Cuando uno
pretende visitar una iglesia románica que le va a suponer un desplazamiento de
250 kilómetros llegar a ella y, evidentemente, otros tantos volver a casa, más
la logística y avituallamiento del camino, lo primero que hace es estudiar previamente
qué es lo que va a encontrar en ella que le justifique el viaje, amén de qué
otros objetivos visitables hay en la zona para aprovechar el día y que
compensen de un posible fracaso a la hora de encontrar a la persona que guarda
la llave del templo elegido.
En este caso se trató de conocer la iglesia parroquial de San Pedro, en Perdices, provincia de Soria, casi a tiro de ballesta desde Almazán (unos doce kilómetros), donde, en caso de fracaso, es seguro que encontraremos abierta dentro de su horario la iglesia de San Miguel, siempre tan agradable a la vista en su interior, además de otros alrededores interesantes.