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lunes, 6 de mayo de 2024

Mensajes en el alero de la iglesia del monasterio de San Pedro de Villanueva (I)

 

Al analizar un poco más profundamente que la simple contemplación el alero del monasterio de San Pedro de Villanueva, descubrimos que encierra al menos tres líneas muy diferentes en lo que a mensajes y personajes esculpidos se refiere.

Tres líneas, tres guiones o grupos de personajes, y una información inesperada. Una línea la podríamos denominar como mitológica; otra, popular y una tercera la encasillaríamos como moralista. Y de regalo, una curiosa información sobre algunos personajes relacionados con el monasterio, la cual pasa desapercibida hoy en día y quizás lo haya pasado durante siglos.


Dibujo recreando el ábside del monasterio de San Pedro de Villanueva


A esta conclusión se llegó tras el estudio que se decidió realizar en abril de 2022, cuando D. Ignacio Bosch, director del Parador Nacional de Cangas de Onís, propuso al final de una charla sobre simbología románica en la que un servidor tuvo el honor de ser el ponente, la posibilidad de dar una interpretación lógica a todas las figuras esculpidas en el monasterio. Dicho y hecho. En 2023 ya pudimos hablar convincentemente, en otra conferencia llevada a cabo en el mismo lugar, acerca de las esculturas del exterior del ábside de la iglesia monacal y la ventana del mismo.

La intención de esta entrada es dar a conocer el resultado de los trabajos interminables para llegar a buen puerto con esta empresa: fotografiar desde todos los ángulos posibles, analizar una y mil veces las fotografías obtenidas, nuevos viajes para volver a comprobar in situ, consultas en la Biblioteca Nacional, en la Hemeroteca, en el Archivo Histórico Nacional y, sobre todo y más fructíferas, a asturianos conocedores de su Historia y Mitología que fueron quienes de alguna manera más ayudaron en los casos más difíciles.

Antes de empezar con las tres líneas simbólicas, es imprescindible hablar de tres personajes importantísimos en la construcción del monasterio.

No, no teman, no les voy a inundar con nombres y fechas. No es mi estilo, entre otras cosas, porque tengo memoria de pez para ambas cosas, soy incapaz de acumular ese tipo de datos.

A poco que nos fijemos, podremos observar la existencia de dos rasgos comunes en las figuras esculpidas: todos los personajes nos brindan unos ojos saltones, casi redondos, como si fueran huevos, y algunos de ellos, además, unos labios gruesos, como los belfos de un caballo. ¿Por qué? Los de los hocicos prominentes son hombres ocupados en actividades de trabajo manual relacionadas con el monasterio, mientras que en los otros claramente se nota que son monjes en actitudes piadosas o personas sin relación. El magíster está estableciendo distinciones entre legos y monjes, caras vulgares y caras de rasgos más nobles. Es su estilo propio.


Un pescador y un labrador. Ver los grandes labios y el arco bajo
 el que se encuentran que indica que son criados o legos al servicio del monasterio.


Un tullido apoyado en la muleta. 
La palmeta del fondo nos indica que está en el mundo exterior al monasterio


     ¿Y quién sería ese magíster? ¡Vaya usted a saber!, Es lo primero que nos diría cualquiera que nos estuviera hablando del monasterio…

     Pues eso es lo que acabamos de descubrir: quién fue ese magíster.

Retrato de Sancius, nombre imaginario, posiblemente el maestro de San Pedro de Villanueva



    Resulta que hay un canecillo en el absidiolo del lado de la epístola en el que podemos contemplar a un hombrecito con algo extraño en las manos. Tiene crespina en la cabeza, detalle que, unido al hábito talar (que llega hasta los talones), nos revela que probablemente es un monje. Este hombre tiene abundante barba, símbolo de que es hombre experto y probablemente sabio o, como mínimo, de gran carácter. Su posición es la de sentado, señal de que ha acabado un trabajo y está descansando. Y tiene en las manos algo que, bien pensado, no es tan extraño como parecía en la primera impresión: es una filacteria. 

    Pero, ¿qué es eso? ¿Inventando palabras? No, por supuesto que no. Una filacteria es una banda de piedra, de obra o de madera, generalmente imitando un pergamino, con algo escrito, que suele ser leyendas o rótulos identificativos de quien lo porta, entendiendo por leyenda “un grabado que acompaña a algo, generalmente a una imagen para complementarla o explicarla”, según la RAE.

Catedral de Santiago de Compostela.
La filacteria nos informa de que el personaje retratado es el Apóstol Santiago.


Lonja de Palma de Mallorca, S. XV
La filacteria nos informa de que el personaje retratado es el "Defensor de la Mercadería"



Nuestro modesto y cansado personaje con crespina, ojos saltones y hábito talar, nos muestra su filacteria con un humilde mensaje que le va a identificar: su marca de cantero.

 No necesita más, con eso será reconocido en su tiempo y se sabrá en tiempos venideros que Sancius, o Sanxo, o Suavi, o tal vez Saurino, quizás Sança o simplemente Sanç, fue el escultor del alero de San Pedro de Villanueva. ¡Bravo por ti, pasaste a la posteridad con tu modesto me fecit!

Monasterio de San Pedro de Villanueva.
La filacteria nos informa de que estamos ante Sancius (nombre ficticio), posiblemente el 
maestro de Villanueva, autor de las esculturas del alero de la iglesia

Castillo de Loarre.
Sancius, nombre de un cantero que salió del anonimato dejándonos su firma


Pero no es el único personaje retratado en San Pedro de Villanueva. A la vuelta de la esquina, como quien dice, en sendos canecillos, uno en el ábside central y otro un poco más escondido, en el absidiolo del lado del evangelio, tenemos dos caras muy significativas. 

¿Por qué sabemos que son retratos? Porque solo existen estas dos caras y sus rasgos son muy aclaratorios.

El primero nos presenta a un hombre barbado, señal como dijimos de sabiduría, experiencia y edad, pero acompañado de otros atributos muy identificativos: al fondo, el respaldo de un estalo (un estalo es el asiento de los monjes en el coro); en la cabeza, una crespina, el tocado de lana que usaban los monjes en el monasterio para preservar la cabeza del frío; los ojos ahuevados, característica de nuestro pequeño magíster de San Pedro de Villanueva, cerrados, indicio inequívoco de que está en oración o que es hombre de oración. 

Al fondo el estalo, símbolo del coro del monasterio.
Crespina en la cabeza, símbolo de ser monje; ojos cerrados, 
símbolo de ser hombre de oración, y barba de hombre sabio.

¿Quién es? Todavía no lo sabemos, pero vamos a ponerlo en contraposición con el otro retrato. Este segundo canecillo, más escondido, como dejando el espacio principal al anterior personaje, nos presenta también a un hombre, pero éste tiene, por el contrario, los ahuevados ojos muy bien abiertos, señal de que está en el mundo, lo cual nos confirma la palmeta que tiene detrás, o sea, está o vive en el exterior del monasterio, ya no lleva crespina, sino que muestra un peinado cabello y la consabida barba de hombre de ciertos conocimientos. Está situado en el absidiolo del lado del evangelio, tímidamente semiescondido.

Palmeta al fondo que indica que está en el mundo.
Ojos saltones muy abiertos. Cabello sin crespina
y barba de hombre experto.



Sumemos: dos y dos son cuatro, tanto si sumamos de arriba hacia abajo o como si lo hacemos de abajo hacia arriba: estamos contemplando la cara de los dos hombres que dieron trabajo a nuestro magíster de la letra S; nuestro buen Sancius (este nombre me gusta porque era muy común en aquella época y bien pudiera haber sido el suyo), el cual, en agradecimiento, les retrató para los siglos venideros: el abad que encargó las obras y el maestro constructor que las ejecutó. De ambos dependía el sustento de Sancius y de su familia; Sancius era un hombre agradecido porque de bien nacidos es ser agradecidos y el agradecimiento se expresa con obras y no con palabras, porque obras son amores y no buenas razones.

Maestro constructor contratando una obra con un abad.
El maestro, acompañado de sus oficiales, lleva la vírgula en la mano.
El abad, con las llaves al cinto, se acompaña del padre ecónomo
 que porta la bolsa del dinero. 


Hemos descifrado quiénes son los tres protagonistas responsables de las figuras que hoy contemplamos en San Pedro de Villanueva: el buen abad (don Rodrigo le nombran en el Manuscrito de Villanueva de Fray Juan del Saz) que encargó y pagó las obras; el experto maestro constructor de nombre desconocido, que las proyectó, dirigió y en definitiva llevó a cabo, y el hábil tallista Sancius que ejerció a la vez de notario y de fotógrafo para conocimiento de las generaciones venideras. Ha llegado el momento de empezar a describir la línea mitológica de las esculturas del alero.

Pero este cuento ya está resultando muy largo. Mejor será dejarlo para la próxima entrada, que dicen que lo bueno gusta, pero lo mucho cansa.

Nos citamos en este mismo sitio en una nueva entrada, con permiso de la autoridad competente y si el tiempo no lo impide.


Antonio García Francisco

Madrid, mayo de 2024



martes, 18 de abril de 2023

Diálogo con la simbología medieval: El alero del Monasterio de San Pedro de Villanueva

 


A lo largo de estos últimos años nuestro conocimiento del románico ha seguido una línea de subida exponencial que nos ha permitido ver más allá de las piedras que forman sus capiteles y canecillos. El arte románico nos ha demostrado que existen otras formas de escribir. Unos conceptos que sólo podemos contemplar si cambiamos nuestra percepción de las cosas y nos trasladamos a la Edad Media.

 

Una vez inmersos en ella, y gracias a un buen intérprete, contemplamos un mundo que se esconde a plena vista, maravillosamente esculpido como fiel reflejo de las tablas de Moisés, donde la piedra es también la protagonista.  Si seguimos aplicando párrafos bíblicos,  asimismo podemos afirmar que aquellos canteros escribían recto en renglones torcidos. La complejidad de sus obras así nos lo hace ver.

 

La interpretación de todos esos trabajos se basa en amplios estudios que pueden durar meses, ya que no todo lo escrito es interpretable, ni todo lo interpretable se ha escrito. Estos estudios suelen venir en un alto porcentaje, de manos de personas que en muchas ocasiones solo su vocación y su enorme esfuerzo las avala con lo que la dificultad de asentar sus descubrimientos es difícil en muchos casos e imposible en otros. Esas interpretaciones chocan en diversas formas y maneras con lo establecido, privándonos de ver lo que otros no quieren o no saben.

 

Para seguir descubriendo más historias, más relatos, más mensajes ocultos,  nos visita hoy en esta emisora escolar un viejo amigo que seguro conocéis muchos de vosotros y para aquellos que no, pues se lo presento



lunes, 8 de agosto de 2022

…Y el símbolo estaba allí.

 

“El universo está determinado por números.   Todo tiene un número y sin número nada puede concebirse.”  Filolao de Crotona, filósofo y matemático griego del siglo V a.C


         Llegó el momento tantas veces procrastinado de enfrentarse a la ventana que podemos disfrutar en el ábside central del monasterio benedictino de San Pedro de Villanueva. Me lo debo a mí mismo, pero ante todo se lo debo a nuestra amiga Dulce María, intérprete e interpretadora de los símbolos románicos, conocedora de cada piedra y cada marca del edificio y a quien intrigaban las tetrapétalas con botón central que la adornan, cuatro en la rosca monolítica del arco de medio punto y diez en la arquivolta.

Ventana absidial del monasterio de San Pedro de Villanueva

Antes de comenzar, hay que decir, por si algún despistado lo ha olvidado, que los edificios románicos eran construidos con gruesos muros en los que apenas se abrían vanos para iluminar el interior. La razón no era otra que tenían que soportar pesadas bóvedas de piedra y se necesitaba un muro macizo y compacto que pudiera sostener esta techumbre. No obstante, a veces no queda más remedio y se abren estrechas ventanas enriquecidas enmarcándolas con arquivoltas, columnillas y capiteles. Tal es el caso de la nuestra, la que vamos a intentar interpretar a la vez que la describimos.

Dependiendo del tamaño del ábside o de los ábsides o absidiolos, se suelen abrir ninguna, una o tres ventanas. Ninguna cuando el templo es pequeño y la luz de la puerta o de un óculo o saetera en el hastial opuesto es suficiente, además de cuando el miedo al derrumbe pudiera estar justificado por muchos motivos, entre ellos la intuición o la poca experiencia del maestro. O el exceso de la misma.

Cabecera del templo monástico

¿Y por qué se abrían una o tres ventanas?  

En el constructor medieval pesaba mucho el conocimiento de las ideas del mundo pitagórico, y la numerología es una asignatura muy presente. Las iglesias serán orientadas desde su planteamiento en el eje canónico Este-Oeste, de manera que la cabecera siempre esté dirigida hacia el oriente y los pies hacia el poniente. Jesús nació en Oriente y de Oriente nos viene cada día el Sol iluminando la tierra, lo cual hay que aprovechar porque ya nos sirve para iluminar el templo por la o las ventanas que pongamos en la cabecera, nos sirve en bandeja el primer símbolo: cuando solo hay una ventana podemos interpretar que el Sol es una clara representación de Jesucristo, Sol de Justicia, que desde el primer momento del día ilumina a su Iglesia con su Luz del mismo modo que la luz del sol (con minúscula) ilumina la iglesia (con minúscula) con la suya a través de la aspillera. 

Orientación en el eje Este-Oeste del templo del monasterio de San Pedro de Villanueva.


Sí,  pero ¿por qué tres?

Bien, en numerología cada cifra tiene sus cualidades. Así, si el UNO lo acabamos de aceptar como una representación de la Divinidad y, por extensión, de Jesús, cabe pensar que el TRES, aunque Dios no tiene número, peso ni medida, esté relacionado con la Santísima Trinidad y el símbolo sea exactamente el mismo puesto que Dios es uno y trino.

Puestos ya en situación, sabiendo por qué la ventana está ahí y no en otro sitio, podemos pasar a hacer una observación más detenida. Técnica y muy correctamente ha sido descrita de esta manera:

Ventana


“… la [ventana] del ábside central es mayor y se ornamenta con cuidados relieves; arranca de una moldura, acotada por las dos columnas, y está recorrida horizontalmente por dos incisiones en su parte superior y un friso de dientes de sierra en la inferior. Se remata con una arquivolta de medio punto, decorada con diez tetrapétalas enfiladas y guardapolvo con sogueado; la rosca arranca de impostas desarrolladas, decoradas con roleos en su mitad inferior y apoya en dos columnillas de fuste liso, monolítico y basas áticas, que soportan capiteles finamente esculpidos con hojas rizadas el derecho, y dos cuadrúpedos con melena el izquierdo”.
Enciclopedia del Románico en Asturias pág. 1.057

            Nada que objetar, pero tampoco nada que nos aclare el porqué de la presencia de esas tetrapétalas enfiladas, la chambrana (me niego a llamar guardapolvo a esa pequeña moldura) sogueada, las frondes de helecho de un capitel y los cuadrúpedos con melena del otro, y aquí empezamos la tarea de tratar de añadir más elementos interpretados al que ya tenemos de la orientación.

En la arquitectura y escultura románica no se daba puntada sin hilo, siempre lo digo, y se aprovechaba cualquier elemento para dejar una lección moral, catequética o popular al observador, valiéndose de símbolos que en aquellos días todos comprendían, pero que hoy nos los vemos y nos los deseamos para percibir medianamente.

Así, independientemente de rosca o arquivolta, nos encontramos con dos filas de flores de cuatro hojas, las tantas veces mencionadas tetrapétalas, las cuales presentan una característica que puede verse en más sitios de Asturias: en el centro tienen un punto o botón. ¿Y por qué? Volvamos a la numerología.


Tetrapétalas con botón central

El punto es el principio, la causa primigenia; el origen de toda creación es el UNO y el uno es la unidad, el Ámbito Divino y en el Uno se manifiesta la actividad creadora de Dios. Y aquí está en el centro de la flor de CUATRO hojas. 

            ¿Y por qué cuatro y no otro número?

Pues porque el CUATRO, el “sagrado cuatro” de los pitagóricos, que lo tomaban por representación de la Justicia, es para nuestros constructores medievales el número de la plenitud y la simetría del Mundo, la obra perfecta y plena de Dios, y se le relaciona con la tierra y lo terrenal, lo material, lo manifestado, el universo físico. Simplificando, el CUATRO es el número del mundo.

Entonces, ¿qué es lo que tenemos en estas flores de cuatro hojas y un punto en el centro? Quien esto escribe se atrevería a afirmar que estamos ante un símbolo inequívoco del mundo (la flor) creado, generado y regido por Dios, el cual es representado por el botón que está en el centro, para manifestar su Creación, señorearla y generar vida.

¿Algo más que añadir?

Pues sí. 

Las hojas aparecen en dos zonas de la ventana, aunque en la descripción formal solo se habla de una, la

“… arquivolta de medio punto, decorada con diez tetrapétalas enfiladas”, 

Lo cierto es que debajo, en la piedra que forma la rosca del arco, tenemos otras CUATRO flores con su correspondiente punto central que no podemos dejar pasar por alto, pues son una especie de confirmación del símbolo que nos dice que por esa estrecha aspillera pasa la Luz del Mundo que va a iluminar a la Iglesia. Cuatro flores botonadas de cuatro hojas formando el arco que cobija la luz no pueden ser ni una casualidad ni una coincidencia; es una obra que denota una intencionalidad muy bien calculada para elegir el símbolo del mundo regido por Dios. CUATRO veces el número CUATRO. Quien tenga oídos, oiga.


Cuatro tetrapétalas en la rosca del arco


Ahora bien, a poco que prestemos atención, entre estas cuatro flores tetrapétalas veremos insertadas tres hojas en forma de triángulos acorazonados que podrían pasar desapercibidas si miramos apresuradamente (primera norma: al canecillo y al capitel…)


Esto nos remite nuevamente a la numerología.

El TRES es EL TODO. Dijimos que está relacionado con la Santísima Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo), pero va más allá de eso sin salirse de la idea, pues también significa PARA SIEMPRE. También es LA PERFECCIÓN de Dios relacionada a su creación, pasado, presente y futuro; tiempo, espacio y materia; memoria, entendimiento y voluntad…  

Es decir, que nuevamente en esta sencilla piedra tenemos una reválida del símbolo: Dios, que está en el centro de su creación perfecta, el mundo, lo estará iluminando para siempre en su Iglesia.

Y al igual que no es coincidencia ni casualidad que aparezca CUATRO veces el número CUATRO, tampoco lo es que aparezca TRES veces el número TRES. La intencionalidad es clara.

Tres hojas acorazonadas de tres puntas cada una entre las cuatro tetrapétalas

No hemos acabado. Las flores están también en la arquivolta del arco, esta vez en número de diez. Es decir, el mensaje de las flores está en DOS sitios.

Diez tetrapétalas botonadas en la arquivolta del arco

La cualidad del número DOS es que para los pitagóricos era la ratificación del UNO. Y si la Unidad es Dios, su ratificación es LA SANTIDAD. ¿Hace falta que expliquemos este extremo? Creemos que no, parece que está claro que Dios manda su Luz al mundo para que los fieles alcancen la santidad y den alabanza de su gloria. ¿Dónde es el mejor sitio? En el seno de su Iglesia, en el interior del templo, donde entra su Luz cada amanecer por la ventana desde hace casi mil años.

Que no, que no hemos acabado.

¿Por qué hay DIEZ flores? ¿Será porque son las que caben y no nueve ni once? No, a estas alturas ya conocemos la segunda norma: nadie daba puntada sin hilo.

El número DIEZ expresa la totalidad, el orden divino o el conjunto completo de algo y tal vez la máxima expresión de ello sea la tabla que contiene los Diez Mandamientos de la Ley de Dios.

¿Es esto convincente? ¿El conjunto completo de Dios Iluminando a la Iglesia puede ser lo que simbolizan estas diez flores? No acaba de encajar, parece que falta algo.

Busquemos. Tenemos los siguientes datos:

El UNO simboliza la DIVINIDAD.

El DOS simboliza la SANTIDAD.

El TRES simboliza la PERFECCIÓN ETERNA

El CUATRO simboliza el MUNDO.

El DIEZ simboliza el ORDEN DIVINO.

Lo mejor que podemos hacer con estas cifras, la operación aritmética más sencilla, es sumarlas. Así tendremos que:

1 + 2 + 3 + 4 = 10

¡Caramba! ¿Va a ser cierto que nadie daba puntada sin hilo? ¿Hay que explicar que la unión en el Mundo de la Divinidad y la Santidad forma una perfección para siempre bajo la protección del Orden Divino y que lo ratifica cual notario la soga de la chambrana?

Ahora sí que cuadran las flores con el botón en el centro, querida Dulce María, ahora sí. El símbolo estaba ahí, siempre estuvo ahí.

Los otros dos elementos que decoran la ventana también son susceptibles de interpretación. En lo que se refiere a los 

“… dos cuadrúpedos con melena el [capitel] izquierdo…”, 

No podemos olvidar que el animal con melena siempre suele ser, y aquí parece que es, el león, símbolo por excelencia de Jesucristo. Podríamos dar muchas explicaciones del porqué de esta identificación, pero ¿para qué? Baste con decir que el León de Judá, el descendiente de David y Rey de los Cielos, es representado por el rey de los animales. Más o menos y por abreviar.

Leones compartiendo la cabeza. Capitel izquierdo

Pero ojo, que en nuestro monasterio hay algo más que dos cuadrúpedos con melena, y es que estos dos cuadrúpedos, estos dos leones, comparten una misma cabeza y una vez más podemos apostar por la afirmación de que es una simbología de que el león, Jesucristo, es una sola persona (cabeza) pero con dos naturalezas, la divina y la humana (los dos cuerpos).

Representación de helechos en el capitel derecho

Para terminar, nos quedarían las “hojas rizadas” del capitel derecho, y todo apunta a que son frondes de helecho, también presentes en la portada del edificio. Para no extendernos demasiado, basta con dar la interpretación que de este vegetal hacía Santa Hildegarda, doctora de la Iglesia, también del siglo XII y por tanto contemporánea del monasterio, quien entre varias obras escribió una titulada Physica, que es un tratado de medicina de la época; en el primer libro titulado “De plantis” se dedica a recoger las propiedades de las plantas y escribe: 

“...el jugo del helecho está destinado a la sabiduría, y por su dignidad natural, o en el ámbito de la rectitud natural, representa o vale para simbolizar el bien y la virtud”.

Con estas palabras podría dar a entender que la sabiduría consiste en la honradez natural como expresión del bien y de la virtud, al mismo tiempo que atribuye al helecho un simbolismo de franqueza y sinceridad.

Entonces, ya tendríamos servida la interpretación completa de la humilde ventana del monasterio benedictino de San Pedro de Villanueva: "La doble personalidad de Jesús, la divina y la humana, y la honradez del hombre sustentan que Dios Todopoderoso continúe desde el principio de los tiempos iluminando al mundo y a su Iglesia, contra la que no prevalecerán las puertas del infierno". Por encima de todo, la chambrana sogueada. Sabemos que las sogas sirven para atar: esto quedaría atado y escrito en piedra para que la memoria dure por los siglos de los siglos.

La chambrana sogueada ata y cierra la simbología
de la ventana absidial del monasterio de San Pedro de Villanueva

Y como siempre, admitiendo que hay tantas interpretaciones como intérpretes, estamos abiertos a otras opiniones, pero sin abandonar jamás el principio de la parsimonia: si un problema tiene varias soluciones aceptables, la más sencilla suele ser la más probable.

Saludos y feliz verano.


Antonio García Francisco.

Alange, julio de 2022

 




jueves, 7 de octubre de 2021

Interpretando un símbolo románico: el Bautismo.

 

El Románico es el arte del símbolo por excelencia, pero el símbolo no es algo privativo del arte Románico, sería estúpido pretenderlo, lo mismo que lo sería despreciar su existencia en esta época por el simple hecho de que nos resulte difícil de comprender. 

Portada del cementerio de Navarrete, La Rioja.
Portada del desaparecido Hospital de la Orden de San Juan de Acre, S. XII

Efectivamente, no existe un libro de claves en el que se nos diga a ciencia cierta que esto significa tal cosa, mientras que aquello significa tal otra. Pero hay que tener en cuenta algo fundamental: ese libro no existió nunca, ni tan siquiera en aquellos días, luego podríamos partir de la base de pensar que estamos en las mismas condiciones que estuvieron los contemporáneos de las creaciones que hoy contemplamos. 

Ningún tratado de la época trazó una síntesis sobre la simbología, y mucho menos recopiló los conocimientos representados, y esto, por dos motivos fundamentales. Primero, porque el símbolo es la expresión de una idea que tiene el que lo crea, la cual puede quedar falseada al plasmarla en piedra o en pergamino, y también puede resultar desdibujada o desafinada por el filtro de la comprensión del que recibe el mensaje. Segundo, porque no se trata de una doctrina, sino del reflejo de una manera de vivir, de ver y comprender la vida, de manera que tampoco era muy necesario un libro código. La curiosidad, apoyada en conocimientos propios que tuvieran de la vida, sería la única herramienta de la que podrían valerse para interpretar. Estamos, pues, en las mismas condiciones.

Iglesia de San Miguel. Sotosalbos, Segovia.
Detalle portada oriental de la galería porticada

Iglesia de San Miguel. Sotosalbos, Segovia.
Detalle de la galería porticada.

Iglesia de San Miguel. Sotosalbos, Segovia.

Tal vez no sea oro todo lo que reluce en portadas y no todo lo que vemos sean mensajes ocultos en canecillos y capiteles, pero cuidado, nada se debe al azar, nada se ha puesto para rellenar espacios vacíos. Hay unos detalles decorativos, unas lacerías, un zigzag, que parecen elementos ornamentales sencillos, pero que quien esto escribe les dedica toda su atención hasta el punto de que se alegra cuando los encuentra en portadas y arcos de galerías porticadas. Son, o suelen ser, una línea o franja de triángulos abiertos.  ¿Ven lo difícil que resulta describir un símbolo? Unos lo llaman dientes de perro, otros los conocen como dientes de sierra; esos dicen que representan las aguas del gran mar que es la vida; aquellos otros, más cultos ellos, opinan que son reminiscencias de los canteros orientales, aunque olvidan que este motivo ornamental ya aparece en las cuevas pintado en rojo desde el Neolítico. Tampoco faltan, por supuesto, quienes afirman que solo son motivos estéticos sin más funcionalidad que rellenar espacio.

"Cueva Pintada." Gáldar, Gran Canaria. 
Ideograma paleolítico que muestra un elaborado calendario lunar y solar que se basaría en la combinación de series organizadas a partir del número 12 y en la alternancia del rojo, el blanco y los espacios sin pintar. 

Cerámica del Paleolítico. Museo de Zaragoza.

Para quien esto escribe, estas líneas medievales zigzagueantes no son otra cosa sino una representación idealizada de las aguas del Bautismo. Son muy abundantes sobre todo en Asturias y Segovia. Personalmene, las hemos visto, por motivos de cercanía, muchas veces en Segovia, en San Pedro de Gaíllos, donde aparecen tanto en las arcadas de la galería porticada como en la portada, lo mismo que en Orejana; en Requijada, en Muñoveros, en El Olmo, en Sotosalbos… donde aparecen esas franjas que realmente recuerdan las ondas del agua, aguas vivas, que se mueven, purificadora como las que han de utilizarse para administrar el sacramento del Bautismo. Son un símbolo, una sustitución de una idea, un mensaje que están enviando al que se aproxima: 

“¡Alto! Este lugar está reservado para los hijos de Dios y si no estás bautizado este no es tu sitio, tu mundo está de puertas hacia afuera”. 


Juan 3,5: "Jesús le respondió: te aseguro que si uno no nace del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios."  

 

Iglesia parroquial de San Pedro.
San Pedro de Gaíllos, Segovia.
 Portada meridional de la galería porticada.


Iglesia parroquial de San Pedro.
San Pedro de Gaíllos, Segovia.
Portada oriental de la galería porticada.

Iglesia parroquial de San Pedro.
San Pedro de Gaíllos, Segovia.
Vista interior de la portada meridional.

Iglesia parroquial de San Pedro.
San Pedro de Gaíllos, Segovia. Detalle.

Iglesia de San Juan Bautista. Orejana, Segovia.

Ermita de Ntra Sra. de Las Vegas. Requijada, Segovia.

Ermita de Ntra Sra. de Las Vegas. Requijada, Segovia.



Iglesia parroquial de San Félix Mártir. Muñoveros, Segovia.

Iglesia de Ntra. Sra. de la Natividad,
también conocida como Virgen del Olmo. El Olmo, Segovia.

Esta interpretación se refuerza también con el hecho de que las pilas bautismales solían estar en el exterior, en la galería porticada, como en la iglesia de San Pedro Apóstol, de Abánades, Guadalajara, o en baptisterios anexos, como en Santa María de Bareyo, en Cantabria, de manera que se estaba invitando al Bautismo al pagano, como si fuera una especie de peaje por el que había de pasar el inconverso que pretendía acceder al interior del templo, al mundo de Dios.

Parroquial de San Pedro Apóstol.
Abánades, Guadalajara

Iglesia de Santa María la Mayor.
 Abajas, Burgos.

Iglesia de Santa María la Mayor. Abajas, Burgos.

Con motivo de un fugaz viaje de fin de semana a Asturias, donde ya dijimos que es donde más abundan junto con Segovia las hemos encontrado también en la portada del monasterio benedictino de San Pedro de Villanueva, en Villanueva de Cangas, 


Exmonasterio de San Pedro de Villanueva.
Villanueva de Cangas, Asturias.

y en la de San Xuan de Amandi, cerca de Villaviciosa. Unos cuatrocientos kilómetros separan estas iglesias asturianas de las segovianas, lo que nos demuestra una vez más que lo importante del símbolo es comprenderlo.

Iglesia de San Xuan d'Amandi.
Amandi, Asturias.

Iglesia de San Xuan d'Amandi.
Amandi, Asturias. Detalle.

San Xuan d'Amandi.
Ábside con un arco poco usual.

San Xuan d'Amandi. Detalle del ábside.

A veces, los símbolos se suman haciéndose compañía para realzar más el mensaje, y el caso se da en las dos portadas asturianas mencionadas, donde las ondas descritas tienen agregadas unas rosetas tetrapétalas. Asentado que las ondas, dientes de sierra o de perro, como queramos llamarlo, representan las aguas bautismales, estas rosetas son una especie de multiplicador del significado del símbolo bautismal.

San Xuan d'Amandi.
Símbolo de Aguas Bautismales con rosetas.
Lado derecho




San Xuan d'Amandi.
Símbolo de Aguas Bautismales con rosetas.
Lado izquierdo.

             Y es que el hecho de que sean tetrapétalas, de cuatro pétalos, también lleva su carga simbólica. Los números también la llevan y es muy de tener en cuenta, hemos de pensar que, dado que nadie daba puntada sin hilo (mi segunda regla), tampoco tiene por qué ser azar una repetición. Entendido de esta manera, cada número tiene un significado.

             Así, el UNO es la unidad. Todo ente extrae el propio origen a partir de un principio superior y trascendente: el Uno, que no puede dividirse sin dejar de existir, de manera que todos los seres son seres en virtud del UNO. No es el número de Dios porque Dios no tiene número ni medida, pero sí es el número del ámbito divino. 
Efesios 4,5-6 "un Señor, una fe, un bautismo, y un Dios y Padre de todos".
Deuteronomio 6,4: "Oye, Israel: el Señor nuestro Dios, el Señor es uno”.

        ¿Y las tetrapétalas? ¿Qué representa el número CUATRO? Es el número de la plenitud y simetría, como la del cuadrado. Es el número que representa al mundo, la obra perfecta y plena de Dios. Cuatro ríos del Paraíso, cuatro puntos cardinales, cuatro vientos sobre la Tierra, cuatro evangelistas, cuatro estaciones… Y ya tenemos la suma de dos símbolos: el del bautismo acompañando y amparando al del mundo. 

        Sumemos: ¿Acaso se nos quiere decir que el Bautismo protegerá al Mundo? ¿Que todos los hombres del mundo serán bautizados? ¿Qué dijo el Señor?

 
Mateo 28,19: "Por tanto, id, y doctrinad á todos los Gentiles, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo."

         Tampoco hay necesidad de buscar un mensaje complicado, recordemos el principio de la parsimonia, la célebre navaja de Ockham:

"entre las hipótesis que compiten entre sí, se debe seleccionar la que tenga menos supuestos. "

             En otras palabras más asequibles: la solución más simple es la correcta. Mi tercera regla: hay tantas interpretaciones como intérpretes; a mí me satisface esta. De una manera u otra, está en relación  con la Palabra de Jesucristo a través  del Evangelio de San Mateo.
Tetrapétalas en la cornisa de la iglesia de San Cristóbal.
La Cuesta, Segovia.

Tetrapétala en la cornisa de El Olmo, Segovia.

Tetrapétalas en grupos de cuatro en Ntra. Sera, de la Asunción
Duratón, Segovia.

Para acabar esta entrada que en principio iba a ser muy corta, pero está visto que yo no sé ser breve, queda decir que, en las tantas veces mencionadas iglesias románicas segovianas con el símbolo de las aguas bautismales en sus portadas, suelen ser rosetas hexapétalas y a veces incluso octopétalas las que aparecen, abundando las tetrapétalas el alero.

Tetrapétalas bajo el símbolo del bautismo en
San Pedro de Villanueva, Asturias.

Barahona del Fresno, Segovia. Iglesia de San Cristóbal.


Parroquial de  Santa María la Antigua, Butrera, Burgos.
Detalle de hexapétalas en la portada.


Parroquial de  Santa María la Antigua, Butrera, Burgos.
Detalle de la portada.

¿Y el OCHO de las octopétalas? Pues más de lo mismo: El 8 representa la SALVACIÓN, la resurrección, el paso a una nueva vida, es el día siguiente a la culminación de la Creación, el día en que el hombre empieza su vida. ¿Y que nos diría el principio de la parsimonia de nuestro buen franciscano Guillermo de Ockham? Pues puede que lo mismo: la salvación comienza por el Bautismo; las aguas que bordean o son bordeadas por las rosetas octopétalas son el primer paso hacia el Paraíso.


Octopétalas bajo el símbolo del Bautismo.
Iglesia de la Virgen del Olmo. El Olmo, Segovia.
La portada polilobulada presenta diez lóbulos.
El diez expresa la totalidad, el orden divino o el conjunto completo de algo.
 Diez mandamientos, los diezmos o Moisés poniendo jefes de diez en diez.

Tetrapétalas en la cornisa de la iglesia de San Cristóbal.
La Cuesta, Segovia.

Octopétala en Duratón, Segovia.

              Y hasta aquí hemos llegado.

Vuelvo a recalcar: mi tercera regla postula que hay tantas interpretaciones como intérpretes, con lo que admito y respeto cualquier otra opinión. Parafraseando a D. Mariano José de Larra, este pobrecito hablador ha expresado la suya. 

 

Antonio García Francisco

Madrid, octubre de 2021