De nuevo nos
presentamos antes vosotros para hablar de sostenibilidad. Esta palabra se ha
hecho tan normal en nuestro vocabulario que parece que la llevamos utilizando
muchos años, décadas diría yo, pero no es así.
Tal y como nos dijo
nuestro compañero César Cifuentes en la presentación de la ponencia de Rosario
Alonso del viernes pasado, sostenibilidad es uno de esos nuevos términos que se
han hecho virales desde no hace mucho tiempo a esta parte. Pero la pregunta que
yo me hago es la siguiente ¿qué es la sostenibilidad?
La sostenibilidad
nos referimos por definición:
“a la satisfacción de las necesidades actuales sin
comprometer la capacidad de las generaciones futuras de satisfacer las suyas,
garantizando el equilibrio entre crecimiento económico, cuidado del medio
ambiente y bienestar social”.
Como definición el
carácter conservacionista, de respeto, de equilibrio, es perfecto. Pero tenemos
que entender que para todos nosotros no significa lo mismo.
La sostenibilidad para un empresario es
la capacidad de mantener su producción sin elevar costes y manteniendo el
rendimiento económico lo más alto posible y en muchas ocasiones, sin mirar los
posibles agravios que esto pueda traer.
La sostenibilidad, para un trabajador
mileurista, es seguir trabajando todo lo que pueda para mantener esas mínimas
necesidades que su maltrecha economía requiere, incluso a costa de salir de un
trabajo para entrar en otro y rezando para que este mes no tenga algún susto que le
haga perder ese frágil equilibrio entre ingresos y gastos.
La sostenibilidad para un ganadero de
Etiopía es encontrar agua y pasto para sus reses todos los días y que le
permita seguir mirando hacia adelante, ya que éstas le permiten acostarse por la
noche con los estómagos medio vacíos de su familia y con la incógnita de si las
brumas del nuevo día le permitan volver a afrontar los mismos desafíos del día
siguiente.
En definitiva, la
sostenibilidad para muchos es la capacidad de sostenerse día a día, pero de
muchas maneras diferentes.
Con esto solo quiero decir que la necesidad de recursos y su consumo no es
aplicable para todos nosotros, y si hablamos de países, el problema se
multiplica de manera exponencial. Tenemos que ser conscientes que
sostenibilidad para muchos de nosotros es sinónimo de necesidad, lo que ocurre
es que no todos necesitamos ni nos conformamos con lo mismo, eso depende de
nuestra propia líneas rojas y hasta donde somos capaces de sacrificar por el
bien común.
Para seguir
conociendo un poco más y como complemento a la de la semana pasada, disponemos
de nuevo de todo un experto, preocupado por esa manera que tenemos el ser
humano de vivir y de hacer y deshacer a nuestro antojo.