Cuando
hablamos de religiones es muy común en la cultura occidental que muchas veces
nuestros velos nos impidan ver más allá de lo que nuestras convicciones nos
dictan. La apertura de un nuevo mundo al conocimiento y sus pobladores, arrojan
una forma nueva de ver la religiosidad, la forma de ver la vida e incluso la muerte,
la cual tiene un significado mucho más amplio y donde se venera más que se
teme. Las culturas politeístas están fuera del entendimiento desde que el
cristianismo fue implantado como Religión Oficial (380 d.C.) por el emperador
Teodosio, que a través del Edicto de Tesalónica, estableció el cristianismo
niceno como la única religión oficial y prohibiendo los cultos paganos.
Los
pueblos precolombinos representaban sus deidades en extraordinarias esculturas
y en enormes construcciones, las cuales muchas de ellas permanecen escondidas a
nuestros ojos bajo enormes mantos verdes, como si tuvieran miedo a que sus
secretos sean descubiertos por esta evolución de aquellos primeros europeos que
destruyeron primero, miraron y admiraron después, reinterpretaron y
posteriormente combinaron, demostrando que no todo lo traído era bueno y todo
lo que había era tan malo. La historia ha hecho justicia a esos visionarios que
de un lado del atlántico y de otro, nos han permitido admirar el resultado de
ese mestizaje, dejando sus obras imperecederas que en muchos casos rivalizaba
con los maestros de esa Europa que todo lo sabía.
Para
hablarnos de todo ello Renata Ribeiro, Profesora
Doctora en el Departamento de Historia del Arte y Musicología de la Universidad
de Oviedo. Doctora en Historia por la Universidad de Granada (beca de Formación
de Profesorado Universitario, mención internacional, premio extraordinario de
doctorado), licenciada en Artes Visuales por la Universidade Federal do
Espírito Santo, Brasil.

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