que todavía hasta el siglo XIX se llamaba La Montaña. ¿Y por qué esas prisas en Ermesinda, hermana de Favila, para que su marido, rey ahora de astures y cántabros, edificara una iglesia en memoria de su finado hermano? ¿Cargos de conciencia? ¿Remordimientos quizás? Lo cierto es que tenemos a una erinia trabajando.

 

Pues ahí está el otro capitel, compañero del de la anfisbena de la portada, colocado en un lugar de honor, ante el espacio destinado a Dios, en el arco triunfal: un hombre luchando contra una erinia, en el interior del templo, y para mí, o para mi imaginación, es un recordatorio de lo que se nos cuenta en la entrada: un rey mató a otro rey y para lavar la conciencia y acallar sus remordimientos, quiso ponerse a bien con Dios a la manera de entonces y mandó edificar una iglesia, a instancias de su esposa, hermana de la víctima, que puede que también los tuviera, y para recordarlo eternamente ahí está la erinia, la gran justiciera o la gran vengadora de la sangre vertida en la familia. El caballero se cubre con su escudo, la erinia, nacida de la sangre de Urano, vengando la sangre derramada de no se sabe quién, aunque lo sospechamos, lo muerde furiosamente. Por su parte, la anfisbena, nacida de la sangre de la gorgona Medusa, que en la portada devora a un hombre mientras que los ángeles salvan a otro, cuya sangre posiblemente haya sido derramada por el devorado, también realiza su función informativa. Sangre inocente y sangre culpable y unos símbolos de castigo en ambos casos. 

Siempre sigo tres reglas: que hay tantas interpretaciones como intérpretes, que la solución más sencilla es la más probable y que nadie daba puntada sin hilo.

 Esta es mi interpretación del porqué de que haya una erinia dentro de un templo, lo facilón sería decir que es una psicomaquia, o sea, una lucha idealizada entre la Virtud (el guerrero) y el Vicio o el Pecado (el dragón), pero con el antecedente de la anfisbena que nos han contado los monjes en el libro que hay escrito en la portada, y teniendo en cuenta que hace novecientos años los hombres conocían hechos relativamente recientes, cuatrocientos años de posible tradición oral hoy perdida, apenas diez generaciones, la cosa cambia, me inclino a lo que mi imaginación y la solución más sencilla me dictan. La Erinia nacida de la sangre de Plutón, vengadora de los delitos de asesinatos cometidos dentro de la familia; la lucha del hombre contra sus remordimientos, y después la portada con la Anfisbena, la hija de la sangre de la gorgona Medusa, la gran devoradora de cadáveres de hombres, muertos física o espiritualmente, y el posible factor común de una muerte sin justicia ni venganza, me llevan a conclusiones claras. Dos claves en el mismo sentido y en piedra para ser recordadas durante siglos.

Naturalmente, también puede ser una casualidad, aunque se dice que las casualidades no existen, lo que existen son las coincidencias. Y las reincidencias, diría yo.

Como decían los cómicos hace unos siglos al acabar la función, mi intención es entretener y si lo he logrado, con vuestro aplauso me sentiré cumplidamente pagado. Sean indulgentes vuesas mercedes y consideren que “Se non è vero, è ben trovato.”

Antonio García Francisco. 

Madrid, Diciembre 2020

martes, 8 de diciembre de 2020

El Meteorito de Cangas de Onis

 




El 6 de diciembre de 1866 los habitantes de Cangas de Onís y de las aldeas circundantes oyeron un ruido proveniente del cielo parecido al de una locomotora. Los que pudieron dirigir su mirada al cielo vieron con toda nitidez cómo una nube blanquecina se venía rápidamente hacia ellos desde el Norte, 'arrojando chispas', es decir fragmentos de un meteorito, que cayeron al suelo. Los que impactaron cerca de lugares habitados fueron recogidos y algunos de ellos estaban todavía calientes. Según las observaciones que pudo recoger Manuel González Rubín, entonces farmacéutico de Cangas de Onís, el ruido se oyó más intensamente en varios puntos distantes de Cangas que en la propia ciudad; él mismo dice no haber oído nada desde el interior de su farmacia, donde en esos momentos se encontraba. Manuel González Rubín se interesó de una manera especial por este suceso y fue a diversos lugares de la región para recoger información y material.


El 6 de diciembre de 2016, 150 años después de la caída del meteorito, tuvo lugar un acto en la Casa de Cultura de Cangas de Onís recordando tal acontecimiento con una Conferencia ofrecida por Luis Miguel Rodríguez Terente, Director del Museo de Geología  de la Universidad de Oviedo. María José y José Antonio Valdés González-Rubín, bisnietos del farmacéutico, entregaron al Rector de la Universidad un nuevo fragmento del meteorito que la familia había conservado con extremo cuidado. En el Museo de Geología  de la Universidad de Oviedo pueden observarse varias piezas del meteorito de Cangas de Onís, además de en otras 25 instituciones del mundo que conservan alguno de sus fragmentos. 


Queremos recordar hoy a Dulce María Prida Vega, promotora del acto conmemorativo de los 150 años del meteorito de Cangas de Onís.


Antonio del Solar

Casa de Cultura de Cangas de Onís

lunes, 7 de diciembre de 2020

El pirata asturiano que derrotó a Pata de Palo

 Rebuscando y rebuscando, uno siempre encentra algo. Esto es lo que me ha pasado en mi afán de encontrar por la red "algo de curiosa historia"

A lo largo de la infancia, a los niños nos fascinaban, por lo menos a mí, las películas de piratas. Todos y cada uno eran fieros enemigos del todopoderoso imperio español, y todos y cada uno soñaban con la difícil tarea de capturar las riquezas que la Flota de Indias trasladan de las ricas tierras de Tierra firme, como llamaban a la parte continental. Abierto este apartado hay que llegar a puntualizar que solo en tres ocasiones en mas de 250 años,la flota de Indias fue apresada, por mucho que hollywood nos quiera hacer  creer lo contrario ; una en 1657, en Tenerife, otra en 1702 en Vigo y la última en 1804, cuando ya prácticamente no existía.

A lo largo de los años de nos os preguntasteis si no había piratas españoles???? 

Llegado a este punto hay que diferenciar dos términos, creo que muy importantes, a los que se hace referencia  cuando surge este tema. Que diferencia existía entre corsarios y piratas???

.Los primeros eran marinos al servicio del un Rey y en tiempos de guerra, lo cuales rendían cuentas al monarca que los contrataba. En cambio los piratas eran prófugos de la justicia con el único interés de enriquecerse.

Retomando la primera pregunta he encontrado la historia de un corsario español y asturiano.

El articulo en cuestión lo publico el diario El País el 2 12 219 y esta escrito por Vi nete G. Olaya



La Florida, en el 'Theatrum Orbis Terrarum' (1584), de Abraham Ortelius.
La Florida, en el 'Theatrum Orbis Terrarum' (1584), de Abraham Ortelius. MUSEO NAVAL DE MADRID


Si alguien tiene 19 hermanos reconocidos (fuera del matrimonio no sabe cuántos) y sus padres están a punto de morir, la posibilidad de recibir algo sustancioso de herencia es bastante escasa. De ese escenario, con solo 14 años, escapó Pedro Menéndez, que a los 16 se hizo grumete en un barco militar y a los 19 compró un patache (un barco ligero y rápido) para comenzar una prometedora carrera de pirata en aguas del Atlántico, donde el flujo de personas y riquezas en el siglo XVI hacía pensar que los abordajes eran una forma de ganarse la vida más segura. Así, más o menos, comienza el libro V centenario del nacimiento de don Pedro Menéndez de Avilés, que el Ministerio de Defensa ha editado sobre la vida de este asturiano que pasó de pirata a corsario, luego a almirante, llegando a general de Indias, gobernador de Cuba, fundador de la primera ciudad europea en Estados Unidos y vencedor del temible pirata francés Pata de Palo. Entre otros muchos. 




El libro, que recoge las conferencias que seis historiadores impartieron en marzo pasado durante las LVIII Jornadas de Historia Marítima, conmemora el quinto centenario del nacimiento del “corsario del rey” Carlos I y “comandante de las escuadras” de Felipe II. Marcelino González Fernández, capitán de navío y uno de los autores, explica que la figura de Menéndez de Avilés “es muy desconocida, aunque protagonizase grandes enfrentamientos con corsarios, piratas o temporales”. Los corsarios se diferenciaban de los piratas en que los primeros recibían de los reyes lo que se denominaba "patente", permiso que les autorizaba a asaltar cualquier nave enemiga sin consecuencias legales. Los piratas, no.


En 1539, cuando Menéndez de Avilés tenía solo 20 años, una escuadra francesa de ocho naves apresa, en aguas de Vigo (Pontevedra), a tres pequeñas naves españolas que transportaban un cortejo nupcial de 60 personas. Los franceses raptan a la novia y Menéndez de Avilés, al saberlo, con su pequeño patache se lanza a rescatarla “a la mayor velocidad que podía, haciendo sonar el pífano, el tambor y desplegando gallardetes”. Al llegar a la altura de la escuadra, les reclama la rendición y la entrega de la joven. Los franceses le responden, entre risas, que “subiera a buscarla”. El joven marino inició entonces una maniobra de huida que provocó que tres barcos franceses comenzasen su persecución. De repente, giró 180 grados, apresó a dos de ellos y el tercero huyó. El resto de la flota se rindió y le entregó a la mujer y a sus 59 acompañantes.
Sello para conmemorar el 450º de la Fundación de San Agustín, con la imagen de Pedro Menéndez.


Su valor y fama hicieron que el archiduque Maximiliano II de Augsburgo le encargase que persiguiera al francés Alphonse de Saintonge. Recuperó así, frente a las costas de Nantes (Francia), cinco de los barcos apresados por el corsario, al que además dio muerte. El hijo del fallecido, Juan Antonio Alfonso, decidió vengarse. Así que esperó a Menéndez en Canarias y entabló batalla. El asturiano lo derrotó.

Su prestigio llamó la atención de Carlos V, que “le concedió la primera patente oficial de corso”, señala González Fernández. Con aquel documento en la mano, Menéndez se dedicó a asaltar cualquier barco que no fuera de la corona española en las aguas de América.

Felipe II lo nombró, posteriormente, “capitán general de Armada y de las flotas de la Carrera de Indias”. En uno de sus viajes se encontró con el corsario François Le Clerc, el famoso Pata de Palo, el mismo que había saqueado Cuba, La Española y Santa Cruz de la Palma. Hundió uno de sus barcos y los siete restantes huyeron.

En 1565 recibió la orden real “de eliminar a todos los protestantes que se encontraran en cualquier resguardo de las Indias”, explica Magdalena de Pazzis, profesora de Historia Moderna de la Universidad Complutense de Madrid. En la bahía del río San Juan (Florida) se topó con una armada francesa, que huyó al verlo. Allí mismo levantaría la población de San Agustín y tomó posesión de sus tierras. Pero unos meses después, diez barcos franceses, al mando del oficial Jean Ribault, contratacaron. Felipe II les mandó personalmente a Menéndez de Avilés con cuatro naves.

Pero un fuerte temporal, antes de la batalla, hundió la flota francesa. El asturiano aprovechó esta ventaja para desembarcar con 500 hombres en la costa, de los que perdió 100 en tres días de marcha “por terrenos pantanosos, con cieno hasta las rodillas, arreciando la lluvia y mojándose las municiones”. Alcanzó el fuerte francés de Fort Caroline el 20 de agosto de 1564. Mató a la mayoría de los 150 habitantes de la colonia, “de los que solo unos pocos podían defenderse”.

Los supervivientes, entre los que se encontraban soldados de la armada hundida, huyeron a los bosques, donde fueron exterminados por los indios. El lugar del asentamiento francés se conoce, desde entonces, como bahía de Matanzas y pronto se convirtió en parte de la leyenda negra. Se realizaron grabados “que incluían escenas como asesinatos de hombres indefensos, con los ojos arrancados, las mujeres forzadas y los niños pasados a cuchillo”.

Menéndez de Avilés murió a los 55 años víctima del tifus. “No se trata de justificar hechos propios del siglo XVI desde planteamientos actuales, sino de emplazarlos en su tiempo y en una forma distintas de ver las cosas”, dice De Pazzis. “Menéndez de Avilés fue un hombre leal a su Estado y un esforzado católico de su tiempo, con todo lo bueno y lo malo que esto significaba”. 

EL 'JAMES BOND' DE FELIPE II


Tal era la confianza de Felipe II en Pedro Menéndez que ordenó que le acompañase el 13 de julio de 1554, zarpando del puerto de La Coruña, con una flota de más de 70 barcos y 4.000 personas (la mayoría nobles de Castilla) con destino al puerto inglés de Southampton. El monarca iba a contraer matrimonio con la reina de Inglaterra, María Tudor. Celebrada la boda en la catedral de Winchester, se volvió a España para informar a Juana, hermana de Felipe, de que todo había salido bien. Luego se embarcó como capitán general de la flota de Indias y se fue a América a seguir luchando en nombre del rey.

En 1557, recibió otro encargo real: transportar a la princesa de Éboli a Calais (Francia). Pero un temporal le impidió cumplir lo ordenado por el rey, así que intentó atracar en el puerto inglés de Dartmouth hasta que amainase la tormenta. Pero el alcalde se negó a recibir a la comitiva y colocó unas cadenas en el puerto para evitar el atraque. Menéndez tomó entonces una lancha y desembarcó en la costa de noche. "Con gran arrojo e interviniendo personalmente forzó los mecanismos y logró bajar las cadenas". En una película (española) podría haber dicho: "Me llamo Menéndez. Pedro Menéndez".


https://elpais.com/cultura/2019/11/22/actualidad/1574428167_868594.html



jueves, 3 de diciembre de 2020

ANTONIO GARCÍA FRANCISCO. Desde la portada de la iglesia de San Pedro de Villanueva (III)

      En el relato de las vicisitudes por las que pasó el exmonasterio de San Pedro de Villanueva hasta que fue declarado monumento nacional, nos quedamos en la solicitud del párroco y los vecinos y el gran empuje que le dio el asturiano D. Julián Suárez Inclán. 


     Para cerrar este episodio solamente nos queda transcribir el dictamen que elevó la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en la persona de su secretario general, D. Enrique Serrano Fatigati


y el texto con que se publicó en la Gaceta de Madrid con la firma del asturiano de Gijón (¿se acuerdan de aquello de los padrinos y los bautizos?) D. Faustino Rodríguez SanPedro,

que había sido diputado por Alicante y Cuba, senador, alcalde de Madrid,  ministro de Hacienda, ministro de Estado y que por aquelos días era ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes. Dato curioso: el bueno de D. Faustino fue bisabuelo del famoso Rodrigo Rato Figaredo, el presidente del FMI y luego de Bankia, y de los ex consejeros del Gobierno de Asturias Santiago Menéndez de Luarca Navia-Osorio (Agricultura) y José María Navia-Osorio García-Braga (Sanidad).

Pues bien, éste es el informe elevado por el señor Serrano Fatigati, conservando la ortografía de la época. Tiene su interés leerlo porque encontraremos otra descripción de nuestro edificio:

"Dictamen de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. 

Excmo. Sr.: 

    Tres kilómetros antes de llegar á Cangas de Onís, como se va de las Arriondas á Covadonga, se encuentran los restos del Monasterio Benedictino de San Pedro de Villanueva, separado de la carretera por el río Deva y unido á la vez á ella por un puente. 

    De dar crédito á Sandoval, habría de admitirse que fué erigido en el siglo VIII, ya que él célebre Obispo cita una escritura, fechada en Febrero del 746, en que Alfonso el Católico le hace donación de varios lugares y territorios. 

    Nadie ha visto luego dicho documento, ni ha podido comprobar la exactitud de los datos en él contenidos, como no es posible tampoco saber cuál es el fundamento de la tradición que supone haber sido depositado el cuerpo de Favila bajo el suelo en que se asienta el edificio. 

    La triple cabecera de la iglesia y la portada de la misma son las únicas partes de la fabrica hoy subsistente que tienen verdadero interés artístico. 

    De una á otra corría en el siglo XVI una nave central y dos laterales, bien conservadas y con rica ornamenatción, al decir de Ambrosio de Morales; pero en la siguiente centuria debieron éstas resquebrajarse ó caerse y ser sustituidas por los antiartísticos paredones que han puesto una estancia rectangular por cuerpo del templo.

El ábside y la puerta presentan todos los caracteres de las construcciones del siglo XII; con su planta semicircular aquéllos, con sus cornisas llenas de canecillos esculpidos con las columnitas que dividen en tres fajas verticales la parte exterior del presbiterio, con las impostas de ajedrezados que se extienden á diversas alturas y con las archivoltas de medio punto en la abocinada puerta que apean columnas con capiteles historiados.

Desde el punto de vista arquitectónico no tiene el edificio un mérito excepcional que permita estimarle superior á los muchos y muy bellos ejemplares del arte románico que poseemos en España; la escultura que le decora es, en cambio de tipo singular, tanto por los asuntos tratados en los relieves como por la factura de las figuras, que la aproxima más á la de otras comarcas nacionales y extranjeras que á los demás monumentos de igual período que enriquen [sic.] Asturias.

En una de las puertecillas que unen al altar mayor con los no [sic.]  laterales se ven á derecha y á izquierda las representaciones de la lucha del hombre con la fiera ó el monstruo, no ciertamente porque allí preocupara al escultor la imagen de la sangrienta muerte de Fávila, como dice Quadrado en su libro de Asturias y León, y sí con mayores probabilidades de exactitud por reflejarse en el ingreso de San Pedro de Villanueva, del mismo modo que en cien claustros y otros recintos, la serie de las representaciones del eterno combate del
hombre contra sus enemigos naturales, que comienzan ya en la época del Orbud asirio, siguen por el Sigfrido alemán y otros Sigfridos escandinavos y reviven en la fantasía de nuestros artistas medioevales, según mostró ya hace años el sabio Académico D. Ricardo Velazquez en una de sus eruditas conferencias sobre la Historia del Arte.

Presentan en la iglesia de San Pedro de Villanueva dichas representaciones una singularidad curiosa: frente á frente se destacan la imagen fantástica en que el combatiente hiere al monstruo espantable, de la misma manera que en los claustros de San Pedro el Viejo, de Huesca, y San Pedro la Rúa, de Estella, y la imagen realista de la brega del cazador con el oso, que había de representarse algún tiempo después en las primorosas galerías de la Catedral de Tarragona y se había representado antes en diferentes monumentos de la Aquitania, cual si los vientos de las montañas hubieran refrescado con inspiraciones naturalistas la fantasía de los imagineros de la duodécima y décimatercera centurias.

Con ser muy interesantes estos capiteles, aun lo son más, si cabe, los que lucen en la portada. Desarróllanse en ellos, según afirma Sandoval en su Crónica de los cinco Obispes, la dramática y tantas veces repetida historia del hijo de Pelayo, y la misma interpretación de su asiento admite Quadrado, como una consecuencia de los interesantes descubrimientos de Parcerisa; pero basta examinarlos con algún detenimiento y sin el prejuicio de las tradiciones locales para observar que las diversas figuras correspondientes á la dama
que se supone ser Froillaba [sic.], en las variadas escenas del drama, presentan dos indumentarias distintas, una la cristiana y otra la islamita; que en dos capiteles contiguos se ven grupos formados por dos hombres, uno á caballo y otro á pie, que besan á mujeres con ropajes del tipo oriental; que la dama, con toca suelta, que da muestras de dolor, lo hace volviéndose de espaldas á un jinete que lleva en la mano un halcón, y que detrás de él aparece el largo cuello de un avestruz africano; que en donde un hombre lucha con un oso, atraviesa aquél á éste con su espada, en vez de devorar la fiera al personaje. La composición de las indicadas escenas no concuerda con la serie de las que debían haberse esculpido para traducir en piedra la salida á caza del Rey Fabila, la tierna despedida de su esposa y su trágico fin, correspondiendo mejor á episodios combinados de cacerías y de amores, muy difíciles ya hoy de referir á hechos históricos conocidos.

Mas, piénsese de esto lo que se quiera, es lo cierto que á la portada de San Pedro de Villanueva la diferencian profundamente sus relieves de las demás portadas romanas, enriquecidas por follajes, monstruos ó escenas piadosas, y que el monumento debe ser declarado nacional, porque estas y varias singularidades antes citadas le hacen ejemplar único é insustituible por otro en la que debe ser una historia detallada y concienzuda del trabajo y de la genialidad española.

Lo que, por acuerdo de la Academia, tengo la honra de elevar al superior conocimiento de V. E., cuya vida guarde Dios
muchos años. 
Madrid 22 de Enero de 1907.
=E1 Secretario general, Enrique Serrano Fatigati.
=Excm o. Sr. Subsecretario del Ministerio de Instrucción pública y Bellas Artes."

 



    Aquí tenemos una opinión diferente a la nuestra, tan respetable como todas, siempre digo que hay tantas interpretaciones como intérpretes y todas tienen razón, nos convenzan o no, aunque nos cueste creer que estamos ante la portada de un monaterio benedictino del siglo XII cuyos monjes pagaron para que se esculpieran escenas de caza y de amoríos entre cristianos y moras para mayor edificación de las almas de monjes y fieles que atravesaran esa puerta.  

    Sea como sea, a este informe se corresponde una resolución dada por el Rey a nuestro ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, la cual reproducimos copiada literalmente de la Gaceta de Madrid (el BOE de la época), también con su ortografía original:



MINISTERIO DE INSTRUCCION PUBLICA Y BELLAS ARTES REALES ÓRDENES 
llmo. Sr.: 
Vistos la instancia en que el Cura párroco y vecinos de San Pedro de Villanueva, provincia de Oviedo, solicitan la declaración de monumento nacional á favor del ex Monasterio de Religiosos Benedictinos, que radica en dicha localidad, y les informes favorables de las Reales Academias de la Historia y de Bellas Artes de San Fernando; y Teniendo en cuenta que en el citado edificio brilla en todo su esplendor el arte bizantino, siendo su portada ejemplar único é insustituible por la riqueza de su ornato y la severidad de sus líneas; 
S. M. el REY (Q. D. G.) ha tenido á bien disponer que el ex Monasterio de Religiosos Benedictinos ya mencionado de San Pedro de Villanueva (Oviedo) sea declarado monumento nacional; quedando en tal concepto, y sin perjuicio de su actual régimen de conservación, bajo la inspección de la Comisión provincial de Monumentos y la tutela del Estado, y que se publiquen á continuación en la GACETA DE MADRID los informes de referencia. 
De Real orden lo digo á V. I. para su conocimiento y efectos consiguientes. 
Dios guarde á V. I. muchos años. 
Madrid 31 de Julio de 1907. 
R. SAN PEDRO 
Sr. Subsecretario de este Ministerio.

    De esta manera, quedaba catalogado el edificio como monumento nacional por ser uno de los ejemplos más importantes del románico en Asturias. La catalogación de los monumentos nacionales fue sustituída en 1985 por la de B.I.C., Bien de Interés Cultural por la Ley 18/1985 del Patrimonio Histórico Español. 

    También Asturias publicó su propia legislación con la Ley 1/2001, de 6 de marzo, del Patrimonio Cultural, estableciendo dos categorías más; bienes incluidos en el inventario del Patrimonio Cultural de Asturias y Bienes incluidos en los catálogos urbanísticos de protección y es interesante conocer que en el preámbulo de esta ley se establece que:

   
"Se presta una atención especial a la situación de los bienes inmuebles que se declaren de Interés Cultural. La Ley establece los procedimientos adecuados para hacer compatible su tutela con un proceso de desarrollo económico y social ordenado. Con el mismo sentido se contempla, por lo que se refiere a los bienes inmuebles inventariados, que sus instrumentos de protección garanticen la preservación de sus valores culturales y refuercen los instrumentos de tutela que ya prevé la normativa urbanística."

Y que los dos primeros artículos nos dicen:

"1. La presente Ley tiene por objeto la conservación, protección, investigación, enriquecimiento, fomento y difusión del Patrimonio Cultural de Asturias, de manera que pueda ser disfrutado por los ciudadanos y transmitido en las mejores condiciones a las generaciones futuras. 

2. Integran el Patrimonio Cultural de Asturias todos los bienes muebles e inmuebles relacionados con la historia y la cultura de Asturias que por su interés histórico, artístico, arqueológico, etnográfico, documental, bibliográfico, o de cualquier otra naturaleza cultural, merecen conservación y defensa a través de su inclusión en alguna de las categorías de protección que al efecto se establecen en la presente Ley, o mediante la aplicación de otras normas de protección contempladas en la misma."

Lo cual asegura hoy por hoy, que allá van leyes do quieren reyes, una larga y próspera vida a los restos románicos del Monasterio de San Pedro de Villanueva.