Este año de encuentros nos trae de nuevo una de esas
historias que nos hace retraernos unos cuantos años atrás. Si hace no mucho María
Fernanda nos trajo el maravilloso relato de la aldea de Bustiello, este viernes
volvemos a desplazarnos a un tiempo de cambios, difíciles para una España que
se desangra intestinalmente, pero que no renuncia en su intento de recuperarse
y para ello debe de intentar subirse a un tren del cual, casi, solo se le ve el
último vagón ya casi imperceptible.
La guerra de independencia y la ceguera de los
gobiernos posteriores, destacando el funesto reinado del Rey felón, Fernando
VII, hizo que todos los esfuerzos de ilustrados como Jovellanos, que tenía la
visión de convertir a Asturias en la Sajonia del norte de España, fueran
llevados al fracaso más rotundo. No obstante, los esfuerzos del siglo XVIII
llevaron a iniciar estudios de explotación minera y en Asturias en 1769 se
comenzaron reconocimientos de explotaciones hulleras y ya en 1770 la secretaría
de marina comenzó a comprar carbones asturianos para sus arsenales, que
llevaron a la constitución de las Reales minas de Langreo y empresas del Nalón.
Si bien el fracaso reinó en estas incipientes empresas
mineras ante el costo elevado de la explotación y su difícil transporte, la
verdad es que mentes empeñadas en traer el progreso a nuestra región, rica en
recursos, no cesaron en su intento.
Para hablarnos de ellos, este viernes tenemos en la
Biblioteca Dulce María Prida un auténtico experto
