lunes, 13 de abril de 2026

A propósito de la simbología románica

         Pregunta recurrente en reuniones con amigos apasionados del Románico: ¿existe un manual de interpretación de símbolos medievales? 

      Ojalá. Pero no nos engañemos: lamentablemente, la respuesta rápida es no. Y la larga... la larga también es no.

 

El libro que nunca existió

           El símbolo medieval es ese pequeño y misterioso ser que parece querer decir mucho, pero en realidad nunca lo hace de forma sencilla y, ni mucho menos, directa, para eso es un símbolo. Y claro, como en cualquier reunión de amigos, cada uno tiene su propia interpretación. Si hay cuarenta personas, hay cuarenta versiones de "lo que eso realmente significa". ¡Es como un rompecabezas de mil piezas, pero cada pieza tiene una forma diferente según quién la mire!        

    El "manual de interpretación" que algunos sueñan encontrar es solo un mito. La única forma de desentrañar esos símbolos es usar lo que sabemos. El símbolo siempre responde al nivel de conocimientows del que se enfrenta a él. Si no sabes mucho sobre los textos que manejaban los maestros en la Edad Media, el símbolo probablemente se quedará en un “¿eh?”. Pero si tienes algo de conocimiento del Physiologo, los Bestiarios, la Leyenda Áurea, los evangelios apócrifos, las Sagradas Escrituras, o al menos sabes manejar estos textos, las conexiones empiezan a surgir. Así que, más que manuales, es cuestión de cómo se prepara el cerebro para descifrar la magia medieval.

        Al final, es todo un arte de aprender a leer entre líneas… O mejor dicho, entre símbolos. Y, claro, si no lo logras, siempre puedes tirar de la excusa de que el simbolismo medieval está más allá de nuestra comprensión. ¡Nada que ver, por supuesto, con no haber profundizado lo suficiente!

        ¡Ah, perfecto! 

       Pero... ¡Un momento, Antonio!

       Has mencionado algunos de los textos clave que, en efecto, son esenciales para entender la simbología medieval. Estos textos no solo ayudaban a dar forma al pensamiento de la época, sino que funcionaban como una especie de manuales, no oficiales, por supuesto, para crear e interpretar los símbolos y las imágenes que inundaron el arte románico tanto en la escultura como en la arquitectura y la pintura. Pero claro, hay que afinar la vista y la mirada, porque cada uno de estos textos aporta su propia interpretación y su propia "cultura simbólica", vamos a llamarlo así, de manera que pueden no coincidir o, incluso, dar versiones diferentes del mismo símbolo por varias razones. Esto se debe, en gran medida, a factores como las diferencias culturales, las épocas en que fueron escritos y las zonas geográficas en las que se originaron..

        Te explico un poco el papel de cada uno de los que manejo:

        1.- El Physiologus es, básicamente, una obra de esas que no sabías ni que existía ni  que ibas a necesitar en tu vida pero que, en realidad, cuando la hojeas y la ojeas, ves que explica todo lo que uno nunca podría haber imaginado sobre animales, plantas y piedras; lo lees y ni te des cuenta de que estás aprendiendo algo... siempre y cuando, claro, que te sitúes mentalmente en el siglo XI. 

Escrito entre los siglos II y IV,
es el predecesor directo de los bestiarios medievales

          No es un bestiario cualquiera, claro; es un cóctel literario y científico cargado de mitos, supersticiones y un toque de religiosidad medieval que hacía que el conocimiento natural fuera casi místico. Compuesto en griego durante el Bajo Imperio Romano, más específicamente entre los siglos II y IV, probablemente en Alejandría (aunque no hay consenso), este manuscrito ha sobrevivido en latín, el texto en griego más antiguo que se conserva es del siglo X.

        El Fisiólogo se convirtió en la joya literaria más compartida de la Edad Media, pero no por su veracidad científica, sino porque encajaba perfectamente en la atmósfera religiosa del momento. En un contexto en el que todo se explicaba por la intervención divina, ¿qué mejor que un texto que explica el mundo natural con metáforas cristianas? ¿Y por qué no meterle minerales y plantas también? Un dos por uno de saberes antiguos, tan alambicado que, si se intenta mirar con ojos modernos, uno podría sentirse algo confundido: ¿es un tratado científico? ¿Es una alegoría religiosa? Pues no, querido lector, es todo eso y mucho más. Es una obra que se hincha de conocimientos con el paso del tiempo, se retuerce entre versiones latinas y griegas, pero que nunca logra ser una simple curiosidad literaria.

    Es un lío encantador de creencias, mitos y naturalismo. Imagina a alguien del siglo X leyendo un tratado sobre el león, el basilisco, el caradrio o la mantícora y pensando que eso, de alguna forma, lo conecta con Dios. Y a pesar de que hoy en día podríamos catalogarlo como un conjunto de leyendas raras, en su época, la ciencia de la naturaleza estaba ligada a la fe de manera tan intrínseca que, para ser sincero, si el Fisiólogo fuera solo una creación literaria sin pretensiones científicas, perdería todo su atractivo. 

    Lo cierto es que, entre tanto mito, no parece que nadie haya acertado del todo a comprender qué es o qué fue realmente el Fisiólogo. Como muchas de sus criaturas, la obra ha sido modificada, adaptada, desfigurada durante siglos, pero nunca completamente entendida. Y, a decir verdad, su mayor logro fue precisamente no encajar en ninguna categoría estricta, como esos seres híbridos de los que habla.


    2.- Los Bestiarios son obras derivadas del Physiologus. Su nombre viene del latín bestiarum, que significa "de las bestias"; fueron muy populares en la Europa medieval y se escribieron principalmente en latín. Su objetivo era transmitir la visión medieval del mundo natural a través de relatos alegóricos, donde los animales eran ejemplos de virtudes o vicios humanos.

El bestiario medieval.
Colección y descripción de animales reales y fantásticos

    Técnicamente son compilaciones amplias, específicas y detalladas de animales y criaturas y sus significados simbólicos. Estos textos incluían tanto animales reales como mitológicos, una erinia o una anfisbena, por ejemplo junto a un león o una salamandra. 

   Simbólicamente, los bestiarios eran una especie de “diccionario de símbolos naturales” donde se aprende, por ejemplo, que el pelícano, al cual se representa alimentando a sus crías con su propia sangre, se usa para simbolizar el sacrificio de Cristo en la cruz cuya sangre alimenta a los cristianos en la Eucaristía. 

    ¿Qué más se puede decir de los bestiarios medievales? Pues que por sus páginas desfilan desde la humilde salamandra hasta el poderoso león  y se describe a cada animal en detalle, mencionando sus características físicas, hábitos y comportamientos, descripción a la que se suele unir las similitudes con las virtudes o con los preceptos de la religión cristiana. Ya hemos vistgo al pelícano, pues veamos al león, símbolo de fuerza, que era asociado con Cristo, pues se creía que los leones nacían muertos y, al tercer día, tras recibir el soplo de su padre, se levantaban como si resucitaran.

Nota: no hay un solo bestiario, sino una gran variedad de ellos. Una infinidada, y sigue creciendo.

     3.-La Leyenda Áurea Legenda Aurea es una de las compilaciones más relevantes de la Edad Media, creada por el dominico y arzobispo de Génova, Santiago de la Vorágine, en el siglo XIII. Su nombre original, Legenda Sanctorum (Lecturas sobre los Santos), refleja el propósito del libro: narrar las vidas de santos y mártires cristianos con un enfoque doctrinal. Esta obra se convirtió en una de las más copiosas y difundidas de la Baja Edad Media, con más de mil ejemplares manuscritos conocidos, y su popularidad se consolidó aún más con la invención de la imprenta en el siglo XV.

La Leyenda Dorada, una colección de vidasde santos,
 reales o inventedas, fue te de inspiración en la simbología
y atributos hagiográficos

    La Legenda Aurea reúne relatos de unos ciento ochenta santos y mártires, extraídos de una variedad de fuentes veneradas en la época: los evangelios, textos apócrifos y escritos de grandes figuras del cristianismo como San Jerónimo, San Agustín y San Gregorio de Tours. Además de las historias hagiográficas, la obra incluye explicaciones sobre las festividades del calendario litúrgico y una breve historia de la cristiandad en Lombardía, lo que le valió el subtítulo de Lombardica Historia.

        Y aquí está el lío. No pretendía ser una obra histórica rigurosa, sino que su objetivo era transmitir enseñanzas morales y espirituales a través de relatos vibrantes y accesibles para el público general. Así, las historias de los santos se centran menos en la exactitud histórica y más en su capacidad para inspirar fe y devoción. 

        En este sentido, uno de los mayores logros de la Legenda Aurea fue su poder para representar visualmente las escenas de martirio de los santos. Muchas de las imágenes que posteriormente se incorporarían al repertorio iconográfico medieval se popularizaron gracias a esta obra. Algunas de las más conocidas incluyen el desollamiento del apóstol Bartolomé, el martirio de San Sebastián y la lucha del caballero Jorge contra el dragón. Estas escenas, cargadas de dramatismo, no solo enriquecieron la tradición religiosa, sino que también ayudaron a transmitir la fe de forma más directa y comprensible para el pueblo, mucho más allá de las complejas parábolas bíblicas.

    Toda una fuente de inspiración para artistas y artesanos meievales.

    Y aquí es donde radica su utilidad a la hora de interpretar escenas esculpidas en el románico entra en juego: en la Leyenda Áurea se describe con tal detalle la vida y martirio de los santos que basta con poner uno de sus atributos para identificarles: la parrilla identifica a San Lorenzo; la espada, a San Pablo; dos llaves, a San Pedro; una llave, a San Nicolás de Bari; una rueda de tormento, a Santa Catalina de Siena... No hay truco, solo es conocimiento.

    4.- Los evangelios apócrifos no son otra cosa sino un grupo diverso de escritos antiguos que, aun girando en torno a la figura de Jesús de Nazaret y a los primeros pasos del cristianismo, quedaron fuera del Nuevo Testamento. Asomarse a ellos es abrir una ventana a la riqueza de creencias, relatos, imaginación y sensibilidades que convivieron en los inicios de esta tradición, así como a los complejos caminos históricos que terminaron por fijar el canon bíblico.

    Aunque los evangelios apócrifos no pasaron el corte del canon —se quedaron, por así decirlo, en el banquillo—, lo cierto es que tienen mucho que contar y tanto pintores como canteros supieron aprovechar el filón que se presentaba ante sus ojos.

    Desde el punto de vista histórico, son como una ventana indiscreta a un cristianismo primitivo mucho más diverso de lo que solemos imaginar. En el plano teológico, recogen debates de alto voltaje sobre quién era realmente Jesús —y aquí no siempre hay consenso, precisamente—. Si nos fijamos en lo literario, amplían el universo narrativo con historias, detalles y escenas que a veces rozan lo novelesco. Y en lo cultural, su huella se cuela en tradiciones, obras de arte y hasta en ciertas ideas que han sobrevivido siglos.


Evangelios Apócrifos.
No forman parte del canon oficial de la Biblia

    
    5.-Las Sagradas Escrituras, organizadas en dos grandes conjuntos —el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento—, son una colección de libros que, según la tradición, fueron inspirados por Dios a sus autores sagrados. Sus pasajes se transformaron en escenas representadas en portadas, capiteles y canecillos por los canteros medievales. Si no conoces esto, te faltan las nociones más básicas.

La Biblia


    Claro que hay más fuentes de dónde sacar ideas. Historias de lugares lejanísimos aparecen de repente, como quien no quiere la cosa; sucesos de la época de los propios artistas se esculpen casi como si fueran una revista del corazón medieval; y hasta se cuelan retratos de quienes pagaban la obra y de los propios maestros. Vamos, que hay de todo, como en botica. Al final, lo lejano y lo cercano se mezclan sin problema en un mismo espacio, juntando lo mítico con lo cotidiano, lo sagrado con lo profano, y regalando a quien mira una visión del mundo tan amplia como sugerente.

    Y lo mejor de todo: creen en esa visión y nos la presentan tal cual porque es su verdad y estiman que ha de ser también la nuestra.

    Así que no queda otra: toca hincar los codos o, al menos, tener siempre a mano estas obras y volver a ellas con cierta frecuencia. No hace falta convertirse en un erudito de la noche a la mañana; basta con mirarlas con curiosidad, leerlas como entretenimiento y dejarse guiar por lo que cuentan. Al fin y al cabo, son las mismas que inspiraron a los maestros que nos interesa comprender, y en ellas se condensa una manera de entender el mundo, de explicarlo y de darle sentido a través de símbolos sencillos en sus tiempos. Nos ofrecen deleite, sí, pero lo importante es que también claves, pistas y hasta pequeñas lecciones que no siempre se perciben a simple vista.

    Quizá, si mientras las leemos o si después de leerlas nos animamos a recorrer ese camino en sentido inverso —del símbolo a la idea, de la imagen al pensamiento—, lograremos acercarnos un poco a la mentalidad de quienes las crearon. No se trata tanto de alcanzar una comprensión total que probablemente se nos escape, como de afinar la mirada y aprender a leer entre líneas, o mejor dicho, entre figuras. En otras palabras, a "entrenar el ojo". Y en ese intento, casi sin darnos cuenta, no solo entenderemos mejor esas obras, sino también algo más de nosotros mismos.

Antonio García Francisco
Madrid, 13 de abril de 2026
Festividad de San Hermenegildo, príncipe visigodo. 
Mártir del arrianismo,hijo del rey Leovigildo.


La tradición popular cuenta que un ángel se le apareció antes de morir
decapitado por orden de su padre, confirmándole su fidelidad a Jesucristo

domingo, 12 de abril de 2026

Breve glosario de términos arquitectónicos del Románico - XII

 

Canecillo con representación de una deidad celta

Continuamos con nuestro peregrinaje con el empeño de llegar a la letra Z, mientras damos a conocer por el camino los términos de nuestro glosario. No sin esfuerzo, hoy hemos logrado cubrir la etapa que pone la meta en la letra J, otra soldadita del ejército del general Abecedario qaue, con su punto de interés, ese toque único que comparte con la pequeña I, de quien nos acabamos de despedir. De hecho, nos recuerda a la I; es más, a veces nos recuerda a la propia letra I que, cansada de desfilar, se ha sentado a descansar y a escuchar mejor a las palabras.

Verdaderamente son escasos los súbditos que moran en sus dominios, apenas llegan a diez y a algunos ya los conocemos, pero ¡qué se le va a hacer!, con estos mimbres tejeremos un bonito cesto.

Así que… ¡Seguimos adelante!

JABALCÓN o JABALÓN, TORNAPUNTA

Madero vertical que se ensambla en otro horizontal o inclinado para sostener o reforzar una armadura. En su versión más conocida, 



Tornapuntas o jabalcones



Jabalcones. Iglesia de San Juan de Astigarribia. Motrico, Guipúzcoa
Siglo XI

JÁCENAS y JALDETAS

Las jácenas son vigas principales dispuestas horizontalmente, con sus extremos encastrados o apoyados en muros opuestos o sobre columnas o pilares. Se colocan distanciadas entre sí de manera paralela, proporcionando soporte a las jaldetas.

Las jaldetas, por su parte, son vigas secundarias que se disponen transversalmente sobre las jácenas, y se utilizan para formar la estructura de una techumbre plana o alfarje. 

Jácenas y jaldetas


JAMBA y JAMBAJE

Jamba es un elemento vertical que no es columna ni pilar que sostiene, junto con su pareja, el dintel de una puerta o de una ventana.

Jambaje es el conjunto de las dos jambas y el dintel sostenido por ellas.

Conjunto de jambas visigodas talladas reutilizadas y un dintel
que forman el jambaje de una puerta del aljibe de la alcazaba de Mérida.

JAQUELADO, JAQUÉS 

Es el ajedrezado que ya vimos en la parte I de este glosario.

Es uno de los signos distintivos del románico.


Jaquelado, jaqueado, ajedrezado, taqueado jaqués

JARJA, JARJAMENTO o ENJARJE

Ya visto anteriormente en enjarje, es la dovela salmer compartida por dos arcos contiguos, en doble bisel con direcciones opuestas, a fin recibir las respectivas dovelas de cada arco. Cada uno de esos arcos recibe el nombre de arco enjarjado.

Enjarje o jarja


Y con esto damos por concluida otra etapa del recorrido: hemos llegado al jaquelado, porque la jarja ya nos era conocida. Tal como sospechábamos al empezar, el camino por la letra J no ha sido muy concurrido. Apenas media docena de términos han salido a nuestro encuentro, y algunos, además, ya los conocíamos bajo otros nombres. 

La próxima parada será, en realidad, una pausa. 

Jornada de descanso porque, por más vueltas que se le den al asunto y por mucho que uno se empeñe en exprimir las neuronas, no aparecen términos que comiencen por la letra K.

Así que nos veremos en la L. Allí continuará el viaje.

 

Antonio García Francisco.

Madrid, Domingo de Quasimodo de 2026 

martes, 7 de abril de 2026

La industrialización asturiana. Alberto García Felgueroso

 


Este año de encuentros nos trae de nuevo una de esas historias que nos hace retraernos unos cuantos años atrás. Si hace no mucho María Fernanda nos trajo el maravilloso relato de la aldea de Bustiello, este viernes volvemos a desplazarnos a un tiempo de cambios, difíciles para una España que se desangra intestinalmente, pero que no renuncia en su intento de recuperarse y para ello debe de intentar subirse a un tren del cual, casi, solo se le ve el último vagón ya casi imperceptible.

La guerra de independencia y la ceguera de los gobiernos posteriores, destacando el funesto reinado del Rey felón, Fernando VII, hizo que todos los esfuerzos de ilustrados como Jovellanos, que tenía la visión de convertir a Asturias en la Sajonia del norte de España, fueran llevados al fracaso más rotundo. No obstante, los esfuerzos del siglo XVIII llevaron a iniciar estudios de explotación minera y en Asturias en 1769 se comenzaron reconocimientos de explotaciones hulleras y ya en 1770 la secretaría de marina comenzó a comprar carbones asturianos para sus arsenales, que llevaron a la constitución de las Reales minas de Langreo y empresas del Nalón.

 

Si bien el fracaso reinó en estas incipientes empresas mineras ante el costo elevado de la explotación y su difícil transporte, la verdad es que mentes empeñadas en traer el progreso a nuestra región, rica en recursos, no cesaron en su intento.

Para hablarnos de ellos, este viernes tenemos en la Biblioteca Dulce María Prida un auténtico experto