Radioguide

martes, 27 de septiembre de 2022

CAMINOS HACIA LA ALTURA. COVADONGA Y EL CAMINO DE LOS SANTUARIOS

 


CAMINOS HACIA LA ALTURA. COVADONGA Y EL CAMINO DE LOS SANTUARIOS JORNADAS DE DIFUSIÓN HUMANÍSTICA

Monasterio de San Pedro de Villanueva (Parador de Cangas de Onís) 29 y 30 de Septiembre de 2022

JUEVES, 29 DE SEPTIEMBRE (MAÑANA)

Parador de Cangas de Onís

–9.00: Inauguración de las Jornadas (Pilar García Cuetos, Vicerrectora de Extensión  Universitaria, Universidad de Oviedo; Miriam Perandones Lozano, Directora de Área  de Proyección Cultural, Universidad de Oviedo)

–Ponencias:

• El espacio, sus tiempos, su memoria (I)

–9.30: Covadonga y la identidad histórica del Reino de Asturias (María Álvarez  Fernández, Universidad de Oviedo)

–10.15: Covadonga en el contexto de la Europa del siglo VIII (Margarita Fernández  Mier, Universidad de Oviedo)

–11.00: Pausa

• El camino y los caminos (I)

–11.30: Covadonga: la configuración de un paisaje cultural (Juan Sevilla Álvarez y  Daniel Herrera Arenas, Universidad de Oviedo)

–12.15: El proyecto Via Carlomagno (José Alba Alonso, Universidad de Oviedo;  Vicepresidente del Consejo Asturiano del Movimiento Europeo)

–13.00: Coloquio con los ponentes de la mañana

JUEVES, 29 DE SEPTIEMBRE (TARDE)

–16.30: Visita al Real Sitio de Covadonga

 

VIERNES, 30 DE SEPTIEMBRE (MAÑANA)

Parador de Cangas de Onís

–Ponencias:

• El espacio, sus tiempos, su memoria (II)

–9.30: Covadonga y los orígenes del turismo en Asturias (Juan Carlos de la Madrid)

–10.15: Covadonga: cultura y turismo para un desarrollo sostenible (Eduardo del Valle  Tuero, Universidad de Oviedo)

–11.00: Covadonga, imágenes sonoras (María Sanhuesa Fonseca, Universidad de  Oviedo)

–11.45: Pausa

• El camino y los caminos (II)

–12.15: El Camino Lebaniego y el Camino Asturiano: recorridos e itinerarios desde  Santo Toribio hacia Covadonga (Carmen Gil de Arriba, Universidad de Cantabria)

–13.00: Los itinerarios culturales europeos y lo religioso: patrimonio cultural  compartido y vivo (Noelia Fernández, Universidad de Oviedo)

–13.45: Coloquio con los ponentes de la mañana

–14.15: Clausura de las Jornadas

martes, 20 de septiembre de 2022

CHARLA CON DALIA ALONSO Y ANTONIO DEL SOLAR, ÓPERA PARA TODOS

La iniciativa ÓPERA PARA TODOS permite acudir desde Cangas de Onís a la ópera NORMA en el Teatro Campoamor de Oviedo. Será el martes 4 de octubre, con salida de autobús a las 18 horas.

Previamente, para el público interesado en acudir, tendrá lugar una CONFERENCIA sobre la ópera NORMA el viernes 23 de septiembre, a las 19:30 horas, en el PARADOR de CANGAS DE ONÍS.

Inscripciones para ir a la ópera: PARADOR de Cangas de Onís. cangas@paradores.es / Tlf. 985849402.

Precio viaje y entrada a la ópera: 5 €.

La iniciativa surge del PROYECTO TERRITORIO en el que participan ÓPERA de OVIEDO, UNIVERSIDAD DE OVIEDO, PARADOR y AYUNTAMIENTO de CANGAS de ONÍS. 





domingo, 4 de septiembre de 2022

El hombre verde. Que no lo veas no significa que no esté ahí.


Hombre verde en el alero del monasterio benedictino de San Pedro de Villanueva


Jamás había oído hablar de este personaje hasta que en el año 2014 visité la catedral de San Patricio en Dublín (Siglo XIII con grandes modificaciones).

Allí íbamos el grupo de españolitos jubilados y prejubilados detrás de un guía que nos repetía una y otra vez que al final veríamos al green man, el “griin-man” decía machaconamente, “el hombre verde para que ustedes me entiendan”. Pensaba que iba a ver algo del otro mundo, lo nunca visto, la bicácara, la caraba esculpida por unas manos anónimas de hacía novecientos años. Imaginaba que sería un leprechaun con sombrero verde de copa y todo, guardando su tesoro, aunque un compañero de viaje más escéptico me iba repitiendo que al final sería la cabra Micaela subida a la escalera. 

Llegó el ansiado momento y visiblemente emocionado, incluso engolando la voz, nos anunció ¡allí está! mientras señalaba a un rincón oscuro. Cuando logré vislumbrarlo solté la desilusionante expresión tan colmenareña de “¡Arrea, si era esto!” Mi decepción fue demoledora. Allí había un mascarón representando el rostro de un hombre al que le salían de la boca unas ramas de árbol o arbusto, figura a la que un servidor siempre había tenido por la representación de un hombre que habla bondades, que predica virtudes, que dice verdades, en contraposición del que le salen serpientes en señal de que está mintiendo, propalando herejías o, incluso, blasfemando. Sí, era una figura que también había visto en España donde no le dábamos tanto bombo, era una figura más de las que solemos encontrarnos por el románico patrio. Mi incultura era y sigue siendo grande, pero lo cierto es que me desilusioné cuando vi al “griin-man”, así, remarcando mucho las dos íes. Y como gran sorpresa, el buen señor nos enseñó otro que había más oculto aún. Bravo por él. Nos premiaba por haber sido tan pacientes esperando tan "emocionante" momento.

Green-man en la catedral de San Patricio, Dublín

Green-man en la catedral de San Patricio, Dublín


Pero si hoy estamos ante esta figura es porque el green man británico, le feuillot francés (el hojarasco o algo así), el blattqesicht alemán (cara de hoja), o e el hombre verde o el hombre primavera español, también está en nuestro monasterio benedictino de San Pedro de Villanueva. Ahí está como olvidado, escondido, humilde, agazapado en su rinconcito, viendo pasar los nueve siglos que han transcurrido desde que el tallista le dio forma para que transmitiese su mensaje a quien lo supiera entender y recibir. Y, sobre todo, sin tantas alharacas ni dindolondangos como el guía dublinés.

Hombre verde en San Pedro de Villanueva

Hombre verde en San Pedro de Vilanueva

Pero comencemos por el principio, a ver si somos capaces de ir en línea recta hasta el final aunque solo sea por una vez y sin que sirva de precedente.

El que ahora reconozco como hombre verde, pues antes no le daba ningún nombre, es una figura que viene de mucho antes de los siglos medievales. Parece ser que se trata de un personaje ya venerado como dios por los celtas, el cual pasó, ¡cómo no!, al panteón romano y de estas dos fuentes probablemente llegó a nuestra Edad Media, tan rica en simbología que absorbía de cualquier cultura al alcance. 

Para acotar un poco la cosa, aunque una imagen vale por mil palabras, diremos que los hombres verdes vienen a ser unas veces una máscara generalmente humana rodeada de hojas y ramas; otras, una cara humanoide de cuya boca salen ramas frondosas que a veces dan la vuelta y le entran por las orejas; en algunas ocasiones distintas podemos encontrarnos con un montón de hojas en cuyo centro se aprecian unos rasgos humanos. En fin, el denominador común es que hay algo parecido a una cara con la boca entreabierta de la cual salen ramas, hojas o ambas cosas a la vez.

Hombre verde en la portada Sur de Nuestra de Ntra. Sra. de Lugás,
Villaviciosa, Asturias



A pesar de ser una figura generalizada, quisiera centrarme un poco en el nuestro, el del monasterio benedictino de San Pedro de Villanueva.

Tal y como corresponde a todo hombre verde que se precie, y como hemos dicho anteriormente, está ahí agazapado, semioculto pero bien visible en su capitel de columna de fuste desaparecido tiempo ha, con su flequillo rizado y cara apacible, vomitando ramas terminadas en grandes hojas y representando como si fuera un embajador, a los dioses de la mitología celta que se extiende desde el arco atlántico hacia el centro de la península, como tantos otros símbolos gallegos y astures que emigraron hacia las tierras de repoblación en las riberas del río Duero. 

Hombre verde en laportada oeste de la igesia de
San Esteban de los caballeros. Aramil, Asturias.

Y es que el hombre verde era una deidad relacionada con el ciclo de la constante renovación de la vida, un hecho prodigioso que contemplamos tan asiduamente en los bosques que apenas reparamos en su presencia, lo mismo que en la de esta divinidad ancestral fotografiada en piedra en tantos sitios. Se asegura que es “una mezcla de arte celta y anglosajón” , sobre todo por autores anglosajones (¡cómo no!, los británicos también tienen su chauvinismo y lo suyo es lo mejor), pero tenemos un problema con la cronología histórica: los anglosajones hacen acto de presencia en la Historia de Gran Bretaña en el siglo V d.C., mientras que de los celtas ya nos daba noticia Heródoto en el siglo V a.C., diciendo que eran un pueblo originario de la península de Anatolia, el cual migró hacia el este (Europa) y hacia el oeste (India), dándose la circunstancia de que ya dejaron muestras de hombres verdes en Irán y Turquía ochocientos años antes de que aparecieran los anglosajones en el escenario. 

Para centrarnos un poco, podemos decir que los celtas lo relacionaban con el dios Cernunnos, si es que no se trataba de la misma entidad. Comparte rasgos con el dios griego Dionisos y, posteriormente, con el dios Baco romano, el cual suele aparecer representado como un rostro creado a partir de hojas de parra. Otro personaje con el que comparte su representación iconográfica es Silvano, dios romano de la naturaleza virgen. El salto al arte medieval pudo haber sido el mismo o similar al que dieron tantas otras criaturas mitológicas: basiliscos, sirenas, erinias, arpías, sagitarios, anfisbenas… O pudo ser un gol que les metieran por la escuadra los maestros a los abades y comitentes, aunque poco probable debido al lugar aislado en que nos encontramos donde las creencias paganas perduraron mucho más que en otros sitios y cristianizarlas era importante.

Hombre verde hallado en Hatra, Iraq. Siglo III a.C


Ya identificado, podríamos pasar a fijar definitivamente su simbología. Como dijimos al principio, siempre lo identifiqué como un ser de cuya boca salen prédicas bondadosas, exaltación de virtudes, verdades y alabanzas a Dios, pero claro, como en esta vida nunca se acaba de aprender, hoy reconozco que estamos ante un símbolo polisémico del cual conocemos el origen, pero quizás ignoramos la finalidad que se le quiso dar en los siglos del románico. 

En origen era un símbolo de fertilidad: la renovación constante de la vida, y por eso no debería extrañarnos encontrarlo en zonas boscosas donde los celtas probablemente lo veneraron como protector de sus árboles sagrados.

Mas hete aquí que en un momento indeterminado, la adoptan etruscos y romanos y la utilizan como elementos apotropaicos por invocación a algunos de sus dioses (ya hemos hablado de lo que son estos elementos, para abreviar vamos a recordar que son amuletos) y cuando pasan a la Edad Media, los asuntos paganos son revestidos de un significado cristiano, que puede ser el mismo que venían cargando o todo lo contrario, porque como sabemos, hay tantas interpretaciones como intérpretes, ya hemos visto cómo cambian los significados con el paso de los siglos y los intereses de la sociedad. En este sentido, autores hay que afirman que, al menos algunas veces, los tallos que brotan de la boca de esta máscara están relacionados con los dos árboles del Paraíso, uno bueno y otro malo. Este último tiene que ver con Eva y la tentación y, por lo tanto, lleva a la muerte espiritual y física, pero por otro lado, la vida sigue a pesar de todo, lo cual sería representado por la rama opuesta.

En este sentido nos viene como anillo al dedo el hombre verde esculpido en la Puerta de Platerías de Santiago de Compostela. Un ángel agita un incensario en el cual está nuestro personaje esculpido, dato curioso porque precisamente están sobre el árbol del conocimiento del bien y del mal. Estaban avisados de que morirían, pero su descendencia siguió adelante.

Hombre verde en el incensario. Pueerta de Platerías, catedral de Santiago de Compostela

Detalle. 


La autora Dª María de los Ángeles de las Heras expone que:

“La Madre Tierra, cuna y tumba del hombre en casi todas las antropogonías antiguas, solía representarse como una máscara de cuya boca brotaba el tallo vital, tallo que después retornaba a ella. La máscara telúrica es uno de esos elementos no cristianos que aflora en la simbología románica”

María de los Ángeles de las Heras y Núñez, Cuadernos de Arte e Iconografía, Tomo 2, Nº 3, págs. 87-91


Sea como sea, hoy se interpreta:

a)  como símbolo de lujuria, concepto este que, hasta el momento presente, quien escribe estas líneas no entiende y por eso no va a entrar en detalles;

b)  como símbolo de fertilidad, lo cual más o menos es lo que creemos que sería su significado original, en este punto estarían relacionados con el ciclo de la naturaleza, con el renacer de la primavera y la vida;

c)  como símbolo demoníaco, pues es demasiado fácil asociar un rostro raro con el Maligno; incluso hay quien lo relaciona con el Baphomet templario.

d)  como símbolo apotropaico que va a impedir que lo malo entre en el templo si se le coloca en el exterior, y que lo bueno salga si se le coloca en el interior, de manera y modo que serviría para alejar el mal y congraciarse con la divinidad y la buena fortuna. También como garantía de buenas cosechas y de fertilidad; y

e)  como símbolo de predicación correcta de virtudes y alabanzas a Dios cuando es una cara más o menos humana (ver el green-man irlandés del principio) y en contraposición con la del personaje al que le salen serpientes por la boca.

No podemos dejar pasar por alto la opinión de D. David de la Garma Ramírez, quien apunta una nueva posibilidad en el sentido de que:

“Puesto que su sentido original era el de renacer de la vida, podría existir un paralelismo con el renacer -la conversión y la muerte iniciática- a la vida del Espíritu que proclama Cristo en su conversión con Nicodemo en el Evangelio de Juan […] También, San Pablo alude a este concepto en su carta a los Efesios…”

David de la Garma, Introducción a los Símbolos, noviembre 2020, pág. 274

Bien, pues en esta misma línea tenemos la pila bautismal

“de la iglesia del Hospital de Quiroga, Lugo, de la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, presenta una espectacular imagen de un dios dador de vida, que se identifica, como pocas imágenes de esta figura, conocida hoy como green man en toda Europa, con el dios celta Cernunnos.

 […] hay una identificación del dios con la vida vegetal y con la vida animal. Es un dios regenerador del bosque primigenio.

[…] Y así como el sol muere y resucita todos los días, o declina en invierno y renace en primavera, la vida también vuelve después de la muerte invernal. Cernunnos no deja de ser un avatar, el tercer paso del sol, del gran y único dios celta: el avatar de la vuelta a la vida después de la muerte, [...]”

Anuario Brigantino 2009, Nº 32, por Alfredo Erias Martínez, director del Anuario Brigantino, del Museo das Mariñas, archivero bibliotecario municipal de Betanzos y coordinador general de Restauro: revista internacional del Patrimonio Histórico.

La pila bautismal es el punto exacto La pila bautismal es el punto exacto del renacer del bautizado a su nueva vida, tras haber sido despojado del Pecado Original que le lastraba desde el nacimiento. El hombre verde/Cernunnos está actuando a modo de un dios Janos abriendo el portal a una vida nueva. Una simbología muy adecuada en un sitio muy adecuado, y otro gol por la escuadra. 





Los hombres verdes continuaron siendo representados en el Gótico, Renacimiento y Barroco, aunque cada vez un poco más despojados de su posible simbología, sólo como elemento decorativo y que resulta relativamente frecuente en grutescos y como ornamentación heráldica, fuentes, buzones… El significado del símbolo se perdió y quedó en el olvido como tantas y tantas cosas.

Hombre verde en la portada de la iglesia de San Fructuoso, Colmenares de Ojeda, Palencia
Período gótico. De su boca salen tallos de vid con uvas, fruto de vida eterna


Hombre verde en el escudo heráldico de la casa de Arizón
Sanlúcar de Barrameda, Cádiz. Siglo XVII


Hombre verde en el llamador de una puerta, siglo XX


Para concluir, probablemente lo más adecuado sería, sobre todo en el monasterio de San Pedro de Villanueva, sería mantenernos en las ideas paganas que hablan de la fertilidad, de las fuerzas renovadoras de la naturaleza y el diario renacer del Sol vivificante y el anual de la primavera, los cuales los artífices medievales supieron tomar como inspiración para ornamentación que lanzara un mensaje desde sus capiteles a quienes los contemplaran. A fin de cuentas, no es solo el hombre verde el que desde el alero de San Pedro de Villanueva nos lleva por ese camino de pensamiento, sino también el enclave del mismo en un paraje privilegiado por la Naturaleza en el siglo XII y también hoy. 



Antonio García Francisco.

Colmenar Viejo, septiembre de 2022






 




















lunes, 8 de agosto de 2022

…Y el símbolo estaba allí.

 

“El universo está determinado por números.   Todo tiene un número y sin número nada puede concebirse.”  Filolao de Crotona, filósofo y matemático griego del siglo V a.C


         Llegó el momento tantas veces procrastinado de enfrentarse a la ventana que podemos disfrutar en el ábside central del monasterio benedictino de San Pedro de Villanueva. Me lo debo a mí mismo, pero ante todo se lo debo a nuestra amiga Dulce María, intérprete e interpretadora de los símbolos románicos, conocedora de cada piedra y cada marca del edificio y a quien intrigaban las tetrapétalas con botón central que la adornan, cuatro en la rosca monolítica del arco de medio punto y diez en la arquivolta.

Ventana absidial del monasterio de San Pedro de Villanueva

Antes de comenzar hay que decir por si algún despistado lo ha olvidado, que los edificios románicos eran construidos con gruesos muros en los que apenas se abrían vanos para iluminar el interior. La razón no era otra que tenían que soportar pesadas bóvedas de piedra y se necesitaba un muro macizo y compacto que pudiera sostener esta techumbre. No obstante, a veces no queda más remedio y se abren estrechas ventanas enriquecidas enmarcándolas con arquivoltas, columnillas y capiteles. Tal es el caso de la nuestra, la que vamos a intentar interpretar a la vez que la describimos.

Dependiendo del tamaño del ábside o de los ábsides o absidiolos, se suelen abrir ninguna, una o tres ventanas. Ninguna cuando el templo es pequeño y la luz de la puerta o de un óculo o saetera en el hastial opuesto es suficiente, además de cuando el miedo al derrumbe pudiera estar justificado por muchos motivos, entre ellos la intuición o la poca experiencia del maestro. O el exceso de la misma.

Cabecera del templo monástico

¿Y por qué se abrían una o tres ventanas?  

En el constructor medieval pesaba mucho el conocimiento de las ideas del mundo pitagórico, y la numerología es una asignatura muy presente. Las iglesias serán orientadas desde su planteamiento en el eje canónico Este-Oeste, de manera que la cabecera siempre era dirigida hacia el Oriente y los pies hacia el Poniente. Jesús nació en Oriente y de Oriente nos viene cada día el Sol iluminando la tierra, lo cual hay que aprovechar porque ya nos sirve para iluminar el templo por la o las ventanas que pongamos en la cabecera, nos sirve en bandeja el primer símbolo: cuando solo hay una ventana podemos interpretar que el Sol es una clara representación de Jesucristo, Sol de Justicia, que desde el primer momento del día ilumina a su Iglesia con su Luz del mismo modo que la luz del sol (con minúscula) ilumina la iglesia (con minúscula) con la suya a través de la aspillera. 

Orientación en el eje Este-Oeste del templo del monasterio de San Pedro de Villanueva.


Sí,  pero ¿por qué tres?

Bien, en numerología cada cifra tiene sus cualidades. Así, si el UNO lo acabamos de aceptar como una representación de la Divinidad y, por extensión, de Jesús, cabe pensar que el TRES, aunque Dios no tiene número, peso ni medida, esté relacionado con la Santísima Trinidad y el símbolo sea exactamente el mismo puesto que Dios es uno y trino.

Puestos ya en situación, sabiendo por qué la ventana está ahí y no en otro sitio, podemos pasar a hacer una observación más detenida. Técnica y muy correctamente ha sido descrita de esta manera:

Ventana


“… la [ventana] del ábside central es mayor y se ornamenta con cuidados relieves; arranca de una moldura, acotada por las dos columnas, y está recorrida horizontalmente por dos incisiones en su parte superior y un friso de dientes de sierra en la inferior. Se remata con una arquivolta de medio punto, decorada con diez tetrapétalas enfiladas y guardapolvo con sogueado; la rosca arranca de impostas desarrolladas, decoradas con roleos en su mitad inferior y apoya en dos columnillas de fuste liso, monolítico y basas áticas, que soportan capiteles finamente esculpidos con hojas rizadas el derecho, y dos cuadrúpedos con melena el izquierdo”.
Enciclopedia del Románico en Asturias pág. 1.057

            Nada que objetar, pero tampoco nada que nos aclare el porqué de la presencia de esas tetrapétalas enfiladas, la chambrana (me niego a llamar guardapolvo a esa pequeña moldura) sogueada, las frondes de helecho de un capitel y los cuadrúpedos con melena del otro, y aquí empezamos la tarea de tratar de añadir más elementos interpretados al que ya tenemos de la orientación.

En la arquitectura y escultura románica no se daba puntada sin hilo, siempre lo digo, y se aprovechaba cualquier elemento para dejar una lección moral, catequética o popular al observador, valiéndose de símbolos que en aquellos días todos comprendían, pero que hoy nos las vemos y nos las deseamos para percibir medianamente.

Así, independientemente de rosca o arquivolta, nos encontramos con dos filas de flores de cuatro hojas, las tantas veces mencionadas tetrapétalas, las cuales presentan una característica que puede verse en más sitios de Asturias: en el centro tienen un punto o botón. ¿Y por qué? Volvamos a la numerología.


Tetrapétalas con botón central

El punto es el principio, la causa primigenia; el origen de toda creación es el UNO y el uno es la unidad, el Ámbito Divino y en el Uno se manifiesta la actividad creadora de Dios. Y aquí está en el centro de la flor de CUATRO hojas. 

            ¿Y por qué cuatro y no otro número?

Pues porque el CUATRO, el “sagrado cuatro” de los pitagóricos, que lo tomaban por representación de la Justicia, es para nuestros constructores medievales el número de la plenitud y la simetría del Mundo, la obra perfecta y plena de Dios, y se le relaciona con la tierra y lo terrenal, lo material, lo manifestado, el universo físico. Simplificando, el CUATRO es el número del mundo.

Entonces, ¿qué es lo que tenemos en estas flores de cuatro hojas y un punto en el centro? Quien esto escribe se atrevería a afirmar que estamos ante un símbolo inequívoco del mundo (la flor) creado, generado y regido por Dios, el cual es representado por el botón que está en el centro, para manifestar su Creación, señorearla y generar vida.

¿Algo más que añadir?

Pues sí. 

Las hojas aparecen en dos zonas de la ventana, aunque en la descripción formal solo se habla de una, la

“… arquivolta de medio punto, decorada con diez tetrapétalas enfiladas”, 

lo cierto es que debajo, en la piedra que forma la rosca del arco, tenemos otras CUATRO flores con su correspondiente punto central que no podemos dejar pasar por alto, pues son una especie de confirmación del símbolo que nos dice que por esa estrecha aspillera pasa la Luz del Mundo que va a iluminar a la Iglesia. Cuatro flores botonadas de cuatro hojas formando el arco que cobija la luz no puede ser ni una casualidad ni una coincidencia, es una obra que denota una intencionalidad muy bien calculada para elegir el símbolo del mundo regido por Dios. CUATRO veces el número CUATRO. Quien tenga oídos, oiga.


Cuatro tetrapétalas en la rosca del arco


Ahora bien, a poco que prestemos atención, entre estas cuatro flores tetrapétalas veremos insertadas tres hojas en forma de triángulos acorazonados que podrían pasar desapercibidos si miramos apresuradamente (primera norma: al canecillo y al capitel…)


Esto nos remite nuevamente a la numerología.

El TRES es EL TODO. Dijimos que está relacionado con la Santísima Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo), pero va más allá de eso sin salirse de la idea, pues también significa PARA SIEMPRE. También es LA PERFECCIÓN de Dios relacionado a su creación, pasado, presente y futuro; tiempo, espacio y materia; memoria, entendimiento y voluntad…  

Es decir, que nuevamente en esta sencilla piedra tenemos una reválida del símbolo: Dios, que está en el centro de su creación perfecta, el mundo, lo estará iluminando para siempre en su Iglesia.

Y al igual que no es coincidencia ni casualidad que aparezca CUATRO veces el número CUATRO, tampoco lo es que aparezca TRES veces el número TRES. La intencionalidad es clara.

Tres hojas acorazonadas de tres puntas cada una entre las cuatro tetrapétalas

No hemos acabado. Las flores están también en la arquivolta del arco, esta vez en número de diez. Es decir, el mensaje de las flores está en DOS sitios.

Diez tetrapétalas botonadas en la arquivolta del arco

La cualidad del número DOS es que para los pitagóricos era la ratificación del UNO. Y si la Unidad es Dios, su ratificación es LA SANTIDAD. ¿Hace falta que expliquemos este extremo? Creemos que no, parece que está claro que Dios manda su Luz al Mundo para que los fieles alcancen la santidad y den alabanza de su gloria. ¿Dónde es el mejor sitio? En el seno de su Iglesia, en el interior del templo, donde entra su Luz cada amanecer por la ventana desde hace casi mil años.

Que no, que no hemos acabado.

¿Por qué hay DIEZ flores? ¿Será porque son las que caben y no nueve ni once? No, a estas alturas ya conocemos la segunda norma: nadie daba puntada sin hilo.

El número DIEZ expresa la totalidad, el orden divino o el conjunto completo de algo y tal vez la máxima expresión de ello sea la tabla conteniendo los Diez Mandamientos de la Ley de Dios.

¿Es esto convincente? ¿El conjunto completo de Dios Iluminando a la Iglesia puede ser lo que simbolizan estas diez flores? No acaba de encajar, parece que falta algo.

Busquemos. Tenemos los siguientes datos:

El UNO simboliza la DIVINIDAD.

El DOS simboliza la SANTIDAD.

El TRES simboliza la PERFECCIÓN ETERNA

El CUATRO simboliza el MUNDO.

El DIEZ simboliza el ORDEN DIVINO.

Lo mejor que podemos hacer con estas cifras, la operación aritmética más sencilla, es sumarlas. Así tendremos que:

1 + 2 + 3 + 4 = 10

¡Caramba! ¿Va a ser cierto que nadie daba puntada sin hilo? ¿Hay que explicar que la unión en el Mundo de la Divinidad y la Santidad forman una perfección para siempre bajo la protección del Orden Divino y que lo ratifica cual notario la soga de la chambrana?

Ahora sí que cuadran las flores con el botón en el centro, querida Dulce María, ahora sí. El símbolo estaba ahí, siempre estuvo ahí.

Los otros dos elementos que decoran la ventana también son susceptibles de interpretación. En lo que se refiere a los 

“… dos cuadrúpedos con melena el [capitel] izquierdo…”, 

no podemos olvidar que el animal con melena siempre suele ser, y aquí parece que es, el león, símbolo por excelencia de Jesucristo, podríamos dar muchas explicaciones del porqué de esta identificación, pero ¿para qué? Baste con decir que el León de Judá, el descendiente de David y Rey de los Cielos, es representado por el rey de los animales. Más o menos y por abreviar.

Leones compartiendo la cabeza. Capitel izquierdo

Pero ojo, que en nuestro monasterio hay algo más que dos cuadrúpedos con melena, y es que estos dos cuadrúpedos, estos dos leones, comparten una misma cabeza y una vez más podemos apostar por la afirmación de que es una simbología de que el león, Jesucristo, es una sola persona (cabeza) pero con dos naturalezas, la divina y la humana (los dos cuerpos).

Representación de helechos en el capitel derecho

Para terminar, nos quedarían las “hojas rizadas” del capitel derecho, y que todo apunta a que son frondes de helecho, también presentes en la portada del edificio. Para no extendernos demasiado, baste con dar la interpretación que de este vegetal hacía Santa Hildegarda, doctora de la Iglesia, también del siglo XII y por tanto contemporánea del monsterio, quien entre varias obras escribió una titulada Physica, que es un tratado de medicina de la época; en el primer libro titulado “De plantis” se dedica a recoger las propiedades de las plantas y escribe: 

“...el jugo del helecho está destinado a la sabiduría, y por su dignidad natural, o en el ámbito de la rectitud natural, representa o vale para simbolizar el bien y la virtud”.

Con estas palabras podría dar a entender que la sabiduría consiste en la honradez natural como expresión del bien y de la virtud, al mismo tiempo que atribuye al helecho un simbolismo de franqueza y sinceridad.

Entonces, ya tendríamos servida la interpretación completa de la humilde ventana del monasterio benedictino de San Pedro de Villanueva: "La doble personalidad de Jesús, la divina y la humana, y la honradez del hombre sustentan que Dios Todopoderoso continúe desde el principio de los tiempos iluminando al mundo y a su Iglesia, contra la que no prevalecerán las puertas del infierno". Por encima de todo, la chambrana sogueada. Sabemos que las sogas sirven para atar: esto quedaría atado y escrito en piedra para que la memoria dure por los siglos de los siglos.

La chambrana sogueada ata y cierra la simbología
de la ventana absidial del monasterio de San Pedro de Villanueva

Y como siempre, admitiendo que hay tantas interpretaciones como intérpretes, estamos abiertos a otras opiniones, pero sin abandonar jamás el principio de la parsimonia: si un problema tiene varias soluciones aceptables, la más sencilla suele ser la más probable.

Saludos y feliz verano.


Antonio García Francisco.

Alange, julio de 2022