Cada vez que miramos al mundo rural lo que este nos
devuelve es despoblación, pérdida de raíces, olvido de conocimiento y
oportunidades de prosperidad pérdidas. Sé que esto último, en el mundo en el
que vivimos, es palabra tabú. ¿Por qué? La respuesta es bien simple. El mundo
rural se ha convertido en un parque temático donde el visitante se ilustra,
incluso, de aquello que pudo ser en vez de lo que fue. Existen momentos de desequilibrio
que hacen que su menguante población se sienta olvidada por esos mismos que
insisten en que están ahí para protegerlos. Casos como el Mercosur han sido
vistos como auténticos atentados hacia la persistencia de una población que se
cree atacada y evocada a la extinción.
Estas reflexiones mías, las cuales pueden estar
equivocadas, por supuesto, nos dirigen a un futuro de incertidumbre, pero yo me
pregunto, ¿podemos dar un giro de 180 grados y construir proyectos que lo
puedan hacer resurgir? Evidentemente la necesidad de los productos del sector
primario hace que los esfuerzos al respecto no caigan en vano y nuestros
pueblos se conviertan de nuevo en esa despensa a la cual todos acudimos.
Pero lo primero que tenemos que tener en cuenta es que
necesitamos lograr esa supervivencia integral, tan necesaria como la misma
voluntad de conseguirla y si ello se logra con el equilibrio con el medio y el
aprovechamiento de sus recursos, solo nos quedaría convencer a propios y
extraños que el mundo rural es viable, saludable y sobre todo, necesario

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